¡LOS GATOS NO SON PEQUEÑOS PERROS!

Si los gatos hablaran, nos insultaran cada vez que los tratáramos como pequeños perros, eso sería una forma de subestimarlos. Son seres que no se comparan en absoluto con los perros, así sean de igual o menor tamaño. Si supieran que son familiares de felinos grandes como el león, el tigre o el puma, estarían más que felices y orgullosos, y es así como quisieran ser tratados, como grandes felinos.

Ellos viven en su propio mundo, por ejemplo, pueden pasar la mayor parte de su vida tomando una buena siesta y pobre de aquel que se atreva a interrumpirlos. A veces envidio su relajada vida, que consiste más que nada en comer y dormir.

Con su mirada muchas veces lo dicen todo: cuando están asustados sus pupilas se dilatan tanto que casi pueden verse sus ojos negros completamente; al contrario de cuando están relajados, su pupila se nota como una fina raya vertical en el centro de su iris, que es la parte de color que tiene el ojo, y casi parecería que cuando se relajan o se sienten a gusto, sonríen con la mirada; cuando están enojados su mirada se vuelve tan penetrante, que si ésta matase, ya estaríamos muertos cuando nos ven de ese modo.

Cuando era pequeña creía que tenían un “pequeño motor interno” que se encendía cuando estaban muy confortables y contentos, es lo que ahora conozco como su ronroneo particular, que generalmente se acompaña del acto de mover sus palmas al ritmo en que parecería como si estuvieran dando masajes.

Ellos tienen una forma de ser más sutil y educada, cuando de comer se trata, a diferencia de los perros glotones que comen tan rápido que ni bien colocamos alimentos en sus platos y éstos desaparecen después de muy pocas bocanadas.

Los gatos se autorregulan en sus comidas, comen cuando quieren, varias veces al día, pero son exigentes la hora de encontrar vacío su comedero, nos hacen huelgas y nos protestan con sus imponentes maullidos y nos persiguen hasta que nos rendimos a lo que solicitan, igualmente si sus platos no están limpios, el agua de su bebedero no está lo suficientemente fresca, o no les ofrecemos la comida que a ellos tanto les gusta.

Ellos son tan aseados que pueden lavarse o acicalarse hasta unas veinte veces en el día, y es así como se mantienen mayormente limpios y pueden salvarse del temido baño real, con agua y jabón. Pero si los acostumbramos desde pequeños a bañarse como lo hacemos nosotros, podemos lograr salir con vida en el intento, previamente cortando sus uñas y usando agua tibia, pero, sobre todo, el baño debe ser lo más rápido posible. Es gracioso escucharlos mientras los bañamos y se rehúsan a que lo hagamos, la onomatopeya de su maullido en esos momentos sería un “myeou”, casi el equivalente a un: “meahogo”.

Son tan sensibles a los cambios que notan de inmediato cuando hacemos alguno dentro del hogar, por ejemplo, el cambio de un mueble o la colocación de un objeto nuevo, en esos momentos se pueden sentir inseguros y pueden demostrarlo dejando sus olores para indicar que algo les pertenece, no hay forma de engañarlos o que cambien de parecer, es por eso que si se van a hacer cambios dentro de su hábitat, éstos deben ser mínimamente notorios o deben realizarse gradualmente, y previamente dejando que conozcan los objetos nuevos y no les tome por sorpresa su introducción.

Los gatos son muy independientes que ciertamente pueden hacer cosas por sí mismos sin que estemos a sus lados, pero aun así nos consideran sus “esclavos” y creen que debemos estar pendientes de sus necesidades cuando así lo requieren.

Pobre de aquella persona que trate de luchar con un gato enojado, sus garras son su arma de combate, más que sus dientes. Ellos tratan siempre de mantenerlas bien afiladas, por eso quien tenga un gato debe disponer de un rascador para que lo use antes de que descubra sus puertas, muebles, alfombras y cortinas. Si tiene un parque cercano, le encantará limarse sus uñas en los troncos de los árboles.

Por cierto, mencionando a los árboles, es importante saber que hay dos grupos de gatos: los que les gusta trepar, que prefieren estar en las alturas. Si su gato es de aquéllos, debe diseñar el ambiente de su casa de tal manera que pueda trepar en repisas o túneles que recorran las habitaciones en las zonas altas casi llegando al techo; otros, por el contrario, son gatos de arbustos, es decir, los que prefieren estar en zonas bajas explorando, escondidos entre las cosas.

Los gatos a los que les gustan las alturas son arriesgados, pero no debería sorprendernos cuando exageran trepando árboles hasta la copa para después no poder bajarse y es ahí cuando necesitamos también de los bomberos, dado fue el caso de una gata que conocí, Pelusa, a la que sus dueñas la rescataron desde lo alto de un cable de un poste eléctrico, como si se hubiese creído toda una trapecista dentro de un circo, caminando sobre la cuerda floja. Hay que reconocer que, en este sentido, los gatos son bastante flexibles y en caso de caer de grandes alturas, mientras lo hacen, se van acomodando de tal manera que generalmente caen apoyándose sobre sus cuatro patas.

Tienen un alto instinto de caza, su presa se puede convertir en el blanco de su cacería, gracias a sus movimientos sigilosos previos, con su cola equilibran su cuerpo y sus pasos, ellos lo tienen todo fríamente calculado. Para evitar que su gato sea un depredador activo, y así muchos pajaritos, lagartijas e iguanas bebés se salven de sus garras, debe mantenerlo entretenido diariamente con juguetes especiales durante aproximadamente quince minutos, de dos a tres veces al día. Además, esto es parte del control del peso, reforzando la actividad física.

Si tiene un gato, por ser cazador por naturaleza, es posible que en algún momento de su vida le presente un producto de su caza, un ratoncito o un insecto rastrero, pero usted deberá tomarlo como un acto por el cual él esperará ser felicitado y recompensado.

La mayoría de los gatos pueden parecer poco expresivos, o bastante estoicos y, aunque simulan no ser muy sociales, lo cierto es que sí lo son. Por ejemplo, ellos prefieren tener sus areneros en sitios donde sienten que nosotros habitamos igualmente, de cierto modo nos involucran en sus espacios.

Ellos siempre se mantienen atentos a lo que hacemos, son curiosos por naturaleza. Tanto su vista como su oído, están muy desarrollados. Sus orejas son como las antenitas de vinil del Chapulín Colorado, que detectan cualquier sonido o movimiento cercano. Sus largos bigotes también actúan como sensores.

Según los esotéricos, los gatos son animales que tienen un don especial que los conecta con el mundo energético para, según los metafísicos, protegernos y limpiar la energía negativa de nuestro alrededor. Es por ello que una forma de protegernos de las malas energías, es vigilando nuestros sueños mientras dormimos, colocándose a los pies de nuestra cama. O podríamos también tener la convicción de que tienen poder sanador, por ejemplo, cuando se acercan a las personas enfermas o tristes, acurrucándose en aquellas zonas del cuerpo con dolencias para reforzar su energía y por medio de ésta, sanarlas.

Desde hace miles de años, el gato ha sido considerado un animal sagrado y en algunas culturas incluso era penalizado el hecho de maltratarlos. Ojalá lo mismo ocurriera en nuestros tiempos…

En fin, no podemos negar que nuestros gatos son una excelente compañía y los adoramos, dejemos que sigan creyendo que son seres que nos dominan o nos tienen comiendo de sus palmas y no les digamos lo contrario para llevar la fiesta en paz. Disfrutémoslos todo el tiempo que tienen por vivir, en buena hora son longevos y pueden acompañarnos hasta unos veinte años con una buena calidad de vida en todas sus etapas. La verdad es que son admirables por su independencia, su tenacidad, su carácter firme, y cada uno tiene su forma de ser, única e incomparable. ¡Los gatos son como son y eso nunca va a cambiar!

Foto: Mariella Chacón


Mariella Chacón Morales

Médica Veterinaria

WhatsApp: 593 984 010 758

E-mail: marielinha20@hotmail.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

Check Also

EN LAS PROFUNDIDADES DEL DESAMOR

¿Quién dijo que nosotras no podemos enamorarnos? Quien lo haya dicho se equivocó rotundamente. Así …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *