UN PARO SIN PARO

Siete muertos, 1.152 detenidos y 1.340 heridos, once días de paralización y más de 1.400 millones en pérdidas, fue el saldo de un paro que no aguantó paro y que -sin mucho paro- paró al país y lo sumió en la angustia, la preocupación, el dolor, la desolación, las dudas, la ansiedad, la inseguridad, el temor y cuantos sentimientos negativos más nos podemos imaginar.

Once días después, el paro terminó en paro. El Presidente Lenín Moreno, quien por diez días consecutivos dijo a través de cadenas de televisión que no cedería y no derogaría el Decreto 883 que eliminaba el subsidio a la gasolina, terminó cediendo conforme al pedido de las organizaciones indígenas y los sectores sociales.

Moreno dijo que suprimía el Decreto como “una solución para la paz y el país”, anunciando que se emitirá uno nuevo que contenga los mecanismos para focalizar los recursos en quienes más lo necesita. “Se recobra la paz y se detiene el golpe correista y la impunidad”, acotó el Mandatario.

Ganaron los indios”, dicen despectivamente unos. “Ganó Moreno”, dicen otros; “ganó el país que quiere la paz y que quiere trabajar”, dicen algunos y “ganó la democracia” dicen otros más. Para mí, no ganó nadie. Perdimos todo.

¡Perdimos todos!

Fue derrota total y por goleada, como la que le metieron a la Selección Ecuatoriana de Fútbol los de Argentina, en Elche, España. En un paro, como en una guerra, no hay ganadores. No puede haberlos. Es una pérdida total. ¿Alguien lo duda?

Se perdió y mucho. Para empezar, la vida de siete ciudadanos: Raúl Chilpe, Marco Otto, José Daniel Chaluisa Cusco, Inocencio Tucumbi, José Rodrigo Chaluisa, Abelardo Vega Caizaguano y Silvia Marlene Mera Navarrete, según el documento emitido hoy, domingo 13 de octubre, por la Defensoría del Pueblo, entidad que llevaba el balance de muertos, heridos y detenidos. No se puede hablar de ganadores, cuando hay muertes de por medio.

Económicamente, se perdieron más de 1.400 millones, según cifras dadas por el Ministro de la Producción, Iván Ontaneda, casi 200 a 260 millones diarios, según la Cámara de Producción, que acotó que la cifra variaba, pues había días en que habían más pérdidas que otros, según como iban las manifestaciones.

Más allá de las vidas que se perdieron, del dinero que se perdió, pérdidas las tuvimos todos. Cada uno a su manera. Aunque parezca trivial y -de hecho- lo es, yo perdí al dejar de ver el concierto del grupo musical rockero, Scorpions en la ciudad de Quito, porque se suspendió dada las circunstancias de manifestaciones y, que, si no se hubiese suspendido, de todas formas, no hubiese podido llegar, ya que viajar desde Guayaquil hacia allá era una imprudencia total por el momento de terror que se vivía. Además, perdí de cobrar un ‘cachuelo’ que debían pagarme, porque, con esto del paro, el pagador me salió con paro y me paró el bolsillo. Como debieron parárselos a muchos, quizá miles de ecuatorianos.

Como yo, perdimos todos. Cada uno con su historia. Perdieron los comerciantes y negocios que fueron vilmente saqueados por una horda de delincuentes que no salieron a las calles a protestar; salieron a robar, a saquear, a aprovecharse de la situación, a saciar sus bajos instintos, porque ellos no son manifestantes, son delincuentes. Muchos de los cuales terminaron impunes y hoy deben estar viendo programas de farándula en el televisor que se robaron, oyendo música, posiblemente salsa choque, vallenato o reguetón, en el equipo de sonido que se robaron, tomándose una ‘biela’ o cerveza helada en el refrigerador que saquearon, mientras el dueño del negocio, el honesto, perdió su dinero bien habido de tantos años de trabajo y esfuerzo. ¡Malditos delincuentes! Sátrapas de la sociedad, merecedores de todos los calificativos de mi amigo y colega ya fallecido, el magistral e insigne Don Alberto Borges, quien los llamaba “gandules”, “pelafustantes”, “calcatrifes”, “gamberros”, “rufián”, “mozalbete”. Si quieren encontrar un ganador, ahí los tienen: los delincuentes.

Perdió el Gobierno, que, en inicio, fue aplaudido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por un sector de la sociedad, por atreverse a hacer lo que no hicieron muchos presidentes en 40 años atrás, en especial los siete últimos a quienes les faltó pantalones para hacer lo que sabían eran correcto. Pero como la historia tuvo sus bemoles, después de lo que pasó, quién sabe y si tengan razón. En todo caso, perdió el gobierno, que dijo que no cedería y cedió, perdiendo su dignidad, para como un ser que vive capado, terminar arrinconado en manos del sector indígena, que hoy se sabe poderoso. Como poderoso ha sido a través de la historia, en que siempre salieron a la lucha, siempre se tomaron las calles para defender sus intereses. Sí, sus intereses, porque se vio con pruebas a través de los medios de comunicación y redes sociales, que “pobres indios” no eran. Al menos los de la dirigencia; ellos, de pobres, no tienen nada. Y está bien que sean millonarios, que progresen, que defiendan a los pobres. Está perfecto. Lo que no está perfecto es que lo hagan causando destrozos y fingiendo lo que no son. Pero hay más ¿en verdad defendían a su pueblo indígena? Lo estoy dudando y mucho.

Perdieron los doce negociadores, que, metidos todos en la licuadora, no hicieron uno. Permitieron que se atente contra la democracia, que la secuestren, que la humillen, que la violen. En una reunión televisada y transmitida cual partido de fútbol (¿era necesario?), se sentaron casi siete horas, delegados del gobierno de Lenín Moreno y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), y otras delegaciones como las comunidades evangélicas de la Federación Ecuatoriana de Indígenas Evangélicos (FEINE) (hoy llamados Consejo de Pueblos y Organizaciones Evangélicas Indígenas de Ecuador) y la Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas y Negras (FENOCIN), para llegar a la conclusión que hay que nombrar una comisión para elaborar un nuevo decreto. «Salomónico» acuerdo. Acuerdo que, quién sabrá en que termine. Quién quita que todos los que hoy dicen que Moreno es un “gil”, tengan luego que decir lo contrario y en el nuevo decreto lo disfrace de tal manera que les venda la misma perra con diferente collar y, como dicen en mi barrio, los “entuque” nuevamente. Al fin y al cabo, para cuando se den cuenta y quieran reaccionar, ya debe estar preparado.

Los negociadores que perdieron, tuvieron dos mediadores: la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE). Aunque salten y me critiquen por lo que voy a escribir. ¿Que les parece la presencia de la CEE? ¿No somos acaso un país laico, como dice la Constitución? ¿Que significa estado laico? Significa: aquel que es neutral en materia de religión por lo que no ejerce apoyo ni oposición explícita o implícita a ninguna organización o confesión religiosa. La Conferencia Episcopal en Ecuador es muy respetada y tiene su peso, indiscutible; pero y ¿las otras religiones? Quizá por ser esta nación mayoritariamente católica, se justifica su presencia, pero no deja de ser excluyente para las otras. Bueno, vamos a ser «salomónicos», como el acuerdo al que llegaron los negociadores. Si las organizaciones indígenas son en su mayoría evangélicas, de hecho participó la Feine, que esté la CEE que es católica, marca un empate 1-1. Pero sigo pensando, si la Iglesia tenía que participar.

Como también pienso si era conveniente, lógico, sensato, adecuado, transmitir la reunión. Transparencia, llaman. Me dirán que sí. Que el pueblo merecía saber lo que está pasando allí, porque es un asunto de interés nacional que nos compete a todos. Verdad es. Tienen razón, o quizá tienen razón. Quien sabe. Pero creo que hay cosas que mejor se resuelven en privado. Mucho más, cosas tan trascendentes como esas en que se juega la suerte de un país. La sola presencia de cámaras hace que actúes frente a ella y que tome poses que no siempre se deben tomar. ¿No pensaron los del bando del gobierno que estaban abriendo un espacio para que los rivales los destrocen? ¿o pensaron que los que iban a ganar eran ellos? Traslado este hecho a la individualidad de cada uno. ¿Sus problemas familiares los resuelven solo entre los íntimos o llaman a Raymundo y todo el mundo para que vean la reunión?  Que la respuesta quede en su interior.

Perdió el pueblo indígena, que históricamente fue un luchador insigne, pero que esta vez ensució con caca sus decenas de décadas de lucha, destrozando la ciudad, enfrentando a la fuerza del orden con violencia nunca antes vista y ejercida, reteniendo policías y periodistas, agrediendo a 115 colegas y cayendo a pedradas a uno a quien mandaron al hospital con la cabeza rota, destruyendo bienes públicos y privados, permitiendo infiltrados, que, según el gobierno, fueron puestos por el gobierno anterior y por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llamado “sátrapa” por Lenín Moreno, quien denunció que se intentaba por parte de esos políticos, derrocarlo por la vía de golpe de estado, ejerciendo el terrorismo disfrazado de protesta social. Ya para cuando reaccionaron, el daño estaba hecho. Y quién dude que perdieron, revise la lista de los muertos puesta párrafos arriba y lea los apellidos, para saber que el Movimiento Indígena tuvo varios muertos en sus filas. Repito: cuando hay muerte, nadie gana.

Perdió la Policía y las Fuerzas Armadas, que esta vez se pasaron de buena. Una vez, hace años, por portarme malcriado, me partieron la cabeza de un solo golpe y me metieron a patadas a un trooper. “Chepa al chuper”, me dijeron. ¡Bien hecho! Me lo merecía, por malcriado. Pero ésta vez fueron excesivamente tolerantes ante actos de violencia extrema, que, aunque nos duela, aunque salten los Derechos Humanos que no son ni derechos ni humanos, aunque parezca inhumano, debieron ser más fuertes. La represión que merecía el caso, debió ser mayor. “La violencia nunca es buena, mata el alma y envenena”, decía el Chavo, pero aunque disguste, la violencia se la frena con violencia y ellos tenían las armas, la estrategia, el personal, la experiencia y el estudio de esa profesión. No lo hicieron y estuvimos indefensos. Además de la manifestación del paro, hubo saqueos en varias ciudades que tampoco pudieron reprimir. Ya saldrán los pacifistas a decirme “¿Qué querías una oleada de muertos?” Y mi respuesta será siempre: ¡jamás! Pero que se pasó de permisiva la defensa militar, se pasó. ¿O no? Demostraron, al menos eso es lo que pareciera, que no están preparadas para enfrentar la guerrilla urbana, deberán capacitarse, entrenarse para que no sean sorprendidos nuevamente. Y tanto perdieron, que hay un policía que perdió el ojo de una pedrada, decenas de gendarmes heridos, les quemaron motos, patrulleros, tanquetas. Perdieron y mucho.

Pierde el sistema judicial y la justicia que no pena a los corruptos. Y que, al no poner pena, pena causan. ¿Pena? No solamente pena. Asco, desprecio, repudio. Tienen los nombres de los corruptos, las pruebas para condenarlos inmediatamente y -simplemente- no lo hacen. O, deciden no hacerlo. Y a los que apresan, no les incautan los bienes, no les quitan todo lo robado, y, ya un día saldrán de la cárcel a disfrutar de ese dinero mal habido y no incautado. Claro que “cana” es “cana”, y que los apresados están sufriendo, porque así la jaula sea de oro, jaula es. Pero no deja de ser un preso con plata, robada de las arcas del pueblo.

Pierden los acusados de golpistas, los instigadores del gobierno anterior, al que también perteneció el hoy presidente, quien hoy es su enemigo y, antes, su amigo con quienes comía del mismo plato. “Traidor” lo llaman ellos. Traidores ellos, que traicionaron a la Patria, dice el mandatario. La historia dice que ambos se traicionaron. Pero más allá de la traición “política”, se ha traicionado el país. Al gobierno anterior se los acusa de ser la mano oculta, que, con Rafael Correa como cabecilla, movió desde el exterior, cual despiadado titiritero, los hilos de esta mal llamada protesta social, que no fue otra cosa que una manifestación de terroristas con extranjeros infiltrados, con pandilleros identificados, con delincuentes que destrozaron el país y que buscaron salvarles el pellejo, atacando e incendiando el edificio de la contraloría para eliminar documentación y borrar rastros que los incriminen. De que estaban detrás de todo, lo dijo el presidente en cadena nacional, lo dijeron opositores, se leyó en redes sociales. Ellos y sus simpatizantes lo niegan, pero acusados están.  Como acusados y detenidos para investigaciones están los señalados por Moreno de dirigir el caos:  Paola Pabón, (detenida) a quien allanaron su casa, al igual que la de Virgilio Hernández, de quien inicialmente se dijo que estaba detenido también, pero que luego fue desmentido por la Policía, pues no se lo encontró en el allanamiento y hoy pide asilo a México, según informó la prensa, que también informa que Gabriela Rivadeneira huyó a refugiarse a ese país, luego de que públicamente apoyó la protesta y pidió la dimisión del cargo a Moreno. Tanto perdieron, los acusados de estar por detrás de las manifestaciones que hoy se lee en cadenas de WhatsApp y Facebook, que se les cayó el plan de golpe de estado y el anticipo de las elecciones que querían con Correa, quien dijo que podría postularse para vicepresidente. Si ese era el plan, si es cierto o no, igual les falló. Igual perdieron.

Perdieron los políticos que no estuvieron a la altura del momento histórico y que disminuyeron su imagen de cara a las elecciones. En redes sociales, los opositores, les dicen que jamás serán presidentes, apuntando los dardos a Jaime Nebot, Álvaro Noboa, Andrés Páez y Guillermo Lazo. Para mucha parte del pueblo, protegen sus intereses y si de eso se trataba, también perdieron.

Perdieron los ciudadanos comunes, que, en la mayor de la estupidez, perdieron amistades de años por las peleas políticas que se armaron en las redes sociales, en que se dijo de todo y en lo que en muchas ocasiones no hubo respeto, prudencia, veracidad, objetividad y en la que circuló de todo. Hubo noticias falsas y mucha confusión. Aun no sé si el edificio de Teleamazonas lo incendiaron los manifestantes o fue un corto circuito. ¿Alguien la tiene clara? Y así circuló de todo. Unas buenas, como la carta de un coronel anónimo que analizaba la situación con santo y señas, o el vídeo de un militar dirigiéndose a Carlos Pérez Guartambel, hoy llamado Yaku. Otras malas y de las que hablaron sin pruebas, como aquella cadena, que, incluso sin citar fuentes o dar pruebas, señaló que detrás de esto estaban los traficantes de drogas que financiaban todo, porque al quitar el subsidio, se eliminaba el contrabando de gasolina que es uno de los elementos que necesitan para refinar la coca. Y así como eso, se dijeron muchas cosas. Hasta que Pablo Escobar está vivo y fue quien enseñó como quemar el edificio de la contraloría porque él se voló el Palacio de Justicia. Se dijo tanta cosa en redes sociales. Hoy, todos somos periodistas, economistas, juristas, politólogos, estadistas y demás. Que leí y escuché buenos criterios, es cierto, pero que también leí y oí una sarta de huevadas, también es verdad.

Lo peor de todo, es que perdimos el sentido de la proporción de las cosas y se polarizaron las posiciones hasta llegar a ser en extremo anti nacionalistas, regionalistas, odiadores de indios y aniñados y destilar odio y veneno. Nos convertimos sin paro por culpa del paro, en seres que mostramos los bajos instintos. Los blanquitos, desde el líder que los mandó al páramo, hasta el común de los mortales de ese bando, menospreciaron al indio. Que no les compren sus productos, que longo apestoso, que indio de mierda, que cabeza de pluma de gallina. No nos representan.  !Que!, no le dijeron a los índigenas. Los indios y los mestizos anti aniñados, por su parte, los acabaron a los blanquitos. Que si no sales de tu burbuja, que si eres pinta pero bruto, que tienes plata y no cerebro, que si no tienes corazón, que si te crees superior, que tampoco me representan. En fin. Insultos, ofensas y agravios, iban y venían. Pero de que el domingo van a la iglesia y rezan por sus hermanos, sin distingo de razas, van. Hipócritas todos. ¿Quienes son unos y otros para menospreciar, insultar, ofender, denigrar? Lo peor es que todos tenemos de todo, algo de indio hay en cada uno. Mestizos somos ¿o no?. Que fácil es destruir en las redes sociales. Quiero ver si unos y otros se dicen algo, cara a cara.

Lo que sí hay que recalcar de las redes sociales es la creatividad para hacer memes. En vez de hacer el mundial de fútbol, como quería el presidente, debería hacer un mundial de memes. Seguro y la ganamos. Y sí, lo de la «ocurrencia memística» hay que celebrar, más se debe celebrar y llenar de orgullo, que luego de tanto destrozo, haya habido indios que junto a jóvenes y voluntarios hayan por iniciativa propia, salido a las calles  a limpiar, a ordenar su ciudad, a poner su contribución su grano de arena por mejorar algo. Bendita minga de limpieza. Así se hace patria.

Y si hay que buscar ganancia, que esta sea la experiencia pues esto nos enseñó algo que ya sabíamos y que hoy se reafirmó, algo muy importante: el convencernos, de una vez por todas, que no queremos ver más muertos en las calles, ni destrozos, ni saqueos, ni perchas vacías en los supermercados, algo que solo habíamos visto que pasa en Venezuela a través de las noticias. Para ello, es necesario saber que se debe aplicar la justicia para sancionar con todo el rigor de la ley a manifestantes que delinquieron y a corruptos que saquearon el país. Que no se puede permitir la impunidad, peor dejar que se perpetúe en un país que por sus recursos naturales y humanos, debería ser rico, pero que es pobre por los políticos de mierda que solo cuidan sus intereses sin importarle un rábano el tan cacareado bien común. ¡Y vean que estoy siendo ubicado y no he soltado las malas palabras que debería! También aprendimos que no se puede dialogar con delincuentes que todos sabemos quiénes son y donde están. Nadie ganó. No creamos que, tras una semana y más de paro, en los que hubo delincuencia organizada que delinquió y gente muerta, alguien ganó.

Podría seguir nombrando perdedores y la lista sería larga. Lo cierto es que fue un enfrentamiento al estilo campeonato nacional de fútbol: todos contra todos y con rueda de revanchas. Pero repito, sin ganadores, porque en el caos no gana nadie. La pregunta es ¿Qué hacer? Y ahí viene lo más triste: no lo sé. Y que me sirva de consuelo cojudo, si no sabe el presidente que mismo debe hacer, cómo saberlo yo.

Lo que sí sé es que tengo que seguir trabajando, que tengo que seguir pagando el arriendo, los servicios básicos, la comida, las “bielas” que me tomo, los conciertos a los que asisto y que sigo viviendo mi vida, sea cual fuere la situación política, porque -al menos yo- no como del gobierno, ni de la política, ni de la sociedad, ni del sistema, ni de nada. Que pase lo que pase, suceda lo que suceda, sigo viviendo. Afectado por lo que pasa, sí, pero viviendo y tratando desde mi trinchera con ser mejor “yo”. Quizá, siendo mejor, no cambie al país, pero al menos cambio yo. Y debo hacerlo, sin pero ni paro, sin paro ni pero.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. Arcadio Arosemena

    Excelente Aurelio, creo has plasmado mi sentimiento, yo comparto que no hay ganadores. Y dentro de los que perdieron están las familias donde se polarizó la discusión a favor y en contra.
    Con respecto a la CEE vale la pena puntualizar que fue una solicitud del Gobierno de colaborar y facilitar el dialogo, los mediadores fueron la ONU. Pero como tu dices ahí es cuando no entiendo, el estado es laico para ciertas cosas, pero cuando la cosa se pone color de hormiga ahí si llamemos a los curitas para que nos ayuden. Como diría un ex presidente de ingrata recordación para algunos «cuanta doble moral» «Qué cara de tuco».

  2. Así es Arcadio. Saludos. Gusto en coincidir. Es que es así. ¿Como se puede hablar de ganadores? en un suceso así. Con muertos nadie gana. Efectivamente los mediadores fueron solicitados y cabía un organismo internacional que se supone debe ser neutro. ¿Pero y los curitas?. Somos laicos, como decimos. pero así es esto. Para cuando nos va mal ahí invocamos a Dios y a los curitas, pero para criticar, ofender, mandar al páramo, allí hay olvido y luego, pa´la iglesia a la misa dominguera. La plena «Que cara de tuco». Un abrazo, Arca.

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