YO SOY MADRE SOLTERA

Ya Cristal tenía desde su vientre una criatura a la que deberá honrar y cuidar para toda la vida, después de un mal momento y agria respuesta por parte de Andrés. Cristal sabía que desde ya estaría sola enfrentando a la sociedad quiteña curuchupa, que la iba  a juzgar desde su posición de dignos (a), sin embargo parecía que vivía en borrachera, era una sensación incierta, llena de decepción, temores, dudas que cruzaban por su cabeza, ella estaba encerrada en la soledad sin poder compartir con nadie, hasta que su médico ginecólogo fue una pieza clave al despertar esperanza en ella.  La felicitó, le hizo conocer que ser madre no es para todas, que desde ya ella había ganado un espacio como mamá, se solidarizó y le dio hasta consejos, le hizo saber que ella podía salir adelante sola, que hay parejas que están juntas y aun así las madres se sienten solas, que no todos los hombres o mujeres toman el rol con seriedad. Ese aliento del Dr. Carlos Castillo fue clave para ver luz en la obscuridad. Le faltarán días para agradecerle, le cobraba las consultas y le hacía los ecos sin facturar; como no enaltecer la bondad de aquel médico.

“Pude escucharle los latidos de su corazón y me embargó la felicidad. Es una experiencia inexplicable que a quienes somos madres, les invito a revivir ese primer momento en que escuchen esos latidos de su frágil corazón a mil. Nada se compara en la vida con esa sensación tan sublime. Nada. Ese frejolito que está feliz de que le escuche su mami. Desde ahí sabía que estaba en el camino correcto pues hubo conexión con la criatura para siempre”.

Con una serie de incertidumbres comenzó a informarse, educarse, subscribirse en todas las páginas y revistas de mamá, para obtener información. Cuidó cada detalle de su embarazo en silencio, lo hizo en voz baja sin dejar rastro, se alimentó como toda una nutricionista, respetando mes a mes el crecimiento de su bebé para que crezca sano y fuerte. Desde siempre, ella tenía la intuición que sería varón y siempre le hablaba como si supiera que es un niño. Participó en todas las estimulaciones para embarazadas, su economía no era la mejor pero nunca le faltó sus vitaminas, su comida sana y su comida preferida, Cristal siempre se mostró feliz, su sonrisa era su característica, aunque su corazón lo tenía trizado, pero casualmente no sufría por el abandono de Andrés, al él decirle adiós y buena suerte, ella lo desplazó.

En realidad el amor de su vida fue Juan Daniel, el novio de toda su juventud, con el que duró casi ocho años, entre idas y vueltas. Ellos tenían un vínculo muy grande, ellos se amaron a su manera, estaban separados casi dos años pero nunca perdieron el contacto. En aquel entonces solían salir, cenar, hacer actividades que les gustaba a los dos pese a que ya no eran novios. Un día Juan Daniel la llamó y la invitó a cenar, Cristal sabía que ya su vida tomó otro camino y se negó a aceptar su invitación, Juan Daniel insistió y pudo percibir que algo le pasaba y fue enfático y le dijo: “te conozco bien, que te sucede estás triste, cuéntame por favor!! “Inmediatamente le dije: voy a tu oficina, salí de mi trabajo y llegué a su oficina. Él estaba ocupadazo y le dije con un tristeza, así de una, estoy embarazada. Él entro en shock se paralizó y bromeó y me dijo y quien es el papá?, solo le dije que es de un X que no lo quiero mencionar. Juan Daniel dudó que sea cierto, pero tenía la cara transformada. Estaba abrumadazo, fue tenaz. Enseguida le entregué un sobre, ahí estaba el eco del bebé, cuando lo abrió y constató que era cierto, se desestabilizó, se puso tristazo y lloró sin contenerse. Lloró como una Magdalena. Me dijo que eso no podía ser cierto, que me ama, que como es posible que pueda ser mamá y él no ser el padre. Se arrodilló, me pidió perdón por todo lo que me hizo vivir y me dijo que él quiere casarse, que reconocería a mi hijo como suyo. Para mí, era fuerte aceptar esa propuesta y decir no, cuando muchas veces quise que eso pase, para decirle, sí. Pero en el fondo yo sabía que no funcionaría, ya las cosas tenían otro tinte. Lloramos juntos y él me dio todo su apoyo. Había transcurrido un mes y yo ya tenía mi  chequeo médico, el Juan Daniel me acompañó a mi eco, tal cual fuera el padre de la criatura, el médico nos daba a los dos las instrucciones. Fue un momento incómodo para mí”

Para Cristal, pese a que él era su verdadero amor, ella no se sentía completa. Ese día al salir del médico, salieron a hacer compras para el bebé y Juan Daniel le dijo algo, que puedo ser para ella otra estocada a su tristeza, pero que aunque parezca raro e increíble no la desestabilizó. “Él  me dijo: tengo que ser franco, tú has sido el amor de mi vida, pero siento que cambió todo entre nosotros, yo te voy a apoyar en todo, pero si tu no quieres estar conmigo y aceptar mi propuesta, yo haré mi vida. Me daré una oportunidad con mi novia y voy a vivir con ella. He decidido dar el paso a un costado en tu vida y continuar. Te deseo una vida plena con tu bebé”.

La interrumpo, y tras una pausa en la que a veces el silencio lo dice todo, le digo: ¿Y qué sentiste? Imagino que tranquilidad, se supone que eso era lo que querías, y te ponían la situación a tu favor, en bandeja, ¿o no? “Si me preguntas que sentí. Fue un sentimiento de pérdida,  de abandono, estaba dejando ir a quién le amé mucho por años, pero sabía que juntos no podríamos seguir. Todo hoy, era de otro color. Me embargo la tristeza y le di su luto. Me parecía absurdo todo lo que estaba viviendo. Después de ocho años, a pesar de pedírselo muchas veces, nunca formalizamos y él hoy, de la nada, formaliza con una montubia aparecida. No entendía nada. Al final, él cumplió su palabra, me acompañó en el embarazo y vivió la experiencia de ser padre. Me consintió en los antojos, pude sentirme apoyada, aunque sabía que era momentáneo. Que él se iría a hacer su vida y yo la mía”.

Ya sin apoyo y decidida a salir adelante sola, Cristal hizo lo que toda madre responsable y llena de amor, hace. Vivir por y para su hijo. “Decoré la habitación mía y la hice completamente de bebé. Fue hermoso vivir esa experiencia. Me prepararon un hermoso baby shower, asistió toda la familia y mi bebé tenía muchísimos regalos. Cada persona me escribió una nota dirigida al bebé de bienvenida con deseos para él. Yo los tomé y los guardé celosamente, pues hice la promesa que no los leería y que conservaría esos papelitos en un cofre, pues quién los leería, sería mi hijo cuando aprenda a leer. No imaginas que ganas me daban de leer,  pero sabía que tendría momentos especiales con mi pequeño, cuando llegue ese día”.

Al fin llegó la hora del alumbramiento y un 11 de noviembre de 2011 nacería su hijo con una ilusionada espera por toda la familia. “Tuve tantas visitas en el hospital que tenían que esperar afuera. Supe desde ese momento que la vida me concedió la dicha de ser madre. Cuando llegué a casa ese momento me congelé y pude sentir la verdadera maternidad, al cargarle en mis brazos, en soledad absoluta, pude sentir su cuerpecito delicado, ese olor en mi habitación que me daba tanta paz. Era mágico, parecía un sueño, sus manitos frágiles me hicieron aterrizar y en ese momento comenzó la travesía, hice mi declaración, le hice a mi hijo la promesa de cuidarlo, protegerlo y darle todo mi amor: Sabía que su futuro, solo dependía solo de mí y nadie más, conversé con el como que si me contestara y pude sentir ese amor incondicional, que sabía, sería mutuo. Ese suspiro de mi bebé me dio aún mucha más fuerza, estábamos conectados. Al sexto día de nacido le bañé por primera vez, santiguándome tantas veces, con un temor propio de no saber manejar al bebé. Al final, aprendí a bañarle y esa experiencia me sirvió de por vida y rompí los miedos que sentía, aprendí a cuidar de mi hijo. Puedo enaltecer también a la acertada decisión al escoger al pediatra,  mi querido Dr. Iván Peñaherrera (+), que con una inducción muy profesional y poco usual, me dio una bienvenida al mundo maternal. Seguí sus instrucciones y consejos al pie de la letra, era un aliciente cada mes de su consulta, siempre recibía información apropiada, que me brindaba tranquilidad y confianza”.

Cristal se paró fuerte. Apenas eran seis días que nació el bebé y ella ya estaba lista en posición de avanzada para iniciar la carrera de su vida, en la que no sabía todo lo que le esperaba. Pero sentía que estaba 100% dispuesta a enfrentar cualquier adversidad. Su hijo era ya su inspiración. Por ello siguió con su vida que incluía sus estudios universitarios en la carrera de marketing y publicidad. Así continúo yendo a clases. Su periodo de maternidad, lo aprovechó en las aulas. Con el paso del tiempo, su carrera universitaria, demandaba cada vez, más de su tiempo, le faltaban tres semestres pero estaba dispuesta a cursarlos, pues sabía que siendo profesional podría tener mejores posibilidades laborales y darle mejor futuro a su hijo, que hoy era su motivación en todo.

«Ser madre era una tarea fuerte. No imaginas las montañas de ropa que debía lavar y mantener su espacio limpio, no era tarea fácil, Además debía cumplir con las tareas académicas que cada vez eran más esforzadas. Pero el cuidado de mi pequeño era aún lo más importante, pese a ese corre corre que no paraba. Es ahí cuando decidí que está historia era compartida y que debía buscar al Andrés. Al fin y al cabo, él era el padre. El niño no lo hice sola, lo hicimos los dos. Así que él debía responsabilizarse, al menos en la parte económica. Yo realmente no buscaba más, porque para mí como ser humano, por cobarde y maricón, dejó de ser una persona de valor para mí y ya no le respetaba”

Así,  un día armada de valor salió de su casa, pidió a su amiga Elena que la acompañará y fue al trabajo de Andrés, decidida que al toro se lo toma por los cuernos. Cuando llegó a su oficina, se anunció y con tremenda seguridad, Cristal esperaba en sala de visitas. “Desde lejos le vi al  Andrés desmoronarse, él se acercó y me  pidió salir de su trabajo. Como todo un cobarde, me sacó por la puerta trasera, ya estando afuera me dijo: “¿que necesitas? ¿por qué estás aquí? Te aclaró que yo me casé. Así que no esperes nada. Cabreadaza, le respondí: eso a mí, me tiene sin cuidado y le dije: ha nacido tu hijo y necesito que te responsabilices. Él, inconsciente y con falta de pantalones me pidió que caminemos. Era menos de un mes que había dado a luz y poco le importó, me hizo caminar alrededor de seis kilómetros, mi amiga que me acompañó, nos seguía a distancia. Yo empoderada, muy segura y desafiante, le dije: tienes dos opciones, te propongo que nos sometamos a un examen de ADN y como sé que es  positivo, necesito te hagas responsable y cubramos los costos los dos y fijemos una pensión justa de alimentos, si no deseas nos vamos al tema legal. Está la pelota en tu cancha. Podrán imaginar su reacción, la típica de todo hombre que no quiere asumir su papel, me dijo que debía asesorarse, me pidió una semana para consultar al abogado que debería hacer. Como es su estilo apareció después de un mes,  me citó fuera de un centro comercial, y con toda la desfachatez, me entregó un sobre y me dijo que la recomendación de su abogado es seguir el proceso legal, que cualquier consulta la haga estrictamente al correo nuevo que creó e irónicamente, ese correo era la fecha en la que fui a su trabaj, y me aclaró que su número celular lo iba a cancelar, que no me tome la molestia en llamarle. Podrán imaginar que no duró ni cinco minutos la conversa y desde ese momento, sabía que el bote lo debía remar de un solo lado, pero con agallas lo iba a lograr”.

Cristal sabía que tenía que tomar acciones. Y como es una mujer de acción y de armas tomar, lo hizo. Así, no dudó y llamó a su abogado, quien le dio luz verde para iniciar el proceso, advirtiéndole, que sería incómodo, pero que si estaba dispuesta a seguir, debía ser siempre fuerte. “Confieso que fue durazo. Uno de los amigos del Andrés, le representó y pude constatar que lo estaba asesorando mal, pues en un principio, el cobarde, le entregó un poder para que lo represente y él no fue a las audiencias. El abogado se prestó y compartió su cobardía. En su alegato, se mantuvo en que jamás tuvo intimidad conmigo, luego tuvo que aceptar que sí la tuvimos, pero que yo lo obligué. Puedes imaginar. Era un tremendo mamarracho. Así dilataron el tiempo y el proceso, pasaron  tres audiencias hasta que el juez le dio un ultimátum y fijó la fecha del ADN, que por cierto, yo pedí al juez, que sea él padre, quién cubra los costos de dicho examen. Y así fue, hasta eso le tocó pagar por frío, duro y cobarde. Creo que era justo, no”

Así, llegó el día y se practicaron el examen que trajo hechos anecdóticos que generaron sentimientos encontrados. “Ese día, nos tomaron la única foto “familiar” que nos hemos hecho. Qué  ironía de la vida, pues esa sería la única que existiría. Luego, al poco tiempo, llegó el día de la audiencia en que el juez nos llamó a leer el resultado que indicaba que efectivamente el Andrés era el padre. Así, le exigió al abogado de él que inscriba al bebé con los apellidos de padre y madre, fijaron su pensión y se pudo constatar que el cuento de que se casó, era mentira y que únicamente lo usó para ahuyentarme, pero sin duda, por sus acciones y esta era una más, ese tipo de hombre está lejos de mis gustos. Tipo de porquería ese.”

El juicio en mención, no fue favorable a Cristal en cuanto a la pensión fijada, pues el tipo a pesar de tener buenos ingresos, recurriendo a argucias legales y documentos falsos, se victimizó, diciéndole al juez que tiene familia que mantener y presentó los pagos de su hipoteca. Así logró que el juez fijara en 180 dólares mensuales lo que debía pasar a su hijo. “Eso no alcanzaba para nada. Solo la guardería costaba 380 dólares mensuales, más la leche, los pañales, las citas médicas, la ropa, etc. Esa fue otra de las bajezas de él, que teniendo como darle más a su hijo, se inventó una quiebra inexistente, para pagar la mínima. Ruin todo lo que hizo. Aquí los abogados pillos y la justicia vendida, lo pueden todo”

Pero ante la injusticia, la vida sigue y Cristal debía seguir. Así pese a las dificultades hacía una gran labor de madre, preocupada, por el mínimo detalle, tenía varias dificultades en su desarrollo personal, pues en el camino académico, muchas veces no le alcanzaba el tiempo para cumplir con sus tareas. El sueño muchas veces le jugó mal papel y a veces, no llegaba a presentarse a clases o exámenes y hasta perdió una materia, lo que le obstaculizó continuar con el mismo ritmo. Así transcurrió el tiempo y regresó a trabajar, ocupando su período de lactancia para recuperar las materias perdidas. “Era tenaz, entraba a las siete de la mañana a clases, al terminar, corría a mi  trabajo, llegaba al medio día. Mi jornada de trabajo era también esforzada, tenía presupuestos que cumplir. Terminaba mi  jornada laboral y corría nuevamente a clases a tomar las materias restantes. El ritmo era muy fuerte y así pasó un año. Luego se terminó mi período de lactancia y la cosa se complicó mas. Afortunadamente tenía el apoyo de mi madre, que con todo el amor del mundo, cuidaba de mi bebé. Quién mejor que la abuela para cumplir ese rol, pero no podía abusar tanto, tan es así que tuve que poner a mi bebé en una guardería. Allí el permanecía ocho horas y a las carreras salía muy temprano a dejar a la criatura, para ir a mi trabajo y en la tarde regresar a la universidad. Mis  gastos triplicaron y mi sueldo de soltera, ya no me representaba, por lo que vi la posibilidad de trabajar en fin de semana. Conseguí un trabajo en la cocina de un restaurante. Eso sí fue es durazo, pero al menos, tenía ingresos extras, ya que debía pagar guardería. Mi ritmo entre aulas, madre, cocinera y oficinista era de machos. Los fines de semana mientras trabajaba, una de mis  primas más cercanas cuidaba de mi bebé, ella adoptaba ese rol de mamá. Así, Mari inconscientemente se entrenaba para cuando a ella le toque vivir esa experiencia”.

Pero no hay “mal” que dure 100 años, ni cuerpo que la resista, dice el refrán. Así  después de comer tantas frutas verdes, un día tenía que llegar el saboreo de las frutas maduras. Así, llegó un día en que colapsó con todo y salió de su trabajo oficial, renunció a la cocina. Terminaron las clases, aunque le faltaba aprobar la materia de idiomas, pues el inglés “era su tormento chino”, tanto que lo pospuso para después. No obstante de eso comenzó para Cristal un nuevo amanecer. “Con el apoyo de una amiga tuve la posibilidad de trabajar en Bienes Raíces en la bella Tonsupa, en Esmeraldas, donde se construía un edificio que debía vender los apartamentos. Así, me tuve que mudar a vivir allá. Fui con muchos sueños e ilusiones, con toda esa linda energía que tenía y la motivación de un futuro mejor para mi hijo y  le aposté a que sería una buena oportunidad. Así sin experiencia alguna comencé su travesía inmobiliaria. Compartí los más bellos momentos en complicidad de mi  amiga, la promotora Paola María. Los vientos veraneros fueron mi mejor decisión. Mi hijo crecía entre las olas del mar sol y arena y era un niño muy feliz, seguro y ya con su personalidad definida, pese a ser un niño. Puedo ser agradecida con la vida, porque colocó a las personas correctas en mi caminar”

Pero Cristal, que además había estudiado administración gastronómica, para ser cheff, no se quedó conforme, siempre quiso más y no iba a dejar de luchar por conseguirlo. “El tiempo pasaba y siempre tenía mi ilusión de emprender y tener mi propio restaurante. Y lo hice. Con todo el ímpetu me arriesgué, conté con el apoyo familiar y de mis amigas que me dieron la mano para hacer realidad ese sueño. Fue gran experiencia, adquirí en la cancha la ganancia, puedo dar gracias a la vida que las cosas resultaron bien. La cocina es bastante esforzado y yo tenía un ritmo muy fuerte de vida combinando la cocina con los viajes. Yo hacía las dos actividades pero eso me encantó. Sin embargo, pese a que me iba bien, por tiempo y cansancio, un día bajé la longford (cortina) del negocio y decidí dejar la cocina y dar más votos de confianza al sector de Bienes Raíces. Ahí sigo con toda la energía puesta, apostando a mi trabajo. He salido sola adelante, llegó el día de independizarme y con esfuerzo como todo en la vida, he luchado día a día por un futuro prometedor. Es aquí en que  inicia la vida que siempre quise tener. Renté una casa grande, en la que bailaban los espacios porque no tenía casi nada en cuanto a mobiliario. Poco a poco, mes a mes, iba llenando esos espacios libres. Mi sala era el lugar perfecto para jugar ping- pong, las sillas para sentarse a comer, eran mis tachos de ropa con los cojines de mi  habitación. No fue mucho tiempo que pasamos  por esa experiencia que justamente fue la que afianzó aún más nuestra vida juntos. El pequeño Daniel tuvo que aprender algunas cosas para valerse por sí mismo. Así, con tan solo seis años aprendió a calentar la comida que le  dejaba preparada en el microondas, se atendía solo ya que yo solo podía monitorearlo. Pero una experiencia muy enriquecedora para los dos”.

Ese convivir diferente al usual, hizo de esta familia de dos, una familia participativa y de mucho amor. “Daniel es un niño responsable y muy maduro para su edad, hace sus tareas solo, es un niño feliz, Yo vi la necesidad de brindarle un compañero y llegó Hachico a nuestras vidas, un perrito de tres meses que llegó para dar alegría al hogar, así  entre destrozos y mordidas, él hoy es parte de su vida.”

Como parte de su vida son esos momentos sublimes y simbólicos que disfrutan con cada vivencia juntos, como, sus salidas al parque La Carolina a jugar fútbol y remar en los botes, los viajes a la playa y otras ciudades, sus comidas en restaurantes, el acompañarlo a sus presentaciones artísticas en actos de la escuela y a sus partidos de fútbol. Pero hay una vivencia muy especial, que ellos no olvidarán jamás.  «¿Recuerda, lo de los papelitos que guardé en el baby shower con los saludos de familiares y amigos. Bueno, un día, llegó el momento en que Daniel ya sabía leer y antes de comprarle un libro, le dije que quiero que lea algo que tengo preparado para él, Fue un viernes que salí temprano del trabajo, llegué a mi casa y me apuré preparando uno de sus platos favoritos lasagña de carne. Fue el momento perfecto y le dije que hoy íbamos a tener un momento que lo esperé por siete años. Le regalé el cofre y le dije que dentro de él habían notas de todas las personas que asistieron a su fiesta cuando estaba en la pancita mía. Le conté como fue el baby shower y él contento muy felíz, fue sacando papel por papel, leyendo cada uno de los deseos para él. Fue el momento más emotivo que he vivido junto a mi pequeño, ver su sensibilidad y escuchar la quebrantada vocecita al leer. Luego me abrazó y me dijo gracias, eres la mejor. Juntos lloramos de emoción y me dijo que nunca va a olvidar ese regalo».

Después la vida continuó con sus momentos felices y el esfuerzo de ella fue recompensado. La economía para Cristal mejoró, se mudaron a una zona exclusiva, buscaron una casa cerca del colegio del pequeño Daniel y ahora cuentan con más estabilidad, en la que la incansable Cristal trabaja de lunes a domingo como asesora inmobiliaria, además, distribuye su tiempo para dedicarle a la cocina que es otra de sus pasiones. Así los viernes, entrega a domicilio, cebiches y fritadas, lo que genera más ingresos para su economía. “Yo no cuento con el apoyo del papá de Daniel en la crianza, únicamente, en lo económico, con  lo que un juez puede, según las leyes del Ecuador, dictaminar, como es: una pensión alimenticia. Él no lo visita, simplemente no existe». 

Debido a que se dedicó a ser mamá, su vida personal la ha dejado de un lado, pero todo tiene su razón. Ella hoy tiene 40 años y cada década trae algo bueno, hoy está dispuesta a encontrar su otra mitad. «Yo he tenido la bendición más grande de mi vida, mi Daniel que se educa en uno de los mejores colegios de Quito  y responde perfectamente a esa enseñanza, siendo siempre reconocido como un excelente alumno. Además, destaca por sus habilidades deportivas siendo un jugador de fútbol que promete un futuro deportivo para ser grande. Inicialmente yo quería que se incline a otros deportes, a los que a mi me gustaban como el ciclismo BMX y el tenis y lo puse en entrenamiento de esas disciplinas deportivas y aunque lo hacía bien, el no se enganchó con ellos. Su pasión era el fútbol y yo lo apoyé sin restricciones. ahora, ha sido convocado por una de las ligas importantes de la ciudad. Es un niño sano y feliz en la que yo soy padre y madre. Basta y sobra”

Esta historia tiene una enseñanza y es la de ser una madre con huevos, huevos que le faltan al papá. Hoy Cristal da gracias, porque eso la ha convertido en una mujer invencible. Las madrugadas, amanecidas y desveladas que pasó cuando Daniel se enfermaba son sus huellas de mamá. Finalmente ella hoy tiene la Patria Potestad del pequeño Daniel y conforman con su hijo una familia unida y feliz.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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