PERIODISMO, PASIÓN POR LA VERDAD

Nota extraída de mi libro Delado & De Frente, que espera algún día ver la luz.

El periodismo es una carrera apasionante, en el que el objetivo principal debe ser buscar la verdad y compartirla con el público. Es un oficio que requiere de mucha pasión, porque ejercerlo no es fácil. Más allá de sí se hace plata o no, el periodista no siempre conoce de horarios y según el medio, uno sabe cuándo entra a trabajar pero no sabe, cuándo sale, allí no hay fin de semana, feriado, Navidad o Año Nuevo. Debes además tener sólidos principios morales y éticos, si eliges ser un periodista serio y honesto. Allí no puede jugarse con la verdad ni con las personas, no se debe ni se puede faltar a la honra ajena, ni crear falsas alarmas expandiendo rumores o manipulando la opinión y las consecuencias con un propósito cualquiera.

El periodista tiene que ser fiel a sus principios morales y éticos y tener su código de conducta. Lo básico está en decir la verdad y ser preciso. En la realidad no siempre se puede garantizar la verdad, pero es de suprema importancia relatar los hechos con exactitud, verificándolo todo, sí no se corrobora algo, es mejor no decirlo. Así de simple. Hay que gozar de independencia  y no actuar en favor de intereses de cualquier índole evitando los conflictos de intereses; hay que tener equidad e imparcialidad y ser objetivo, lo cual es muy difícil de lograr. ¿Cómo puedes ser objetivo e imparcial con un violador que desgracia a una niña, con un delincuente que mata o con un político que roba o con una autoridad que miente? Se tiene que luchar mucho por lograr ese equilibrio porque el periodista debe tener credibilidad y gozar de la confianza de quien lo lee. Periodista que miente debería estar acabado. Uno va aprendiendo en el camino que lo que te enseñan en la universidad no es siempre lo que acontece en la vida real. Todo se resume en una palabra. Responsabilidad. Hay que tenerla.

¿Qué si hay presión en el periodismo? No sé. Debe haberla. Hay colegas que me cuentan que los han “obligado” a decir o no decir algo. En mi caso, me puedo jactar que nunca ninguno de mis jefes, en ninguno de los medios que trabajé, me impusieron decir algo, o me dijeron: “Di esto o no digas lo otro”. Tampoco me dijeron: “A este le das duro y a este no lo tocas”.  Yo lo único que hacía era investigar, escribir la verdad,  pudiendo demostrarlo con pruebas y me lo publicaban, por ello nunca tuve un juicio o un reclamo. Algunas veces no me publicaron una que otra nota, cuando preguntaba, me decían que era por falta de espacio. Si era verdad o no, ya no puedo asegurarlo.

Una de ellas, fue una (para mí una excelente nota) que hice para Vistazo al entonces presidente del Congreso, Omar Quintana, en la que tuvimos un diálogo frontal y sin tapujos que quedó reflejada en el escrito titulado «No perderé la calma» . Ahí fui incisivo y mordaz, lo cual no es propiamente mi estilo y le hice preguntas difíciles más aun considerando su carácter explosivo, como ¿si en el Congreso mandaría él o Abdalá desde Panamá?, le pregunte por sus problemas legales, por su carácter explosivo y hasta sobre los rumores que corren sobre su hombría. El respondió con altura. La nota salió muy buena, se aprobó y se diagramó. Afortunadamente, como nunca, como si internamente supiera que podía pasar, guardé el impreso, algo que nunca he hecho, impreso que aún conservo (foto). Cuando salió la revista, abrí la página para ver mi nota y vi que no era la mía. La había hecho otro compañero con el título de «Soy fogoso y temperamental» quitando todo lo polémico y acomodándola su modo, que no era el modo real de la nota y como para salir del bache, debajo de su nombre como autor, decía: “Colaboración Aurelio Paredes”. Jamás pregunté por qué. ¿Para qué? Tampoco por delicadeza me dieron una explicación, ni me dijeron quien dio la orden que la cambiaran (aunque es obvio), sí ya estaba hecha y puesta en la parrilla. Mala no era. Allí hubo algo entre gallos y media noche y creo saber que fue. Así pasa. “Gases” del oficio

¿Que me dio el periodismo?

¿Qué me dio el periodismo? Mucho, muchísimo. Para empezar más de 35 años de sustento económico para mi familia. Me dio a la madre de mi hija, una periodista de lujo y mujer íntegra. Además, me dio la posibilidad de conocer mucha gente de todo nivel. Eso es, al menos para mí, lo lindo de esta carrera. Conoces al presidente de la República, al político poderoso y también al mentiroso corrupto, al empresario o ejecutivo próspero, al artista y deportista famoso, al intelectual, al profesional académico, como al humilde hombre de pueblo que sobrevive para ganarse la vida. Conoces el barrio alto, el barrio medio y el barrio pobre. Estás en contacto con la realidad diaria, con esa que tiene de todo y encuentras historias de todo tipo, desde las más buenas hasta las inimaginablemente sórdidas y tétricas.

 

 

 

 

 

El periodismo, también me dio la posibilidad de viajar por todo el país y por el exterior, conociendo otras culturas, otras costumbres, otra gente.  Tuve la fortuna de cubrir tres mundiales de fútbol, varias Copa América, Eliminatorias, Copas Libertadores, Conmebol y Merconorte. Pude entrevistar eminencias, así como asistir a talleres o seminarios de jerarquía.

El periodismo también me dio cierto reconocimiento a mi labor con condecoraciones, placas y acuerdos de distintas instituciones como la del Congreso Nacional,  entidades educativas, deportivas, clasistas, gremiales y algunos premios ganados en concursos periodísticos.

También me dio la oportunidad de hacer buenos amigos, entre los más allegados: Pablo Vela Córdova, “El Rey de la Cantera”, (+), mi  “Compa” Francisco, el “Pájaro” César, el “ Niño” Diego, Andrés Gushmer, el “Cuchillo” Víctor, el “Negro” Andrechi, el “Negro” Wilson, Moncadita, Pepe Navarro, Luisao, la “Colores” Sole, la “Flaca” Meli, la Jefa, la Hermanesita Luna, la Doctora Patty, Vane, Mirimba y Sandri (a mis amigos los escribo como los llamo). Y por su puesto a Carlos Víctor y Antuco, a quienes ya conocía del colegio y del barrio, respectivamente. Además de ellos, muchos colegas con quienes guardo gran afecto como mis compañeros de equipo del Colegio de Periodistas que dirige José Moncada. También me dio la oportunidad de jugar fútbol en varios equipos de comunicadores y la posibilidad de jugar una veintena de torneos y de ser ocho veces campeón con el equipo del Colegio y participar de seis Clásicos de la Solidaridad. Pero lo más, más importante que el periodismo me dio, es la oportunidad de hacer lo que me gusta y que me paguen por ello. Me divierto trabajando que para mí ya es bastante, pues eso me hace feliz.

Periodista. ¿Como así?

¿Cómo así soy periodista? La afición al periodismo nació conmigo, fue un amor a primera vista o a primeras letras, que tardó en cuajar, pero que se estaba forjando siempre en lo íntimo de mi ser. Cuando tenía ocho o nueve años, me encerraba en el cuarto con una grabadora de esas con micrófono que nos regalaban los padres para jugar y en la que yo jugaba a ser periodista. Allí entrevistaba al “Pibe” Bolaños, a Galo Pulido, a Fernando Patternoster, al “Ñato” García y Manolo Ordeñana. Yo mismo me preguntaba y contestaba. Y a veces relataba partidos que siempre ganaba Emelec con gol de Ely Durante. Pero a esa edad, no pensaba en que sería de grande. Bueno si pensaba. Quería ser jugador de Emelec. A los doce años, tuve mi primer coqueteo con el periodismo. Fue en primer curso de colegio, cuando como actividad opcional extracurricular nos ofrecieron clases de guitarra, primeros auxilios, judo o periodismo y yo me incliné por este último. Allí empecé a escribir mis primeros artículos que solo circulaban a la interna del denominado Club de Periodismo, del que en cuarto curso fui pomposamente nombrado por el profesor Luis Armijos, “Jefe del Cuerpo Cultural” en carnet que aún conservo. Paradójicamente nunca publiqué nada en la revista del colegio, “Nosotros”, se llamaba, porque me daba vergüenza. Y escribí algunas notas buenas.

Cuando me gradué de colegio y sabía que ya no podía ser ni futbolista, ni guitarrista de rock, tenía claro, lo que iba a ser: abogado. Mi destino estaba trazado para ello, si hasta trabajo tenía en el estudio jurídico de mi padrino, un político de los más connotados de la historia política nacional. De periodismo, ni idea, porque un primo de mi padre, periodista, me decía que el periodismo era una profesión apasionante pero que no te daba plata. Y él era un ejemplo. No era chiro, pero tampoco tenía plata, de lo que entendemos por tener plata. Así que me fui a estudiar leyes a la Católica. Hubiera sido abogado, sino me quedaba de año, tres veces en la misma materia, materia que paradójicamente es la base en el periodismo: Gramática, llamada en la universidad como Lengua Española. Ya con 22 años de edad y viviendo en casa de mis padres, algo tenía que estudiar. De vago no me iban a aguantar. Pensé en pesquería por aquello de salir al mar y viajar, pero no pasó de una vaga idea. Así que encamado por mi pana del Ringo, Pablo Ceballos, quien se había matriculado en la Facultad de Periodismo de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte fui para allá. Allí empezó todo.

Debo reconocer, que al menos en mi caso, respetando el de otros, mi paso por la Universidad Laica estudiando periodismo, en lo estrictamente académico, no fue un acierto, al punto de no creerlo influyente o que me haya servido en algo preponderante para mi carrera en cuanto a lo formativo. Salvo tres buenos maestros, el doctor David Samaniego, el licenciado Luis Armijos (+) y el Dr. Rafael Jaume, el resto no llegaron más que a ser aceptables profesores y algunos, ni eso. Y en cuanto a las materias, muchas fueron de relleno que no cubrieron mis expectativas y que en mis más de tres décadas de carrera, no han servido de mucho, aunque de todo, siempre algo se aprende. En la que sí aprendí y mucho fue en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil (Facso), a la que llegué a cuarto año, solo por sacar el título de Licenciado en Comunicación Social, porque en mi época, en la Laica al ser escuela de periodismo y no facultad, solo otorgaba un título de periodista profesional.  El título de licenciado en comunicación social, que lo obtuve en octubre de 1987, en teoría, daba más aperturas en el campo profesional y podías inclinarte a otras áreas más amplias, como relaciones públicas, asesoría, docencia, entre otras. Aunque en la práctica, en el mundo laboral, no siempre sirve eso. Hay periodistas con ese título que se han ampliado a otros campos y les ha ido muy bien. El hábito, en este caso, la práctica, sí hace al monje. Así, en la Facso, vi materias que en la Laica jamás vi y que sí me sirvieron de mucho en mi carrera, como radio, televisión, cine, serigrafía, artes gráficas, medicina legal, entre otras. Además en mi nueva universidad, tuve prácticas, muchas prácticas.  Allí aprendí que el periodismo se hacía practicando y en la calle. Como anécdota al paso, debo contar que en la Laica jamás vi una consola de radio, una cámara de TV, un estudio de grabación o hice un noticiero en vivo, que si lo hice en la Facso.  Cuando llegué allá pasé vergüenza porque ni siquiera sabía cómo se prendían los aparatos. La única práctica que hice en mi época de la Laica, la hice fuera de ella, gracias a que mi compañero de aula, Eustorgio Mendoza me dio la oportunidad para ir a la radio de su padre (Atalaya) a colaborar en el programa “Acontecer Deportivo” que tenían Alex Miranda, ex arquero de Macará y Luis Villalobos, quienes me enseñaron mucho. Fue a la sazón mi primer contacto con lo que luego sería mi profesión. Por ese tiempo, también empecé mis primeros pininos en el periodismo escrito, escribiendo algunos artículos de rock para la revista musical rockera que dirigía Francisco Jaime, más conocido como “Pancho Jaime”, “La mamá del rock”.

Mi vida laboral empezó en 1987, pocos días antes de graduarme como profesional, en Diario El Universo, al que me llevó mi amiga y compañera de la Laica, Maritza, una periodista económica y catedrática de lujo, de las mejores del medio. Antes había tenido contacto con el periodismo en el programa de radio que conté párrafos arriba y en algunos artículos que como free lance y sin paga me publicó Revista Estadio, gracias al apoyo de mi amigo de barrio y conocido de infancia y juventud, Javier Jr. hijo del dueño de la editorial y de don Guillermo Valencia, director de Estadio y padre de mi compañero de colegio, Felipe. Pero de trabajar, trabajar en un medio de comunicación, era la primera vez. El Universo fue mi escuela en la que tuve la suerte de contar con grandes maestros. Para empezar Don Carlos (+), el dueño del periódico. Un hombre bueno, de corazón noble, de grandeza cerebral, inteligente y trabajador. Un caballero de esos que hay muy poco y al que le caí en gracia desde el principio. Si hasta me llevaba a su casa a ver partidos de fútbol por televisión o a su suite en el Monumental para que le explique “como mismo es el fútbol”, que no es que le gustara mucho, pero que sabía, debía entenderlo y apreciarlo porque era una de las noticias claves de su diario. Y me llevaba a mí, a pesar de que yo no era periodista deportivo ni trabajaba en dicha sección. Y es que yo cuando entré al periodismo, tenía claro que periodista deportivo no iba a ser y hacer. En ese entonces, llevado por la creencia generalizada, muy errada por cierto, yo creía que hacer ese tipo de periodismo era como cuando en el colegio te mandaban a Sociales y no a Fima (físico matemático) o Quibio (químico biológico). Por entonces se pensaba, que el periodista deportivo no tenía mayor peso en el contexto de la carrera. Que equivocados que están.

Entonces fui a la Redacción Grande, que dirigía un periodista de cepa y de lujo, un caballero a carta cabal y un comunicador serio, honesto, sagaz, inteligente, amante de la primicia y la exclusiva, siempre te pedía una. Don Ricardo Pólit (+), mi maestro, y a quien debo mucho de lo que soy. Si hasta el matrimonio le debo, porque él fue el mayor encamador para que yo conquistara a la periodista más guapa de la redacción, que en esos tiempos ni bola me paraba. “Ella tiene que ser su esposa” me dijo un día, muchos años antes de que Cupido nos tocara a ambos. Hasta alcahuete era, porque nos mandaba en el mismo carro para hacer las coberturas que eran distintas para ambos. Volviendo a lo profesional, Don Ricardo me puso a hacer de todo. ¿Qué no hice en ese diario? Me hizo rotar por el ámbito  judicial, agrario, de sucesos, económica, política, hasta de espectáculos. Las oficié de titulero (titulaba las noticias), redactor, reportero, escribí cuentos infantiles, deportivos y navideños, las cartas a Papá Noel y al niño Dios en Navidad, las noticias mentirosas en el día de los Inocentes, los testamentos en fin de año, elaboré crucigramas, e incluso un tiempo después,  tuve la oportunidad de tener mi página propia. Era una página farandulera, llamada: “Que hacer el Fin de Semana”. Luego fui columnista con mi columna deportiva “Goyo y Gabucho” (un diálogo barrial de esquina entre dos hinchas, el emelecista y el barcelonista) y tuve otra página más: la sección humorística “A Mandíbula Batiente” que salía en la última página del suplemento “Paratodos”, que la tomé por arriesgado. La historia fue esta: Un grande del periodismo, Marcelo Marchán (+) que firmaba con el seudónimo Tomás del Pelo y que tenía su página de humor se había ido del diario, una tarde bajó don Carlos a dar la noticia a la redacción y a preguntarse, más para sí, que para los que lo escuchaban, que quien la podría hacer ahora. Yo con apenas meses de llegado al diario, con todo el desparpajo de mi juventud, me levanté y le dije: “Yo”. Me miró fijamente y me dijo: «Hazme una y hablamos«. Ese mismo rato me puse a hacer notas chistosas. A las dos horas se las llevé y me dijo: «Bien. Coordina con María Teresa (su hija), para que salga este domingo y que sea ella la que coordine y apruebe tu página (foto)». La Jefa, también metió ficha porque es supremamente creativa y la lanzamos. Me hizo hacer una caricatura con Pepe Peñaherrera “André” y salimos al ruedo con mucho éxito. La gente me empezó a reconocer en las calles y aunque parezca mentira hasta autógrafos me pedían. Buena época tuvo esa sección que duró un par de años. Hasta que dejé el diario.

En esa escuela llamada El Universo hice un periodismo polifuncional, del que aprendí mucho.  En esos tiempos, el diario no estaba dividido por secciones, como en mi segundo ingreso a mediados del 90, por lo que por entonces hacías de todo, aunque tuvieras tus fuentes. Así, cubrí ruedas de prensa, incendios, paros, manifestaciones, accidentes automovilísticos, campañas electorales, elecciones, crónica roja, reinados de belleza, espectáculos;  y en cuanto a géneros periodísticos incursioné en todos, pues hice noticias, crónicas, artículos, reportajes, entrevistas, columnas, opinión, por ahí me faltó escribir un editorial. En fin, que no hice allí. Incluso luego llegué al “Paratodos” (suplemento dominical) en el que se ampliaba el campo de acción porque podías hacer reportajes largos de todo tipo y conocí a la jefa más maravillosa de todos los superiores que tuve. Mi jefa y así la llamo hasta hoy, es una dama de lujo. Sabe de periodismo millón, lo lleva en el alma, la tiene clara, como jefa más que mandar, dirige; más que ordenar, ejecuta; ella forma y guía. Y como ser humano excepcional, sencilla, sin poses, bondadosa, honesta, seria, exigente pero dispuesta también a la joda; trabajar con ella más que un trabajo era un disfrute. La mejor persona que el periodismo me dio.  Mi madrina de matrimonio. En esa estancia en el Paratodos, escribí una de las mejores notas de mi carrera. Una que le hice a mi compañero de aula en el colegio y amigo, el tenista Andrés Gómez. La nota fue enfocada de un punto de vista diferente. No hecha por un periodista a un entrevistado, sino de un amigo a otro. Fue una nota diferente y nostálgica.

Cuando llegué al diario, era la época de las máquinas de escribir y escribíamos en unas hojas de papel periódico con línea numeradas a las que llamábamos cuartillas, en la que debíamos medir la extensión de la nota a escribir. Esas hojas pasaban al titulero que ponía el título a la noticia y luego al levantador de texto que pasaba a un procesador de palabras, lo que nosotros escribíamos a máquina. Así se convertía en texto para ser impreso, luego pasaba al corrector de estilo, al corrector de pruebas y luego a fotomecánica en la que tomaban la foto al escrito, por decir algo,  para que salga una tira larga, larguísima de texto, como esas tiras de la factura del comisariato que luego iban al departamento de armada en la que los armadores las cortaban con tijera y la pegaban con cerilla, al igual que las fotos, en una página grande del tamaño del diario que era la que iba ser impresa. Era un proceso complejo y delicado. Y no se asombren, que alguna vez por taparle el hueco a mi compa Francisco, que se pegó su escapada, hasta armé una de esas páginas.

La suerte de empezar allí, también se dio por el personal que encontré, había maestros del periodismo como don Jaime Véliz (+), “Chavito” Flores +), don Tito Rendón (+), don Eduardo Avilés (+), Héctor Rodríguez (+), Guillermo Medina, Vicente Flores (+), Livingston Pérez (+), Xavier Manrique, quienes te enseñaban sin egoísmos. De todos ellos, solo dos, aun viven. Ellos te formaban, te enseñaban, te encausaban. No sabían lo que era egoísmo y todos jugábamos en el mismo equipo. Con ellos me tocó compartir las famosas guardias, en las que nos quedábamos hasta las doce de la noche, esperando la noticia nocturna, que casi siempre era de crónica roja. Cuando llegué, estaban allí, varios compañeros de la Laica, con quienes en la Uni no tuve mucha relación pero que acá, hicimos cercanía y pasamos buenos momentos. Yo por pelotero, llegué a conocer a la gente de todos los departamentos, bajaba a las rotativas a ver el proceso y me colaba en armada a ver la confección de la “vagina” como le decíamos a la página. Hice muy buenas amistades en armada, más que en la misma redacción. Yo podría definirme como un redactor de armada. Más me gustaba estar allá que acá. Me sentía más yo y más querido. Buen personal el de armadores. Las noches de bohemia era con los de esa sección, con el Negro Rodolfo (+), Pinki, Purito, Verita, Parrita, Glenar, el GG, Bolo el mensajero y mi compadre Francisco (Santana) quien me hizo padrino de su hija y con quien tuvimos intensas jornadas de noche larga y bohemia. Y aunque no farreaban, el hermanito Lino, Alan, Mantuano, Wacho y el abogado, me hacían buena pata en el trabajo y en el afecto.  En el diario jugué muchos campeonatos internos e intermedios y fui campeón de indor con un equipo de lujo en el que jugaban mis compañeros de la Laica, Tyron y Juan Carlos, el mensajero Johnny,  mi compañero en la Facso, Armando, el chofer Dionisio y el arquero Renato. En cuanto a relaciones humanas tuve muy buenos compañeros y tres buenos amigos, mi compa Francisco, Roberto Arias y Xavier Riera. Buena época esa de El Universo, en el que me formé y en el que tuve dos ciclos del 88 al 90 en que me fui para las revistas La Otra y La Tuya, y del 95 al 99 en el que fui director de deportes. Pero vamos por orden.

Momento revistero

A Editorial Uminasa que editaba las revistas La Otra y La Tuya, llegué a mediados del 90, contratado por el Dr. Xavier Benedetti, que quería que incursione en las dos facetas del periodismo: el que informa e investiga y el que divierte y entretiene. El vio en mí (así me lo dijo) esa capacidad para ejercer esa dualidad, porque me venía siguiendo de El Universo en el que tuve la noticia dura y la jocosa. La paga era buena y el horario más cómodo, pues en los periódicos se sabe cuándo se entra pero no cuando se sale y se trabaja fin de semana y feriados. Acá, no. Así, trabajé con Marcelo Marchán (a quien remplacé en El Universo en la página de humor) y Rafael Campos en las dos revistas. En la seria con reportajes para La Otra y con humor y creatividad para la humorística La Tuya. Pero la estadía en esa empresa fue muy corta. Menos de dos meses, pues después estaba dejándola para ir a Vistazo, que ofreció una oferta que no se podía despreciar y era Vistazo.

Llegué a Editores Nacionales (Ensa), así se llamaba en ese entonces esta editorial que tenía cinco revistas, en octubre del 90, recomendado por mi compañero de la U y de El Universo, Juan Carlos Toledo a Alfredo Pinoargote, que por entonces dirigía la revista. Allí, hubo un cambio radical en muchos aspectos. Para empezar allí ya había computadoras y yo no sabía ni pender una, la sala de redacción era mucho pero muchísimo menos numerosa,  no había que cubrir noticias a diario, tenía un horario de ocho horas y no trabajaba fines de semana ni feriados. La revista tiene otro estilo y allí manda más la investigación. Allí impera el investigar a fondo un tema, el incursionar en varios géneros del periodismo y el tener más campo de acción. En Vistazo me fue muy bien en todos los aspectos. Gran empresa esa, muy prestigiosa y reconocida, con un dueño que es un lujo de periodista y ser humano.  Tuve fortuna. En todos los medios que trabajé, todos los propietarios o jefes son de alto nivel. Don Xavier tiene un olfato periodístico envidiable y una capacidad única para vivir el periodismo y como ser humano es de otro mundo, todo lo que tiene de serio, estricto y formal, lo tiene de sencillo, humano y noble. Aunque si caes en desgracia, te jodiste. Además el equipo que lo rodea es profesional y ejecutivo. Tuve muy buena relación con el gerente general, Don Rodrigo, un caballero en toda la extensión de la palabra, quien me dio muchos secretos del manejo administrativo en el periodismo, que luego me sirvieron cuando ejercí la jefatura de Estadio.

En la revista Vistazo, al poco tiempo de mi llegada, se fue el doctor Pinoargote y asumió la Dra Patty, una eminencia del periodismo, que escribe como los dioses, que dirige mejor que Mourinho y que como persona es de alto nivel por sus principios y su don de gente. Así que sí la cabeza anda bien el resto fluye. La verdad que en Vistazo era difícil no aprender con los compañeros que me rodeaban. En aquella época estaban periodistas de la talla de Carlos Jijón, Fernando Artieda, Mariana Neira, Cecilio Moreno y mi gran amiga Patricia Noroña, quien se adelantó en la partida, que vivían ganando premios periodísticos y yo no podía quedarme atrás, por lo que también gané los míos con dos segundos puestos. Hice buenos trabajos de temas de salud, educación, política, crónica roja, sucesos y deportivos. Lo único que no me gustaba e igual lo hacía, era entrevistar a las artistas famosas y figuras de la TV, porque muchas de ellas querían poco más y escribir ellas mismas. Te querían corregir, leer lo escrito antes que salga publicado, llamaban a decir que borres lo que te dijo antes, porque habló demás y cosas como esas. Yo como norma, yo no le enseñó mi trabajo a ningún entrevistado, así que no podía ceder. Ni los políticos más connotados se ponían con tanta “exigencia” como ellas. Y como ni siquiera se las podía vacilar, porque no es que se le aflojan a los periodistas como dicen en la calle, que chiste tenía trabajar con ellas. Solo una vez en mi vida me «encamé» con una entrevistada. Fue una buena temporada en Vistazo, que además me dio la oportunidad de escribir deportes para Revista Estadio y cubrir para ellos La Copa América, Ecuador 1993. Poco después de ese torneo, dejaba Vistazo para ir a Ecuavisa, aunque los domingos iba a Estadio como coeditor bajo el mando del entonces director Carlos Víctor Morales. En el plano fraterno, Vistazo me dio mucho más que una compañera, me dio quizá la única amiga, pana, parcera, brodera de siempre, que hice en el periodismo: la Flaca Meli, una persona de lujo, que jamás se esconde y que siempre está cuando debe de estar.  Fui feliz en Vistazo y eso me basta.

Estando en Vistazo y como parte de su staff, participé en un curso para corresponsal de guerra, que organizó la alta cúpula del Ejército Nacional que por entonces encabezaba el coronel Paco Moncayo, quien fue uno de los instructores junto al entonces mayor Vela. El curso consistía en preparar al reportero sobre como cubrir la información en caso de conflictos bélicos y estar preparado para reaccionar frente a un ataque, además de enseñarnos cosas propiamente militares en labores de comando, como manejo de armas, tácticas y técnicas de la milicia, supervivencia, entre otras. Hasta un campamento de dos días, tuvimos y mientras estábamos descansando, se desató una «guerra». Hubo disparos, sonidos de bomba, militares corriendo uniformados y armados. Había sido un simulacro y nosotros no sabíamos de eso. Algunos y algunas, se «cagaron» los pantalones. Linda experiencia.

En esa época (año 1992), y con el permiso de mis jefes de Vistazo, pude también dedicarme a otra actividad profesional que me encantó, aunque confieso que allí actuaba más el hincha que el profesional. Fue el programa radial “Fortín Azul” que se transmitía en radio Telégrafo y en la que compartíamos panel con tres buenos amigos a quien conocí en épocas diferentes y en circunstancias distintas, como Xavier Chávez mi amigo de colegio, mi pana Ñañón Jurado (Julio César) con quien nos conocimos haciendo pareja en la delantera en los juegos sabatinos en el patio de mi colegio, al que él acudía sin ser cristobalino y con quien nos unió la afición musical (él es músico, además de arquitecto) y el amor por Emelec y con mi colega, y maldita y cobardemente asesinado, el “Patucho” Valdiviezo (Fausto), en un caso en el que espero salga a luz la verdad y se haga justicia. En el Fortín fui feliz, hacía lo que me gustaba, hablaba de mi equipo, me acercaba a los jugadores, hice amistades y ejercí la radio a la que había dejado diez años atrás. No hice plata, todo fue por amor al arte, pero no importaba. No siempre el dinero llena y a mí, trabajar con amigos en  bien del equipo que amo, me llena y mucho.

De la prensa a la televisión

A mediados del 93 llegué a Ecuavisa para dejar por un tiempo el periodismo. Fue un reto, porque dejaba lo que me gustaba, lo que había estudiado, en lo que había trabajado y lo que sabía hacer para incursionar en un mundo totalmente desconocido: el de las propagandas televisivas. Pero el buen sueldo (sueldazo, en verdad) y el afecto y el compromiso con un amigo, hacen que uno tome decisiones difíciles y emprenda retos. Y me fue bien. Muy bien.  Al Canal del Cerro me llevó mi amigo de barrio, Javier Jr, quien convenció a su padre que me deje salir de Vistazo para incursionar en otro campo. Él había asumido el departamento de programación y para destacar y publicitar la labor de esta unidad, me llevó al departamento de promociones, que en televisión es el que produce las propagandas institucionales y de los programas que exhiben. Yo inicialmente no quería ir, pero el Jr. que creía en mi labor creativa y en mi habilidad para escribir textos, me pidió que como amigo, lo ayude en la nueva función que asumía, me dijo que el confiaba en el amigo (o sea yo). Fue un compromiso ineludible el pedido del pana. Eso, la buena paga, la oportunidad de ejercer la primera jefatura en mi vida y el hecho que me dieran un carro (el primero de mi vida), me convencieron. Lo del carro tiene su historia. Fue gracias a las gestiones de Rosita, directora de Hogar y tía del junior, a quien agradeceré siempre que me haya dicho: “si te vas de la empresa por mejorar, bienvenido sea, aunque dejes lo que es tu mundo, pero ¿ya pensaste en que vas subir el cerro?, tienes que pedir un carro”. Lo pedí y me lo dieron. Así, ellos, me involucraron en el mundo de la televisión, del cual, lo único que sabía, era prenderla.

Inicialmente y primera vez que me pasaba en mi vida, tuve problemas de aceptación con el personal que iba a ser mis compañeros. La secretaria del departamento, muy amiga de una de las realizadoras de promociones, cual bruja, me hizo la guerra, porque no concebía que alguien que no sepa de televisión, por mucho que sea creativo para escribir y periodista de trayectoria y por ser amigo del dueño, le quite el puesto que debió tener su amiga, con muchos años en el canal. Entre ambas me empezaron a hacer la vida imposible. Hasta que un día, cansado de tanta joda, las reuní y les dije “Les guste o no, yo aquí soy el jefe. Lo merezca o no. Esté capacitado o no. El director del departamento, dueño del canal y amigo personal desde la infancia, me puso aquí y aquí estoy. O se alinean o nos vamos todos”. De mala gana comprendieron que no les quedaba de otra y me aceptaron. Luego demostré que era capaz, me gané su respeto por ello y terminamos llevándonos muy bien.  Pero también tuve otra complicación, la estricta, jodida e implacable jefe de recursos humanos, al hacerme el contrato me dijo: “Antes de firmar, tiene que cortarse el pelo”. Yo le respondí: “Ya eso está hablado. Una de mis condiciones para venir, es que no me cambien la pinta y los jefes aceptaron. Igual yo no voy a salir en pantalla”. Alzando las cejas, me dijo, “no se puede con estos que entran con padrino”. Yo le contesté: “tengo padrinos, pero no madrinas, le invito a que usted sea la mía”. Se rió al ver mi audacia y desde ahí fuimos muy buenos amigos. Incluso como vivía por el barrio, cerca de mi casa, tiempo después, se ofreció a llevarme, por lo que yo le dejaba el carro a mi doña, total ya tenía transporte. Les confieso que me cayó de perillas, porque como yo soy bruto para la “manejancia” y no podía subir el cerro manejando porque el carro se me resbalaba, lo dejaba parqueado abajo por el hospital Vernaza y esperaba la buseta del canal para subir y si no la alcanzaba, tiraba pata. Varias veces olvidé que el carro estaba abajo y llegue a casa sin el Susuki Forza negro, por lo que me ganaba un pito con la doña por despistado.

Superando esta digresión y volviendo a lo laboral, me fue bien en el canal con mi pomposo cargo de “Director Creativo Nacional de Promociones” porque mi jefatura era a nivel nacional por lo que debía viajar todos los jueves a Quito a dirigir las cosas allá. Mi función era escribir los textos de las propagandas, diseñar como presentarlas y buscar el horario correcto para pasarlas, pero no lo hice solo, estaba un jefe inmediato, un genio de la Tv, Marcelo que me guiaba y mis “propaganderos” como les decía, que eran muy buenos en lo que hacían, que fueron quienes me enseñaron y con quienes hicimos un gran trabajo en equipo y una buena relación personal. Gracias Pauli, Vero (+), Carlos, Miguel, Tanya, Herman y Fernando. Sin ellos, conmigo no hubiera pasado nada. Al final, terminé aprendiendo el trabajo, conocí nuevas cosas, me involucré en el mundo televisivo, me hice amigo de los talentos de pantalla, a quien yo debía promocionar y tomé contacto con la gente de noticias, de quienes aunque no trabaja en ese departamento,  aprendí mucho en las charlas que teníamos sobre periodismo como con Don Alberto (+), el Gallo del Cerro y padre de mi compañero de colegio Aldo, con quien conversaba a veces por horas del oficio, de la vida, de la ética y demás. Y como él, aprendí también de cuatro monstruos de esta profesión como Don Alfonso, Tania, Teresa y María Isabel y de una figura entonces naciente, María Cecilia. En ese departamento  también estaba mi amigo y colega Juan Carlos con quien ya habíamos compartido universidad y la sala de redacción en El Universo, así que, amistad para tener un buen ambiente laboral, no me faltaba. Además, en Deportes estaba Carlos Víctor y junto a mi oficina estaba la de Bernard, por lo que hice cercana amistad con sus productores, dos panas con quienes nos identificó el amor por la música: Gabriel Eljuri (+) y Johnnny Sotomayor del dúo Johnny y Susana, con quienes tuvimos intensas jornadas bohemias musicales. Además en otra área y en otro edificio estaba de gerente de producción, mi compañero de escuela y colegio hasta graduarme, Enrique, el «Chanfle». Así que amigos, tenía.

De paso, más allá de mi cargo y los amigos, el canal me dio la oportunidad de no alejarme del todo del periodismo, pues podía escribir free lance para Vistazo e ir los domingos al cierre de Estadio en calidad de coeditor, lo cual significaba otro billetito.

Tiempo después de mi llegada, aparte de mi función en promociones, se creó un mini programa, un espacio corto entre corte y corte llamado Screaning en el cual se presentaba la programación de la semana a cargo de Mariela Viteri a quien yo le digo “Manichita”. Yo escribía y ella presentaba. Nos divertíamos mucho en las grabaciones y de paso aprendía de su chispa, de su talento, de su manera de desenvolverse y de su capacidad, además de aprender  algo de producción, camarografía, iluminación, controles y demás. Luego Javier asumió otro cargo y llegó su hermana Silvia quien me ratificó en mis funciones. Estábamos haciendo cosas interesantes e innovando mucho, gracias a sus altos conocimientos de producción y programación, cuando me salió una propuesta de El Universo para dirigir la sección Deportes. Así a mediados del 95 dejaba Ecuavisa a la que volví temporalmente muchos años después.

Escritos internacionales

En ese período además tuve el honor de escribir para dos medios internacionales como el Diario Últimas Noticias de Chile, en el que tuve una columna durante la Copa América jugada en ese país, en el cual intervine como periodista ecuatoriano y en la revista estadounidense para lectores latinoamericanos, “Hispano American Magazine” que dirigía mi tío el periodista Rodolfo Guzmán. Nacionalmente, escribí además para periódico deportivo El Hincha que por entonces dirigía Víctor Mestanza.

Periodista deportivo

Mi vinculación al periodismo deportivo era algo que jamás estaba en mis planes. Como contaba arriba, yo desestimaba ese campo del periodismo y hasta lo ninguneaba. No lo había hecho nunca, a pesar que el deporte es mi pasión y no lo quería hacer. Y mi entrada a ese mundo se dio de manera casual, como diría el Chavo del 8 “Sin querer, queriendo”.  Alguna vez en alguna reunión social, me encontré con mi ex jefa de El Universo, con quien nos pusimos a conversar del diario. En la conversa hablamos de varias secciones entre ellas de Deportes y yo le hice algunas observaciones, le hice notar unos grandes errores, planteé algunos correctivos, le di mi visión de cómo debía ser manejada. Cuando ella me dice: “Ya que hablas tanto y la tienes clara, tómala tú. Regresa al Diario”. Le dije no gracias, no quiero, no quiero ser periodista deportivo, además estoy muy bien en Ecuavisa, se lo que pagan los periódicos y no se compara con la televisión. Ustedes nunca me van a poder pagar eso. Ella me preguntó mi sueldo y yo pendejo, porque así soy yo, le dije la verdad, si eso me pasara ahora, le miento y le aumento el precio. Ella me dijo: “No hay problema por el sueldo, déjame hablar con mi papá, te estaré llamando”. Menos de una semana después, me hacía la propuesta concreta que no era nada despreciable, pues era más que lo que me daba Ecuavisa que de por sí, era bastante. Le dije que me deje hablar en el canal y que si ellos me daban lo mismo, me quedaba allí. Lo que me dijeron allí, me dejó enseñanzas y me llegó a fondo como ser humano. Me dijeron “De igualar te podemos igualar, te lo mereces. Pero mi consejo es que te vayas para allá. Vas a volver a lo que es lo tuyo, vas a dar rienda a tu pasión que es el deporte, vas a tener oportunidades de viajar, de crecer, de ejercer la profesión que estudiaste, de tener un liderazgo, de hacerte un nombre. Acá tienes techo, allá no. Acá puedes quedarte. Tú decides”.  No se equivocaron. Dirigir deportes me cambió la vida. Nunca fui tan feliz, como cuando trabajé en Deportes. Y lo que es la vida. Un día, mucho tiempo después, volví a ellos, a Ecuavisa y Estadio para hacer deportes. Pero por segunda vez, vamos en orden.

Llegué a El Universo a mediados de 1995, para ejercer la jefatura de la Sección Deportes. Allá me encontré con un grupo de jóvenes periodistas desconocidos para mí, que me recibieron bien, que me abrieron sus brazos y con quienes hicimos un buen equipo. Cada quien tenía sus fortalezas y debilidades que había que encarrilarlas y juntos empezamos a ubicarnos en lo que cada uno mejor sabía hacer. Entonces la maquinaria empezó a rodar. Con Víctor, los Luchos, Ernesto, Rafa, Mauricio, Marcia, María Elena, el hípico Viche (Burrero), Veguita, el corrector y Tito, el diseñador, tuvimos una sección líder  en su área, con profesionales de buen nivel. Hicimos coberturas y ediciones de lujo. Fue un trabajo supremamente intenso y como todo tiene su precio, el mío fue el costo familiar. No pude disfrutar a diario de mi hija, a quien la veía dormida cuando llegaba de noche y apenas la veía un ratito en la mañana cuando ella se iba a la escuela. Sacrifiqué mucho la familia, pues en Deportes se trabaja en fin de semana, feriados y se entraba de mañana y se salía casi al morir la noche. Solo me falto llevar la cama a la redacción, porque nunca pasé menos de diez horas diarias allí. Todo tiene su costo. Pero no me arrepiento. Hice lo que me gustaba, me gané un nombre, gané muy bien, viajé al exterior, conocí gente, hice amigos, me involucré en el mundo del deporte, participé de la organización del Interbarrial de Fútbol por el cual conocí un maestro en la formación de juventudes, un trabajador incansable y un hombre de quien me precio ser su amigo, el Profe Denis. En Deportes me divertí y fui feliz.

El ser director de deportes de El Universo me dio la posibilidad de relacionarme con dirigentes y deportistas de otras actividades deportivas que me invitaron a practicar su disciplina deportiva. Así aprendí y participé en eventos para la prensa en deportes como tiro deportivo en la modalidad skeet, softbol, tenis y karting.

Además me hice amigo de varios excracks del fútbol ecuatoriano que me invitaron a jugar con ellos y formé parte del equipo de ex glorias de Emelec en el que jugaban figuras de leyenda del balompié nacional como «Pereque» Lasso (+), Jefferson Camacho, «Maestrito» Raymondi, «Bolo» Merizalde, «Bocha» Armendáriz,  Felipe Lándázuri, Manolo Ordeñana y otros ex Emelec como Jaime Villacis, «Rafa» Santos, «Tiburón» Figueroa, Félix Sabando, Alex Terán, Victor Ramos, Pantaleón, Quinto, Flores, entre otros nombres ilustres. Compartir con mis ídolos fue un sueño cumplido y ganar un clásico, jugando yo, fue sublime.

El periodismo también trae envidia

Pero no todo siempre es felicidad. A veces la maldad y la envidia le ganan a lo bueno y un par de confabulados, raza vencida, malos de alma y pobres de espíritu, al ver mi rápida escalada y al creerme «engreído» de los dueños, empezaron a conspirar contra mí cuando el éxito le sonreía a la Sección Deportes. Así, aprovecharon ciertas circunstancias para hacer de las suyas. Ya se había retirado del diario, mi jefa, y el dueño, ya mayor, cansado y enfermo, iba cada vez, menos y había soltado las riendas a sus hijos menores, unos caballeros de cepa como el padre. Así, ellos empezaron a hacer maldades. Yo revisaba las páginas en armada y las dejaba listas y me retiraba a casa. En mi ausencia me cambiaban cosas y las hacían imprimir con publicación de errores a propósito y al día siguiente esto me causaba problemas. Yo reclamaba, pero no pasaba nada, porque ellos sabían hacer las cosas para que no se sepa que su mano estaba detrás de todo eso. A veces los malos ganan. Tantos errores produjeron que me echaran del diario. No tengo vergüenza en decirlo. Al fin y al cabo, sucedió. Mucho tiempo después se descubrió todo, desde lo alto, me pidieron disculpas, me solicitaron volver, pero ya era tarde. No quise, estaba dolido y resentido. Así un día de Navidad de 1998, despedido injustamente, dejé el diario que tanto quise y que jamás dejaré de querer, porque lo que hicieron dos canallas perversos, no borra todos los momentos de triunfo y de felicidad que ahí tuve.

Tiempo de para

Hastiado de todo, me retiré del periodismo, al que juré no volver. Obvio que no cumplí mi juramento. A inicios del 1999 con mi familia, nos fuimos a vivir a Playas. Parte porque queríamos descansar y parte porque necesitábamos cambiar de aires. Pusimos un negocio de venta de madera y zinc que iba muy bien, hasta que el maldito feriado bancario y la dolarización lo cagó todo. El negocio se fue a la baja y había que sobrevivir. Pero aun así, ese año y medio en Playas, fue una de las épocas más hermosas de mi vida. Disfruté de la tranquilidad, la paz, la armonía y toda la belleza que da la playa y sus encantos y gocé mucho de mi familia para la cual tenía todo el tiempo del mundo, además que jugaba fútbol a diario. Si pudiera elegir la forma de vivir mi vejez, lo haría viviendo en la playa. Pero el periodismo lo llevo en las venas y para no perder la costumbre de escribir, publicaba artículos en el diario “El Playero” de General Villamil, Playas, que dirigía “El Chino” Chang, como era conocido en el medio playero.

De vuelta a la cancha

Pero, si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos  como canta Blades. Así, que si naciste para periodista del cielo te cae el periodismo. Y una tarde de julio del 2000 estaba volviendo a la Editorial Vistazo, para dirigir Estadio, llamado por el dueño de la empresa. En Estadio me reencontré con lo mío y volví a ser feliz.

Llegué a Estadio en junio del 2000 y me rencontré con uno de los amigos-  amigos que me dio el periodismo “El Pájaro” César, a quien yo llevé a Estadio en el 93. Con él y con tres jóvenes entusiastas y buenos en lo que hacen, Fabricio, Vane y Mirimba y el apoyo inconmensurable de Pepe desde Quito y sus pupilas Lourdes y Pamela, el Comandante Leoro, desde las estadísticas, Diego y Antuco en sus columnas, más lo que aportaban en sus diferentes áreas (corrección, diagramación y fotografía) Richard, Juan Alberto, Marco, Álvaro, Iván, Alberto (+) y César hicimos de Estadio una revista líder, con récord de circulación y ventas y tuvimos peso en la opinión pública. Si lo decía Estadio, estaba bien dicho. Bastaba con que lo diga Estadio para que así sea. También nos ayudó el momento de la Selección de Fútbol que clasificó a su primer Mundial.  Por ella, hacíamos ediciones normales (quincenales), a veces semanales y ediciones especiales después de cada partido y como dicen el en fútbol, la rompíamos. Fue una época de oro. Por Estadio recorrí Sudamérica en las eliminatorias, fui a las Copa América de Uruguay y Colombia, al Mundial de Japón y Korea. Fue un ciclo triunfal que gocé como ninguno y me hizo feliz, además de ganar bien.

Paralelo a mi estadía en Estadio, en 2002, volví a Ecuavisa para por corto tiempo, participar en un programa deportivo, en lo que sería mi primera participación en pantalla, en mi vida. Así cada domingo a las diez de la noche, “salía en cinta” en Sótano Deportivo con un equipo de lujo “Pestañita” Morales, “Piquito” Hidalgo, la Flaca Guerrero, Gabriela Pazmiño Yépez, y las modelos Cecilia Cascante y Éricka Salazar. Desde Quito, salían Patricio Jarrín y Gonzalo Rodríguez. El programa que dirigían Carlos Eduardo Arcos y Marcos Espín, se transmitía en tiempo real (no grabado).

El programa  revolucionó e innovó en ese entonces el concepto de programas deportivos de televisión que ya no se limitaba a que los conductores dieran noticia en un panel y hablaran solo de la fecha del campeonato nacional, sino que se manejó  el concepto de un estudio – bar en el que se hablaba de varios deportes y no solo de fútbol, en el que además de la noticia, se hacía análisis y estadísticas que las manejaba yo sentado junto al bar con una computadora. Había además, concursos y notas deportivas con sketch de humor (grabado) que lo hacía Francisco Pinoargotti.  Desde el set, era diferente, pues era similar al de un bar que tenía público presente que a veces interactuaba con los conductores, el vestuario ya no era el clásico de saco y corbata, había cinco conductores y dos modelos que hacían los comerciales. Me divertía mucho y estaba en mi papayal. Gran experiencia y gran aprendizaje.

Para 2007, estando en Estadio, el duro, me dijo que me necesitaba en Vistazo, me cambió de revista y volví a mi viejo amor. Ya había otra redacción, de la anterior solo quedaban la jefa Patty, Cecilio, mi brodera Meli y Pili. El resto era nuevo pero como Vistazo es una familia no tardé en congeniar con ellos, Mariani, Mafer, Palmera, Karen y Carlos, más el Loco Lalo, y Don Dimi, en la fotografía, y Yhen y Don Bozzo en las ruedas, cada quien en lo suyo hacían grande a Vistazo. Yo entré como Redactor Especial y me encargaba de lo que en periodismo se llaman las notas “Pepa” (las más importantes). A los viejos amores se los quiere con solo volver y en Vistazo fui nuevamente feliz. Corría 2008 y estaba en esas, cuando nuevamente y parece ser la naturaleza de Vistazo (lo fue en el 93 cuando fui a la TV), siempre me salen retos y propuestas diferentes  a lo que es el periodismo. Esta vez salió una oferta irrechazable en el área de la asesoría de la comunicación y me fui para Quito como asesor del Procurador General del Estado y director del Departamento de Comunicación de esa entidad. Antes tuve un cortísimo paso por la Asamblea de Montecristi en el área de comunicación. Fue imposible decir no. Ganaba un sueldazo, me pagaban el departamento y me daban los pasajes semanales para que vaya el lunes a Quito y me regrese el viernes a Guayaquil a ver  a mi familia.

En la Procuraduría General del Estado, a la que llegué en 2008, estuve más de cuatro años, en la cual aprendí muchísimo y fue una gran experiencia al estar en el otro lado de la orilla. Ya no como miembro de la prensa, sino dirigiendo la política de comunicación de una Institución  y atendiéndolos en sus requerimientos. Nunca antes había tenido y realizado una función así, pero sabía lo que había que hacer porque había estudiado esa área, había dictado media trainings (entrenamiento de medios) y tenía claro el panorama. Además en esa entidad tuve una maestra de lujo, una comunicadora especializada en política comunicacional y manejo de imagen corporativa, que compartía conmigo la función de asesora. Ella,  más dirigida a establecer la estrategia comunicacional y yo al manejo de prensa. Hicimos gran dupla. De Yanina Mendoza, aprendí muchísimo, como saber: cuándo hablar y cuando no, que hacer en momentos de crisis, como resolverlo, como establecer estrategias, como dirigirme a los colegas, como «manejarlos». En fin fue una escuela que dio sus conocimientos sin egoísmo.

Y me sirvió de mucho, porque ni bien entrado al puesto, a los pocos días, la Institución afrontó una crisis comunicacional por un  escándalo difundido por todos los medios de comunicación, por una acción de la administración anterior. Fue el bullado caso de los denominados “bonos espirituales”. Unos bonos de diez mil dólares que había entregado el anterior procurador a todos los funcionarios por el aniversario de la Institución. A nosotros nos tocó afrontar el asedio de la prensa y tomar medidas. El Procurador apegado a la ley, al sentido común y a la ética moral, decidió que los funcionarios debían devolver el dinero, lo cual como era de esperarse desató una crisis interna. Pero se hizo lo que se tenía que hacer. En la Procuraduría nos tocó afrontar desde el área de comunicación, grandes casos como los juicios con las petroleras o el caso Restrepo, por ejemplo. Y salimos bien librados. Tuvimos un buen equipo que trabajó con responsabilidad y del cual pude tener tres compañeros amigos Sofi, Mafer y Alex, que jamás dijeron no a trabajar demás.

Quito y Guayaquil son dos mundos totalmente diferentes, como diferentes son el costeño y el serrano. Nosotros lo hacemos todo rápido, somos más ejecutivos, vamos de frente. Ellos toman las cosas con pausa, no se apuran y no siempre se sabe con qué van a salir. La burocracia de la sierra es jodida y más allá de razones geográficas o personales hay una verdad que no se puede ocultar. Los “Monos” no somos santos de su devoción y no nos quieren y si pueden apuñalarnos por la espalda, lo hacen. Pero en la vida hay un antídoto para eso: Haz las cosas bien, haz el bien y brinda apertura. Yo la brindé y  a mí me la brindaron. Al menos eso parecía, porque con ellos, nunca se sabe. Afortunadamente era el jefe y cuando lo eres, tienes el sartén por el mango, lo cual no significa que debas y puedas abusar de ello.

Con el equipo de asesores y directores, formamos un buen grupo. Todos íbamos en el mismo rumbo y todos sabíamos cuál era nuestra función. Con el grupo que llegamos de Guayaquil trabajamos en equipo y mancomunadamente, lo cual facilitó las cosas y con todos absolutamente con todos establecimos una buena relación personal. Como digo todos, no hay necesidad de nombrarlos, pues ellos saben quiénes son. Con el grupo de asesores y directores serranos, hubo también una gran afinidad, no con todos en realidad, pero hubo algunos que parecían costeños por su estilo proactivo y su frontalidad, como el Sub, Juan, Stalin que era manaba, Marcia, la Dra. Nancy y los dos “Viches”. De cada uno de ellos aprendí mucho y extraje experiencias. De eso se trata en este campo. Las cosas siempre funcionan desde la cabeza y la máxima autoridad es un profesional altamente capacitado, serio y formal como justo y humano. Un caballero a carta cabal, del cual hay mucho que aprender y aprendí.

El área de comunicación permite acceder a todas las áreas, aprender de otros campos y conocer personas de diversos caracteres y estilos.  Me fue bien en la “Procu” como le decíamos a la Institución. En los últimos meses de 2012, las cosas se complicaron por diversos factores como la decisión del Mashi de bajar a la mitad el salario a directores y asesores, quitarnos el pago de arrendamiento y los pasajes, además de la llegada de un nuevo coordinador, el típico serrano más falso y traicionero que beso de Judas, lo cual me llevó a tomar la decisión de volver a Guayaquil y buscar nuevos rumbos. Pero prefiero quedarme con lo bueno y lo bueno fue: todo lo que aprendí y toda la experiencia que acumulé; la posibilidad de crecer económicamente que me permitió enviar a mi hija a estudiar al exterior, los constantes viajes por el país, las buenas relaciones que establecí, los buenos compañeros que tuve como los de mi departamento y  los del Despacho, mis compañeros de jornadas futbolísticas, mis tres eficientes secretarias (Katty, Sofi y Niki), muy buenos amigos como: Chevas, Carlos, Pancho, Juan, Ugo, Natty,  Lissetti, Marcia, Sandri y “Cinta” y cuatro recontra panas, broderas, de lo mejor que me pudo pasar allí: Eli, Helen, Yani y Majo. Trabajar en la función pública, más allá del lirismo que podría representar esta frase, da la oportunidad de servir a la patria y crecer como persona y profesional. Allí crecí mucho en ese campo.

De vuelta a la tele

A mi regreso a Guayaquil, a inicios de 2013, me tomé una pausa laboral y me dediqué a la vida familiar, de la cual estuve alejado por mucho tiempo y  a la que solo veía los fines de semana. Mientras tanto hacía cachuelos con trabajos como free Lance para Vistazo, para el Municipio de Guayaquil al que escribí seis guías turísticas “Guayaquil es mi Destino” y a una página web de turismo: Ecuador Extreme. Luego de pasar un rato peloteado, volvió a aparecer la mano amiga de mi colega y pana, Juancar, el mismo que me recomendó a Vistazo la primera vez, quien por entonces dirigía Cablevisión y me llevó para allá como director de contenidos y conductor de dos programas deportivos. “La Cancha” y “Estudio Estadio”  Esa función, me dio la posibilidad de volver al periodismo, del cual me había alejado en 2008 y retomar los pasos de lo que es la pasión de mi vida. En La Cancha aprendí y me divertí. Era un programa diario que se trasmitía de lunes a viernes de 15 a 17h00 y en la que compartí panel con profesionales de lujo como mi tocayo Aurelio Sánchez, Rómulo Barcos, Xavier Dávila, Ricardo Péndola y David Aguirre y eventualmente mi amigo de barrio y adolescencia “Antuco” Ubilla y en el que teníamos de reporteros a tres buenos periodistas, una que nunca conocí personalmente, que nos ayudaba a cubrir la información en Quito, el experimentado y trabajador incansable “La Roca” Navarro (Jorge) y una guapa reportera, colaboradora, entusiasta, gentil y magnífica persona, Paula Camposano (Pau), con quien llegamos a tener buena amistad y mucho afecto. Gran cantante además, ella e interpreta a Carpenters como los grandes. Parte del éxito de ese programa era el equipo de producción y realización que encabezaban Sergio García y Darío Herdoíza.

El otro programa que me permitió volver a salir en cinta, fue “Estudio Estadio”, que gozaba de gran audiencia y en el que compartí con diferentes alineaciones, todas de lujo. Allí compartí panel con los Bustamante (Edgar y Luis Martín), Raúl Avilés, Pedro Santos, Rodolfo Piñeyro, Claudio Campos, Carlos Uzategui y el árbitro Joselito Romero y en la producción el maestro Fonseca. Además pude tener el agrado de estar en algunas transmisiones en vivo de partidos importantes, haciendo pareja con dos buenos profesionales como el Flaco Xavier y la Colores Sole (María Soledad Reyes).

Fue una buena época, porque pude volver a mi viejo amor (el periodismo) y hacer lo que me gusta, cobrando por ello. Había muchos planes para crecer. Teníamos pensado un par de programas propios, que pienso, de darse, pudieron ser muy exitosos por lo novedoso que eran, pero no se dio. Además, en el canal había chance para la amistad porque el jefe de personal era un compañero mío desde la preparatoria hasta sexto curso, amigo de barrio y de la vida, con quien siempre nos llevamos bien y que el 2018, con gran dolor para mí, se nos adelantó en la partida.

Tiempo después, el canal cambió de cabeza, se fue mi amigo, llegó otro gerente y las cosas cambiaron radicalmente. Poco después La estación entró en crisis y llovieron los despidos masivos. Cuando me tocó salir, quien debía darme la noticia, era el jefe de personal, mi amigo. Pobre Javier, como sufrió para decirme que estaba fuera. No podía hacerlo. Me daba las vueltas y no iba de frente. Fui yo el que le dijo. «Tranqui, Cofla, no le des vuelta, se que me tienes que botar y se que no depende de ti. Dale, tranquilo, bótame». Nos abrazamos y nos despedimos. Tiempo después ya conmigo afuera, el canal cerró las transmisiones y salió del aire, perdiéndose así, el único canal enteramente deportivo del país.

Paralelo a mi estadía laboral en Cable, gracias a la oportunidad brindada por mi amigo de infancia y compañero de colegio, “Chanfle”, pude volver a trabajar con Carlos Víctor, con quien hice pareja en Revista Estadio allá por los 90, quien como director de deportes de Ecuador TV, dirigía los hilos de las transmisiones en vivo de partidos de fútbol del campeonato nacional que hacía el canal para su señal internacional que se iba al exterior, principalmente Estados Unidos y Europa. Yo era el comentarista y por coincidencia, hice dupla con el mismo relator con el que hacía pareja en Cable, el “Flaco” Xavier Dávila. Una vez el entretiempo de un partido, el Flaco salió a hablar por teléfono y tardó en regresar, me tocó relatar los primeros 13 minutos del segundo tiempo, los más largos de mi vida. Fue a la sazón, la primera y única vez que he relatado un cotejo.

Tras mi salida del canal, y mientras yo estaba descamellado, buscando que hacer, la querida Vane, que había trabajado conmigo en Estadio, me llamó para un cachuelo en la Federación Deportiva Nacional del Ecuador (Fedenador) en la que ella era Directora de Comunicación. El proyecto era hacer una revista institucional que empezamos a trabajar con el presidente de esa Institución, el conocido y popular futbolista en retiro, ex integrante de Barcelona, la Selección y varios equipos: el “Chino” Gómez. En eso estábamos cuando a Vane, le sale la oportunidad de crecer y de ir a Quito como asesora de un asambleísta. Se dieron las cosas y el puesto que ella dejaba, me llegaba a mí. Así en 2014, entré a trabajar con el futbolista que más odiaba en mi vida. Odio futbolístico claro, porque nunca le perdonaré que haya hecho ese gol de último minuto en Ambato que evitó que su equipo, se vaya a la B, como yo quería. Yo no soy hipócrita y digo lo que siento. Amo a Emelec con la misma intensidad que como hincha, no como profesional, aclaro, no quiero al otro equipo. Profesionalmente debo aceptar que el otro equipo le hace bien al fútbol y vende y mientras de eso dependa mi pan, pues que siga ganando. Volviendo a lo que estábamos.

Entré a Fedenador y de inmediato hice click con el futbolista “odiado”. El “Chino” es un caballero, un hombre trabajador y entusiasta, que quiere hacerlo todo y hacerlo rápido. Proactivo, de buen corazón, con el que hicimos empatía rápida, pudimos establecer buenas relaciones personales e hicimos muchas cosas en bien del deporte amateur y federativo del país. Pudimos entre otras cosas: poner el programa Institucional Fedenador TV que conducían el “Chino” con Walter Ruiz, simultáneamente en cuatro canales de televisión (dos de señal UHF: Universidad Católica y RTU, uno de cable, Cable Deportes y uno en señal abierta, Canal Uno). En el canal universitario, el programa era a diario de lunes a viernes en tiempo real y con un resumen el sábado. Además,  reactivamos la página web que estaba ruca por buen chance, nos abrimos a un canal “Llutú”, invadimos las redes sociales con el carelibro (Facebook) y el títere (tuiter), montamos nuestro propio estudio de televisión, dimos cursos de periodismo digital. Todo con el apoyo del equipo de comunicación en el que Luisao es el motor principal y en el que Carlos, John, Juan y Cinthia eran fundamentales en su función. Armamos buen equipo y logramos muchas cosas. Además como jefe del departamento, manejaba la relación con la prensa, el envío de noticias, la realización de ruedas de prensa, gira de medios, entre otros; organizábamos y conducía como maestro de ceremonia los eventos que la Institución hacía y claro está, escribía los libretos y guiones de esa programación.

En el campo del fomento al deporte pude darle a la Institución su obra insigne, la Copa Herbalife, un torneo que en su primera edición tuvo 250 equipos en diferentes categorías tanto en damas y varones. Gracias a que mi primo “Cuchi”, un caballero a carta cabal, azul de cepa y ejecutivo de lujo, gerencia esa empresa. Así, pudimos conseguir la donación de 5.000 uniformes gratuitos para los participantes del torneo. Además de la uniformancia para árbitros, vocales y personal logístico del evento. El torneo que inauguramos en el estadio Chucho Benítez con tribunas repletas y un show artístico de primera calidad, fue un éxito, en el que tiene mucho que ver el departamento técnico metodológico de Fedenador que corrió con la parte organizativa y operativa. Fue un buen campeonato que más allá de lo deportivo, le hace bien al país en el deporte y en lo social, pues da la oportunidad a 5.000 niños y jóvenes de hacer deporte en vez de dedicarse a malas acciones. El torneo que ayudé a formar está consolidado y ya va por la sexta edición. Fedenador, además me dio también buenos compañeros, con los que establecí buena relación y con algunos de ellos un gran afecto.  Además estar allí, me dio la oportunidad de jugar fútbol y bastante que es algo que me encanta. Como teníamos cancha propia, jugábamos todos los lunes y miércoles a las 07h00 (antes de ir al trabajo) y como otros colegas de otros medios aliados, tenían derecho a cancha, jugaba con ellos también. Además jugaba con la gente de Luyevi, que también madrugaba para jugar los martes.

Trabajos Free Lance

Además de mis trabajos oficiales, durante mi carrera, he hecho varias cosas en calidad de free lance (trabajo autónomo, por cuenta propia e independiente), entre ellas ser el editor y articulista de la revista Manabí Deportivo que dirigía mi colega Virginia Farías que en paz descanse; escribir y editar para las revistas Educación de mi amigo y colega Antonio Albán y la de Emelec de Pepe Ibañez; escribir para la revista Pacificard; redactar las guías turísticas “Guayaquil es mi Destino “que publicó el Municipio de Guayaquil. He dirigido y escrito  junto a Xavier Chávez en la revista institucional de Emelec que en su momento la diagramaron mi amigo, ex Vistazo, Pedro Gambarroti y mi pana de El Universo, la hermanesita Luna (Ana María Granja); escribí un libro biográfico de la vida del dirigente deportivo Dr. Ferdinand Hidalgo (+), que produjo una grande de la comunicación y mejor persona, la master Gloria Andrade; escribí un libro sobre la historia de Emelec de 600 páginas que por razones que no vienen al caso, jamás pudo ser publicado y se quedó inédito en el archivo de una computadora y redacté artículos turísticos para una página web (www.ecuadorextreme.com.ec) que dirige, un buen profesional, azul de cepa y gran persona, Efrén Avilés. He hecho muchas cosas como Free Lance, con buenos resultados.

La cátedra

Mi desempeño laboral también se complementa con dos acciones vinculadas a la carrera. La de profesor universitario, a la que ingresé gracias a la recomendación de mi compañero de Vistazo, Cecilio. Fui catedrático del Instituto Técnico de Televisión (ITV) en las materias de redacción periodística y periodismo. Fue una buena experiencia, me agradó compartir mis conocimientos, aprendí mucho de los alumnos. Creo que un profesor no solo enseña sino que también aprende. Tuve buen trato de parte de los directivos. Creo haberme ganado el respeto y afecto de los alumnos, algunos de los cuales hoy brillan en la Tv como Cecilia, excompañera mía en Sótano, Víctor y Lauri, que años después fue compañera mía en Cable Deportes y con quien me une un gran afecto y un inmenso respeto. Gran profesional ella. Ahora no puedo ejercer la docencia, por la disposición de que para ser profesor universitario hay que tener cuarto nivel académico. La medida persé no es mala, pues obliga al profesor a ser de alto nivel, lo cual es altamente positivo y lógico, pero el ejecutivo que dispuso tal acción, fue injusto y olvida que la experiencia vale y mucho. Modestia aparte, creo que ningún máster o magister, como lo llamen, más si es joven, puede ser más o menos, que mis 37 años de experiencia, que de algo han de servir. Creo que el ejecutivo debió hacer una excepción y considerar a los viejos que no tenemos PHD académico, pero si PDH laboral (Profesionalismo del hijueputa) podamos ejercer, con una disposición que señale que luego de 10 años de experiencia podamos impartir conocimientos.

También pude ejercer la enseñanza profesional, como instructor de media training (entrenamiento de medios), así se llama, a esto, en esa costumbre de vivir con palabras agringadas, cuando tenemos las nuestras. Esta actividad, es la que brinda entrenamiento a empresarios, altos ejecutivos y profesionales de distintas áreas a que sepan manejar la comunicación institucional y sepa actuar en momentos de crisis en lo que al campo de la comunicación se refiere. A esta actividad entré por medio de una gran colega y mejor amiga, una colombiana de lujo, Margareth que radica allá, que tiene una empresa en este campo y que no me conocía, pero que me contactó gracias a la recomendación que de mi le hiciera una gran profesional y referente del periodismo ecuatoriano, conductora de tv de lujo que radica en Colombia, mi amiga Ximena. Con Ojalvo y Asociados, así se llama esta empresa colombiana, hemos hecho varias capacitaciones, que me han llenado mucho, primero porque son de altísimo nivel, segundo porque me hizo incursionar en un campo nuevo para mí y que me sirvió mucho para mi cargo en la Procu y en Fedenador y tercero porque pude establecer amistad con una gran profesional y mejor persona. También he hecho de instructor por otras empresas que me han contratado independientemente.

Libretrista

Además de lo anterior, también profesionalmente tengo otra faceta y en algún momento de mi vida, las oficié de libretista y escribí unos programas de televisión. Gracias a esa gran artista y mejor persona, mi parcera – parcera Osita, que me recomendó a Paco Cuesta, pude escribir algunos capítulos de dos exitosas series cómicas que él produjo para la televisión nacional. “Sin Ánimo de Ofender “ y “Se parecen Pero No Son”. Me divertí mucho escribiéndolas, pude hacer amistás con grandes actores e involucrarme en el mundo de las luces, cámara y acción. Fue una bonita experiencia, que además me dio un buen rédito económico porque pagaban bien. Además de esa serie cómica, también escribí series reales y serias, como “De la Vida Real” que conducía mi amigo, Rolo. Además para el mundial del 2002, Ecuavisa hizo una serie sobre la vida de algunos jugadores mundialistas y así intervine en los capítulos del Tin, el Nine y el Güero. Fue un trabajo intenso, duro, que se hizo llevadero gracias a la directora del seriado, la cubana Nitzi, un lujo de productora, directora y buena persona que sabe enseñar y que hizo de esas series, un programa muy visto. Varios años después, nuevamente gracias a Rolo, volví a la escribancia de libretos e intervine en el programa biográfico del Chucho Benítez, que se estrenó poco después de su muerte y que lo transmitió TC.  Además ocasionalmente, nuevamente colaboré con él para su programa “Álbum de fotos”, que se transmitía en Canal Uno.

Algún tiempo después, en 2017, volví a libretear a pedido de mi colega y amigo, Jorge Beltrán, quien además de periodista es actor y director de cine y tiene su grupo “Maravillas JB” con el que hace seriados sobre problemáticas reales que afectan a la sociedad, tratando temas de drogadicción, alcoholismo, violación, maltrato interfamiliar, traición de amor, entre otros. La serie tuvo buena acogida y fue transmitida en varios canales de televisión UHF que acogieron la función de presentar dramatizados de índole social

La estancia en ese grupo, me dio además la posibilidad de fungir como actor en uno que otro capítulo. La verdad yo no estaba en ese rumbo, no soy actor y jamás había actuado (foto), pero una vez faltó el actor, había que grabar e “Higuita” como le dicen al director, me lanzó al ruedo. Él dice que no lo hice mal, yo cumplí mi sueño y me divertí mucho, tanto que luego salí en otros capítulos, ya ahí sí, con papel definido y entrenamiento. Me gusta escribir e incursionar en otros campos. Enriquece, abre panoramas, muestra otras perspectivas y te permite conocer gente y establecer nuevas relaciones. La vida es un aprendizaje y a mí me gusta aprender.

Por último, esta carrera me ha dado otro oficio, como es el de organizar eventos, escribir el  programa de los diferentes actos, hacer el guion para los conductores, escribir los discursos que allí deban darse y si es el caso, animar y conducir el evento como maestro de ceremonia. Confieso que no me gusta mucho, esa tarea, porque soy más de escribir que hablar y no me gusta pararme frente al público. A veces me emociono mucho y debo apretar el toro para no hacer pucheros, pero si toca hacerle, le hago. Como decía el gran político con nombre de felino “Yo no me ahuevo jamás” y casi nunca digo no a un camello.

Si de escribir se trata, ahí estoy, también escribo canciones, que nunca salen del cuaderno que las escribo. Solo hubo una que hace muchos años, casi 30, la hizo canción, mi amigo y gran músico Jerry Duplá,  quien le puso música una noche en el cuarto de mi casa, en una jornada de bohemia. La grabamos en un cassette y al día siguiente se la hice escuchar a mi pana Fabián en una grabadora pequeña que usaba para las entrevistas. Pero despistado como soy olvidé el aparato en su carro que fue a la mecánica donde se lo robaron. Ahí murió todo el rastro de esa composición. Hace poco y después de muchísimos años, me encontré en un bar con Jerry, recordamos el hecho y para mi sorpresa el tarareó el ritmo porque de la letra muy poco se acordaba.

Volviendo a mi carrera y tras esta corta disgregancia, otra satisfacción que me ha dado el periodismo, es saber que pude aportar al crecimiento de muchas personas, en su casi total mayoría jóvenes que se iniciaban en esta actividad y a quienes jamás negué una ayuda, un consejo o compartir lo que sé, como lo hicieron conmigo esos grandes maestros que me trataron de igual forma cuando llegué al Universo hace 28 años.

Hoy y a insistencia de mi hija Lizzy, de varios amigos y colegas, he dejado de lado mi “odio” a la tecnología y me he metido en este ambicioso proyecto de la Revista Digital Delado (Va de Frente), que es un magazzine con 16 secciones variadas (editorial, crónicas & reportajes, entrevistas, política, deporte, música, espectáculo, gastronomía, gramática, arte & cultura, recuerdos, actualidad, humor, De Puertas Abiertas, ¿Que es de tu Vida?  y la columna Goyo y Gabucho) y 13 columnas, escritas por plumas de lujo (historias del ayer, jurídico, economía & finanzas, nutrición, belleza, notas internacionales, rock & arte visual, crónicas urbanas, turismo, mascotas, soluciones de vida, secretos de televisión y opinión joven). Son 29 temáticas diferentes para público de diferentes targets y diferentes gustos.

Y así con mucha gratitud y gran satisfacción he cerrado el capítulo de mi carrera profesional de la que he comido y gozado 37 años.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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8 comments

  1. Excelente y ver que recuerdas a quienes también hacen un diario como departamentos de corrección y armada. Felicitaciones Aurelio

  2. Chévere resumen de sus 37 años en el periodismo. Y muy orgullosa de encontrar mi nombre entre sus amistades Aurelio.

  3. Edison Proaño

    Hay periodistas y periodistas hay gente que trasciende y no …Tu sinceridad , te hace auténtico Te hace más Señor. Felicitaciones mi querido EMELE

  4. Aurelio Paredes

    Gracias por esas palabras elogiosas, Edison. Muy honrado con ellas. Un abrazo. Feliz 2020

  5. Aurelio Paredes

    Saludos, Meli. Sí. Un largo resumen de 37 años de carrera. Usted es mi amiga. Lo que dice en la reseña es lo que siento y pienso. Un abrazo. Feliz 202.

  6. Aurelio Paredes

    Saludos, Carlos. Gracias por su felicitación. ¿Como no recordar a apreciados compañeros que fueron parte de la historia?. Saludos

  7. Antonio Arévalo

    Excelente relato de tu experiencia en el periodismo,como me dijiste «largo y hay que tener mucha paciencia», te repito,largo pero muy ameno e interesante,un fuerte abrazo, querido amigo

  8. Aurelio Paredes

    Gracias por tus elogiosos comentarios, Tony. Un abrazo.

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