EL MORBO Y LA MALDAD INVADEN LAS REDES SOCIALES

El hecho, la persona, no importa. Varía y tiene su cuarto de hora de fama. Puede ser Julissa, como pude ser Bigote, La Jueza, Carlitos, La Muy Señora (Lady Tantra), El Notario, Los Roditti, Las chicas reality XXX, Las chicas del Banco, Amor Compasión y Ternura, Tres Garrotazos, Harta Demencia, La Vístima, El indor fútbol con una cabeza humana. La “Esa eh, muchachos”  y siga poniendo usted los casos y los nombres.  El asunto es que hoy las redes sociales en las que se suben videos, fotos, textos, memes, lo que sea y se los viraliza, ha hecho que se desate una ola de morbo, maldad, hipocrecía, linchamiento mediático, carencia de humanismo y hasta juzgamiento, en la que todos de una forma u otra terminamos siendo protagonistas.

Sí, el hecho es causado por alguien. Totalmente cierto. Pero, más allá de su estupidez en cometerlo, ¿tiene que ser viralizado y juzgado? ¿Hay derecho de irrespetar la vida ajena por más que el autor del hecho, el mismo, haya irrespetado su vida privada? ¿En que nos hemos convertido los seres humanos?

El tema trae cola y genera opiniones diversas.  La mía es que esos escándalos mediáticos cometidos por otras personas que nada tienen que ver con nosotros y que en muchas ocasiones ni conocemos, no nos debería importar y no deberían tener la trascendencia que tienen y ser tendencia, que parece ser la palabra de moda. Y no deberían ser trascendentes y peor tendencia viral mediática, porque en su mayoría son casos repudiables, que no valen la pena puestos en escena.

Sí. La culpa no es nuestra, que otro “de papaya”, allá ellos, para que “son giles”. Sí. Totalmente de acuerdo, pero porque ser partícipe de ello, compartiendo, viralizando, juzgando. Qué me importa  mí lo que haga otro? Allá ellos. ¿Qué gano viendo? ¿Qué gano compartiendo?

Claro. Hay casos y casos. Aquellos que representan violencia, injusticia, prepotencia, delito y más si son funcionarios públicos, merecen ser denunciados. Denunciados, no juzgados. Para eso están los jueces y las leyes. Pero una felación, una infidelidad, un coito, un hecho privado, ¿merece ser difundido? ¿No estamos siendo partícipes del hecho, compartiendo?

Criticamos a la persona que filmó o viralizó el hecho, pero no nos autocriticamos, cuando al reproducirlo en nuestros grupos de watsap, o en nuestras redes sociales, estamos haciendo exactamente lo mismo.

Se ha llegado al colmo de la falta de humanismo, que la otra vez vi un vídeo, de una persona que se estaba quemando y que era filmado por alguien. Ese que filmó, ¿no debió tratar de ayudar en vez de filmar? Por estar filmando no hizo nada por ayudar. Quizá no está en condiciones de pagar el fuego y rescatar, pero sí de coger el teléfono, para llamar al organismo competente en busca de ayuda, de  buscar un balde de agua y lanzárselo (aunque dicen que no es recomendable hacerlo), de hacer algo beneficioso que ayude, de al menos intentar hacer algo. No. El asunto es filmarlo, subirlo a la red social y viralizarlo. ¿Sí me hago entender?

Para nada, quiero ser más papista que el papa. Pero si quiero que con ese escrito, que reflexionemos, meditemos, analicemos y hagamos una autocrítica, sobre que deberíamos hacer y qué no. Total cada quien hace lo que su conciencia y su humanismo le dicte que haga.

El tema tiene varias aristas, pero quisiera enfocarme en una: El juzgamiento que hacemos de la persona que cometió la falla. Sí, por lo general, lo que hizo es pésimo y reprochable, si quieren póngale el rótulo de inmoral o de pecado. Pero ¿debemos juzgar nosotros? Criticamos, censuramos, exhibimos dotes de moralismo, sin el más mínimo recato. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nadie? Nos falta empatía. Ponernos en los zapatos de otro. Ser más humanos, menos metidos, menos “sapos”, menos chismosos, menos “crueles”. ¿Qué ganamos siéndolo?

Y eso sin tocar el tema de la hipocresía que se puede cometer. Porque hago una pregunta ¿El que juzga, tiene limpio el cuaderno? ¿Está en capacidad moral de criticar a otro, si quizá hizo lo mismo? ¿Está libre de pecado para tirar la primera piedra? En una persona que tenga limpio el cuaderno, se puede hasta aceptar, que emita su criterio (no que juzgue), porque, bueno, tiene la calidad moral para hacerlo. Pero resulta que no siempre ese es el caso. Criticamos lo que alguien hizo y no nos ponemos a pensar, si alguna vez no hicimos lo mismo, o hicimos  otra cosa que reprochable del mismo calibre.La suerte nuestra es que nadie nos filmó.

¿No hay algo de maldad, en la persona que filma y sube un vídeo de un acto detestable? ¿Para qué filmar, para que subir el vídeo, para que viralizarlo? ¿Se gana algo con ello? No sé, díganmelo, por favor. No logro entender.

¿Saben quién sí gana? La persona que hizo el hecho reprobable y que de pronto se convierte en figura mediática y se hace famoso, que hasta trabajo consigue y muchas veces en la televisión y pasa a ser “ídolo”. ¿Qué pasa por la cabeza del contratante? ¿Es justo que una persona por salir fumando mariguana o por hacer una felación y hacerse mediático, tenga un espacio laboral en un medio determinado? Cuando, hay cientos de personas, que han estudiado una carrera, que se han esforzado, que se han “quemado” las pestañas, que obra bien, y que no tienen oportunidades. ¿A que hemos llegado?

Es simple. El contratante, sabe que su producto, su espectáculo, su programa, lo que fuere, va a ser visto y va a tener éxito, porque le gente quiere ver al hoy «famoso» personaje. Esa persona es imán de atracción. Así de simple.

¿Qué ejemplo estamos dejando a nuestros hijos, a nuestros nietos, a la sociedad? De pronto, sin quererlo, les estamos enseñando que ese es el camino. Ya hay ejemplos. ¿Quiere ser famoso y lograr “éxito”? haga algo malo, déjese filmar haciendo huevadas, procure que se viralize. Pronto será una celebridad.

Ahí se las dejo boteando.

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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