EL GRAN AUSENTE.

Recordando a José María Velasco Ibarra, (Quito 19 de marzo 1893, fallecido el 30 de marzo de 1979),  él cinco veces presidente de Ecuador, que dos veces se proclamó dictador y solo una vez logró completar su mandato presidencial, que lideró la escena política en gran parte del siglo XX

La primera ocasión que me impactó la omnipresencia del Dr. José María Velasco Ibarra, fue en una desvencijada casa del páramo de la serranía ecuatoriana, cuando por motivos biológicos nos vimos en la necesidad de hacer una parada técnica. Corría el año 1965, y por mi legendaria inquietud de piromaniático infantil, mis padres no habían podido dejarme en Bahía al cuidado de la adorable abuelita Escilda; y prefirieron llevarme como compañero de viaje a Quito donde despediríamos a nuestra hermana Mirian, quien había sido becada a estudiar a Boston, por decisión de American Fields Services. Entramos ya en el ocaso del día al interior de esa covacha y vi la fotografía de un enjuto anciano, similar a la que comparto ahora, teniendo una vela encendida al pie de la misma en señal de veneración; obviamente repasé mentalmente las decenas de santos que velaban mi madre y abuela en sendos altares, y no pude descifrar algún parecido a alguno de ellos.

Inquisidor como siempre, pregunté cuál era ese santo que velaban; y mi padre contestó: «es Velasco Ibarra y como está ausente del Ecuador, le ponen velas para que vuelva»…y allí se quedó grabado aquello en mi precoz mente de niño. Tres años después «el gran ausente» regresaba al Ecuador y otra vez como cuatro ocasiones anteriores, recorría la patria, trepaba a balcón que encontraba mal parqueado y con verbo inflamado, demagogia al vuelo, dedo señalando al cielo y mensaje mesiánico…subyugaba una vez más al país y volvía a ganar unas elecciones «bárbaramente libres» como había pronosticado el Presidente Otto Arosemena, que se encontraba en pleno ejercicio.

A mi corta edad yo también era otro de los hipnotizado por el Dr. Velasco; y junto con mi hermanita menor, María Patricia, recorríamos los corredores de nuestra vieja casona y con banderines en mano gritábamos acompasada y melódicamente: Velasco y Sicouret….Velasco y Sicouret; hasta que nos encontrábamos con la regordeta figura de Ramonita que nos volvía a nuestra realidad al hacernos conocer con su voz de soprano: » que en esta casa todos estamos con Córdova y Zavala». Y allí terminaban nuestros sueños de democracia. Mi padre, militante socialista, fue otro de los subyugados por Velasco, que siendo parte de los «hombres de Mayo» y luego del triunfo revolucionario de «La Gloriosa», reclamaron por su presencia para que encabece un gobierno progresista que instaure un modelo socialista real.

Ellos desconfiaban de Francisco Arízaga Luque, liberal y «pelucón» guayaquileño que había puesto distancia con el gobierno oligárquico y dictatorial del también liberal Carlos Arroyo del Río; y por eso optaron por Velasco. Craso error !!! Un año después que los Asambleístas Constituyentes dictaran la Carta Magna de 1945, ejemplo de Constitución para Ecuador y América Latina…..Velasco traicionó esa revolución, dio un giro a la derecha e hizo fabricar una nueva constitución a su medida. La historia luego se repitió: Velasco se precipitó sobre las bayonetas y fue defenestrado. Volvió en 1952 y en elecciones libres nuevamente triunfó. Terminado su período, retornó en 1960 y derrotó a todos sus adversarios, que sumando todos sus votos no lograron superar al coloso…pero la dicha le duró poco y una vez más lo desterraron a Panamá primero y luego a la Argentina.

Velasco era el ejemplo de la decisión libre y democrática de un pueblo para elegirlo cuantas veces fueran necesarias, porque esa era la esencia misma de la participación popular manifestada en su voto en elecciones universales y directas. Fue Velasco Ibarra el creador del Tribunal Supremo Electoral, que terminó con décadas de fraudes electorales que burlaban la decisión del pueblo. Creo ese fue su mejor legado para la patria. Durante los últimos ocho años fuimos víctimas de manipulaciones electorales, por un candidato-gobierno; y en los actuales momentos que vivimos en nuestra provincia, Manabí, la desesperación de un candidato por desconocer la voluntad soberana, tratando con artificios y leguleyadas torcer esa voluntad….el espíritu del Dr. José María Velasco Ibarra, emerge como ejemplo y luz que una decisión político-electoral debe ser respetada y aceptada, porque «la voz del pueblo es la voz de Dios.»

Fotos: puce.edu.ec; universitam.com; wilkipedia; elcomercio.com


PATRICIO PLAZA DAZA

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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