MONITO EMPRENDEDOR

No me ofende lo de Monito, así nos llaman en la sierra a los costeños, principalmente  a los guayaquileños. Lo de Monos tiene para ellos varias acepciones, que van desde que lo imitamos todo a que somos simios, muchos nos dicen así con intenciones despectivas y de gran sentimiento regionalista, malsano. Realmente no me llega, no me ofende, me resbalan. Yo tomo la cosa dependiendo de quien viene. No soy mono, soy guayaquileño y para mejor señas, guayaco, a mucha honra.

Y si a ese monito, le agregan la palabra emprendedor, suena hasta un halago. Monito emprendedor, significa que los guayaquileños somos de lucha, trabajadores, que vemos oportunidades en todo para crecer, que no nos caemos. Me siento halagado si me dicen “Monito emprendedor”.

Pero en lo dicho por el presidente de la República, Lenín Moreno, el  pasado 2 de agosto de 2019 en un acto realizado en Bahía de Caráquez, Manabí, en referencia a la situación económica del país, no hay halago. No es para halagarse, todo lo contrario, es para avergonzarse, para criticar, para ofenderse. No por lo que dijo o por la forma que lo dijo, si no por el contexto real de lo que debe esto significar. Cito textual sus palabras que fueron publicadas en casi todos los diarios del país y que alcanzó notoriedad cuando lo publicó Diario El Comercio, en la edición digital del mismo día, reproducido en la impresa al día siguiente. Esto fue lo que dijo: “Somos un país de emprendedores, la necesidad obliga. Es por eso que ustedes ven que, en Guayaquil, un ‘monito’ -perdónenme el término, no lo digo en términos despectivos-, ya se ha comprado una cola, unos vasos plásticos y está vendiendo en una esquina gaseosa, o se puso una parrilla para asar plátanos o asar yucas, eso está en la esencia misma de los ecuatorianos”.

Reitero, lo escrito al inicio, no debe ser ofensa aquello de monito emprendedor, porque el monito, quizá hasta lo dijo con gracia y lo de que un ser se emprendedor siempre será un halago. Pero ese halago deja de serlo, cuando la persona de quien se habla es de un niño. ¡No! Señor Presidente. A esa edad un niño no debe estar trabajando en la calle vendiendo colas o asando maduros o yucas. Yuca merece su destinada declaración. Un niño a esa edad, debe ser niño. Debe estar estudiando en la escuela, haciendo deberes escolares en su casa, jugando, corriendo, saltando, disfrutando, gozando, soñando, viviendo como niño con la inocencia y la pureza de esos años, con todos los derechos que les corresponde y que “supuestamente” debe garantizar el Código de la Niñez y Adolescencia. Eso deben hacer los niños.

Algo que muchos niños ecuatorianos no lo pueden hacer porque por historia ningún gobierno ha tenido la capacidad para hacer de Ecuador un país, estable económicamente en los que los niños, no tengan que trabajar, porque sus padres pueden mantenerlos. Aquí sucede lo contrario, no siempre los mantienen,  porque, o no tienen trabajo, o ganan muy poco, o tienen trabajos informales que no generan el ingreso necesario para mantener con dignidad y en buenas condiciones a una familia. Pero aquí existe pobreza, los niños trabajan y “deben” trabajar para ayudar a la economía del hogar y en algunos casos y en ocasiones son obligados o explotados por sus propios padres, lo cual debe ser sancionado, porque es un acto execrable que se explote un niño.

Aceptar como normal el trabajo infantil, es más allá de una imprudencia, una irresponsabilidad, un desatino, un desafuero, una grosería. Que luego, él y su séquito de colaboradores, salgan en su defensa a decir, que no se está alentando el trabajo infantil, que se está mal interpretando sus palabras, es peor aún que el hecho mismo de la equivocación. Querer justificar lo injustificable, no tiene asidero. Lo dijo y punto y lo que dijo fue errado, irrespetuoso, indigno de un presidente quien debe ser el que debe establecer las políticas y estrategias necesarias para que los niños de su país no trabajen, para que sean sus padres los que lo hagan, para que ellos, los niños, puedan estudiar y jugar, para que puedan ser niños, para que no sean niños pobres y peor, pobres niños.

A veces se habla sin pensar, sin meditar en lo que se dice y luego debe retractarse o tratar de arreglar lo dicho, cuando ya se ofendió, y cuando ya de nada valen las disculpas. La “cagada” está hecha, ya el olor queda por más que se limpie. Y el Presidente se retractó con un mensaje de twiter en su cuenta, diciendo: «Los niños nacen para ser felices. Lamento si el símil con el niño costeño no expresó mi admiración por el tesón de un pueblo que surge sin robar nada a nadie. Lucharemos siempre por sus derechos, los de las madres vulneradas, los de mis hermanos con discapacidad»,

No lamente nada señor presidente, trabaje en beneficio de esos niños por los que dice tener admiración. Admírelos y quiéralos, creando opciones para que ellos puedan ser niños felices. Cree fuentes de trabajo para sus padres, luche por lograr la disminución de la tasa de desempleo. Cree escuelas que sean verdaderas escuelas para aprender y no como las actuales en que a veces no tienen un pupitre en que sentarse, un techo bajo el cual cobijarse,  un cuaderno en que escribir o una pluma para escribir en él y que tienen profesores que en algunos casos no merecen serlo y que incluso abusan de ellos sin ser castigados. Hay maestros en toda su extensión de la palabra, seres humanos admirables por su entrega y capacidad, pero a ellos se les paga mal, su salario es inmerecido, injusto y miserable. Y a los malos, a los que no enseñan, a los que abusan, no se los castiga en ocasiones.

Aquí no hay “monitos emprendedores” hay niños “prendedores”, que sufren y prenden, sí, porque prenden, prenden cigarrillos con droga que los mata en el vicio, porque viven en las calles donde se aprenden malas mañas. Aquí no hay “monitos emprendedores”, hay niños que dejan de ser niños porque el gobierno no gobierna en beneficio de ellos, no cumple su misión y su derecho de hacerlos felices, no trabaja por ellos y no garantiza su derecho.

Y no vengan a comparar con los niños de Estados Unidos que también trabajan. Allá los niños pequeños apoyados por sus padres, cogen su bicicleta y salen a repartir periódicos en el vecindario, o sacan afuera de su casa una mesa y venden limonada, pero lo hace impulsados por sus progenitores para que aprendan el valor del trabajo y sepan lo que es ganar dinero con su esfuerzo. Es una lección de vida, pero esa enseñanza de vida para un niño desenvuelto en condiciones normales, es un hasta un juego. Porque no lo hace por necesidad, lo hace por gusto, porque ese niño si estudia, si come bien, si es atendido en su salud, si respetan sus derechos, si son niños y si son felices. Aquí la realidad es diametralmente opuesta. Aquí no juegan a trabajar, aquí  trabajan para subsistir. “Monito emprendedor”. Ojalá esos monitos emprendan una lucha para que usted señor presidente no solo se arrepienta de sus palabras, sino que comprometa su palabra para crear políticas que los beneficien y los hagan ser y sentiré niños.

Foto:  trensdmap

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. Raquel Mármol Huerta

    Me encantó!! No lo podías haber dicho mejor

  2. Aurelio Paredes

    Gracias, Raquel por tu elogios comentario. Alegra y enorgullece. Un abrazo.

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