EL BIM BAM BUM

El solo nombre de Bim Bam Bum me transporta al pasado y me enrumba en el túnel del tiempo de los recuerdos a la época de mi niñez, para rememorar ese tradicional y hermoso parque de diversiones al que nos llevaba mi padre en las tardes domingueras en lo que era un paseo interminable desde mi casa del barrio del Centenario a la colina donde quedaba el sitio, en el km 4½ de la carretera a Playas, que en ese entonces era el único camino que uno tomaba para ir a la playa. Para nosotros era un divertido y largo paseo que lo hacíamos a bordo de un carro Opel Olímpico de color azul que conducía mi padre a 40 kilómetros por hora.

Según una crónica publicada por Diario El Universo, el domingo 14 de septiembre del 2008, en la sección El Gran Guayaquil, escrita por el periodista e historiador costumbrista, Germán Arteta Vargas “el parque, ocupó un amplio y acogedor predio natural, en medio de una vegetación propia de la zona y de otras especies cuidadosamente introducidas para complementar la belleza del paisaje”. Se señala además que el sitio era un paraje aislado, cuyo terreno pertenecía a la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG), ubicado en lo que ahora se llama Cimas del Bim Bam Bum, que en 1948 lo compró su mentalizador, el doctor Eduardo Carrión Toral (+), con la idea de hacer un parque recreacional, al que llamaba “la tierra de la fantasía”, sueño que empezó a cristalizar en diciembre de 1957 cuando empezó su construcción, que terminó ocho meses después.  El parque fue construido por los arquitectos Fausto Cuesta y Rafael Rivas, y  los ingenieros Arturo Cepeda y Antonio Rossi. En el mirador del parque había un busto de Emilio Estrada, realizado por el escultor Alfredo Palacio. Parte del financiamiento de la obra, se lo hizo mediante el entonces Banco La Previsora, mientras que las obras complementarias para la transportación las hizo el Comité de Vialidad del Guayas.

La inauguración con una apergaminada ceremonia protocolaria se realizó un sábado 9 de agosto de 1958. En el acto inaugural se realizó la bendición a cargo del arzobispo de Guayaquil, Monseñor,  César Antonio Mosquera Corral, pariente de mi abuela materna que según nos costaba en las reuniones familiares domingueras, estuvo con su familia como invitada especial. Para entonces yo ni había nacido.

El Bim Bam Bum, llamado así por sugerencia de la periodista Victoria “Chichi” Puig de Lange (+), que por entonces vivía en Chile, era en la época de los sesenta, un apreciado centro de distracción al que acudían centenares de personas, muchos de los cuales llegaban a bordo de buses que salían desde el parque Centenario que pagaban 0,60  centavos (seis reales) por el pasaje. La entrada al lugar costaba un sucre para los niños y dos para los adultos.

En mis recuerdos está que el parque, si bien era preferentemente infantil, tenía un concepto familiar, pues había distracción para chicos y grandes. Para los niños, había juegos infantiles tradicionales como columpios, carruseles, guinguilingongos, pistas de bicicletas y de autos, un ferrocarril en miniatura, espejos mágicos, caballos pony y una biblioteca infantil, mientras que para los mayores había restaurantes, una concha acústica para presentación de artistas, un mirador, un teatro del mismo nombre del parque, piscinas para niños y adultos y un zoológico, en el que había animales salvajes como tigres, lagartos, gato montés, monos y una gran diversidad de aves raras.

El parque situado en un entorno natural, tenía además de su ambiente característico de la zona, otras especies de vegetación, cuidadosamente introducidas para complementar la belleza del paisaje. Era un sitio mágico, con música ambiental en todas las áreas, en donde uno jugaba, se divertía, gozaba y era feliz. Recuerdo que había dos restaurantes uno al que se le llamaba el ‘comedero criollo’ que ofrecía platos típicos, y el restaurante Rodrigo’s que daba más opciones a los comensales. Nuestros padres siempre nos brindaban golosinas, helados, canguil, algodón de azúcar, hot-dog y para que nos nutramos y llenemos nos daban carne en palito, muchines o pollo asado.

El sitio, que abría todos los días, era muy publicitado en los periódicos, que sacaban avisos del parque con las bondades que ofrecía. Además de las novedosas promociones que el  parque ofrecía en los fines de semana o en los feriados por fiestas cívicas.

El parque y sus atracciones

En una crónica publicada el 21 de agosto de 2016, en el suplemento Memorias Porteñas de Diario Expreso, escrito por Gabriel Paredes se narra que: “El lugar contaba con inmensos espacios de recreación como el parque infantil. En su parte frontal pudimos ver cientos de cuadros con figuras de animales, pintados al óleo, de gran tamaño. Ubicado en el centro había un bonito carrusel, más allá el tobogán, los columpios, sin faltar la heladería y dos piscinas para las delicias de los pequeños, pudiendo también montar caballitos enanos (ponis) amaestrados. El teatro era una concha acústica al aire libre, en donde se presentarían espectáculos de todos los géneros, artistas de reconocida fama nacional e internacional. La Pista de Baile: era un extenso canchón de 150 metros de largo por 80 de ancho, donde cabrían más de 500 parejas de bailadores, pudiendo calmar la sed en su propio “soda bar”. Al zoológico se llegaba por un túnel, pudiendo admirar variedad de animales, siendo un buen atractivo para los numerosos visitantes. Teniendo cercado con árboles de guayacanes, se apreciaba un redondel alargado donde competirían a toda velocidad jóvenes ciclistas amantes del deporte. Casi junto a la colina, con el nombre de “Rodrigo’s” atendía el confortable restaurante de comidas típicas, con sus pisos de madera y techado de bijao. Por un caminito zigzagueante trepamos el pequeño cerro hasta llegar al mirador, donde estaba colocado el busto del ilustre banquero guayaquileño don Víctor Emilio Estrada y desde allí pudimos aguaitar hacia abajo, el tren eléctrico que jalaba varios vagones cargados de felices niños. Para nuestra sorpresa, existían en la cima cuatro canutos largos llamados telescopios, y claritamente, tan cerquita se veía la Rotonda, el Jockey Club, toda la margen del río Daule, balsas, canoas, entrado a la boca del Guayas”

Parque y hotel

El Bim Bam Bum, comprendía un parque y luego un hotel, llamado, Cimas. Según una crónica publicada por Diario El Universo el 24 de marzo de 2011, se señala que en los registros de la JBG, el Dr. Carrión adquirió el terreno (de 176.760 m²) para la construcción del hotel Cimas en 530.280 sucres, escrituras que constan en el archivo de la Junta y que fueron otorgadas en la Notaría Cuarta en 1967.

En la época de oro del hotel y parque Bim Bam Bum que acogió a exitosas celebridades como los actores mexicanos Silvia Pinal y Enrique Guzmán en 1968 para el rodaje de una película, solo quedan recuerdos e historias que se repiten como mitos urbanos desde hace más de 20 años.

Según las crónicas periodísticas, a raíz que la ciudad creció, tras aproximadamente más de diez años de funcionamiento, Carrión, se vio obligado a cerrar las puertas del parque y del hotel, quedando así deshabitado el lugar. Los actuales residentes de la zona, comentan que nunca supieron la razón para que el parque y el hotel cerraran, “simplemente dejaron de funcionar”.

El Bim Bam Bam, fue parte de la historia turística, urbanista y de diversión de Guayaquil que marcó época y quedó en el recuerdo de muchas personas de fines del 50 y la década del 60. Recordar es vivir.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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