CRÓNICAS DE UN PERRO CALLEJERO

07 de enero de 2003, 7:00 am. No sé ni qué día es hoy, sólo sé que hace unos días estuve demasiado asustado, temblaba mucho y algo dentro de mí latía rapidísimo todo el tiempo, especialmente una noche estuve mayormente aterrado, tuve que esconderme entre mis amigos los basureros, que a veces me dan de comer, y en las esquinas al final de los callejones para cubrirme de las bombas que sonaban en todas partes; sin embargo, lo más raro es que los humanos se veían muy sonrientes mientras lanzaban esas cosas estruendosas y quemaban entre llamas a unos muñecos de cartón.

Aún sigo un poco asustado, pero estoy más aliviado, al parecer ya todo volvió a ser como antes, ahora empieza un nuevo día para mí, sólo necesito encontrar algo para calmar mi hambre ya que no pude encontrar muchas cosas para comer en los días pasados, especialmente hubo un día en que ni siquiera veía humanos y los locales estaban cerrados, me sentí como en un pueblo fantasma, pero por fin están atendiendo normalmente en las panaderías y me llama la atención el olor de las de cada esquina, veré si estoy de suerte y consigo un pedazo de pan recién salido del horno…

7:15 am. Uf! Me siento afortunado, en una de las panaderías no se olvidaron de mí, me esperaban con cinco panes calientitos, se me estaba haciendo agua la trompa, y me los devoré todos. Seguiré mi camino buscando que más hay…

11:30 am. He caminado varias manzanas y tengo mucha sed, en buena hora encontré un charco de agua, aunque sabe extraña está calmando la sed que traigo. Descansaré por un momento, necesito encontrar un lugar donde refugiarme de este sol voraz porque todas las calles se sienten muy calientes y siento que las patitas se me queman, casi no puedo hacer mis recorridos largos por tal motivo, pero luego lo intentaré.

Al parecer el ambiente así de caluroso hace que me pique mucho más el cuerpo, ¡y no paro de rascarme!, tanto que para aliviarme me rasco la cara con mis patitas, me las mordisqueo y así también mi cola. En los reflejos de los vidrios de los locales por donde camino, me he dado cuenta de que luzco diferente, en las partes de mi cuerpo donde me pica y me mordisqueo se me ha caído el pelaje, me veo como una rata de las que a veces se asoman por las alcantarillas y que se esconden al instante cuando me ven, muy diferente de cómo me veía hasta hace un tiempo atrás, me decían que parecía león por mi melena.

Por eso seguramente es que he notado que en estos últimos días ha habido humanos que me han visto como si fuera un bicho raro, y han puesto caras de enojo o de que algo les apestara cuando paso cerca de ellos, como si las cosas les estuvieran saliendo muy mal, ciertamente no los comprendo, ¿por qué estarán enojados si están sanos, tienen comida segura y a su familia al lado? ¡Ya quisiera tener esa misma fortuna!

13:00 pm. En fin, sigo caminando, pero este sol no perdona, jadeo más de lo normal para tratar de no acalorarme en exceso. A pesar de ello, siento hambre nuevamente, escucho unos ruidos en mi panza y además siento ardor por dentro, es la hora en que los humanos se reúnen y se sientan en las mesas de los locales donde suelo esperar que me lancen algo de lo que ellos no comen.

13:30 pm. Entran y salen humanos, no sé cuánto tiempo llevo aquí, con la ansiedad que tengo por comer parece que ha sido mucho el tiempo que he esperado, pero hasta ahora ninguno me ha llamado la atención para que me acerque a saborear algo de lo que están comiendo. Por ratos, unos humanos de los que les llevan los platos de comida a los otros, me gritan y elevan sus brazos como que, si me fueran a golpear, la verdad me asusto porque hacen movimientos bruscos y prefiero retirarme, pero el hambre es tan poderosa que debo insistir, aunque me asusten puede que por fin alguien me dé algo de comer y me pueda ir de aquí.

14:00 pm. En este local parece que nadie se ha dado cuenta de que estoy hambriento, seguiré por los demás locales, caminando casi sin rumbo para no darme por vencido, otra vez con mi lengua afuera totalmente, pero lo mejor de todo es que me encuentro con un recipiente lleno de agua fresca, y otra vez descanso un poco justo debajo de un árbol.

14:15 pm. La intensidad del sol no ha disminuido, iré otra vez donde la gente está sentada en las mesas por si alguien me puede ofrecer algo para comer. A lo lejos veo a los humanos de siempre, entre ellos una chica que cuando me ve me llama Peluchín y a diferencia de los demás, ella acaricia mi frente mientras me da un plato lleno de arroz con trocitos de carne, tan rico que me lo devoro en unos segundos y siempre quiero más, y a propósito en este momento se me está acercando con el plato en sus manos y en agradecimiento le muevo mi colita y la miro fijamente para no olvidar nunca su rostro y acercarme cada vez que la vea, porque sé que ella no me grita ni tampoco tiene intenciones de golpearme.

16:00 pm. Ahora ya no escucho más ruidos en mi panza, me siento mejor, olfateo cada casa por la que camino y por fin llego hasta donde vive mi amiga Polly. Cada vez que nos vemos juntamos nuestras narices a través de las rejas y movemos nuestras colitas, en señal de que somos amigos y nos queremos. Justamente su humana le echa agua encima y le aplica algo con lo cual la deja completamente blanca y espumosa. A veces pienso que me gustaría tener un humano que me cuidase, así como a ella la cuidan. Supongo que el agua que le echan es para aplacar el calor que ha hecho en todo el día, y lo demás será para que huela bien. A veces pienso que debo oler muy mal porque tengo algo en la piel que no tenía antes y unos bichitos negros voladores intentan constantemente pegarse a mí, tal vez eso se deba también a que en ocasiones me toca dormir junto a los basureros, pero esto no es del todo malo, porque ahí es donde suelo encontrar huesos que me quitan un poquito el hambre para así poder terminar el día.

18:30 pm. Poco a poco se oculta el sol y enseguida todo oscurece, la picazón en mi cuerpo disminuye en las noches y me siento mejor que durante el día.

20:00 pm. Nuevamente realizo mis recorridos por los mismos lugares de esta mañana, en donde los humanos comen lo que a mí más me encanta: carne. Mi olfato me dirige a todas partes, y si estoy de suerte logro me lancen unos trozos, con eso soy feliz. Siento un poco de hambre, además de los huesos pelados que he masticado, recuerdo sacar el pan que oculté debajo de la tierra en mi parque preferido esta mañana y con eso me conformo por hoy pensando que luego vendrá otro día y que no sabré qué me depara el destino, sólo sé que debo ser un buen perro, no morder ni molestar a nadie, y ser cortés y agradecido moviendo mi cola, espero poder comer rico y tomar mucha agua, y ojalá me encuentre con más personas como la chica que almuerza en el comedor o como los que trabajan en la panadería donde siempre tengo seguros mis cinco panes.

23:45 pm. Es hora de buscar mi rincón favorito para dormir y soñar, esperando encontrar a un humano que me cuide, que me abrace cuando tenga frío o miedo, que me alimente cuando esté hambriento, que me eche agua para sacarme la suciedad y los bichos que traigo encima, que juegue conmigo para nunca sentirme solo, que me permita recostarme en un lugar acolchonado y que jamás me grite ni me golpee. Si soy bueno, ¿tendré que esperar mucho o poco para ser recompensado? Bueno, no importa el tiempo que deba esperar, con tal de que llegue algún día ese humano a mi vida, esperaré muchos días claros y calurosos, y muchas noches oscuras y frías, porque hasta que no conozca algo diferente, para mí todos los días serán iguales, ¡pero seguiré viviendo de todas maneras!

Foto: Mariella Chacón.


Mariella Chacón Morales

Médica Veterinaria

WhatsApp: 593 984 010 758

E-mail: marielinha20@hotmail.com

 

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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