EL LOCO DEL FÚTBOL

Hoy, domingo 15 de septiembre de 2019, fue un día muy triste para mí. Me despertaba recién, cuando al coger el celular para ver la hora, veía un mensaje de mi colega y amiga, Vanessa García, con quien fuimos compañeros en Revista Estadio en los primeros años de la década del 2000, quien me informaba de la muerte del futbolista ecuatoriano y símbolo eterno de Emelec, José Vicente Balseca. Debó confesar que la noticia me impactó, me dio mucho pesar y me humedecieron los ojos. Con “Don Pepe Viche” como lo llamaba y “Balcheca”, como le decía mi hija Lizzeth, me unía, me une, una gran amistad, porque las grandes amistades, no mueren con la muerte. Amistad de esas en que se comparten visitas en los hogares, almuerzos y cenas familiares, noches de bohemia, charlas infinitas y detalles de gran solidaridad.

La amistad nació justamente el día que lo entrevisté para un libro de Emelec que jamás se publicó, por desacuerdos con diferentes directivas y que quedó impreso en borrador sin ver la luz. Eran los primeros días de enero de 2000, cuando alejado del periodismo, por una decepción momentánea, me había ido con mi familia a vivir a Playas para poner un almacén que vendía madera, plywood y zinc. Una tarde a la salida de mi negocio, me iba a la playa a jugar como todas las tardes y allí estaba Balseca. Por diferencia de edad no lo conocía personamente, pero de inmediato escuché quien era y me le acerqué. Le dije: Señor Balseca, mi nombre es Aurelio Paredes, soy periodista y estoy escribiendo un libro de Emelec por encargo de la dirigencia. Me gustaría entrevistarlo. Me dijo encantando, pero con una sola condición. No me digas señor Balseca. Soy Balseca a secas. Desde allí le dije, José Vicente y luego Pepe Viche o por molestarlo Don Pepe Viche (no le gustaba el don), porque soy de los que cree que a los amigos no se los llama por el apellido. Al día siguiente él estaba en mi almacén para la entrevista. Hicimos liga de inmediato, empezamos a frecuentarnos, a reunirnos con la familia, conocí al amor de su vida, su esposa Doña Luz, una señora de brazos abiertos, muy cariñosa y solidaria,  tuvimos varias cangrejadas, porque a él le encantaba el cangrejo, en que no faltó la bohemia, porque él era pariente de Miriam Constante, una gran artista nacional quien nos deleitaba con sus pasillos y “Pepe Viche”, también cantaba y lo hacía muy bien. Cuando veníamos a Guayaquil íbamos al Capwel a a ver a Emelec y a comer al Piave, su restaurante favorito, en el que vendían su plato preferido, escabeche de pescado.

Para que sepan y entiendan la calidad humana de “Pepe Viche”, les voy a contar una anécdota muy pero muy personal, pero creo que la ocasión lo amerita. Me iba muy bien en el almacén, la estaba rompiendo como dicen en el fútbol, cuando en abril estalló lo del feriado bancario y mi dinero quedó congelado. Como muchos ecuatorianos, teniendo dinero, no teníamos ni para comer. La plata congelada no sirve. Pues ¿qué creen? Durante casi un mes, hasta que se pudo hacer maniobras para tener circulante, Pepe Viche y Doña Luz, nos llevaban religiosamente a la casa, desayuno, almuerzo y merienda, además de darle golosinas a Lizzy y darnos cosas para llenar la refri. Cómo no agradecer y recordarlo. Luego volví a Guayaquil, volví al periodismo, él estaba en Estados Unidos donde vivió 53 años, pero cada vez que venía de vacaciones, nos veíamos. La última fue hace dos años. Adiós “Pepe Viche”. Te vas luego de vivir 86 años bien vividos. Buen viaje, ídolo deportivo y gran amigo. Descansa en paz.

A continuación, la nota escrita en el 2000 para el libro que nunca salió.

Le dicen “El Loco” y en el mundo del fútbol lo es. Su vida en la cancha fue una bella y apasionante locura, de aquellas que se bañan de fantasía, provocan alegría, entran en la leyenda y se tornan eternas e inolvidables. Con su dribbling endemoniado y su cintura mágica era capaz de enloquecer y desterrar a un manicomio a cuanto marcador se atreviera enfrentarlo y que casi nunca lograba detenerlo. Con su fútbol rápido, habilidoso y de ensueño, podía enloquecer al más cuerdo y centrado de los hinchas que terminaban delirando y aplaudiendo sus proezas que le valieron a Emelec, títulos, goles y centenares de asistencias.

José Vicente Balseca Bahamonde, miembro del legendario “Ballet Azul” y uno de los “Cinco Reyes Magos”, fue la alegría del pueblo al que envolvió en la más hermosas de las locuras: la del fútbol arte y espectáculo. Su nombre es palabra mayor en la historia del fútbol ecuatoriano y de Emelec. Basta decir que es el mejor puntero derecho nacional de todos los tiempos y que treinta y cinco años después de su retiro, no hay otro que lo haga olvidar, para entender su grandeza.

Su nombre ganó de largo como el mejor en su puesto, en la encuesta para integrar el equipo ideal de todos los tiempos y los elogios fueron inagotables, como lo fueron sus momentos en el equipo en el que fue figura y campeón en ocho oportunidades (cinco veces campeón de Guayaquil 1956, 1957, 1962, 1964 y 1966) y tres veces nacional (1957, 1961 y 1965), 292 partidos jugados (222 oficiales y 70 amistosos), 77 Goles (69 en los torneos provinciales, siete en campeonatos nacionales y uno en Copa Libertadores). Y una eterna fidelidad al club (no tuvo otro profesionalmente)  al que le dio quince años de su vida. Decir Balseca es decir leyenda y decir leyenda es decirlo todo. Y en la cancha “El Loco”, lo dijo todo.

Ya pasaba la barrera de los sesenta años cuando lo conocí y su imagen (su look) y su comportamiento, mostraban que ese “Loco” del que me hablaron los hinchas, periodistas y futbolistas de antaño, seguía latente. Cuando vi personalmente a José Vicente Balseca, el mejor puntero derecho emelecista de la historia, pude imaginar fácilmente que las descripciones de hombre dicharachero, alero endemoniado, de cintura mágica, velocidad de rayo, picardía de genio y calidad de predestinado, no era una exageración. Lo que no me habían dicho, era que, el “Loco”, además era una biblioteca andante que recordaba con exactitud, con fecha y detalle, su andar por el fútbol. Realmente impresionante

Vestía camiseta sin mangas, con abertura hasta la cintura, pantalón corto, estampado de varios colores, zapatillas, portaba  una cadena gruesa que le llegaba al pecho, gafas grandes  y tenía el pelo rojizo. Él con voz ronca y en tono elevado, me dijo: “Que alegría hablar de fútbol, cuantos recuerdos vienen a mi mente. Aquí estoy para lo que quiera. A Emelec lo llevó en mi corazón. Nací y moriré emelecista”. El encuentro se dio en el pequeño y apacible pueblo costero de General Villamil Playas, con su aire yodado, su  mar y su sol candente, en donde Balseca, vacaciona cuando llega de Estados Unidos donde reside hace más de 34 años.

“Pepe Viche”, como lo llaman algunos compañeros, nació en Guayaquil, el 19 de agosto de 1933 y creció en un barrio popular, donde los niños matan el día jugando pelota y donde sueñan con llegar a ser estrellas del fútbol. “Me inicié de pelado en el barrio de Las Cinco Esquinas en Benalcázar y Noguchi que dio origen al nombre del primer equipo de mi vida el Benal Nog, en el que jugué cuando tenía diez años. Yo pertenezco a la época del indor callejero y la pelota de trapo, tiempos en el que no había dinero para comprar una bola (balón) y los que queríamos jugar debíamos fabricarnos una con medias rellenas de trapos viejos. Ahí jugábamos hasta que caiga la noche. De mi zona salieron algunos futbolistas famosos”.

Eran los días, cuando Balseca, estudiaba en el tercer grado de la escuela Adolfo Fassio y en el que su fantasía de niño soñador, recibió el más duro golpe que da la vida y envuelve al ser humano de dolor y soledad. Días en que perdió a su madre, doña Victoria y quedó en la orfandad. A partir de allí, su padre José Balseca Baldeón, fue su amigo, su guía, su apoyo y su primer hincha. “Yo me dediqué por entero al fútbol, al punto que abandoné los estudios, cuando estaba en el colegio de la Asociación de Empleados. Con el Benal Nog del dirigente Adolfo Guillén, participé en varios campeonatos de aficionados y nos pasábamos el día hacienda giras futbolísticas barriales. Íbamos a jugar al Mercado Sur, a la Boca Del Pozo en el cerro Santa Ana, a Luis Urdaneta y Boyacá, donde enfrentábamos a un equipo que era sensación de la época, el Millonarios, en el que jugaban Raúl Pío De la Torre, Daniel Pinto y Roberto Leyton que con el paso de los años fueron grandes jugadores del fútbol nacional. Cuando tenía 13 años y vivía en el barrio de Manabí y Pedro Moncayo, Marco Luzuriaga, me habló para que jugara en el Huracán con el que jugué el campeonato juvenil con el que llegamos  ser campeones, luego de ganar en la final al Chacarita 8-3 con cinco goles míos y tres de Arístides Castro, que luego se hizo un famoso periodistas al que cariñosamente se lo llamaba el Gordo Arcas por las siglas de su nombre”.

Eran la sensación del Huracán junto a Arístides Castro, jugando en la cancha del viejo estadio Guayaquil (hoy Ramón Unamuno), cuando los vieron los cracks Daniel Pinto y Felipe Leyton, quienes los llevaron al Millonarios de la Liga Salem, en el que formó delantera con Pinto, De La Torre, Leyton y Sandoval. A los 14 años, el destino siempre ligado al fútbol lo puso en el camino del profesionalismo y el progreso. “En esa época, la gente del barrio de Piedrahita y Boyacá, donde jugaban Roberto Leyton, Héctor Sandoval y Jorge Izaguirre, me llevaron al Juvenil Spar que jugaba en la Liga Guayaquil Independiente en el Reed Park. En esa época yo era foward y fui seleccionado de la Liga que escogía a los mejores jugadores de todos los equipos. Cuando ya tenía 17 años, una vez en un partido hice dos goles. Ese día, estaban en la cancha viendo el juego, el técnico de Emelec, Gregorio Esperón y el dirigente Emilio Baquerizo que me pidieron que vaya a entrenar al equipo. Fui al día siguiente y poco después el directivo me compraba, pagándole al Huracán 1.000 sucres al señor Calle por mi pase”.

Arístides Castro, su compañero de equipo amateur, afamado periodista radial y de prensa, uno de los mejores comunicadores de todos los tiempos del periodismo ecuatoriano, auto bautizado como “El Loco del Cuarto Trece”, contaba en vida una singular anécdota que decía que: “Emelec, pagó 100 sucres por el pase de ambos. 99 sucres por Balseca y uno por mí”, anécdota que siempre recordamos con su hijo Juan, con quien me une una gran amistad y jugamos desde la época colegial.

El sueño de Balseca de ser futbolista profesional empezó a tener visos de realidad, a sus 17 años de edad, un domingo 14 de enero de 1951, cuando el técnico Gregorio Esperón, le dio su oportunidad en el equipo de Primera en un amistoso interprovincial jugado en Guayaquil ante Aucas de Quito. “Ya había entrenado con Emelec tres veces y un día, jugando un partido de segunda ante Barcelona al que le hice dos goles, Esperón me vio y me citó para que vaya al Capwell a  ver jugar al primer equipo en un amistoso con Aucas. Yo ni me imaginaba que me iba a alinear. Estaba en la tribuna viendo el preliminar, cuando el técnico me dice: Pibe, baje al camerino y pida su uniforme al Ñato Del Castillo. Ya uniformado me mandaron a la banca. Ese día no lo olvido nunca. Cuando Emelec ganaba 3-0 con dos goles de Atilio Tettamanti y uno de Júpiter Miranda y faltaban 17 minutos para que termine el juego, ingresé al cambio, vistiendo la camiseta número 16,  en remplazo de  Tettamanti. Jugué de foward. Fueron los 17 minutos más largos de mi vida, porque después de eso, me quedé en el fútbol por siempre”

Después de esa, su primera aparición en él profesionalismo, Balseca debió esperar algún tiempo para volver a la cancha en el equipo de primera, mientras tanto  jugaba en juveniles, reservas y Segunda. Esperó mucho tiempo, en verdad, exactamente nueve meses. Coincidencialmente, fue ante el equipo contra el que debutó meses antes, Aucas, esta vez en Quito, en el estadio “El Arbolito” del Parque El Ejido en otro amistoso, que esta vez ganaron los locales por 4-2 con goles de Zurita (2), Villacís y Cueva y Larraz por los visitantes. Ese día ya fue titular, jugando como interior izquierdo en la delantera formada por Otto Legarda, Carol Farah, Orlando Larraz, Balseca y Oscar Curcumelli. “Fue mi primer partido como profesional fuera de Guayaquil. Viajar con el equipo de mayores, compartir concentración, alinear de titular, fue algo maravilloso. No lo olvido nunca”.

Luego de ese partido, ya no le tocaría esperar más para volver a saltar al campo de juego, pues una semana después, lo haría de manera oficial, en su primer partido de campeonato profesional.  Fue un sábado 27 de octubre en la cancha del estadio Capwell, ante el Río Guayas, por la décimo segunda fecha, (quinta de la rueda de revanchas) del Campeonato de Guayaquil de la Asociación de Fútbol del Guayas, que terminó empatado 1-1 goles de Orlando Larraz para Emelec y Juan De Leva para los ribereños. El “Loco”, que saltó de titular como interior izquierdo, fue el único ecuatoriano de la delantera formada por los argentinos Orlando y Mariano Larraz, Luis Masarotto, él y Oscar Curcumelli. “Fue mi debut. Lo hice bien. Estaba emocionado. La noche anterior no pude dormir pensando en que tendría que jugar junto a esos monstruos del fútbol.  Después de eso fui titular casi siempre. Después de ese partido, jugué tres amistosos en el Capwell ante equipos argentinos, en lo que fueron mis primeros partidos internacionales. En el primero, empatamos 3-3 ante Boca Juniors, ahí entré al cambio por Daniel Pinto que jugó de refuerzo. Los otros dos fueron ante Newells Olds Boys, en el primero, que fui titular, ganamos 1-0 en la revancha perdimos 3-1, ahí fui titular, luego entró por mí, Padrón que era refuerzo de Río Guayas y luego volví a entrar por él. Antes en los amistosos podías salir y volver a entrar. Era un sueño enfrentar a monstruos del fútbol mundial, como eran los argentinos en ese tiempo”.

“Al principio jugaba en cualquier puesto de la delantera, cuando debuté lo hice en el centro del ataque, después fui interior izquierdo, luego derecho, hasta que me adueñé de la punta derecha, de la que no salí más y en la que tuve mis mejores momentos. Me hice puntero por pedido de Esperón que me decía: sin en el centro donde hay poco espacio, hacés diabluras, imagínate lo que puedes hacer en la punta donde tienes espacio de sobra. Yo aprendí ese puesto, viendo jugar al “Curca” Padrón, que era jugador del Río Guayas y que jugaba de fantasía. En la raya, yo enloquecía a los marcadores, me los llevaba, me los volvía a llevar y a veces ya cerca del arco me regresaba con el balón, a buscarlos para volvérmelos a llevar”.

El “Loco”, es un hombre de anécdotas únicas que revelan su pasión por el fútbol. “Una tarde llegué a jugar dos partidos seguidos. Fue en Ambato en una fiesta de las flores y las frutas. Yo había jugado el preliminar reforzando al América de Ambato, estando en la tribuna los dirigentes de Macará fueron a pedirme que los refuerce en el partido ante Liga de Quito. Como yo tenía cierta rivalidad ante ese equipo, acepté jugar. Lo tuve loco a mi marcador y con gol mío, ganó Macará”.

Pero Balseca, no solo dejó recuerdos por sus ocurrencias en la cancha, sino también fuera de ellas, para muestra basta un botón. “En Guayaquil había un enano muy popular que se llamaba Atocha y al que le gustaba andar conmigo. Yo lo montaba en la bicicleta y lo llevaba a los entrenamientos y lo cargaba paseando. Un día nos tomamos unas cervezas y al pasar por un circo, el dueño me preguntó si no lo vendía, yo de nota le dije que sí y hablamos a solas. Me quería pagar hasta 200 sucres por Atocha. Él decía que además le daba casa, comida y sueldo y que lo iba a llevar a recorrer el mundo. Yo cerré el negocio y me acerqué al enano para hablar con él, pero resulta que había estado oyendo toda la conversación y se me bajó de la bicicleta al vuelo. Yo lo seguía y a él, le faltaron piernas para correr. Ya después no quería andar conmigo”.

Y de esas historias tenía más, tenías muchas más, porque el «Loco», era la ocurrencia misma, un ser de una chispa innata que lo hacía sumamente ocurrido, como aquella vez que le dijo al legendario kinesiólogo de Emelec, César el «Ñato» Del Castillo que «nunca serviría para bandido porque el pañuelo se le cae de la nariz «, en alusión a la ñata de Don César. Y de esa hay muchas.

Después de su primer título nacional con Emelec en 1957, a la sazón, el primer campeón de la historia del fútbol ecuatoriano, Balseca sacó otra de sus anécdotas. “En un partido contra Aucas, había un zaguero, Góngora que me boquilló y me decía: Mono, tus locuras se las haces a otro no a mí, por aquí no pasas, te parto las piernas, al tiempo que me daba una caricia (patada) de confianza. Eso me picó y le dije: Ya vas a ver serrano, te vas a arrepentir toda tu vida, te voy a bailar. Y que baile que le di. Lo tuve loco. Me le iba por derecha y le regresaba por la izquierda. Ya me lo había sacado, lo había dejado atrás y me regresaba con la pelota a buscarlo. Cógeme si puedes le decía y el paisano no la veía. Le hice la fiesta. Ganamos y los goles fueron por mi lado”.

Balseca, contó que su clase fue reconocida en el extranjero y que algunas veces pudo emigrar, pero la directiva azul no se lo permitió. “no hay quien lo remplace, me decían. Una vez el Pipo Rossi me quiso llevar a Colombia y los dirigentes no me dejaron. En 1958 me quiso el Racing de Argentina para remplazar a Corbatta, pero aquella vez una fractura de tobillo, impidió el traspaso; otra vez en 1962, conseguí que los dirigentes acepten que me vaya al La Salle de Venezuela, que pagaba cinco mil dólares por el contrato y en donde me esperaba Mariano Larraz que estaba de técnico. Cuando me aprestaba a tomar el avión, llegó el técnico de ese entonces, Fernando Patternoster para pedirme que no me vaya y me convenció. Igual sucedió cuando Brandao me quiso llevar al Universitario de Lima. Hasta Pelé me hablaba para ir a jugar afuera. Cuando le conté lo que ganaba en Emelec, me dijo que estaba perdiendo dinero, que yo podía jugar en cualquier parte del mundo y que fuera millonario”.

Balseca, a pesar de ello, fue feliz sobre el césped de una cancha en la que derramó clase a raudales. En los inicios de 1960, entre 1962 y parte de 1963, para ser exactos, confirmó su nombre de leyenda al integrar ese ataque famosísimo de Emelec, conocido como el de Los Cinco Reyes Magos junto a Jorge Bolaños, Carlos Raffo, Enrique Raymondi y Roberto Ortega.

Su clase llegó a la Selección Nacional, con la que jugó cinco Campeonatos Sudamericanos: 1953, 1955, 1957, 1959 y 1963 y una eliminatoria mundialista: la de 1960, previo al Mundial Chile 1962. Lo que registra un total de 28 partidos con la camiseta amarilla y franja transversal azul. Su primer partido fue un 18 de enero de 1953, en un amistoso en el Capwell ante Racing de Avellaneda, Argentina que los goleó 9-3. Ese día hizo delantera como puntero derecho junto a Arteaga (Rodríguez), Pinto (Marañón), Chuchuca (Leyton)  y De la Torre. “Mi primera Selección fue en 1953, cuando tenía 20 años y recién había jugado dos temporadas en el profesionalismo. Recuerdo que el equipo que se preparaba para el sudamericano, estaba concentrado en Playas y salió en el periódico la noticia de que me una al grupo. Yo no tenía mayor chance para jugar, pero se lesionó el Mocho Rodríguez y tuve mi oportunidad. En el primer partido ante Perú no jugué, pero en el segundo ante Uruguay, el técnico Gregorio esperón, me alineó de entrada. Cuando me dijo que iba a jugar me puse algo nervioso, pero luego me pidió que esté tranquilo. Usted juegue lo que sabe, me dijo. Hice ala derecha con Pinto y nos fue bien. Ese día empatamos 0-0. Los paraguayos luego fueron los campeones del evento”.

“El fútbol de mi época jamás hizo millonario a alguien, al menos en el ámbito nacional. Nosotros solo ganábamos de junio a diciembre, en que había campeonato, el resto de los meses teníamos que andar haciendo partidos en los pueblos con el equipo de la agremiación y andar reforzando a cuanto equipo serrano nos solicite. Los sueldos tampoco eran buenos, entre 1.000 y 2.00 sucres. Yo tenía la suerte de hacerme un dinero extra porque me lo regalaban los millonarios y los directivos de la época. Los lunes era invitado a las oficinas de los dirigentes Antonio Briz, Enrique Ponce y Ernesto Falconí y del empresario Luis Noboa Naranjo, los bananeros de la época y un señor conocido como el gringo Lupa, quienes me daban, 300, 500 sucres como premio, por mi actuación del día anterior. Suena increíble, pero es verdad.”

Balseca cerró su carrera con Emelec en 1966, cuando emprendió el sueño americano. “El 66 me fui a Miami con un equipo de la Agremiación de Futbolistas y no regresé más. Después arreglé con los Toros de Miami. Luego hice una carrera semiprofesional con el equipo de unos europeos, Elene Falcon, que me pagaba 100 dólares por partido, que era más de lo que hacía en Emelec por un año. El dirigente de ese club me dio trabajo en una factoría, luego me sacaron la residencia y traje a mi familia. Aquí cambió mi vida, hice carrera, eduqué a mis hijos, hoy los cuatro son profesionales”

Luego se estableció en Nueva York, allá el “Loco”, a veces se viste de corto en las ligas hispanas del parque Flushing. Allá tiene negocios particulares y suele regresar a fin de año a visitar a sus familiares.

Con su locura futbolística, llegó a escribir páginas de gloria que vivirán eternamente en el firmamento futbolístico azul.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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7 comments

  1. Juan Carlos Mestanza

    Muy buena nota. Descansa en paz Pepe Viche

  2. Saludos Aurelio
    Te comento que con Pepe Viche nos une una amistad de al rededor 50 años,acá en New York,el vivia cerca de un barrio muy conocido en N Y llamado Delancy y peloteábamos en un parque que estaba cerca de ese barrio
    Tu lo describes tal como es,nos entristece su partida,pero al mismo tiempo,esta el consuelo de que ya no estará sufriendo por lo de su enfermedad QUE DESCANSE EN PAZ Y DE DIOS GOCE

  3. Dino. que gusto leerte, querido amigo. Sí sabía de tu gran amistad con Pepe Viche, el me contó algunas veces de esas gran amistad. Que bueno saber que lo describí bien y capté su esencia, Él era un gran ser humano. Sí. Eses es el consuelo. Y descanas y descansa en paz, gozando de Dios, como gozan los buenos. Un abrazo, Dino.

  4. Gracias, Juan Carlos. Así es. Descansa en paz, Pepe Viche.

  5. Alex velarde Salcedo

    Es un libro DE ORO la historia de un gran jugador lleno de fantasía futbolística capáz de desaparecer la pelota de sus pies quien era este MAGO ? JOSE VICENTE BALSECA
    Este maravilloso libro relata fielmente la vida,sus inicios y bohemia de este gran jugador de futbol PEPE VICHE LOCO BALSECA EL MEJOR

  6. Gracias por seguir, Alex. Sí, José Vicente Balseca, es una leyenda. Un jugador de fábula. Un crack y un gran ser humano. Inigualable.

  7. Víctor Fausto León Mantuano

    Lo vi jugar en el Capwel, desde los años 57, y esos duelos con Luciano Macías,
    gran jugador, descanse en paz, amén.

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