SU ALTEZA, UNA DIGNA INFIEL CON CORONA Y SIN CALZÓN

La Reina llegó a grabar con una bota de yeso porque se había esguinzado el tobillo. Cargaba un vestido muy pegado color azul eléctrico, sus acostumbradas extensiones de cabello color rubio dorado y un cuerpazo de infarto resultado de una estricta dieta. Lucía el esplendor de su juventud, aunque ya era una dama que entraba en la madurez, ese espíritu jovial que posee además de su carisma eran su mayor arma para rejuvenecerla.

Pidió maquilladora y peinadora y se cumplió con lo convenido, llegó  a la hora y como de costumbre todo el equipo la estaba esperando y el escenario iluminado para empezar. Se movilizaba lentamente debido a la pierna y a unas muletas, pero justo a la hora se acomodó en la silla de la invitada para que le pongan el micrófono y la entrevista empezó. Sin embargo, ella tenía un monitor de referencia en que se veía la imagen final de cómo saldría al aire y apenas empezamos paró la grabación porque algo no le convencía. Según ella, a través del apretado vestido y a pesar de que estaba sentada podía verse el filo del interior que cargaba, para fines menos complicados en el idioma, se le veía el elástico del calzón, así que decidió sacárselo.

Yo: Ok, vamos al camerino…

Reina: No, aquí no más..

Yo: Aquí?????? Siiiii… (A los camarógrafos), a ver muchachos, se dan la vuelta!

Y obvio los camarógrafo le hicieron caso inmediatamente y la doña tardó tres segundos en despojarse de la fastidiosa prenda, la enrolló y la metió hecha bolita en el zapato de taco que no estaba usando porque tenía la bota de yeso. Escondió el taco debajo del asiento y aplaudió…

Reina: Ahora si… ¡¡¡¡Grabando!!!!

Y la entrevista se desarrolló durante dos horas en que el camarógrafo que tenía la toma central estuvo más que entretenido cuidando todos los detalles del encuadre para que la doña se viera regia. Menos mal porque yo ese día tenía un encargo digamos que especial que me mantenía muy nerviosa porque aun siendo el pedido injusto yo no podía negarme a ejecutarlo, ya les explico…

Una semana antes de la grabación de esa entrevista fui llamada a una oficina importante en donde se me informó que tenía que entrevistar a La Reina por una razón especial, ella había tenido, en algún momento de su carrera, una relación extramatrimonial con un conocido presentador de TV que estaba renunciando al canal porque se iba a vivir a EEUU. Este presentador estaba acusado de levantar falsos testimonios en contra de la honra de cierta jefa y ella quería recordarle a medio mundo de voz de quien había sido su “amante”, que él no era quien para señalarla con su dedo acusador. Más claro…

Yo: Quieres que le pregunte a la Reina sobre la época en que se acostó con “el guapo casi gaucho”?

Autoridad: Si!

Yo: Pero ese es cuento viejo… Todo el mundo lo supo, para qué revivirlo? Creo que podría levantar más polvo su pleito con un conocido presentador de farándula con el que continuamente mantiene cierta tensión.

Autoridad: Quiero escuchar que dice ella sobre ese amantazgo… ¡Hazle la pregunta!

Yo: Pero y eso no lastimaría la imagen del “guapo casi gaucho”?

Autoridad: Ese tipo ya no trabaja aquí y lo que pase con él no tiene por qué importarnos.

Yo: ¡Ok! A su orden.

¿O sea que la pantalla del canal más importante del país estaba siendo usada para cobrar una venganza personal? ¡Noticia! Es más común de lo que creen, para que se enteren… Y pasa hasta en los noticieros.

Y en medio de los flashes fotográficos que la Reina ofrecía a los camarógrafos llegamos a aquella pregunta “inconveniente” que yo solté sin más ni más y ella, muy digna, respiró profundo y respondió:

Reina: “Sí, fue verdad, no lo planeamos, nos negamos al principio a ceder ante esa tentación, pero pasó. A Ambos nos costó el divorcio, pero ha pasado mucho tiempo y ambos sabemos que herimos a algunas personas por causa de esa indiscreción.  Ahora somos buenos amigos y hemos reflexionado, pedimos disculpas y tenemos paz en nuestro corazón”.

Estuve a punto de pararme a aplaudir… Que buen manejo de una pregunta inconveniente basada en el método del pecador arrepentido, adoptar esa actitud en frente del público es invariablemente favorecedor y capaz de hacer que las masas exculpen y perdonen cualquier cosa y más a una Reina como ella.

La entrevista se terminó y nos despedimos y recibí las cintas para subir y elaborar un avance inmediatamente para exhibirlo en el programa del día siguiente.

Al ver la toma frontal me fijé la preocupación de los camarógrafos, es que la doña les había estado sonriendo durante toda la entrevista y no precisamente con los labios del rostro. Es que había que recordar que la doña estaba con una bota de yeso que no la dejaba sentarse decorosamente, eso más el vestido más revelador que cualquier verdad y la falta de prenda interior, pues… ¡IMAGÍNENSE! ¡Jesús! ¿Y ahora qué hago?

Pero en seguida me di cuenta de que los muchachos, más profesionales que nunca, me habían ofrecido una serie de tomas alternativas para que cualquier falta de delicadeza retratada en el video pudiera ser reemplazada magistralmente por cualquier buen editor y eso hice.

¡Tres reportajes y ni una sonrisa indiscreta de la Reina! Es que si hay algo en lo que soy definitivamente “la mejor”, es editando. ¡Alábate pato! Jeje…

Ahora, estando yo en estudio el día de la transmisión de la tercera nota, aquella en que la dama debía descubrir y admitir que estando casada faltó a su marido con este presentador, compañero suyo, que también estaba casado, noté que la Autoridad aquella que me ordenó realizar el encargo no le perdía ni pie ni pisada a lo que decía la Reina… Cuando escuchó la pregunta se relamió como la hiena que espera agazapada que el venado agache la cabeza para beber el agua en el río para saltarle a la yugular… Escuchó la respuesta, sintió la favorable reacción del público en estudio ante un ser humano que reconocía que se había equivocado y que incluso admitía que había pedido perdón, apretó los labios y se volteó a mirarme una vez que la Reina finalizó su magistral respuesta. Yo no la miré y continué con el comentario en estudio como si nada hubiese pasado, al entrar el corte se me acercó:

Autoridad: Esa pregunta estuvo mal hecha… ¡No la hiciste como te dije!

Yo: La hice exactamente como pediste, pero ella tenía lista una muy buena respuesta…

Autoridad: La idea no era que ellos quedaran como héroes…

Yo: Ah pensé que la idea era hacer un buen segmento, de altura, no con un contenido farandulero y amarillista en donde se invitara a una mujer para arrastrarla por haber sido infiel.

Me obsequió una de las tantas miradas llenas de furia que me había regalado en la vida y salió la Autoridad por la puerta del estudio dejando el programa a medio terminar.

Debí pagar caro mi atrevimiento, pero… una de cal, una de arena, ya en esa época a mí, me importaba menos cada vez. Había empezado a cansarme y eso que todavía no había visto lo peor de La Autoridad, eso era apenas el principio…

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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