Y CASI PODÍA ACARICIARLA

Y CASI PODÍA ACARICIARLA

Corría el año 1985, talvez era el mes de octubre aunque no estoy muy seguro ya que algunos detalles de lo que voy a relatar se han perdido para siempre, superados por el peso de los recuerdos más valiosos o menos triviales, porque talvez escribir sobre esta anécdota es una trivialidad, pero ver un video de ella de manera casual me la trajo a la memoria y pensé que contándola podría de alguna manera sintonizar con el pasado al que a veces nos gusta volver como queriendo reescribirlo una y otra vez hurgando en los recovecos de la memoria algún detalle olvidado, sin embargo la importancia de la anécdota radica en el recuerdo de estar frente a frente con alguien a quién ni siquiera admiraba o seguía como fan, pero aun así no dejó de sorprenderme lo inesperado del momento y su belleza, confieso que en un principio me daba igual verla o no, porque no era de mi gusto musical, más allá que era imposible no saber de ella pues para entonces era muy popular y su voz con un timbre de especial sensualidad sonaba por todas partes y por supuesto su rostro y figura disparaban la imaginación y yo fui testigo de eso en primerísima fila.

La primera vez que supe de María Conchita Alonso fue al verla en aquel video de Noche de Copas, recuerdo que me llamó la atención como cambiaba fácilmente su expresión de arrepentida a pícara y viceversa al justificar la infidelidad de la que hablaba la canción, una mujer bonita y de aire juvenil que ya para entonces había cruzado el umbral de los veinte hacía rato sin embargo se veía casi como una niña saliendo de la adolescencia. Luego llegaron más éxitos para ella musicalmente hablando, tres nominaciones a los Grammy y paralelamente empezó una carrera como actriz en Hollywood con un relativo éxito, donde llegó a actuar junto a estrellas como Arnold Schwarzenegger, Robin Williams, Danny Glover y Sean Penn, sin dejar de mencionar que pudo haber sido la primera reina internacional de belleza de Venezuela, pero que su tendencia a subir de peso le jugó en contra en pleno concurso de miss Mundo cuando apenas tenía 18 años y era la favorita para ganarlo, tendencia que después le pasaría factura con el desorden alimenticio de la bulimia de la que salió con mucho esfuerzo y terapia. Como ella misma afirma probó toda clase de drogas, pero nunca se hizo adicta a ninguna, talvez si se hubiese dedicado al rock y dada su irreverente forma de pensar y actuar hubiésemos tenido la contraparte latina de Lita Ford o Joan Jett, quién sabe.

Cierto día de aquel año en mención me encontré con mi amigo de barrio Aurelio Paredes (Delado), director de esta revista, que por entonces trabajaba en un medio – ni él se acuerda cuál- haciendo reportajes sobre infinidad de temas y me dijo que iba a llegar a la ciudad María Conchita Alonso a dar un concierto en el coliseo Voltaire Paladines y que si quería acompañarlo, ya que a través de una amiga periodista de espectáculos había conseguido dos entradas de cortesía, obviamente sabía quién era la artista y lo hermosa que era, pero dudé un poco ya que para ser sincero, su estilo de música no me atraía como para ir a ver un concierto, pero a los veinte años divertirse y pasarla bien eran la prioridad así que acepte la propuesta y acordado el día caí en cuenta que tenía clases en la U pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás, ya en mi mente estaba la idea de poder ver en vivo y en directo a aquella mujer que no pocos ya la habían hecho suya en sus fantasías más descaradas en una noche de copas en que pedía con voz suplicante que no teman hacerle daño y que la acaricien para así volverse la loca que soñaba con llegar a ser la fiel esposa.

Las entradas había que recogerlas el mismo día del concierto en el hotel en que se hospedaba la cantante, con Aurelio habíamos quedado en encontrarnos ahí para tomar las entradas de manos de su amiga e irnos al coliseo, pero unas horas antes me llamó a casa a decirme que -por algún motivo que no recuerdo ahora- no iba a poder ir al hotel, así que yo tenía que recoger las entradas, pues ya le había dicho a la amiga que yo iba y nos veríamos luego en el lugar del concierto y que él iría directo para allá. La tarde se había tornado brumosa y ya el viento empezaba a disipar el calor que había reinado horas antes como es normal en esas tardes guayaquileñas de sol canicular y abrasador. Al llegar al hotel pregunté en recepción por la periodista que tenía que entregarme las entradas, las del hotel no sabían nada y no conocían a la tal periodista -para no pensar mal de ella dije para mis adentros que tenía que haberse olvidado- una de las de recepción me dijo que hable con una señora que justo bajaba por las escaleras, una dama de aspecto jovial y serio a la vez, de unos cuarenta y tantos a la que le explicaron lo que yo les había dicho, aquella dama resultó ser la manager o representante de María Conchita y le repetí la historia de las entradas, por lo que muy amablemente me dijo que estaba esperando a una persona que tenía algunas entradas para obsequiar, por lo tanto, tenía que tener paciencia y esperar a que llegara, así que me dediqué a recorrer el lugar al que conocía parcialmente y pude observar un grupo pequeño de chicas y chicos fans de la cantante apostados cerca de las escaleras de acceso a los pisos superiores, no le di importancia y me senté cerca de los ventanales desde donde podía divisar el río y la isla Santay, en aquel entonces el malecón no tenía rejas ni tantos visitantes como ahora, también podía ver a los cuida carros jugando naipes y bebiendo aguardiente y una que otra pareja dándose un buen destrampe sin ningún guardia que se los impida. Eran otros tiempos, era otro malecón, claro que me gusta más el actual pero se extraña las libertades de aquel.

El cielo vespertino iba oscureciéndose cada vez más y yo ya me estaba impacientando, la manager había pasado varias veces pero con otras personas, por lo que no había querido molestarla con lo de las entradas y la verdad ya me estaba haciendo a la idea de que saldría de allí con las manos vacías y si eso pasaba no me quedaría más remedio de asistir a clases en la U o la otra opción sería ir al coliseo y comprar mi entrada -y de seguro hubiese escogido esa opción- ya que había quedado con Delado en vernos ahí. Yo ya llevaba casi dos horas esperando, por lo que la próxima vez que vi a la señora me le acerqué y le pregunté directamente si iba a ser factible lo de al menos mi entrada, ya que estaba solo y que me urgía saber, porque si no era posible tendría que ir al coliseo a conseguir una entrada, ella me miró con ojos inquisidores y temí alguna mala respuesta, pero por unos cuántos segundos pensó mirando hacia otro lado y luego volviendo su mirada hacia mí, me dijo: “Mira disculpa que te he hecho esperar pero la persona de la que te hablé no creo que venga porque ya estamos casi sobre la hora para ir al coliseo y él tiene que estar allá”. Yo le respondí que lo entendía y que estaba bien, que no se preocupara, y ya comencé a hacerme la idea de ir a tomar el bus que pasaba enfrente del hotel que me llevaría directo al coliseo o en su defecto tendría que coger taxi para acortar el tiempo, me iba a despedir agradeciéndole por su atención cuando me dijo: “Por qué no hacemos una cosa? ya que eres tú solo ven con nosotros y así entras al coliseo sin necesidad de una entrada, el carro es amplio y como “fulanito” el de las entradas no viene tu puedes tomar su lugar”. Claro está, acepté inmediatamente, vaya vaya, de verme cogiendo bus enfrente del hotel, ahora me veía en el Cadillac DeVille aparcado afuera y que había visto llegar pocos minutos antes, le di las gracias a la dama, al tiempo que me decía que esté atento cuando bajase María Conchita para que me sume al grupo que iba en el auto y así fue.

Me quede esperando unos minutos más, ya el grupo de chicos se había reducido a unos pocos y yo atento a las escaleras esperando ver si era verdad lo que la televisión nos mostraba de esta mujer, al poco tiempo oí el sonido de tacones bajando las escaleras y unas chicas entusiasmadas gritando ahí viene María Conchita! y efectivamente ahí estaba acompañada de un pequeño séquito que hacían las veces de guardespaldas impidiendo que no se le acerquen tanto aquellos fans, ella lucía además de los tacones negros y altos un pantalón rojo ceñido al cuerpo y que cuerpo!, su cintura casi como una pequeña línea divisoria entre sus piernas torneadas y su busto que no era prominente pero si lo suficiente como para estar a tono con las líneas curvas que dibujaban su silueta que remataban en una hermosa cabellera castaño oscuro casi negro, me fui acercando y mientras ella accedía a tomarse un par de fotos con sus fans – sí, yo también lamento no haber tenido un celular como los de hoy en esos momentos – recorrí con la mirada su rostro y la verdad estaba tan bonita que me quedé hipnotizado por unos segundos, mientras la manager me llamaba para que me dirija al auto, así lo hice y me senté en la parte delantera, donde además iban el chofer y otra persona del staff en medio, atrás iban un músico (guitarrista) con aspecto rockero y melena rubia y que sólo hablaba inglés, así que supuse que era gringo, María Conchita en medio y la manager del otro lado justo atrás mío.

Cuando se cerró la última puerta fue como si alguien hubiese bajado el volumen al ruido de la ciudad, sólo se escuchaba el aire acondicionado saliendo por los ductos y por unos segundos nadie dijo nada, yo quería voltearme para verla nuevamente, pero el silencio no era mi cómplice, hasta que la manager empezó a hablar y luego se dio un diálogo entre María Conchita y el músico en inglés, algo sobre alguna canción que tocarían en el concierto y fue entonces que me voltee y volví a admirar su belleza y su voz sensual y femenina, la sentía tan cerca como que si me estuviese susurrando al oído, con mis ojos la acaricié y en ese trayecto del hotel al coliseo voltee dos veces más, la última vez me miró por un breve instante y supongo que sabiendo que era un “invitado” de su manager, esbozó una pequeña y corta sonrisa. Si, ahí estaba yo un rockero empedernido, extasiado por la belleza y magnetismo de esta diva latinoamericana de la que no era fan y ni escuchaba sus canciones, supongo que cualquiera de los chicos que estaban en el hotel esperando verla, tenían más derecho que yo de estar ahí, pero la vida a veces aparenta no ser justa y quizá fue el premio a ser paciente, porque cuando la espera me estaba aburriendo pude haberme ido pero me quedé y ahí estaba viajando en un Cadillac junto a María Conchita Alonso.

El auto entró por un túnel del coliseo, cuando se detuvo salí y observé que todos se dirigieron hacia una especie de camerino improvisado con espejos y luces y yo los seguí y nadie me lo impidió pues me habían visto bajar del auto, la cantante se tomó una foto con alguien y entró por una puerta a un privado, le agradecí a la manager y me despedí. Salí caminando por el túnel que conducía al escenario, el coliseo estaba parcialmente lleno pero más en la zona de la cancha y había una barrera que impedía estar muy cerca al escenario que a su vez estaba rodeado de cables y sobre él luces, parlantes y batería, técnicos y demás personal, yo me quedé justo a un costado del escenario esperando que dé inicio el concierto, después de algunos minutos de espera, salió ese vendaval de energía que era esa mujer, con un pantalón y chaqueta de cuero negro, siempre ajustados para resaltar su figura que ya me la sabía de memoria y con una peluca púrpura, los trajes los fue cambiando a lo largo de su recital. Además de unos tipos de personal técnico, yo era el único que estaba al pie del escenario, en otras palabras nuevamente era VIP. La tenía tan cerca que podía admirar toda su hermosa anatomía en detalle, mientras bailaba y brincaba por todo el escenario, no me pregunten de las canciones, pues no recuerdo que cantó pero si puedo dar fe de que tenía un vozarrón y sobre todo en los tonos altos era excelente y afinada seguro cantó las románticas con su característico histrionismo y aire seductor.

Y yo seguía embelesado con sus movimientos, cuando en medio de una pausa entre canción y canción, escucho que me llamaban desde el sector de la cancha donde se ubicaba el público, eran Delado y otro amigo llamado Leopoldo que me hacían señas para que vaya para allá, yo los miraba y volvía a mirar a María Conchita y así varias veces mientras ella movía su cuerpo cada vez más sensual como queriéndome decir “Tus amigos o yo”,  pero tenía muy claro que era sólo una fantasía de mí mente y terminé escogiendo a mis amigos, porque como dijo Ismael Miranda: “vale más cualquier amigo sea un borracho sea un perdido que la más linda mujer” y ella era linda, pero mis amigos no eran perdidos, ojo!, así que la miré por última vez como para grabar en mi mente cómo lucía ella en ese momento con sus veinte y tantos años y su silueta perfecta y ahí quedó guardada en mis recuerdos más recónditos hasta hace unos meses en que la volví a ver en un video de la época que me trajo a la memoria lo vivido aquel día y me reí de cómo ese muchacho veinteañero vivió esa experiencia, que hoy dada la paranoia que existe por la seguridad sería imposible de volver a repetir.

Sé que ahora María Conchita tiene un poco más de sesenta años y no luce como entonces y es normal, los años pasan factura al cuerpo físico, pero para mí ella se quedó tal como me la grabé en ese instante antes de ir con mis amigos, joven y bella!. Como amante del rock hubiese preferido que esa experiencia me suceda con alguno de mis ídolos de ese género musical talvez un Robert Plant o David Gilmour por ejemplo y si de mujeres se trata talvez con la hermanas Wilson del grupo Heart hay tantos para escoger, pero ese día, en ese Cadillac no estaba ninguno de ellos, estuvo María Conchita Alonso, no puedo decir que después de eso me hice fan de ella, pero cada vez que la escuchaba cantar alguna de sus canciones, la oía con atención, porque más allá de su belleza física era o es una gran cantante con una voz de un timbre único e inconfundible y cómo no, quedó el recuerdo de que alguna vez estuve tan cerca de ella que casi podía acariciarla.

Fotos: pinterest.cl; youtube.com;


ROBERTO DUNKLEY. Guayaco, artista visual y CEO de ATK REC. Rockero y Presidente del Consejo Supremo del Rock (Su.Co.Rock). Admirador del arte y la arquitectura bien ejecutados y lector ocasional de buena literatura. Barcelonista 100%.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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3 comments

  1. Quería historia tan bien narrada y tan auténtica. A medida que iba leyendo, me iba interesando más y más. Una vez más se confirma de que la vida nos da siempre sorpresas.

  2. Muy bien narrada la historia, casi podía vivirla. Felicitaciones querido amigo

  3. I haven’t checked in here for a while as I thought it was getting boring, but the last several posts are great quality so I guess I’ll add you back to my everyday bloglist. You deserve it my friend 🙂

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