UN ENCUENTRO INOLVIDABLE

La vida te da sorpresas, esta sorpresa habla de un encuentro de dos ecuatorianas en Nueva York. Una nota con la actriz ecuatoriana Vilma Sotomayor, con muchas cosas que contar.

Hay encuentros que te encuentran con el recuerdo, con la nostalgia, con la alegría, con la añoranza, con la amistad y que te hacen encontrar la felicidad y que te encuentran una vez más con esos pequeños grandes detalles que de vez en cuando te regala la vida. La vida te da sorpresas, canta el salsero Rubén Blades y una de esas sorpresas, las viví lejos de mi país, con un encuentro llenos de letra i porque fue impensado, inesperado, inolvidable, inigualable, íntimo e in. Fue un reencuentro que despertó emociones. Ver a los más de 20 años a una gran amiga, es uno de ellos. Ese cúmulo de sensaciones fue el que sentí, el que sentimos, cuando me encontré aquí en Nueva York, donde resido desde hace muchos años, con la actriz ecuatoriana, guayaquileña para más señas, Vilma Sotomayor Escudero, una gran mujer a quien admiro mucho, a quien quiero y de la que tengo el gusto y honor de ser su amiga. Hablamos mucho. No tienen idea, como hablamos. Hablamos de esos años de juventud, de nuestros inicios en la televisión, de los trabajos que hicimos juntas, de nuestros amigos los actores y las actrices, de nuestras familias, de nuestra vida actual, de nuestros planes y claro, no faltó uno que otro chisme. Fue un encuentro de afecto, abrazos, risas y alegría, que los compartimos con nuestras familias en una planeada cena en un restaurante de Manhattan, nada nada y nada menos que en Tony´s Di Napoli, un tradicional lugar de comida italiana, creado en 1959, catalogado como uno de los mejores sitios de NY y que tiene la fama de ser el ideal para atender a familias numerosas con gran apetito, lo cual era literalmente nuestro caso.

Con Vilma nos conocimos, hace ya algunos calendarios, 26 para ser exactos, cuando en 1993, ambas trabajábamos en el canal de televisión Ecuavisa en Guayaquil, nuestra tierra y ambas empezábamos nuestras carreras como profesionales. Las dos, muy jóvenes en aquel entonces, bueno, lo seguimos siendo porque la juventud no siempre es una edad, a veces si lo vives y lo sientes así, es un estado del alma que te hace seguir siendo joven. Por aquellos años, decía, ambas empezábamos nuestras carreras. Ella como actriz y yo como maquilladora. Fue la mini serie Los Sangurimas la que nos unió. Cuantos recuerdos de aquella obra televisiva basada en la novela de ese gran escritor ecuatoriano, José De la Cuadra, escrita en 1931 que trataba de la vida del campo ecuatoriano, de dos familias montubias entrelazadas de un mismo tronco,  que en medio de un entorno natural de maravilla, cruzan sus destinos para una aventura de amores, desamores y muerte.

Fue nuestra experiencia en Los Sangurimas, justamente nuestro primer tema de conversación, recordamos a otras dos amigas mutuas, hermanas de Vilma en la serie: Estela Redondo y Cristina Morrison, con quienes compartimos tantas anécdotas. Nos acordamos de aquella frase que fue como el slogan de la serie que tanto se popularizó: ¡Lo que el diablo da… el diablo quita!. Nos acordamos del director del seriado, el norteamericano Carl West, exigente como él solo, recordamos la locación de la grabación en pleno campo, lo cual ya de por sí era una aventura, nos acordamos del libretista Franklin Briones, quien adaptó la serie a la televisión y recordamos a algunos de los actores y actrices de aquella película, cada uno con tantos recuerdos y experiencias individuales. Así salieron los nombres de Jaime Bonelli, el actor principal que era el eje de la serie desde su papel de Nicasio Sangurima, de Carlos Valencia uno de los Rugeles, que acosaba en la novela a Vilma, Virgilio Valero, Enrique Delgado, Martha Ormaza, Golfranio Benavides, Catalina de Cuadra, Elvira Carbo, Aurelio Herera, Andrés Garzón entre otros tantos que recordamos.

Con Vilma, con quien siempre nos dijimos: ñañita, recordamos que por aquellos años, cuando ella hizo Los Sangurimas, apenas tenía 18 años, y estudiaba segundo curso de Gestión Empresarial en el Tecnológico Espíritu Santo. Dos años antes cuando tenía 15, había incursionado en la actuación, cuando un día cualquiera, que terminó no siendo cualquiera, siendo estudiante de secundaria, se le ocurrió enviar su carpeta a Ecuavisa, que  a través de su pantalla, solicitaba aspirantes para su escuela de actores. Así, sin recomendación de nadie, le hicieron casting para el que fue su primer trabajo televisivo en la novela Ángel o Demonio en el que interpretó un rol secundario, en el papel de Mariela, una joven drogadicta, amiga de Johnny, uno de los personajes también secundarios que interpretaba Cristian Norris. Antes solo había hecho dos comedias musicales y una de teatro infantil en el grupo de Johnny Shapiro. Vilma, que fue abanderada en su colegio, bailarina del grupo Danzas Jazz y que practicaba gimnasia, tuvo un papel difícil en Los Sangurimas al interpretar a María Victoria, que en la serie fue maltratada, acosada, violada por el malo de la película, interpretado por Carlos Valencia. “Hacer esas escenas fue bastante difícil, pero gracias a la ayuda del director, la comprensión de mi compañero, pude hacerlo con profesionalismo”, recuerda Vilma, quien mira a su madre, sentada cerca de ella y comenta, que ella no quería que haga ese personaje, porque era muy fuerte y ella a tan joven, recordar que ya antes había hecho el de Mariela  que eran un personaje inmerso en droga y aborto.

El director de esos seriados, Carl, fue también tema de conversación, con una especie de capítulo especial. Del “Gringo”, rememora que a pesar del carácter fuerte de Carl, el director, a ella jamás le gritó, cuando no le salían las escenas rápido y que él le cogió un gran aprecio que era mutuo. “Desde la primera vez que me vio, me dijo: tú vas. Él tenía un ojo para ver quien realmente era buena para el papel que estaba buscando, la verdad era un excelente director y me tenía mucho aprecio. El gritaba mucho, era de carácter fuerte, pero a mí nunca me gritó cuando no me salían las escenas rápido creo más era porque con los otros actores tenían que repetir varias veces y conmigo, no tanto”.

La gente alrededor nuestro nos miraba sorprendidas, parecíamos par de loquitas con tantos abrazos y besos, nacidos del mucho  cariño que nos tenemos, con una bella amistad nacida desde el corazón, quien creería que nos encontraríamos aquí en esta inmensa ciudad, jamás lo imaginamos, como tampoco imaginamos que con el tiempo, compartiríamos esa amistad, con el regalo más bello que nos dio la vida: nuestros hijos, que veían asombrados nuestro afecto. Ellos se sintieron muy cómodos también, pues dos de ellos tenían edades contemporáneas por lo que se sintieron identificados, pues viven las mismas cosas que un chico a su edad. Mi hija mayor tiene apenas un año más que la de ella. La mía, 12, la de Vilma, María José, 13 y nuestros hijos varones también son contemporáneos, los de ella son José Antonio y José Eduardo, chicos muy bien criados. Así que hicimos el grupo perfecto. Por ese detalle y otros, ambas agradecimos mucho a la vida que nos regala todos los días vida, y de esa amistas que tiene ese regalo de unir a personas que pese a la distancia, como que nunca se fueron.

La actriz

Al hablar de su inicio como artista, hablamos de su carrera y vaya que Vilma hizo mucho en el mundo del arte, siendo una de las actrices ecuatorianas con mayor repunte internacional, luego de que en Ecuador destacara inmensamente en varios proyectos televisivos, como tres telenovelas (Ángel o Demonio, Dulce Tormento y María Soledad), dos películas: (Siete Lunas, Siete Serpientes y Amor en Tiempo de Guerra), dos miniseries (Los Sangurimas y A la Costa), un programa para niños (Manzana 12 en Si TV) y varias obras de teatro, la más exitosa Entre Mujeres, una obra que habla del reencuentro de cinco amigas que no se veían desde hace muchos años desde que salieron del colegio, obra que tuvo gran éxito con seis meses en cartelera, en la que hizo el papel de Carlota, la lesbiana y en la que compartió roles con cuatro actrices extranjeras residentes desde siempre en ecuador, la chilena Carolina Ossa, la uruguaya Noemí Caballero, la mexicana Elizabeth Ávila y la española, Estela Redondo, su hermana en Los Sangurimas.

Internacionalmente, hizo en México diferentes telenovelas de la cadena Televisa, como: ‘La Casa en la playa’, “Por un Beso”, “Triunfo del amor”, “Clase 406”, Alma de Hierro. “Dulce Venganza” y programas como “La rosa de Guadalupe”, “Como dice el Dicho”, El Pantera, Mujer casos de la Vida Real, además condujo varios programas, como El Latin Top y Hoy y el musical Ritmo Son Latino e hizo una obra de teatro Suicidio S.A del director ecuatoriano Xavier Romero (+) que fuera esposo de la amiga que la ayudó a ir a México, con quien compartió escenario además de Mauricio Bonnet y Juan Ferrara.  “Fue una gran decisión ir a México. En el mundo de la actuación es como un Hollywood latino. De Ecuador me fui no porque no me fuera bien o no tuviera trabajo, simplemente creí que ya había hecho lo suficiente. Sentí que cumplí un ciclo y no se podía crecer más y yo quería crecer, como actriz y como persona. Estaba por irme a Colombia donde estaba actuando Estela Redondo, pero mi amiga mexicana Elizabeth Ávila, que estuvo conmigo en la obra teatral Entre Mujeres, que trabajaba en Televisa y que fue a vivir a Ecuador me ayudó para cambiar mi rumbo a México, así que mandé mi curriculum y un demo, al Centro de Actuación de Televisa CEA y me llamaron a una audición, me aceptaron e hice en ese país una carrera triunfal”, recuerda.

Anécdotas y risas

Recordamos muchas anécdotas vividas juntas en esos tiempos que fueron lindos y reímos de momentos especiales, como aquella vez que durante la grabación de Los Sangurimas, tuvimos salir corriendo por que escuchamos una balacera, en una hacienda vecina a la locación en que grabábamos, fue un tremendo susto que pasamos. Y recordamos también los varios meses que pasamos en el campo llenos de naturaleza, en el recinto de San Lorenzo del Mate, de la parroquia rural de Juan Gómez Rendón (Progreso), ubicado a 9 kilómetros de Cerecita y 65 kilómetros de Guayaquil; recordamos, el sitio de grabación en el que había mucho polvo que dificultaba el trabajo, o nuestras charlas en la azotea de una casa típica en la que abajo en el patio correteaban las gallinas, o lo rico que comíamos con comida de campo que preparaban para nosotros, la gente del pueblo, con esos sustanciosos desayunos de café negro con bolón. Lindos recuerdos.

Pero una de las anécdotas que más nos hizo reír fue aquella vez, hace algunos años ya, cuando se presentó en el programa Siempre en Domingo que conducía Raúl Velasco, que hizo una edición especial en Ecuador  y que junto a Carolina Jaume, que por entonces era una niña, fueron hipnotizadas por el sicólogo y showman español, Tony Kamo, cuyo nombre real es Antonio Moreno Cabello. “jajajaaj, que risa, que momento, él me dijo como quieres que te hipnotice, rápido o lento, yo dije: lento, entonces me preguntó mi nombre se lo dije, me lo hizo repetir varias veces y a medida que lo hacía me iba durmiendo, luego él dijo que al contar del uno al tres nos íbamos a despertar y sintiendo un olor extraño que no se puede aguantar, imagínate lo que fue despertarme y estar parada junto a Raúl Velasco para decirle que olía mal, luego me dijo que el mal olor iba desaparecer y que olería rico y yo oliendo a Raúl de cerca, que vergüenza, jajaj,  luego me volvió a dormir y al despertar estaba literalmente pegada al suelo, él me decía que me retire que ya el show había terminado y yo no me podía mover, luego nos puso a saltar como locas, jajaj, que momento.”

Y claro, no solo recordamos anécdotas gracias o bonitas. También conversamos de momentos feos, como uno vivido por Vilma en su estadía newyorquina, justo un día antes de vernos “Fue uno de los momentos más feos, desesperantes, horribles, de pánico y podría seguir describiéndolo, de toda mi vida!  Mis niños más pequeños y mi Mami gracias a Dios habían regresado al hotel y yo estaba solo con mi Majito. Habíamos ido a ver El Fantasma de la Ópera y estábamos dando una vuelta por el Times Square, cuando de repente escuchamos sonidos como de disparos, nos asustamos pero pensamos que podían ser cohetes o algo así y de inmediato los escuchamos de nuevo, un mundo de personas empezó a correr y a gritar, los niños lloraban desesperados, y yo solo agarré a mi hija y corrí sin parar hasta entrar a la tienda más cercana que pudimos, no solté su mano, estábamos en medio de un mar de personas, solo rezaba, veía su carita de pánico  y ella me decía Mami, Mami no me sueltes y eso me daba fuerza para sostener su manita y no soltarla, casi rompo su brazo creo por la fuerza con la que lo sostuve, era lo único que podía hacer! Logramos entrar con muuuuuuuuchisimo esfuerzo a Old Navy y una vez ahí corrimos hasta entrar a las escaleras de emergencia y ocultarnos ahí, no sabíamos que pasaba, pero nos imaginábamos lo peor! Con todo lo que ha pasado últimamente en Texas y otros estados ya cualquier cosa nos alerta y espanta. La salida fue aterradora también porque abrieron las puertas después de 15 minutos y sin más nos dijeron que saliéramos, todos mega asustados porque no sabíamos que era lo que había pasado en realidad, agarrar un Taxi una hazaña. Así que me metí a un Hotel hasta esperar noticias y saber en realidad que había pasado, Falsa alarma, el sonido de una moto confundido con disparos eso pasó! Les cuento esto porque después de pasar por esta experiencia sin duda alguna llego a la conclusión de que estamos viviendo la humanidad entera momentos muy duros, quizás de los más duros y difíciles que por lo menos a mí me ha tocado experimentar, el odio entre nosotros los humanos está yendo ya demasiado lejos”, recuerda con un semblante de preocupación.

Luego de la cena, nos despedimos efusivamente, quedamos en mantenernos en contacto, en no alejarnos tanto y en volvernos a ver. Quizá sea para la temporada de invierno en que tenemos planes para ir a esquiar. Por lo pronto esquiamos en el recuerdo con un encuentro que quedará en nuestras memorias y en nuestros corazones.

 

 

Fotos.cinematecanacional.com, ecuavisa.com, pressreader.com.imbd.com


Rocío Méndez Crespo

Artista de maquillaje 4 eventos y maquilladora social. Ecuatoriana residente en Nueva York con experiencia en cine, televisión, filmes comerciales, bodas, eventos sociales, caracterización, colorista profesional y HayrStyling (estilos de peinado). Tuvo a Ecuavisa como su escuela. Artífice de looks espectaculares, productora de sesiones de fotos y spots de Tv.

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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3 comments

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