REVUELTAS DEL RECUERDO

La última vez que Ecuador se paralizó y se convulsionó por una situación política, fue hace ya cuatro años, cuando un 8 de junio del 2015, miles de manifestantes a salieron a las calles a protestar y rechazar contra el modelo político por el entonces presidente Rafael Correa, quien envió a la Aasmblea Nacional, un proyecto  sobre el impuesto a las herencias, a la plusvalía,​ la aplicación de salvaguardias arancelarias, entre otras resoluciones, además del veto al proyecto de Ley de Régimen Especial de Galápagos. Las tres principales ciudades del Ecuador, Guayaquil, Quito y Cuenca, más Puerto Ayora en Galápagos, fueron las primeras en revelarse y poco a poco se fueron sumándose otras ciudades haciéndose manifestaciones en casi todo el país, que duraron 20 días. No obstante el caos vivido en el país, en el que muchas personas resultaron  heridas y las actividades fueron suspendidas, ‘no fue suficiente’ para acceder a las peticiones del pueblo ecuatoriano.  El término entrecomillado de no suficiente, se usa, porque tras una serie de diálogos, pospuestas, al final las medidas fueron aprobadas por la Asamblea, tal como cuenta esta historia extraída textual de lo publicado en Wilkipedia”:

“Ante las primeras protestas, y previniendo la visita de Papa Francisco, el gobierno finalmente decidió el 15 de junio de 2015 retirar temporalmente las propuestas de ley, iniciando una cadena de diálogos a nivel nacional desde el 30 de junio, y que sería evaluado el avance de los mismos el 15 de septiembre. Estos diálogos se dieron en el país, en 367 encuentros que convocaron alrededor de 32 000 personas. ​ Tras dichos diálogos se convino en modificar la base de las propuestas de las leyes de herencias y plusvalía, y los proyectos de las mismas no serían enviadas durante el 2015, sino hasta el 2016, cuando se enviaron mediante decreto ejecutivo a la Asamblea Nacional, y fueron aprobadas por la mayoría legislativa en dicho organismo.”

Luego de ese capítulo hubo  varias oleadas de protesta ese año, pero sin mayor trascendencia, estas se dieron en julio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre.  Previo a eso, hubo una protesta el 20 de junio, realizada por estudiantes del colegio Mejía de Quito, tras unas medidas iuestas por el Ministerio de educación, que tiempo después cobró la vida del estudiante, Edison Cosíos que quedó en coma, por largo tiempo tras haber sido atacado por una bomba molotov.  Luego se dio el “famoso” 30 S del 30 de septiembre de 2010, recordado y polémico por las diferentes versiones del mismo, para la oposición fue un auto atentado provocado por el presidente Correa y para el gobierno fue un frustrado intento de golpe de estado. La revuelta provocó muertos y heridos, sobre todo de las fuerzas militares que respaldaban al gobierno, pero aún hasta la actualidad, no se ha podido esclarecer que mismo fue lo que sucedió y quienes fueron los culpables.

Los Forajidos sacan Presidente

En cuanto a las revueltas que hayan terminado con la defenestración de un presidente, la última se dio entre el 13 y 20 de abril del 2015 en Quito, cuando el pueblo en las calles, con apoyo de los militares, derrocó al gobierno de Lucio Gutiérrez para ascender como mandatario a su vicepresidente Dr. Alfredo Palacio. Antes el pueblo y la milicia había hecho lo mismo con Abdalá Bucaram el 6 de febrero de 1997 y Jamil Mahuad el 22 de enero de 2000. No obstante por ser la última, recodaremos la revuelta que tumbó a Lucio.

La Rebelión de los Forajidos fue un movimiento golpista civil, nacido de la ciudadanía quiteña de clase media y de sectores juveniles y de mujeres que  la noche de un 13 de abril de 2015, se auto convocaron para reunirse en la tradicional Avenida de Los Shyris para protestar pacíficamente contra el gobierno, a través de marchas nocturnas originales y novedosas, como los denominados “cacerolazos” (hacer bulla con cacerolas), “pitazo” (hacer sonar los claxon de los carros), etc, que tuvo gran éxito desde su primera convocatoria a la que llegaron cinco mil personas, que con el pasar de los días y de manera espontánea fueron creciendo, hasta que tuvo el respaldo de los militares, que a través de su Comando Conjunto, un 20 de abril del 2015, derrocó al presidente Gutiérrez.

¿Por qué Forajidos? El apelativo tiene su historia, su fecha y su creador, que no fue otro que Lucio Gutiérrez, quien denominó así a un grupo de manifestantes que la noche de un 14 de abril de 2015, se concentraron frente a su domicilio para exigirle que dimitiera. Ese día el mandatario no estaba en su casa pues dormía en el palacio de gobierno, bajo fuerte vigilancia policial y militar, pero luego, al día siguiente, ante la prensa con el afán de desacreditarlos dijo: “forajidos que fueron a atacarme a mi domicilio». Los manifestantes, con mucha  picardía, con la denominada sal quiteña, acogieron el apelativo y lograron revertir su connotación negativa, pasando incluso a ser “elogio” que terminó popularizándose al punto que fotos, jarros, camisetas y otros artículos, se usaban con la leyenda “Yo soy Forajido”.

La gran base de esos manifestantes Forajidos fue la familia, padres y madres, hijos e hijas, hermanos, abuelos y abuelas, que, en muchos casos por primera vez, participaba en manifestaciones callejeras. A ellos se sumaron estudiantes universitarios privados y públicas, con sus directores, profesores y empleados, gremios empresariales, como las cámaras de comercio, industria, agricultura con su dirigencia y sus bases; exmilitares, militantes de izquierda no partidaria y miembros de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y ciudadanos que habían participado en otras luchas, lo que hizo un grupo por demás heterogéneo. Uno de esos forajidos fue quien luego sería presidente de la República y antes ministro de su vicepresidente que lo remplazó: Rafael Correa. Junto a él fueron decenas de miles de ciudadanos civiles que protestaron.

La condición de Forajidos, implicó todo una filosofía de acción y una cultura de identidad política, pues se convirtió en un movimiento pacífico de resistencia activa, en la que ningún manifestante podía cargar armas de fuego, así nadie salía armado. Y a diferencia de la protesta actual, acá la consigna era no crear caos, no causar daño a la propiedad pública y privada, no obstaculizar el tránsito, ni interferir con el sistema productivo y laboral, por ello las manifestaciones se hacían en las noches, una vez concluida la jornada de trabajo. Y en cuanto a sus integrantes su gran propósito era sumar nuevos adherentes. Entre sus acciones no tradicionales estaba el sostener diálogos con la policía y los soldados para pedirles que no disparen bombas lacrimógenas. Fue tal el civismo del movimiento que este se unificó en torno a los símbolos patrios, como la bandera y el himno nacional, lo que llevaba implícito una connotación diferente, ya que reivindicaba el sentido de patria, con  respeto y el orgullo de ser ecuatoriano.

Pero marcha es marcha y a pesar de su conducta pacífica, hubo excesos policiales y la represión policial y militar llegó a ser brutal, por lo que el gobierno declaró el estado de emergencia. Y claro, como toda marcha que genera represión, hubo muertos y heridos. El único muerto fue el fotógrafo chileno-ecuatoriano Julio García, que hacía su trabajo periodístico y los heridos fueron alrededor de 400 personas, en su gran mayoría jóvenes, que por los efectos de los gases lacrimógenos sufrieron asfixia  y que fueron heridos  por, el impacto de bombas lacrimógenas y balas de goma. Estas agresiones despertaron aún más la indignación popular y aumentó el coraje y el valor de las personas para continuar en la lucha.

Y otra diferencia que marcó a los “Forajidos” fue su forma de actuar, su manera de protestar, su accionar en su lucha, en la que mostraron mucha creatividad en su protesta, por sus creativas formas de lucha con originales marchas, lemas, símbolos y demás. Hasta la hora fue original, pues protestaban en la noche, porque en el día había que trabajar para no papar la producción del país. Así al grito de “que se vayan todos”, implantaron el “cacerolazo” en que marchaban haciendo bulla con las cacerolas de cocina, el pitazo haciendo sonar los pitos de los carros y salían a las calles “armados” de cacerolas, sartenes, pitos, tablas, globos, carteles y banderas del Ecuador. Pero la gran novedad de este tipo de movilización ciudadana fueron los denominados escraches, término usado en Argentina, Uruguay, Paraguay, España y Venezuela para de nombrar a ese tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio, lugar de trabajo o en lugares públicos donde se encuentre un funcionario para denunciarlo.

Ese método innovador usado en Ecuador, reveló un gran poder de la ciudadanía que empezó de esta forma a interpelar a los gobernantes, diputados y altos funcionarios, lo que tuvo un efecto inesperado, en ellos que fueron sorprendidos, valga la redundancia, por el factor sorpresa, ya que jamás se esperaron que la ciudadanía perturbara su intimidad y los pusiera en evidencia frente a sus vecinos, conocidos y demás de sus actos autoritarios y corruptos, que esta vez tenían el cuestionamiento ciudadano.

El rol de la prensa

Pero la historia no estaría completa, si no se contara el rol de la prensa en esa revuelta pues al inicio las protestas fueron negadas, desestimadas y minimizadas por la mayoría de medios de comunicación que desinformaban la realidad que se vivía en Quito, poniendo en evidencia la vinculación de algunos medios con  los grupos de poder y las dependencia económico con el Gobierno de Gutiérrez, que gastó más de 40 millones de dólares en campañas de publicidad oficial, que “compraron” el silencio de ciertos medios. Ante eso, los Forajidos adoptaron una estrategia e hizo uso de otros canales alternativos para informarse y convocar a las protestas como fueron los teléfonos celulares, el correo electrónico, los sitios Web y la comunicación cara a cara.

En ese contexto se levantó como adalid de la comunicación, una radio quiteña: La Luma, propiedad de quien luego sería un personaje activo de la política nacional que llegó a ser ministro en el gobierno de Correa: Paco Velasco. A través de esa emisora se canalizó el reclamo ciudadano, se convocaba a las marchas, se emitía mensajes y fue la voz de los “Forajidos”. Así, el pueblo asumió como suya a la emisora y la sintió como propia, por ello no dudó en defenderla y congregarse para protegerla cuando el Gobierno intentó cerrar la estación o atacar sus instalaciones, que varias veces sufrió interrupciones de su señal o del fluido eléctrico. Pero con lo que la prensa “callada” no contó, es que poco a poco las protestas crecieron en su magnitud y fue tal la presión ciudadana, que los demás medios privados se vieron “obligados” a transmitir la verdad.

La revuelta

¿Qué motivó la revuelta? La motivó el descontento de la clase media quiteña, ante las denuncias de corrupción y nepotismo,  que se hacían cada vez más frecuentes con el transcurrir de su mandato, que se había “afianzado” con la alianza política hecha con los partidos tradicionales, a los que había criticado en campaña electoral y con quienes “tranzó” al punto de que la prensa lo acusaba de entreguismo a los sectores de derecha, a quien luego traicionó. Pero como todo lo pegado con saliva se despega, esa “inusual” alianza de despegó,  se quebró la alianza y empezó a sentir el aislamiento político. Entonces pasó lo que muchas veces pasa en política en la que no siempre se juega limpio y Gutiérrez cambió a los partidos que lo “apoyaron” por un nuevo grupo conformado por el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) de Abdalá Bucarám. El Partido Renovador Institucional de Acción Nacional, de Álvaro Noboa y el Movimiento Popular Democrático (MPD) de gran parte del magisterio nacional, lo que causó el disgusto nacional.

Disgusto que se incrementó con el paso del tiempo, porque en Lucio se empezó a notar un estilo parecido al de Bucaram, convirtiéndose en una mala copia de él, siendo grotesco e incoherente en sus apariciones en las que utilizaba constantemente la mentira y en la que con mucha frecuencia se contradecía y cambiaba de opinión de un momento para otro. El pueblo ante su falta de credibilidad y su falta de autoridad, empezó a burlarse de él, a irrespetarlo y a ponerle apodos como llamar al Palacio de Gobierno como la “Rectificadora Gutiérrez” y a él como “cholo” y “jíbaro”.

Pero no solo su política nacional le creó el rechazo del pueblo, sino también la conducción de su política internacional. Así, Lucio era fustigado por sectores de izquierda y nacionalistas, que lo acusaban de un entreguismo total al Gobierno de Estados Unidos y de sometimiento al Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que exigían exorbitantes  recortes en el presupuesto del sector social para de esa forma asegurar fondos que permitan cubrir el pago de la deuda externa. También se lo calificaba como un aliado incondicional, de Estados Unidos, por hechos como: la implementación del Plan Colombia, la negociación del Tratado de Libre Comercio, la apertura a nuevas inversiones norteamericanas sobre todo para la explotación petrolera y la profundización de las políticas privatizadoras en las áreas del petróleo y la seguridad social y el pretendido recorte de derechos laborales

Al final, la alianza con Bucaram, Noboa y el MPD, le costó caro, muy caro, carísimo, pues como parte del  acuerdo, Gutiérrez dio de baja a tres organismos del Estado: La Corte Suprema de Justicia, El Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo Electoral, conformados mayoritariamente por autoridades afines a la derecha, concretamente al Partido Social Cristiano, a quienes separó de sus cargos para poner en su lugar a miembros de los nuevos partidos aliados. Así llega al poder judicial, como nuevo Presidente de la Corte Suprema de Justicia un hombre de Bucaram: Guillermo Castro, quien declaró nulos los juicios contra el ex presidente y contra otros políticos acusados de malversación de fondos. Así logro el regreso de Abdalá al país que fue la gota que derramó el vaso y que motivó que el pueblo de Quito que fue fundamental en el derrocamiento de Bucaram en 1997, sintiera como un golpe bajo, el perdón del hombre al que se denunció que huyó del país con sacos de dinero, saltaran a las calles a protestar contra lo que sentía era darle impunidad a los acusados de corrupción en el bucaramato.  Demás está decir que Bucaram, debió abandonar el país a los pocos días y volver a su exilio en Panamá y Gutiérrez en caerse del poder.

Dos días después de la primera marcha “Forajida”, un  viernes 15 de abril, Gutiérrez decretó el estado de emergencia en Quito, medida que fue criticada de anticonstitucional y autoritaria, por producir una interferencia en otros poderes del Estado. Las protestas crecieron en número de presencias de “Forajidos”  como en la intensidad de la protesta, como aquella de la noche del 19 de abril en la que miles de ciudadanos se reunieron en el parque de La Carolina para avanzar hacia Carondelet, (el Palacio de Gobierno) exigiendo que Gutiérrez renuncie a su cargo, lo que se dio la mañana del 20 de abril, cuando fue tal la presencia ciudadana que las fuerzas del orden se vieron ampliamente superadas y en la que desde un edificio gubernamental (el del Ministerio de Bienestar Social,), seguidores de Lucio, dispararon contra los manifestantes, lo que indignó a la ciudadanía y al país, por lo que ante la posibilidad de que se produzca un derramamiento de sangre, del pueblo contra el pueblo, el ejército decidió retirar su apoyo a Gutiérrez.

El resto vino por añadidura. El Congreso Nacional se convocó a una sesión de emergencia, que se dio en el edificio del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal), en la que ante la previa destitución del roldosista Omar Quintana, como presidente del Congreso, la  hoy alcalde de Guayaquil, Cynthia Viteri, en su calidad presidenta encargada del Parlamento, según el artículo 167, numeral 6 de la Constitución, declaró vacante el cargo de presidente Constitucional, con la figura de abandono de cargo y posesionó al entonces vicepresidente Alfredo Palacio, como nuevo Presidente de la República. Medida que fue rechazada por los forajidos que pedían que se vayan todos, pues el repudio era a la clase política en general. Así, se atacó la sede, sitio de reunión y se agredió a varios diputados y se sitió al nuevo presidente, ante la pasividad del Ejército que recién varias horas después se decidió a intervenir, argumentando que “se acoge al pedido del pueblo”.

Luego Lucio, quien dijo que solo saldría muerto del palacio de gobierno y que se negaba a dejar del poder, a las 14h32 abandonó Carondelet y terminó huyendo en un helicóptero del Ejército ecuatoriano, mientras manifestantes agolpados en el aeropuerto, desafiando al clima y  sin importar que llovía en Quito, querían impedir la salida de la nave y arrestar a Lucio, que finalmente voló a otros cielos y se asiló en Brasil. Y Colorín, colorado. Este cuento ha acabado.


Fotos: ecuavisa.com; wilkipedia; metroecuador.com; eltelegrafo.com; usfq.edu.ed;alainet.com; eluniverso.com; especialeselcomercio.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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