UNA CUESTIÓN DE ENVERGADURA

No la había escuchado hablar jamás, hasta que una rubia amiga mía que andaba con un problemita de extensiones me arrastró, literalmente, a una popular peluquería ubicada en cierto centro comercial, conocida por atender a gran cantidad de Divas y Divos de la farándula criolla. Nada más entrar y escuchar su voz y la Diva a quien yo acompañaba me hizo la seña universal que todos entendemos inmediatamente como “cállate la trompa” y claro la seguí en todo lo que hizo. Ella saludo con un  ademán y yo también, se sentó y me senté, tomó una revista y se tapó la cara y yo hice lo mismito y en silla de lujo nos jalamos un monólogo digamos que… “de mucha envergadura”.

En la entrevista que alguien le hacía, la Primerísima Doña trataba de explicar el tema de por qué la había atacado el síndrome de la fotocopiadora, aquel que cuando pica le provoca a una andar reproduciéndose como cuy.

 Entrevistador: Por qué no recurres a algún método anticonceptivo?

Ella: Porque no puedo tomar nada, todo me hace daño…

Entrevistador: Pero algún dispositivo…

Ella: ¡No puedo porque mi marido lo siente!

 Y el entrevistador, gay por supuesto, pone ojos de huevo frito imaginándose seguramente el tamaño del fiambre.

 Entrevistador: Lo siente?

Ella: Si, es que mi marido está bien… como te digo? ¡Está… bien! Lo mencionó agregando a la frase un ademán que revelaba exactamente de lo que estaba hablando y continuó: -…Entonces si yo me pongo algún dispositivo intrauterino, él lo va a sentir, incluso ya ha salido lastimado.-

(La Doña se refería a que su maridito estaba por demás bien dotado y cuando la mayoría de los hombres se quedan paseando por el canalito de la felicidad, él llegaba “al infinito y más allá”. Portentoso el caballero, pues habiendo preguntado a dos o tres doctores amiguis, el hombre debió jalarse mínimo unos 23 cm. En estado “feliz”, por decirlo de alguna manera decorosa.

La Diva que estaba a mi lado, apostada detrás del espejo, escuchando semejante conversación me miró encantada mientras mencionaba: – ¡Maestro! – Antes de volver a parar la oreja.

La Primerísima Doña dijo además que ella estaba feliz de continuar pariendo cuantos niños le envíe Dios y agregó entonces la cita aquella de las bendiciones del hogar con que toda mujer justifica hoy en día el asunto de parir como conejo. Sin embargo, yo no podía dejar de pensar en qué necesidad había de explicar una “intimidad” tan específica que a fin de cuentas la gente no tenía por qué saber.

Digo, si a mí me preguntaran quizá diría que me preño porque quiero y me gusta estar embarazada, porque así lo hemos decidido con mi marido, porque me gustan los niños o porque se me dañó el pantalla plana de 50”, a fin de cuentas no me los mantiene el estado sino yo, pero jamás se me ocurriría decir que los tengo porque no me puedo cuidar debido a que mi marido la tiene más larga que el recorrido de la Metrovía. ¡No jodan!

Decía mi abuela que quien come callado come dos veces y no encuentro en realidad la razón para que hablando de hijos se tenga que detallar las virtudes ocultas de nuestra pareja. Si alguna grilla interesada escuchara ya tendría una razón más para afilarse los colmillos hacia la dirección del hombre en cuestión y protagonizar con él cuanta acrobacia formara parte de su Kamasutra personal. Cosa que bien sabemos todos que ha pasado más de una vez durante el tiempo en que esta pareja ha estado unida y bastante provecho que le han sacado y le siguen sacando al tema cada vez que alguien se los refiere.

Bien decía mi madre que de aquello que pasa entre las sábanas de un matrimonio o de una pareja nadie más debe saber a no ser que ocurra algo que merezca que esto se haga público, como una cuestión que implique a la ley, de lo contrario, si a usted le gusta mucho lo que le hace su macho, disfrute y cállese y si no le gusta, cállese y enséñele como le gusta a usted y fin del episodio.

Dejamos de escuchar porque la historia empezó a tomar un tinte fantástico tipo García Márquez y mientras nos íbamos, la Diva que iba a mi lado dijo muy suelta de huesos: – No es que a mí me interese el hombre, pero de esa talla no se encuentran tipos muy seguido…-

Y yo: Bueno, hagamos un reto a pagarse con una de vino, cuando te encuentres con una de esas le tomas una foto y me la envías junto con el nombre del portaestandarte y yo haré lo propio contigo… ¿Te parece?

Diva: ¡Hecho!

Como apéndice a esta conversación puedo decirles de la Diva ganó el reto, pues tiempo después empezó a salir con un músico que tenía tanto talento artístico como “del otro”. Un día en que ya ni recordaba yo aquella apuesta me sorprendió la Diva con una foto impertinente de tremenda envergadura, que lucía espléndida y lista para usarse. La foto había sido enviada a las 03:00 am junto a un mensaje que decía: “Hermana, más grande que este solo el Obelisco de Washington!!! Lo mejor de FULANITO, es que la sabe usar”.

Se me viraron los ojos cuando vi esa foto que conservo por ahí, en algún archivo, y claro que pagué la de vino, ¡Encantada! Y compartí con ambos, situaciones buenas y malas, mientras duró esa relación que hoy solo es un simpático recuerdo que dejó un hijo canino y una canción.

No digo más…

Foto: www.shefarol.com.br; desmotivaciones.es

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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