LA BALA VOLVIÓ A DISPARAR

Su vida deportiva nació y transcurre en las pistas atléticas en la que su mejor arma es la velocidad, con ella y gracias al rápido movimiento de sus piernas, que devoran distancias, ha logrado desplazarse hacia la meta de la gloria y poner su nombre en la palestra para orgullo de su Ecuador querido. Nacido en Esmeraldas, un 11 de agosto de 1989, Alex Leonardo Quiñónez Martínez, apodado “Bala” o “Clon” se dio a conocer hace siete años, en 2012, cuando en los Juegos Olímpicos de Londres, ganó en una prueba clasificatoria de velocidad, la de 200 metros planos a la leyenda del atletismo mundial y referente suyo, el jamaiquino Usain Bolt, asombrando al mundo al clasificar a su primera final de primer nivel en la que enfrentó a los mejores del mundo y en la que logró el séptimo lugar.

Hoy siete años después de aquella hazaña, Quiñónez, velocista de 1,76 de estatura y 143 libras de peso, con 30 años a cuestas, tras una carrera deportiva irregular marcada por las lesiones, problemas personales y en la que incluso estuvo suspendido por indisciplina y que la reinició en mayo de 2017, vuelve a ser noticia y convertirse en orgullo del país, cuando el 1 de octubre de 2019, alcanzó el tercer lugar y la consecuente medalla de bronce en la prueba de 200 metros planos en el Mundial de Atletismo, efectuado en Doha, capital de Catar, corrido en la pista del Estadio Internacional de Khalifa.

El crédito nacional que impuso un tiempo de 19.98 segundos, se ubicó detrás del estadounidense Noah Lyles (19.83 segundos), el favorito de la prueba y el cuarto hombre más rápido en la historia en los 200 metros y del francés Andre De Grasse (19.95s), con quien lo separaron apenas tres centésimas de segundo. Y hay un detalle adicional, un día antes en la prueba de semifinales, Quiñónez había marcado un tiempo de 19.95 segundos que si lo hubiera repetido en la final, le habría dado la presea plateada.

Esta presea, se constituyó en la quinta lograda por Ecuador en la historia de los campeonatos Mundiales de Atletismo. Las otras cuatro las logró un solo hombre, Jefferson Pérez, el mejor atleta ecuatoriano de todos los tiempos, quien ganó presea de plata en Sevilla 1999 y tres de oro en París 2003, Helsinki 2005 y Osaka 2007 en la prueba de 20 kilómetros marcha, en la que además logró dos preseas Olímpicas. Con el logro de Quiñónez, Ecuador volvió a subirse a un podio del mundial atléticos, tras doce años de ausencia.

La medalla de Quiñónez, es un logro que enorgullece al país, pero triunfador como es,  Quiñónez no se mostró del todo contento con el logro y así lo expresó su semblante, cuando lo entrevistaron después de  la carrera. Él quería más, él quería ganar. “No era lo que quería” dijo, aunque reconoció estar alegre por conseguir una medalla. Hay que seguir soñando, hay que seguir trabajando y esforzándose cada vez más», añadió luego.

Y la vida que da revanchas, le dará la suya y Quiñónez lo sabe por ello dijo: «Nos vamos a seguir mirando con los mismos rivales en la Liga de Diamantes y en los campeonato, en camino a los Juegos Olímpicos de Tokyo. La revancha no es solo conseguir la medalla, la revancha es sentirse bien anímicamente para lo que se quiera conseguir, y eso no depende de los adversarios que tengas, depende de que uno mismo pueda conseguir las cosas. Voy a seguir trabajando y prometo siempre dar todo mi corazón, mi mejor esfuerzo para conseguir cosa grandes”. Esa cosa grande a la que se refiere es conseguir una medalla olímpica, si es la dorada mejor, en la Olimpiada de Tokyo 2020.

Más declaraciones de Quiñónez, se revelaron luego en una nota publicada el 1 de octubre por Diario El Comercio de Ecuador al que le dijo: «Estoy feliz y, por otra parte, triste porque pude pelear el segundo lugar. Me mató esa primera. Me mandaron a levantar cuando ya casi estaba listo. Eso me retuvo un poco por no hacer falsa (salida). Eso me afectó un poco, pero igual hay que seguir trabajando en la primera parte. La segunda parte creo que fue mi mejor carrera. En los últimos 30 metros hubo un remonte espectacular, pero hay que seguir trabajando la primera parte, que es lo que nos falta.  Podría haber conseguido el segundo o el primer lugar; estábamos preparados para eso. Pero no se dio, hay que seguir trabajando y esforzándonos más».

Carrera de altibajos

Quiñónez, se dio a conocer mundialmente en 2102, cuando ganó las pruebas de 100 y 200 metros planos en el Campeonato Iberoamericano de Atletismo de Venezuela, en la que impuso record nacional de 20.34 segundos, tiempo que le sirvió para clasificar a los Juegos Olímpicos de Londres ese mismo año. En ese torneo, mejorando su marca e imponiendo nuevo récord nacional (20.28 segundos), logró llegar a la final de los 200 metros, en la que ocupó el séptimo lugar.

En 2013, un sábado 26 de mayo, Quiñónez ganó la prueba de 100 metros planos en el Grand Prix Internacional Ximena Restrepo, que se desarrolló en Medellín , Colombia, y clasificó al Campeonato Mundial de Atletismo, que se realizó en Moscú, Rusia, entre el 10 y el 18 de agosto, en el que un 16 de agosto fue eliminado en semifinales, al ubicarse sexto en el Heat 1, tras correr muy debilitado por enfermedad.

Un año después, el 15 de marzo de 2014, Quiñónez volvió al podio, al lograr la medalla de plata en los Juegos Suramericanos de Chile, en la prueba de 200 metros planos, tras ser superado por el brasileño Aldemir Gomes Da Silva, quien triunfó con el tiempo de 20,32 segundos, mientras el ecuatoriano, paró el reloj en los 20,66 segundos.

Y en 2015  (foto) se proclamó campeón del Grand Prix Sudamericano de Atletismo, realizado en Lima, Perú, en los 100 y 200 metros planos lisos, pero en la prueba mayor, los 200 metros del Mundial de Atletismo de Pekín, un 25 de agosto, fue eliminado en primera ronda, al  quedar descalificado, tras protagonizar una salida falsa, en la que se adelantó al inicio de la carrera y vio la bandera roja, que le expulsó de la pista. Ese año, definitivamente no fue para la «Bala», que pese a inicialmente estar clasificado para los Juegos Panamericanos Toronto, Canadá 2015, no pudo competir en la prueba de los 100 metros planos, por la decisión de la Organización que bajó el número de participantes en la competencia, aduciendo que había muchos clasificados. Así, con base a las marcas registradas, Quiñónez fue uno de los que no fue considerado.

Entonces concluyó su momento triunfal y la carrera de Quiñónez se vio marcada por altibajos. Las lesiones y la indisciplina le pasaron una costosa factura, que incluso lo pusieron lejos del deporte, distante del atletismo y fuera de las pistas, en la que de corredor velocista, pasó a mecánico que arreglaba motos en el taller de un tío suyo. Tal fue su mala racha, que incluso ante la falta de apoyo gubernamental, en 2017 pensó en retirarse del atletismo. Felizmente para el deporte ecuatoriano, no tomó esa decisión, que permite que hoy Ecuador, goce de sus triunfos.

En esa decisión de no abandonar el atletismo hay cuatro personas que jugaron un importante papel, sus compañeras atletas Marizol Landázuri, Ángela Tenorio, Yuliana Angulo y Romina Cifuentes, que lo motivaron anímicamente, que le pidieron salga del retiro y que vuelva a entrenar junto a ellas con su entrenador, el cubano Nelson Gutiérrez. La “Bala”, acogió la sugerencia y volvió a las pistas a entrenar con dedicación hasta volver a ser el corredor más veloz del país. Luego, gracias al apoyo de la empresa privada en gestión conseguida por la subsecretaria de deporte, Andrea Sotomayor, a mediados de años, fue a España a entrenar para competir por Ecuador en los Juegos Bolivarianos.

Con la entrega y el esfuerzo, los frutos no tardaron en llegar y antes de finalizar el año, la noche del martes 25 de noviembre, en la pista de Bureche, ganó la medalla de oro bolivariana en la prueba de los 100 metros planos  en  el certamen efectuado en Santa Marta (Colombia). En esa jornada impuso el récord regional al parar el reloj en 10, 16 segundos, que en ese momento fue la segunda mejor marca de su carrera. La primera es de 10.09 segundos, conseguida en 2013, coincidentemente también en Colombia en el Grand Prix de Atletismo de Medellín. Ese día en Santa Marta, el velocista ecuatoriano, marcaba su resurrección.

Un artículo publicado por diario El Telégrafo, el 21 de noviembre de 2017, titulado Álex Quiñónez gana oro y renace en Santa Marta, se cuenta la historia de ese renacimiento. La nota dice: “En principio Álex se negó a esa posibilidad porque tenía que dejar a su familia en Guayaquil y radicarse en Quito, donde no tenía dónde quedarse. Pero Landázuri lo hospedó en su casa por casi un mes, tiempo en el que no solo le dio una cama para dormir, sino que también se hizo cargo de su alimentación. En ese entonces, Marizol residía en La Vicentina baja, en el centro-norte de Quito. Pero cuando la esmeraldeña de los registros de Guayas se mudó no estuvo en condiciones de seguir ayudando a su amigo, así que esa responsabilidad la asumió Caridad Martínez, fisioterapeuta del equipo nacional. Al igual que Gutiérrez, Martínez es cubano de nacimiento y durante sus primeros años en Ecuador trabajó con el equipo nacional de marcha en Cuenca, así que su afecto por los ecuatorianos fue lo suficientemente grande como para acoger a Quiñónez en su casa en Sangolquí. Álex se convirtió en un miembro más en el hogar y se ganó el aprecio de su esposa, Yadira Rey, y de su hijo, Ricardo, quien se especializa en los 400 metros. Quiñónez y Ricardo cultivaron una relación de hermanos que todavía perdura.

Afortunadamente para el deporte ecuatoriano y por el bien de Quiñónez, la  resurrección de Santa Marta,  no fue flor de un día. Así el atleta volvió por sus fueros y extendió su racha triunfal. Al año siguiente, 2018, un 7 de junio, su cuello nuevamente sintió lo que es colgar una medalla, cuando ganó oro en los XI Juegos Sudamericanos de Cochabamba (Bolivia) en la prueba de los 200 metros planos en la que impuso un tiempo de 19.93 segundos en prueba corrida en el estadio de atletismo GAMC. Ese día, Quiñonez se tomó la revancha con el brasileño Aldemir Gomes Da Silva, quien cuatro años antes en los Juegos Sudamericano de Chile lo había vencido para llevarse el oro y dejarlo a él con la plata. Esta vez el atleta de Brasil quedó cuarto.

Ese 2018, Quiñónez se ubicó quinto en la novena edición del Circuito Mundial de la Liga de Diamante (Diamond League), en la que solo compite la élite del atletismo mundial que se realiza en Europa y Asia. A esta competencia, creada  por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF, por su nombre en inglés),  se accede por invitación de  los organizadores y por la ubicación en el ranking mundial. En el certamen se disputan entre doce y quince fechas válidas, durante las cuales los atletas suman puntos para lograr la clasificación a las dos jornadas finales.  En cada una de las reuniones, participaban ocho atletas, el primero gana ocho puntos, el segundo, siete y así sucesivamente hasta llegar al octavo que gana un punto.

2019. Año triunfal

Los éxitos no pararon y este año 2019, ha sido muy bueno para Quiñónez, que tiene como mejores logros: el bronce mundial en Doha Catar, el pasado 1 de octubre, el primer lugar en los Juegos Panamericanos de Lima el 9 de agosto y el segundo lugar de La Liga Diamante (Diamond League), en la que participan los mejores velocistas del mundo que compiten en un circuito de 15 paradas efectuadas durante el año en las pistas de Europa, Asia y Estados Unidos, pero que en esta temporada por diversas razones, solo tuvo seis reuniones ya que algunas Paradas fueron suspendidas por la organización. Allí acumulo 36 puntos, apenas dos menos del ganador que fue el turco Ramil Guliyev que hizo 38.

Su carrera triunfal se dio desde el primer mes del año, cuando a mediados de enero, Quiñónez fue contratado por el equipo Barcelona para que compita por ese club en los torneos europeos, con el que logró dos victorias con sus consecuentes medallas de oro. La primera en los 200 metros del Campionat de Catalunya y segunda en la Copa del Rey, corridas en el mes de febrero.  Luego, su entrenador Nelson Gutiérrez, fue contratado por un equipo de Portugal, por lo que Quiñónez se mudó allá para continuar con sus entrenamientos.

Entrenamientos que empezaron a dar triunfos. Así, el jueves 28 de marzo en el torneo Florida Relays, que se cumplió en  la pista del ‘James Pressly Stadium’ de la Universidad de Florida en Gainesville, Estados Unidos, Quiñónez, ganó la prueba de los 200 metros planos, con un tiempo de 20.28 segundos, superando al dominicano Yancarlos Martínez y al jamaiquino Yohan Blake, poseedor de tres medallas olímpicas, considerado el segundo hombre más rápido del mundo de todos los tiempos, detrás del ya retirado, el también jamaiquino, Usain Bolt que terminó tercero con 20.57 segundos.

A partir de allí, Quiñonez empezó su andar por el Circuito Mundial de la Liga de Diamante (Diamond League). Así,  el viernes 3 de mayo en el Khalifa Stadium de Doha, Catar, Quiñónez ocupó el segundo lugar de la prueba de los 200 metros planos en la primera de las 14 válidas, que fue ganada por el campeón mundial, el turco Ramil Guliyev. El ecuatoriano impuso la marca de 20 segundos y 19 centésimas (20:19), mientras el ganador registró 19:99, tercero fue el canadiense Aaron Brown (20:20).

Ocho días después, haciendo un alto a la Liga Diamante, el 11 de mayo, Quiñónez volvió a una competencia internacional, esta vez en equipos, representando al país en el Mundial de Relevos, efectuado en Yokohama, Japón, en el que por primera vez participó un equipo masculino en la prueba de los 4×200 metros planos. El equipo nacional que lo conformaron además David Cetre, John Valencia y Darío Perlaza, se ubicó en el décimo lugar de la tabla general y tercero en el continente, imponiendo una marca de 1.27.22 que se constituyó en nuevo récord nacional.

Ese mismo mes (mayo), tras estar ausente en la segunda parada de la Liga de Diamante corrida el 18 de mayo en Shangai, China, Quiñónez volvió al circuito para el 30 de mayo, en la tercera parada, ubicarse  en cuarto lugar de la prueba denominada Bauhaus-Galan, corrida en el estadio Olímpico Estocolmo, en Suecia. El 6 de junio en la cuarta parada de dicha Liga, denominada Golden Gala Pietro Mennea, se ubicó tercero en la prueba de 200 metros planos, corrida en el Estadio Olímpico de Roma, registrando un tiempo de 20.17 segundos, detrás de los estadounidenses Michael Norman (19.70) y Noah Lyles (19.72). Ese registro de la “Bala”, era hasta el momento el mejor de su temporada en el circuito.

Luego en junio, la Liga de Diamante, suspendió dos de los tres circuitos que debieron realizarse ese mes. Así no se cumplió con la Quinta Parada denominada Oslo Bislett Games que debió realizarse en Oslo, Noruega.  Siete días después, el 13 de junio, en el sexto circuito de la Liga fue tercero en la Meeting International Mohammed VI´D Athletisme de Rabath, corrida en el Estadio Príncipe Moulay Abdellah en Rabat, Marruecos.  Tampoco se realizó la séptima parada de la Liga denominada Prefontaine Classic que debió correrse  el 30 del mismo mes, en  el Cobb Track and Angell Field en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, porque la organización decidió dar descanso a los competidores de los 200 metros.

El 5 de julio en la octava parada de la Liga Diamante, denominada Athletissima, corrida en el estadio Olímpico de la Pontaisse en Laussana Suiza, en la prueba de los 200 metros, terminó en segundo lugar justamente detrás Noah Lyles quién ganó la medalla de oro en el Mundial de Catar y que en aquel torneo impuso el tiempo 19.50, mientras que Quiñónez hizo 19.87, lo que se constituyó en nuevo récord nacional.

Luego la Liga, tuvo un considerable cambio en su modalidad, pues se suspendieron las siguientes paradas del evento que debieron realizarse el 12 de julio en Mónaco, dos en Reino Unido, una el 21 de julio en Londres y otra el 18 de agosto en Birmingham.

En ese mes de agosto, el viernes 9, dos días antes de que Quiñónez cumpliera los 30 años, corriendo en el carril número cinco y luciendo la pechera con el número 376 sobre la camiseta, se dio un regalo sensacional para él y para el país, al ganar, la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima, en la prueba de los 200 metros planos, corrida en la pista de la Villa Deportiva Nacional de la capital peruana, en la que  cronometró 20.27 segundos para superar a Jereem Richards de Trinidad y Tobago con 20.38 y tercero Yancarlos Martínez de República Dominicana con 20.44.

Luego volvió a las pistas el 24 de agosto en Paris, Francia en la reanudación de la Liga de Diamante en la que para el calendario original debió ser la décimo tercera parada y en la que Quiñónez fue cuarto. La siguiente carrera que debió realizarse el 29 de agosto en Zurich, Suiza, también fue eliminada. Así se llegó a la prueba final de la Liga corrida el 6 de septiembre, denominada Memorial Van Damme en el estadio Rey Balduino en Bruselas Bélgica, en que Quiñónez fue quinto, pero que debido al puntaje acumulado, lo sitió en el segundo lugar del campeonato para sellar un año triunfal.

Su vida personal

Detrás de las pistas, Quiñónez tiene su vida personal y familiar como cualquier mortal. Así, tiene su familia compuesta por su esposa Jennifer Lugo y su hija Alexia de tres años, que son su inspiración y su apoyo incondicional. En una conversación con la “Bala” realizada en 2016, cuando yo ejercía las funciones de Director de Comunicación de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador (Fedenador), ocurrida en la pista atlética del estadio Cristhian Benítez de Guayaquil, pude descubrir a un chico tímido, sencillo, educado, humilde de pocas palabras, pero muy alegre y con la salsa innata que tiene el esmeraldeño que me contó varios aspectos de su vida personal.

Así logré enterarme que en el atletismo, se inició desde pequeño en su tierra corriendo en la playa y que sus primeros torneos fueron los campeonatos intercolegiales en su provincia, que lo llevaron a la selección esmeraldeña en la que empezó todo a nivel profesional,  que su referente y a quien admira es Usain Bolt, a quien un día le ganó y al  que siempre lo veía competir y que su entrenador cuando quedó séptimo en el mundo era el quiteño Roberto Erazo

De sus aficiones supe que es un aficionado al baile, la salsa y la cocina, en la que tiene dotes de cheff, y en la que como no podía ser de otra manera, sus mejores platos en preparar son los típicos de su tierra natal, el encocado y el ‘tapao arrecho’, aunque sus preferidos son  el cebiche mixto, de concha y camarón con mucho limón y el filete de pescado, con patacones o verde cocinado, que prepara su madre. En cuanto a la música salsera, su género preferido, su artista favorito es su coterráneo Paolo Plaza, por sus canciones que se caracterizan por un toque romántico como  “Quiero cantarle a ella’, ‘Producto caducado’, y ‘Se sacude’. El ritmo caliente le gusta porque creció en medio de esa música, cuando en la esquina de su barrio, La Guacharaca, cantaba junto a sus amigos, las canciones de los  grupos  Guayacán y Niche.

Sobre su apodo de la “Bala”, me contó que se lo pusieron en su barrio de Esmeraldas, por la rapidez con que corría y al recordar su zona decía que era un sector humilde, de alto riesgo en la que a menudo ocurrían deslizamientos de tierra. Al recordar su infancia, contó que era muy pobre y que en ocasiones le tocó acostarse sin comer porque no siempre había “como parar la olla”, que por eso cuando tenía 20 años en 2009 y ya despuntaba como promesa del atletismo triunfando en carreras locales y nacionales, tuvo que alejarse de las pistas al no haber retribución económica, para venir a Guayaquil a buscar trabajo, dedicándose a los oficios de cargador, albañil, pintor de brocha gorda, pintando en casas. Aquí residió en casa de su madre sustituta Julia Ortiz, quien lo cuidó de pequeño.

Con nostalgia, recordaba que su sueño actual es ganar una medalla olímpica, pero que de niño soñaba con ser futbolista, pero al  destacar como tal,  prefirió dedicarse al atletismo en el que si tenía condiciones y que de joven soñaba con ser marino. Así, al graduarse de bachiller, quiso enrolarse como cadete en la Armada, pero que la falta de dinero se lo impidió pues no tenía los mil dólares que necesitaba para iniciar la carrera y que el actual. Pero como él no es de los que se duerme en los laureles, al ser deportista y amar el deporte, ingresó a estudiar Cultura Física en la Universidad Luis Vargas Torres, que no pudo terminar, llegando hasta tercer ciclo, porque pasado en competencias.

Eran los días, que Quiñónez vivía épocas de triunfos, que luego cambiaron sustancialmente tanto en su carrera deportiva como en su vida personal. Así, como la vida trae de todo, sabores y sinsabores, Quiñónez debió pasar uno y muy fuerte, contado en un nota a Diario El Telégrafo, en que textualmente dice: “a finales de 2016 su primogénita sufrió la picadura de un mosquito y su pierna derecha se infectó gravemente, demandando costos que no estaba en capacidad de pagar. Aquello, sumado a otras deudas y gastos, lo obligaron a vender su Hyundai Tucson a un costo demasiado bajo, al que accedió únicamente por las urgencias. En ese momento no contaba con los ingresos que le representaba el Plan de Alto Rendimiento, por lo que buscó trabajo en muchos lugares, pero sin fortuna. Incluso acudió a la empresa cuya marca de bebida energizante auspició parte de su carrera, pero tampoco consiguió empleo. No le importaba el puesto, solo quería tener un sueldo que le permita solventar los gastos. En esos momentos de crisis, la que se dio maneras de llevar un pan a la mesa fue Jennifer, quien ayudaba a su hermana en un salón de belleza.

Hoy los tiempos son otros, volvieron a ser felices y triunfales y nuevamente está en la palestra de los mejores atletas del mundo, lugar del cual nunca debió salir. De aquella ya lejana conversación se quedaron grabadas en mi mente cuatro sentencias suyas que cierran esta nota porque son ley de vida:” En el atletismo, te defiendes solo, no dependes de nadie. Si lo haces bien, ganas y si lo haces mal, pierdes”. “Soy un  agradecido con Dios por el don que me dio”.  “En lo único que   pienso es en mejorar y ganarme a mí mismo” y  “Todo lo que hago es por ser cada día mejor”.


Fotos: lahora.com.ec; solangeveralondres2012.blogspot.com; fedeesmeraldas.blogspot.com; teleamazonas.com; deskgram.net; france24.com; wilkipedia.org; eluniverso.com; elnorte.ec; metroecuador.com.ec; creadio.ec; deporte.gob.ec; rtve.es.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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