UNA ANÉCDOTA CON CAMILO SESTO

A la muerte de este grande de la música…

En diciembre de 2008, Camilo Sesto llegaba al Ecuador en medio de su gira de despedida de la música. El cantautor de “Miénteme”, “Mi mundo tú”, “Jamás” y otros muchos éxitos ofrecía una rueda de prensa en su hotel, y la periodista encargada de esos temas estaba tan ocupada que el director de noticias decidió mandarme de tapa hueco. Preocupadísimo por su aspecto, el artista hizo ubicar a las cámaras al fondo de la sala, puso a un gorila detrás de los camarógrafos para evitar que estos hicieran el fatídico zoom y se apareció con unas gafas tan grandes que a ratos sentíamos que estábamos entrevistando a J.Lo. Apático y hosco, trató a la prensa con displicencia. como era normal en él, respondió lo que quiso y a quienes le pareció, como también era su costumbre, y al final se marchó sin que de sus labios saliera un mínimo “gracias”, pero ni por casualidad. Con ese antecedente jamás podría haberme imaginado que horas después escucharía en palco de oro, de su propia boca y en privado, una canción que significaba mucho para mí, tanto que sin ella quizá no estaría dando volteretas en este mundo ni ustedes pasando el mal rato de leerme. uun regalo inolvidable justo el día de mi cumpleaños.

Ese día cumplía 36 vueltas al sol y lo que más quería era alzar temprano el rabo porque con mis últimos $20 dólares pensaba llevar una torta para compartirla con mis hijos que por mi cumple hasta habían limpiado la casa y eso para una madre soltera de uno de 17 y otra de 15, era casi un milagro.

Sin embargo, el destino hizo que a las 17h00, cuando casi había cumplido con mi tiempo de labores, lograra localizar al fin mi Nokia 1100 en la mega cartera que usaba en esa época. El aparatejo sonaba insistente con el tono de Mozart que le tenía asignado a mi jefe. Con algo de temor respondí y era lo que me temía, una asignación extemporánea. ¡Como odiaba esas coberturas reasignadas! En fin, después de gritonear cinco minutos en el carro y amargarme por tener que quedarme hasta más de las 20h00 porque además de cubrir el tema tendría que editarlo, el camarógrafo y yo nos servimos una suculenta tripa mishqui y enfilamos el Spark blanco de Gamavisión en dirección al Hilton Colón. Mientras avanzábamos pensé de pronto: “Mierda, la panadería de donde quiero la torta ya habrá cerrado a las 20h30, ya ni modo, me celebro el fin de semana”.

No hubo muchos medios en la cita. Es más, había puestos vacíos. Pero eso sí, la crema y nata de las periodistas de farándula y espectáculos de la época se habían puesto sus mejores galas ese día y yo, runita y sin maquillaje como siempre, me sentía como cucaracha en baile de gallina… Saludé con el chaperón que el empresario le había puesto a Camilo en la ciudad; la nube del tiempo ha cubierto su nombre en mi memoria, pero algo me hace inclinarme al recuerdo y rostro de un tal Rodrigo que ya conocía de otras coberturas artísticas… Finalmente, tomé asiento.

De pronto entró el artista, altísimo, correctamente vestido y engafado hasta los pómulos. Tomó asiento y medio agradeció a los presentes, se disculpó por el poco tiempo que podría ofrecernos debido a que estaba cansado y dio paso a los cuestionamientos de los periodistas.

Las preguntas fluctuaron entre las penosas: “¿por qué Camilo Sesto y no Camilo Blanes?”, como si no hubiese el pobre hombre respondido lo mismo en todos los países que había pisado desde que empezó su carrera. Continuamos con la corriente: “¿Ya disfrutaste de la comida ecuatoriana? ¿Encebollado? ¿Caldo de pata? ¿Arroz con menestra y carne?”, hasta llegar a la absurda: ¿qué podemos esperar musicalmente de Camilo Sesto para el año siguiente? Y yo pensé que el español sacaría en cualquier momento un guante para abofetear al comunicador de medio pelo que jamás entendió que estaba en el país por su gira de “D E S P E D I D A”. Sentí vergüenza ajena, pero pacientemente esperé mi turno y entre una y otra Camilo dirigió la mirada hacia mi sector, lo que me dio la pauta para disparar la primera:

– Señor Blanes… bienvenido al Ecuador… ¿Por qué cree usted que en tiempos de reggaetón, su música es cada vez más popular?

Después de bajar la ceja, que en la mitad de la pregunta se le había subido hasta el palo mayor del Salón Isabela, me respondió asombrado:

– “Maja… decía mi madre que de donde uno menos piensa salta la liebre… Vamos niña que te contesto tu desafiante pregunta con mucho gusto: Mi música es cada vez más popular hoy a pesar del auge desmedido de esto llamado reggaetón porque después de bailar hasta cansarte una cosa sin fundamento, sin historia, sin profundidad, todos queremos terminar el baile románticamente en los brazos del ser amado. A las mujeres no les gusta que permanentemente estén gritándoles “Mamacitaaaaaa”, les gusta que les digan cosas lindas, que les hagan enamorarse… sino fuera así ¿qué futuro tendría la humanidad? ¿No crees?

Asentí y lancé la segunda, puesto que no había dejado de mirarme:

– ¿Y si usted considera su música y su papel como compositor tan importante, por qué se retira entonces?

– (Sonrisa). Porque estoy cansado, divina. Son casi cincuenta años de oficio y esto de andar de aeropuerto en aeropuerto, entre conciertos y ruedas de prensa y sin poder disfrutar lo que con tanto trabajo he adquirido, ha terminado por agotarme y me quiero dedicar a otras cosas…

Y como no me pareció muy convencido, lógicamente repregunté:

– ¿Y esos planes incluyen dedicarse únicamente a la composición u otras formas de arte quizá?

– Hiciste tu tarea según veo…

Y en realidad la había hecho a medias; sabía que durante sus años como compositor había creado temas para Miguel Bosé, Ángela Carrasco, Sergio Fachelli, Lani Hall, José José, Lucía Méndez y Manolo Otero, información tan popular que incluso debieron saberla los colegas de las preguntas poco creativas. Sin embargo, me había fijado que, entre una y otra, Camilo había estado dibujando una perfecta rosa en una servilleta…

– Me gustan las artes plásticas, – agregó con un tono de orgullo -. Me dedicaré a pintar… pero no para vender mis cuadros sino para conservarlos o para regalárselos a mis amigos. Es algo que todavía no defino.

– Ojalá podamos tenerlo en Ecuador nuevamente, esta vez en una exposición pictórica. ¡Gracias señor Blanes!

Me senté y no pregunté nada más. Unos minutos después terminó la rueda de prensa y junto al camarógrafo regresé al canal. Escribí, locuté y edité. Una vez aprobada la nota me fui feliz a mi casa cuando faltaba cuarto para las 20h00, hora de inicio del noticiero. Mientras miraba por la ventana las gotitas de una garúa repentina, pensaba en la torta que no me pude comprar y en las caritas de decepción de mis hijos, pero me sentía satisfecha. Había cruzado casi media ciudad y estaba a punto de bajarme del bus cuando nuevamente el Nokia me trajo a la realidad. Respondí, era Rodrigo, ya había visto la nota y me llamaba para agradecerme y decirme que el artista estaba feliz. Tocaba bajarme así que paró el bus y empecé a caminar las dos cuadras que me separaban del paradero a mi casa con el teléfono en la oreja mientras decía a mi amigo que ofreciera las gracias al artista y que ahora lo dejaba porque era mi cumpleaños y me iba de festejo. Él me dijo que lo esperara un momento, instante que aproveché para cruzar una calle y entrar en mi cuadra, cuando escuché una voz con acento español que me sorprendía al otro lado del auricular.

– Hermosa, que me ha dicho Rodrigo que es tu cumple. ¿Es cierto?

Pero era una mujer algo grande como para creer que ese que me hablaba era Camilo Sesto, se me pasó por la cabeza que seguramente era una broma, sin embargo, decidí seguir la corriente…

– Hola… ¿Señor Blanes?

– El mismo querida.

– ¡Qué sorpresa! Sí, hoy cumplo 36 años y este ha sido un bonito regalo.

– Me alegro guapa. Dime, ¿qué canción mía es la que más te gusta?

– “Amor has nacido libre” es un tema muy especial para mí.

– No es de las más populares, ¿por alguna razón en particular?

Y yo, que ya había llegado a mi casa, me había quedado en la entrada en donde tenía un arbolito mientras escuchaba el resto de la supuesta broma, sentada en la vereda evaluando en breves segundos si debía o no relatar la historia familiar que tenía que ver con el mencionado tema. Finalmente me dije: “Ya qué” y empecé el relato…

– Mis padres se separaron después de tener a mi hermano mayor. Mi papá se casó con otra persona y tuvo dos hijos más, después de muchos años su esposa partió a los EEUU quedando él solo… Se le ocurrió que debía volver a buscar a mi mamá, pero habían pasado 14 años y obviamente ella no quiso regresar con él porque consideraba que era un hombre comprometido. Él probó mil formas, hasta que recordó que a ella le gustaba su música y decidió contratar una serenata, el primero que tocaron fue “Amor has nacido libre”. Ese día mi madre lo perdonó. Cinco años después llegaba yo a este mundo. Soy fruto de esa reconciliación que se dio gracias a su canción, señor Blanes, y se lo agradezco mucho.

La voz guardó silencio unos segundos y luego agregó:

– Oye reina, esa es una gran historia… a ver… ¿Me permites que te haga un regalo?

Y yo que ya estaba enganchada en la esperanza de estar realmente hablando con el cantautor imaginé que me iba a invitar al concierto y en un instante pensé: Dios de donde saco ropa, no tengo para el taxi… En fin, mil trivialidades. Cuando de pronto, sentadita en el arbolito plantado por mi madre en la vereda de mi humilde hogar escuché las primeras frases de ese tema que significaba mucho para mí, a capela y haciendo gala de sus soberbios dotes artísticos.

– Empieza a clarear, quédate un poco más, tú me dijiste qué, nunca te echa de menos…

En ese momento confirmé que realmente estaba hablando con la gran estrella a la que todo el mundo conocía como Camilo Sesto. Recordé a mis padres y aquella lejana vida familiar, humilde, pero feliz cuando ellos aún se amaban. Estaba observando la intro de una novela con su música de fondo, el inicio del relato de mi vida quizá. Cantó unos tres cuartos de canción hasta que finalmente la cortó.

– Espero que te haya gustado querida.

– ¡Gracias Don Camilo!

– Gracias a ti por esmerarte en hacer algo diferente.

Y entregó el celular a Rodrigo quien me felicitó agregando:

– Antes de que me pidiera llamarte pensé que no tenía un pelo de humanidad este tipo, pero mira tú, si ha tenido.

Nos despedimos y fue para siempre porque jamás volví a ver a Rodrigo ni a saber de él. Entré a mi casa y mis hijos habían comprado el pastel con la plata que al fin había llevado el papá (no cabe duda que era noche de milagros). Disfruté de ese pastel embobada con ese recuerdo que he mantenido oculto hasta hoy, según yo porque jamás podré probar tal historia, pero a estas alturas la verdad si me creen o no ya no me importa.

Como epígrafe puedo anotar que a la mañana siguiente llegué a la redacción “pisando huevo” y me enteré de la noticia del día que leía para los curiosos en medio de la sala de prensa la coordinadora del noticiero: “Por supuesta estafa, Camilo Sesto casi no canta en Guayaquil”.

Resultó que por un desacuerdo entre el artista y los empresarios, Camilo se había negado a subir al escenario. El concierto se retrasó interminables horas siendo necesaria la presencia del Intendente de Policía para que obligue a la estrella a presentarse en un estadio repleto de románticos que anhelaban escucharlo en el Voltaire Paladines. Camilo sufrió un desvarío dentro de la furgoneta que lo había trasladado hasta el recinto, pero ni eso amilanó a Julio Quiñonez, Intendente de la época, quien le dio unos minutos para recuperarse y lo obligó a cumplir. Malhumorado y enfermo, según él, subió al escenario y después de dar sus razones: “Esto ha sido un fraude por algún empresario estafador… Hasta con meternos a la cárcel nos han amenazado. Pero aquí estoy, por vosotros, para regalarles mis canciones”, cantó y encantó.

Yo que había escuchado todo con sonrisa de chancho hornado no pude evitar pensar que el único concierto que él sí  quiso dar en Guayaquil, la noche en que se despedía de la música en Ecuador, lo ofreció a esta humilde periodista como premio a una nota que le había agradado. Me fui por el sendero de las editoras mientras en mi memoria seguía sonando: “Amor has nacido libre… Tierno y salvaje entre el valor y el miedo… tú tienes mi amor, si amarte es pecado quiero ser pecadoooorrrrr…”

¡Gracias por la vida Camilo, nos vemos más adelante!

Fotos: milenio.com; elespano.com; Cultolatercera.com; Abecedirio.com.ar; 65ymas.com


  • Próximo artículo: Sharon: “El día que esa mujer salga en la pantalla de este canal será porque está muerta”.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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Un comentarios

  1. Este relato me encanto. Por sencillo y maravillosamente contado. Felicitaciones Monica , por compartir este recuerdo tan importante en tu vida.

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