YO EL DROGO

 

 

 

 

 

Era una mañana fría del mes de julio, el reloj marcaba las diez de la mañana y un joven de 16 años, estudiante de quinto curso de secundaria, melena al viento, vestido con camisa estampada de polyester, con pantalones a rayas, acampanados, zapatos de plataforma para sentirse más alto, caminaba por las calles de Urdesa, tras salir de su colegio, con rumbo a su casa, luego de dar un examen trimestral, en la época que después de rendirlo, los superiores del plantel te daban libre el día para que vayas a casa a estudiar para la prueba del siguiente día.  Ese día él no fue a casa, no estudió, pero aprendió en las calles una mala lección que le dio el colegio de la vida con un aprendizaje que nunca debió aprender y que lo graduó en el mundo del dolor, la desesperación, la tragedia, el desgaste, el abandono y lo hizo presa de un camino en el cual se entra y es difícil salir. Esa nublada mañana, llevado por la novelería, por la curiosidad, por la mala fortuna de la coincidencia al encontrarse en el momento equivocado con la persona equivocada, el joven fumó el primer cigarrillo de marihuana de su vida, creyendo que no le haría daño, que era una “nota bacán”, que “no pasaba nada” y que estaba bien hacerlo porque muchos de sus amigos lo hacían. Esa fue la entrada a las puertas de un infierno, que lo llevó a perderlo todo después de tenerlo todo a manos llenas, que lo denigró como ser humano, que le hizo topar fondo, que lo llevó a dormir en las calles, a estar preso, a ser hospitalizado en un centro siquiátrico, a perder la familia y los amigos y que lo atrapó por el resto de su vida y del cual 42 años después, aún no puede salir.

“Esa maldita mañana, yo había salido del colegio y me dirigía a mi casa. En el camino me encontré con un amigo del colegio que vivía en mi barrio, que era dos años mayor que yo, hermano de un compañero de clase, que también venía caminando y que llevaba en su mano un cigarrillo armado de forma extraña, diferente en su forma al tabaco habitual que conocemos. Me brindó una pitada, diciéndome que era un cigarrillo inglés, yo sabía lo que era, ya había oído de la mariguana y había oído que no era dañino, que te transportaba a un mundo mágico, que te hacía caminar sobre nubes de algodón, que te hacía escuchar pájaros y ver visiones bellas y por la curiosidad quise vivir esa experiencia, tenía la curiosidad de experimentar y lo hice. Confieso que ese día no sentí absolutamente nada, a más de toser fuertemente, no tuve ningún efecto. No sentí ni las nubes de algodón ni que los pájaros me hablen, nada. Hasta me apestó el humo y me dolió la cabeza, pero no me puso en nada. Ahora pienso que quizá fue un mensaje de la vida que no supe entender y que me quiso decir que tras no sentir nada, debía quedarme frío con lo que experimenté. Comenté el hecho con unos panas que ya fumaban y me dijeron que estaba loco, que o había fumado ñoña de burro o que no lo hice como es debido. Así que al día siguiente, fui en busca de mi amigo del cigarrillo inglés para decirle que me invite nuevamente, que ayer no había sentido nada. Así fue, esa vez si me cogió el efecto, pero no era cierto que caminabas entre nubes de algodón o veías visiones, eso es falso, eso no hace la mariguana, lo que sentí fue una sensación de paz, de tranquilidad, de irme mentalmente de este mundo, de sentirme en las nubes y de reírme mucho. Me gustó, lo seguí haciendo, creyendo que no pasaría nada, que era una joda de juventud, después muchos años después en un tratamiento médico, descubrí que tenía genes adictivos que me provocaban esa conducta adictiva y que era un enfermo”

Lo miro fijamente, lo veo deteriorado, irreconocible, de su pinta de galán no queda nada, su melena rubia es ahora una melena cana, descuidada y quizá hasta sucia. Lo conozco más de 40 años, nunca fuimos amigos, amigos, pero éramos conocidos, incluso alguna vez compartimos alguna farra, algún juego de pelota, alguna noche de bohemia. Él era del norte y yo del sur, somos casi contemporáneos. El cuatro años mayor, pero de niños y adolescentes, cuatro años es mucho, hay gran diferencia. Él cuándo empezó a fumar a los 16, era un joven y yo de 12, un niño. Así que no tuvimos chance de hacer mayor amistad. Es más le había perdido el rastro por más de 20 años. Llegué a él por medio de un amigo en común, que sabiendo que estaba escribiendo estas historias del mundo underground, y que buscaba un drogo, me dijo “él es el indicado para escribir la nota que quieres. Está totalmente lúcido, acabado sí, pero lúcido y por unas 20 latas te va a contar su historia”.

Así fue. Localizarlo no fue fácil porque vive entre la playa, una hacienda familiar, Guayaquil y los centros de rehabilitación al que lo mete su familia, porque él no es ningún botado. Por medio del amigo en común lo encontré en el norte y charlamos. Luego del consabido ¿cómo estás?, ¿qué es de tu vida?, y explicarle mi propósito y ofrecerle las 20 latas, además de tomarnos unas bielas, le lancé la primera pregunta en la que me remonto al día de su inicio. ¿Qué lo llevó a probar, los especialistas siempre hablan de que hay problemas de traumas no resueltos, de que son hijos de familias disfuncionales con padres separados, que los malos amigos, que la mala influencia, y mil razones más. Cuál es la suya? “Nada brother, eso es mecha. Aquí no hay regla fija. Al menos no en mi caso. Yo jamás tuve problemas empecé a tenerlos cuando me dejé llevar por la enfermedad y me apegue al vicio. Cuando empecé tenía una vida normal. Mis padres vivían juntos y eran un matrimonio feliz,  De hecho estuvieron casados más de 50 años, hasta que Dios se los llevó y fueron padres modelos, trabajadores, honestos, sin vicios, apegados a la familia y las buenas costumbres. Los hice sufrir muchísimo, igual que a mis hermanos y hermanas, mi exesposa, mis hijos y a todo el mundo que me rodeaba. Ahora sigo consumiendo, pero ya mucho más tranquilo, no soy ni la sombra de lo que fui. Aprendí  la lección. Cuando empecé era un joven normal de buena familia, con posibilidades económicas, nunca me faltó el pan en la mesa, yo estudiaba en un buen colegio, vivía en un buen barrio, tenía una casa grande, cómoda, hacía deporte, jugaba fútbol, era buena pelota, hacía surf, motocross, salía con los panas a joder en bote por el Salado, íbamos a Montaña a surfear. Tenía mi pelada. Era una vida normal, con el paso de los años y la incidencia del consumo, muchas cosas fui perdiendo, hasta topar fondo. Ahora estoy parado nuevamente, tratando de capear el temporal y vivir en paz lo que me quede de vida que ya no debe ser mucho. Ya son 65 vueltas bien vividas o por algunas circunstancias, mal vividas. A lo mucho me quedan 20 más y quiero vivirlas con control”

Habla de control ¿Se puede controlar? “Mis panas terapistas de las varias clínicas de rehabilitación que estuve, hablan de que es imposible controlarlas. Que si te tomas un trago o te fumas un bate, te jodiste, no paras, más. Yo aprendí con los años y con los golpes a saber hacerlo. Yo me controlo. No se otros, pero yo sí. Yo me fumó un bate en la playa, en la hacienda, en un concierto, oyendo música y de ahí no paso. Me relaja, me pone bien, me serena. Lo que si no le hago es al polvo. Ese es el maldito. A ese le tengo terror. A ese no lo puedo controlar, nunca pude. Ese es el diablo que destruyó mi vida. A ese de lejos. Tengo más de 20 años, que no sé qué  es base o coca y no quiero saber. Esa si es la perdición. Ahora vivo tranquilo, pero tuve 20 años terribles en que perdí todo y fui una miseria humana.”

¿Cuénteme de tu época de descontrol? “A ver yo empecé a los 16 años, en el colegio. Al principio todo bacán, todo tranquilo, vacilaba el dato, disfrutaba, era lo que llaman un consumidor social. Me gradué de colegio, entré a la universidad, hacía deporte, iba a fiestas, iba a Salinas a vacacionar, a Montaña y a Engabao a surfear, viajaba al exterior, tenía mis peladas, tocaba en una banda de rock, todo normal. Luego empecé a trabajar, tuve un buen trabajo, me casé, tuve dos hijos que ya están grandes, viven en el extranjero y ahora están volviendo a tener contacto conmigo, soy abuelo, no conozco mis nietos más que por foto y videos. Espero algún día conocerlos. Mis hijos no quieren volver al país ya se enseñaron allá se fueron con la madre desde niños, porque yo estaba desbaratado. Mi desbarate fue a los 25 años, ya de viejo, cuando me deje engrupir por el polvo, la base y la coca. Maldita la hora que las conocí. Más gil yo, no caigo de joven y pago de viejo. Yo de pelado  ya me había fumado mis pistolas y jalado mis pases, pero todo suave. A veces si me desmandaba pero estaba controlado. O eso creía. Eso es lo malo que no tienes control, que crees que las tienes controlada y no es cierto. A los 25 gozaba de muy buena posición económica, tenía un negocio propio, me iba muy bien y manejaba bastante plata. Ya me había casado y tenía mi primer pelado. Hasta que me dejé llevar por la base y la coca y no me pude controlar. Entonces poco a poco me fui metiendo más en el vicio, lo hacía todos los días a toda hora y de pronto empecé a perder todo. En algo más de cinco años, mi vida se destruyó por completo y perdí todo, hogar, trabajo, amigos, familia y lo más importante perdí la dignidad. Fui un esclavo de la droga, que hacía cada huevada. Fui un imbécil. Cuánto daño le hice a mi organismo, porque yo si me metí de todo”

¿A qué no más le hizo? “A todo, todo lo habido y por haber “Yo le hice a todo, a todo lo que te podía drogar, le hice y de todas las formas, fumé, jalé (inhalé), las tomé, me inyecté, literalmente hasta me la comí, a veces alucinado me comía los cogollos (ramas de mariguana) como si fueran camarón apanado. Un vuelo todo. Consumí: grifa (marihuana), polvo (base de cocaína y cocaína), hachís, pepas (pastillas), roinol,  heroína,  ácido, Pedro (Líquido obtenido del cactus), hongos, ayahuasca (bebida tradicional indígena). Uff que no me metí al mate (cerebro), Incluso lo que oía que servía para drogarme, me lo metía. Telaraña, la tela del guineo, mejoral molida, jarabe para la tos, lo que podía drogar, cierto o no, lo experimentaba. Cada una tiene vuelos diferentes. La yerba (mariguana) tranquiliza, los hongos, el Pedro, el ácido,  alucinan y te tienen arriba horas y a veces días, a veces no bajas nunca. Hay drogas naturales y químicas. Lo mejor es no consumir la droga química que tiene un alto poder adictivo y te hace perder la conciencia. Las pastillas y el polvo son del diablo y lo peor es que son espantosas. Las naturales más que sea las disfruta entre comillas porque te ponen bonito, pero el polvo te triquea, te paniquea (te asusta, te hace entrar en pánico) te da una sensación de angustia, de desesperación, te produce descomposiciones en el organismo, te dan ganas de vomitar, es tanta la sicosis que solo con escuchar hablar de ellas te cagas (se te afloja el estómago) y es altamente adictiva, no te puedes controlar, te fumas uno y te fumas cien y no puedes parar. Y no sé, cuál es el chiste de drogarte para estar asustado, para sentir delirio de persecución, para creer que te están siguiendo, alucinas oyendo sirenas de policía. Yo terminaba metido debajo de la cama, encerrado en el closet, una vez me quedé encerrado horas, casi muero ahogado, un pana me encontró metido adentro, ya morado. Esa droga te aniquila. Es el diablo personificado. Lo peor de la humanidad. Me arrepiento de haber consumido esa mierda. Muchos dicen  que no hay que arrepentirse de nada, que no se arrepienten de nada. Yo sí me arrepiento de haber hecho tremenda cagada. Porque por culpa de ella mi vida se salió de control y fue una cagada y viví haciendo cagadas”

¿Cuáles fueron esas cagadas, que puede hacer una persona por droga? “La droga te hace hacer huevadas (cosas malas). Mejor dicho, y ya hablando la plena (la verdad), no es la droga lo que te hace hacer pendejadas, eres tú, el que permites que te destruya al no tener la inteligencia y voluntad de decirle no. Yo me lo fumé y me jalé  todo. Me fumé y jalé el negocio, me fumé la casa, tres carros, unas propiedades que había heredado, la casa de la playa, una vez mis padres viajaron a Europa y yo les vacié la casa, me les fumé todo. Mi familia me cerró las puertas porque no podían conmigo, mi mujer me botó y se fue a Italia con mis hijos, ya había nacido la niña. Ella era de ascendencia italiana y tenía familia allá. Nunca más los volví a ver. Hace diez años atrás recién tomamos contacto de nuevo, me perdonaron y hacemos videoconferencias, chateamos y eso. Mi familia en un tiempo me abandonó porque se cansaron de apoyarme, de hablarme, de aconsejarme, pero yo no hacía caso. Estaba ciego o quería estarlo. En el lapso de mi drogadicción me pasó de todo, dormí en la calle, caí preso, estuve en el manicho (manicomio), robé, estafé, trafiqué,  pertenecí a una banda de asaltantes, mendigué, vendí mi cuerpo, manipulé a todos, hice daño a mucha gente. Mis padres me metieron cuatro veces a clínicas de rehabilitación,  las dos primeras veces me fugué y salí peor a hacer más pendejadas, en una salí tras cumplir un tratamiento de tres meses, salí parado, al año recaí y fue peor. El infierno empezó de nuevo y tuve diez años más de actividad intensa. Vivía solo, abandonado a mi suerte, pero siempre dándome modos para conseguir droga y consumir. Estaba muerto en vida, sin esperanzas, entregado al dolor. Pero tienen que pasar cosas graves para que reacciones y gracias a Dios pude reaccionar”

¿Qué sucedió, que le hizo reaccionar? “Casi me muero hermano, estuve al borde de la muerte. Me dio la muerte blanca (sobredosis). Tuve una sobredosis del hijueputa, tras una drogadicción de tres días sin comer ni dormir. Unos panas que andaban en la jugada, avisaron a mis hermanos que me llevaron a una clínica. Estuve dos semanas en terapia intensiva, me salvé de milagro. Después de estar, mal, tomé conciencia de que Dios me había dado una nueva oportunidad, la última y acepté la ayuda. Ya estaba cerca de cumplir los 45, mis hermanos con unos amigos hicieron una vaca para volverme a internar, era mi último intento. Ya había muerto mi madre y años después mi padre. Esta vez tomé conciencia y me di cuenta que no es la clínica la que te cambia, no es una mujer la que te cambia, eres tú, el que debes cambiar Me interné en una clínica en Lima, acepté a Dios, Estuve un año internado y al salir me quedé a vivir allá en lo que los adictos llamamos huidas geográficas, que a veces funcionan. Allá empecé una nueva vida. Empecé a trabajar de nuevo en un camello (trabajo)  modesto pero que me permitía vivir bien, era vendedor de una empresa farmacéutica de la familia de un compañero de rehabilitación. Estuve zeta (sin consumir) varios años, haciendo las cosas bien. Estuve diez años por allá, tuve una doña (mujer) pero no formé familia. Las cosas fueron mal con ella, la situación se pudo difícil allá, perdí el trabajo, pero no por mí, sino porque la empresa cerró y como ya tenía 55 años, no era fácil, seguir en tierra ajena. Así que volví al país, ya bien, entré a trabajar en una hacienda de un pana, vivo entre el campo, la playa y Guayaquil. Estoy solo, vivo solo, pero estoy tranquilo en paz, alejado del maldito polvo blanco. No niego que a la grifita (marihuana) si le hago, pero en corto. Cumplo mis obligaciones, trato de hacer las cosas bien y seguir mi vida”

¿Y no que la grifita es la puerta de entrada al resto de drogas fuertes? Eso dicen. Yo la uso como relajante, chacoteando y para ir a tono con la época de la legalización digamos que en mi caso es medicinal (ríe a carcajadas). No. Tranquilo. Ahora con la experiencia de los años, la madurez obtenida, el haber tocado fondo y salido, el haber estado en el infierno y salir de él. Y conocer a Dios, todo está bajo control. El me cuida y yo ando en los caminos del bien. Ahora soy un hombre nuevo”.

El hombre nuevo se despide, dice sentirse aliviado de contar su historia, me pide que no aumente, ni quite nada, que no invente nada. Que lo ponga tal cual y que espera que su testimonio le sirva a mucha gente, que lo tomen como una lección de vida, que vean cuánto daño producen las adiciones en las personas, que le sirva de ejemplo su historia para no caer en ella o si ya cayó, para que salga y no se desperdicie en lo que llama maldita droga del demonio.

Fotos: puertadetierra.info; lapaila.com; vivelastereo.com

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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