YO SOY EL POLVO MÁS CARO

Cristal es una mujer de carácter alegre, dinámica y anfitriona en todo lugar, siempre mostrando su mejor lado y su sonrisa que la caracteriza, poco usual para las mujeres de la serranía ecuatoriana. En su mayoría las mujeres son escogedoras, complicadas y hasta un tanto interesadas. La solían confundir como costeña por su dinamismo y manera de ser, pero sus raíces son de sierra, una mujer de la sierra, criada con las tradiciones de una ciudad un tanto mojigata, solapada y curuchupa. Cristal siempre se destacaba en cualquier lugar, amiguera e incondicional. Por la travesía de su vida ella tiene carácter fuerte y es decidida. Frecuentaba un bar de Quito que era muy de su estilo, música para cantar al estilo karaoke pero en tarima, compartiendo con la gente, música en vivo: «El Puñal».

En aquel entonces, Cristal, solía ir religiosamente jueves y viernes de todas las semanas, disfrutaba de una michelada con doble tabasco o un cuba libre con doble limón, era como lo pedía siempre al bartender, no le gustaba pasarse de trago, pero disfrutaba del olor y sabor de un marlboro blanco, siempre lady con toque coqueta. De tez trigueña con cabello negro y ojos grandes con su sonrisa siempre marcada en el rostro de muñeca Barbie y con curvas bien definidas, su contextura gruesa de pechos grandes. Quién diría que ahí, cada jueves y viernes encontraría a un joven apuesto que la deslumbraría con su mirada. Ellos dos, sin conocerse directamente, sin jamás tener contacto, sabían en su interior, que algún día, en una noche loca, tendrían una cita  “Ese era, sin planearlo y sin acuerdo previo, lugar de encuentro dónde los dos, no pasábamos de una mirada profunda con un toque de coquetería, por increíble que parezca, así pasó casi dos años. En cada noche de encuentro, solo había miradas y miradas. Siempre todo tan discreto sin que nadie se percatara nosotros nos conformábamos con vernos  y sonrojarnos. Rarazo”

Una noche vísperas de San Valentín cupido sorprendió a Cristal. Un 11 de febrero 2011 salió con una amiga con la ilusión que conocerían a alguien. Ella decía «éste viernes debe ser noche de solteros o despechados». Estaba en otro bar un poco más movido siempre sentada en la barra y sin mucho presupuesto, pasó toda la noche con una cerveza club verde. Fue aquella noche, mucha tertulia, risas y coqueteo, había un muchacho que la sonrió toda la noche pero nuevamente de miradas no pasó. “Cuando las cosas tienen que pasar, pasan, como que estuvieran escritas y destinadas a lo impensado. Si cachas que ya casi a la media noche, yo ya me retiraba del bar, cuando fui empujada por un borracho patán, yo enfadada le empujé al tipo y le dije molestasa: «ten cuidado, somos mujeres». Él, un patán, me respondió vales verga, puedes creer. Turrazo. Enfurecida me retiraba del bar y como un ángel caído del cielo, un amigo de aquel borracho, se me acerca y me pide disculpas y se presenta con nombre y apellido y dice: Me disculpo, por favor mi amigo está pasado de tragos, cuando miró, yo no lo podía creer,  era el chico guapo del «Puñal». En ese momento sentí que cupido movió sus flechas, me dejó inmóvil, no podía creer que él, al fin escucharía su voz, fingí sentirse incómoda y él me tomó de brazo y me  dijo: permíteme presentarme soy «Andrés Córdova», me dio la mano y al sentir su presencia y educación me deslumbró, tenía el corazón a mil. Él me dijo, como puedo remediar el mal comportamiento de mi amigo, de antemano me disculpo en nombre de él, está pasado de tragos, está bien mamado, discúlpalo”.

Ella amagó con irse. No te vayas le dijo insistente, ¿qué te puedo brindar?, ¿qué estas tomando? Ella contestó: «una cerveza está bien gracias, le preguntó si tenía un cigarrillo y él le dijo, no fumo pero te los compro. Él tenía ya su cuenta cerrada y estaba también de salida, decidimos quedarnos y abrió otra tarjeta de consumo y me compró una cajetilla de Marlboro blanco. Luego llegó su grupo de amigos y brindó tragos a todos, él estaba muy contento, yo me sentía muy cómoda también con él. Bailamos hasta que cerraban las puertas del bar, fuimos los últimos en salir y pactamos  continuar el after party en su departamento. Fue una madrugada increíble, la pasamos muy bien sin tener contacto de intimidad. Amaneció y  yo debía correr a la universidad pues entraba a clases a las 7:00 de la mañana. Él tuvo un detallazo que me enamoró. Me esperó que reciba mis clases y me insistió que se salga de ellas,  entre risas y coquetería nos quedamos conversando hasta las 11 de la mañana, hablamos tanto que incluso nos planteamos la posibilidad de tener una relación formal. Era increíble, mágico. No sabes, se respiraba mucha química y empatía, ¿sí cachas?”.

Hasta ese momento y desde la noche anterior, Cristal no había llegado a su casa, a la que fue con toda la alegría, no le importaba la repelada que le esperaba, finalmente ella siempre decía «prefiero pedir perdón que pedir permiso». Llegó, se bañó y salió por las mismas a una parrillada de su grupo de amigos, ubicada en un valle lejano. Ahí había disfrutado de compartir entre amigos, risotadas y aventuras. Siempre anfitriona Cristal amante de la cocina era la que hacía los eventos inolvidables, mientras celebraba con sus amigos. “Estando allí, el Andrés me  llamó insistentemente todo el día. Me  invitó al cine y la verdad que yo sí quería, pero estaba en un momento único con mi grupo de amigos. A eso de las cuatro de la tarde, quede con él  en ir al cine, pero la reunión estaba tan amena que me quedé. Él no me dejo de llamar e insistir. Que bestia para llamar. Muy tenaz. Tanta fue la insistencia que finalmente acepté verlo más tarde. Total es que llegue a mi casa a las ocho de la noche, me preparé un baño especial, prendí una vela con olor a vainilla y mientras me duchaba, pensaba que quizá esa noche por primera vez, podría amanecer con el Andrés. Estaba derretida y emocionada imaginando a ese chico tan bello y caballero con quien durante dos años solo compartíamos miradas. Hidraté mi cuerpo con una crema delicada, me puse la lencería más bella y rocié un perfume inspirador, el Volupté de Oscar de la Renta. Y salí regia, vestida de negro, seductora total, maquillé lindo mis ojazos y con el cabello suelto, salí  de mi casa diciendo a mi  mamá que quizá esa noche no llegaría porque me quedaría en la casa de la Elena”.

Y como el reloj de la vida tiene sus horas marcadas y detiene sus manecillas en la hora justa, cuando los astros se alinean para que la luna enloquezca a las personas con su manto de misterio y misticismo, llegó el momento del encuentro de Cristal y  Andrés. “Él  tenía una cara de chuchaquí única. Tenaz. Y cuando le saludé, me embriagó ese olor, que no era de perfume, era el olor a limpio de su piel. Los planes cambiaron. Él estaba con su jorga de amigos y yo había llevado a mi amiga Elena que también coqueteó con su amigo Panchito. Salimos en  pareja y se fueron a ver a otro de sus amigos, que era un chico mucho más guapo, entendido del arte culinario que se presentó como Principito, y en verdad era un principito, alhaja el guambra, con una mirada cautivadora me miraba, pero yo estaba deslumbrada por el Andrés y no tenía ojos para nadie. Si ese día se me aparecía el Richard Gere, yo le mandaba zumbando. Así que ni tuve intención en mirar a ese joven apuesto. La noche era corta para nosotros, fuimos a casa del primo del Andrés y organizaron una despedida a una de las más lindas actrices ecuatorianas que viajaba a Argentina a reforzar su arte. Ella tan amable, se conectó de inmediato conmigo,  nos hicimos amigas de una. En la fiesta, pasamos un momento agradable, de mucha risa y fiesta. Carlota, la actriz había cruzado correos conmigo y quedamos en seguir la amistad, incluso yo quedé en viajar en un futuro no muy lejano. Total ya tenía una amiga y donde llegar. Fue una despedida muy chévere. El Andrés se dio cuenta, que desde su primo hasta sus  amigos me miraban con una mirada de deseo y antes que uno de los galanes del grupo me conquistara, el me propuso que nos  retiremos y vayamos a su departamento”.

Cristal sin pensar dos veces o hacerse la rogada como la clásica quiteña le dijo: “Sí…vamos”, Andrés volvió a preguntarle si era enserio o broma, no podía creer que le resulte tan simple e insistió a Cristal si decía enserio. “El jamás se imaginó que le iba a decir que sí y la verdad, yo que siempre fui dura, y seriaza, no hubiera creído jamás que iba a ceder. Pero no sé, parecía embrujo, fue algo tenaz, como que ya estaba marcado, de esas cosas que no imaginas que pasaran y pasan. Así que con toda la coquetería, le dije: “es enserio vamos”.

«Salimos del lugar sin despedirnos, amagando que el resto no nos vea, pero el principito si nos vio y al salir al ascensor, se nos acercó y nos  dijo «cuidaránse” literal, tal cual.  Fue evidente, ya que nos fuimos pronto. El Andrés paró en una licorería, compró agua, cigarrillos, chicles y dos Red Bull. Llegamos felices. Entre besos y caricias habíamos cruzado  la ciudad en su auto. Él todo un galán me abrió la puerta de su carro, yo bajé y fuera del carro, verás, me beso con mucha pasión. Entramos bien calientes a su departamento, fuimos a su habitación y ahí el Andrés preparo el escenario, prendió velas,  puso  música romántica en inglés y me sorprendió. Yo seguía encantada, y ya pues, se dio todo el momento para un espacio íntimo, yo raro en mí,  muy desinhibida, él muy acalorado. Yo  frené el momento y le pedí que se protegiera.  Él me  dijo que no tenía nada y me cuestionó si no usaba un método anticonceptivo, yo le dije que no usaba nada, porque en verdad yo no andaba en estas, que me iba a cuidar si ni novio tenía. Pero yo estaba con tal encanto que me costó mucho ser yo quién le provea del preservativo, que sabes, más muda, si tenía, porque días antes, en la universidad, un amigo que era de un programa de salud, nos había regalado a los compañeros por montones y yo los dejé allí, pero jamás pensé que los usaría, pero allí estaban. Así que yo cargaba eso en mi bolso, pero me ganó la vergüenza pensando en que diría el Andrés, en serio, que muda, yo no quise mostrarle porque me llené de prejuicios y me dije si saco, va a pensar que soy perra y seguí el juego. Total que pensaría alguien si apenas era la segunda vez que nos veíamos en la vida, era nuestra primera salida y nuestro segundo encuentro, para andar en estas. Y te juro. Yo no era así. Pero sabes, más muda yo, yo en el fondo quería que esto no quede en un simple revolcón. Yo había pensado en la conversación que tuvimos de poder tener una relación estable. Él me propuso que me tome la famosa pastillita del día después. Yo dije que sí sin problema. Fue un encuentro muy decente, disfrutamos de ese encanto que teníamos los dos. Fue mágico, que yo con toda mi característica de complaciente hasta le ofrecí darle un masaje y lo hice con toda la pasión. Tan bonito fue, que él me pidió que nunca más en la vida le dé un masaje así a un hombre, que me pide para él toda la exclusividad. Y sabes, te juro, nunca más he vuelto a dar un masaje, que ni se cómo me salió si nunca antes había dado uno. Total dormimos abrazados y en medio de una pasión descansamos juntos”

Como en los cuentos de hadas, la magia terminó. La noche mágica con su manto de oscuridad cómplice, desapareció y llegaba la luz, con otra historia. Así, amaneció. Eran las ocho de la mañana, Cristal se levantó y quería ya salir de su departamento, despertó a Andrés y salieron a dejarla a casa de Elena. En el camino entre música y risas Cristal pidió un cigarrillo a Andrés. La escena siguiente. Lo que pasó después, toma un giro inesperado, que ni al más grande de los libretistas de telenovela se le podría ocurrir. Si esta historia real, de por sí, ya le parece fantasiosa, lo que viene es para no creer. “Verás, esto que viene es tenaz, no lo puedo creer. En serio es durazo, durazo. Increíble. Inaudito. Cuando le pido el cigarrillo, él tan contento me dijo: «claro nena coge del bolsillo de la chompa»  y yo cuando meto la mano al bolsillo, ¿Qué crees? en esa chompa roja encuentro una caja de preservativos, el muy hijueputa, había tenido”.

Yo enseguida le interrumpo y le digo con mi clásico desparpajo. “No seas care tuco, Cristal, tú también tenías y no sacaste, te diste a digna y el a hijueputa: empates. No jodas, chucha.”… Pero bueno, la historia debe seguir y sigue. Luego de que ella encuentra los preservativos que pudieron ser el fin de la saga, ella sorprendida le dice. «No que no tenías con que cuidarte» y él tan frescaso, con tal descaro me dijo, no quise usar. Yo quedé en shock y con ironía le contesté (y porfa ponle en mayúsculas, aunque no lo diga la gramática): NO TE QUEJES SI EN 9 MESES NACEN LOS MELLIZOS CÓRDOVA. Jaja se reía. No, eso ni en broma digas. Debes tomar la pastilla. El me dejó en casa de Elena y tuvimos una despedida muy especial. El me propuso que eso no quede ahí, que quiere que sigamos juntos y así fue. Todo el día nos llenamos de mensajes tiernos. Y estaba feliz, en las nubes, hechizada, enamorada total”

Pero toda historia, tiene un regreso a casa y Cristal tenía que volver a la suya, cual princesa, después de las doce de la  noche y tras perder el zapatilla encantada. ¡Perder!… Ella ya había perdido mucho más que la zapatilla, lo cual no le importaba porque ya había encontrado al príncipe encantado. Entonces Cristal pidió a Elena que la acompañe, para amortiguar “el golpe”, o al menos retrasarlo hasta que ella se vaya, pues estaba segura de que tendría un mal momento con su mamá. Total ella pasó todo el fin de semana fuera de casa. La presencia de la amiga, no sirvió de nada. Igual y delante de ella, el desenlace esperado se dio. “En efecto. Mamá estaba hecha una furia. Nunca antes le había visto así, bueno, nunca antes había hecho una de esas. Bravísima e indignada, me dijo que más bien tome mis trapos y me vaya, que su casa no es hotel y bla bla.bla. La clásica cuando se hace lo que le da la gana a una. Yo le dije que me deje disfrutar, que soy joven, que no tengo esposo e hijos y cuando eso suceda yo seré muy responsable y además, chulla vida hay que gozarla!! Peor, verás”

La historia de madre e hija, de hija y madre, siempre se soluciona y tras la tempestad, viene la calma. Aunque del castigo no se salvó. Tras ese capítulo de esta trama, luego de los comerciales, llega otro. Cristal comenzó en su búsqueda de la famosa pastilla. “Y fue terrible en ningún lugar me la vendían no tenía receta médica. Contar que eran otros tiempos y esta historia tiene algunos calendarios atrás. Finalmente después de todo un recorrido de farmacia en farmacia en la ciudad, y de varias horas de búsqueda, en la que la desesperación me azotaba la mente y mil ideas se me venían con toda clase de desenlace y algunas lloradas buenazas, la encontré. Ahí mismo en la farmacia, pedí un vaso de agua y me la  tomé delante del fármaco, lo cual, causó espanto en aquel curuchupa”

Ese momento, esa pastilla era la salvación. Y la historia parecía tener un fenal feliz  ¡Que va”. Los finales felices se dan en las telenovelas. Pero la historia sigue. Cristal comentó con Andrés y le dijo que están fuera de peligro que ya tomó la pastilla. Los siguientes quince días estaban en el gran amorío, de esos en que todo es luna de miel. Pero detrás de cada miel, hay una hiel y la hiel llegó. Como llegó el día 30 cuando debía llegar el otro Andrés…el que llega a fin de mes. “Que al final, nunca llegó. Ya me debía llegar mi periodo y nada. Yo me sentía rara, un poco triste, con dolor de pechos. Asustada y temiendo lo peor, es que una como mujer intuye y yo intuía lo que estaba por venir. Así que fui de inmediato a la doctora de mi trabajo y le conté lo sucedido y ella me dijo que sin hacerme un examen de sangre, podía casi garantizarme que estaba embarazada, por las fechas de mi período. Yo corrí a hacerme el examen que demoraba dos días en que me entreguen los resultados. Esas han sido las 48 horas de terror mas largas y feas de mi vida. Yo no podía más, sin descanso y con angustia  fui a retirar el resultado, la enfermera toda fría me entregó y yo no entendía los rangos de números. Le pedí  con angustia que me explique y ella tan simple me dijo: “sí está de dos semanas de embarazo. Plop!!”

A Cristal se le empañaron los ojos, le invadía la angustia, impotencia y desesperación. De inmediato pensó en su viaje a Argentina que tenía planificado. Sintió una montaña de situaciones. Esa no era la manera que ella quisiera ser madre, no así en esas circunstancias. «Lloré tanto. Le conté a mi mejor amiga. La Kary, ella me dio mucho valor y apoyo, esa noche. Yo pensé en  muchas cosas, diversas situaciones en fin…Sentía desmoronarme. Al día siguiente le llamé al Andrés. Él siempre con su frase «hola nena» ¿cómo estás. Yo tristaza le pedí que me recogiera del trabajo que quería conversar con él y me dijo que no podía que tenía una reunión de trabajo. Yo no esperé más y por teléfono, se la solté de una, sin anestesia: Tengo dos semanas de embarazo. El me gritó, me insultó y se le escuchó hasta la Basílica de Quito, dijo noooooooo no. puede ser, tomaste la pastilla, y comenzó a hablar sin parar, me pedía no tenerlo, que aborte, que mate una vida, algo que no va con mis principios, argumentó que él niño aun no es vida, que estoy a tiempo de interrumpir, que él no se va a hacer cargo, que como él puede saber que es mío, si yo soy una perra. Te imaginas. Tenaz. Y él sabe cómo soy yo, porque en el tiempo que estuvimos juntos nos contamos todo y fuimos felices y se dio cuenta quien era yo. Que haya vivido una noche loca, no quiere decir que yo sea una loca. El terminó sabiendo en verdad, que clase de mujer era yo. En fin…salió todo el lado obscuro de él, y con toda la negativa del mundo, resumió diciéndome: si decides tener ese hijo, será solo tuyo, porque desde éste momento voy a desaparecer, adiós y buena suerte”.

Y tuve suerte, hoy tengo al tesoro más grande de mi vida, mi hijo adorado, por quien vivo y muero. Esa noche, pagué el polvo más caro de mi vida. Porque el precio fue altísimo, el de tener por el resto de mis días, alguien a quien mantener. Pero lo pago gustosa, porque mi hijo no es caro, es mi hijo. Hay cosas que tienen precio, otras tienen valor. Esa noche pagué el precio de mi debilidad ante una noche loca, que no es error, lo dejó de serlo cuando mi hijo nació. Si el concebirlo tuvo un precio. El tenerlo tiene valor. Al final fue una historia de hola y chao, cerrada por palabras de buen augurio. “Adiós y buena suerte”.

Fin de una historia…luego comienza otra: la de mamá soltera. Pero eso ya es otra historia.

 

 

 

 

 

Fotos: infobae.com; nobbot.com; lamedoica.wordpress.com; magnet.xtaca.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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Un comentarios

  1. Una historia que las mujeres vivimos casi a diario, en estos tiempos no es raro ver a una mujer haciendo las veces de padre y madre, por ella y por muchas, MI MAS SINCERO RESPETO.

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