GUAYACO SOY

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dedicada a Manuel Metz

“Cheverísimo Aurelio, me encantó tu fino sarcasmo y el detalle de lo qué pasa en nuestra ciudad y la descripción de cómo somos. Si me permites, me gustaría que elabores otro escrito resaltando también lo bueno y cálido de nuestra querida ciudad y de su gente. Solo para ser justos porque también tenemos cosas buenas. Un abrazo parcero y felicitaciones”

Y claro que te lo permito y cumplo con tu pedido. Manuel Metz, mi pana de barrio, pelota, jarana y de la buena vida, en literal, de buena vida, me escribió este comentario en el artículo “El regreso del Tuerto Orellana” que publiqué en mi Revista Digital Delado / Va de Frente, el pasado domingo. Era un relato jocoso para la sección “A Mandíbula Batiente” (Humor) en el que “jodiendo” con la mecánica cuántica, contaba que por una falla en su aplicación, Francisco de Orellana regresó a la ciudad que fundó un 25 de julio de hace ya 484 años atrás, con tan mala suerte que cayó en la Entrada de la Ocho. Imagínense lo que le pudo pasar. La nota chistosa era un relato del otro lado de Guayaquil, del que te “baja” e impone la “sabiduría criolla”. Por eso el pedido del “Chueco”, porque hay otro Guayaquil. El bueno. Y claro que lo hay.

“No vayas a Guayaquil, allá te roban”. Me decían en las alturas, cuando trabajaba allá y se referían de alguna forma a lo que allá llaman “El Manso” (El manso Guayas). Y yo saltaba como guayaco en furia, para decirles: “Somos del manso, no mensos”. La plena. No vayas allá. Allá te roban y los giles no entran”, porque es cierto en Guayaquil, roban, como roban en todas las ciudades del mundo, en todas. Pero acá sabemos robar. Acá te robamos la tristeza, porque somos una ciudad alegre, cálida, donde el encanto lo pone el guayaquileño, con su alegría, con su optimismo, con su hospitalidad, con su valentía, con su frontalidad, con su calidez, con su pujanza, con su nunca bajar los brazos, con su luchar constante pese a los problemas, porque somos alegres de naciencia y cuando se es alegre, se produce, por eso Guayaquil es la ciudad más productiva del Ecuador, reconocida como la capital económica del Ecuador, siendo una ciudad netamente empresarial y comercial. Basta decir que Guayaquil, es sede del 39% de las 1.000 compañías, más importantes del país. ¿¡Poca cosa!, no?

¿Quieren más del positivo y pujante Guayaquil, donde la gente “le roba”. No le roba, le asalta a la vagancia. Y le roba tiempo al tiempo para producir más y mejorar y progresar para bien de su familia, lo que redunda en el bien de la ciudad y del país, dicho sea de paso. Como dicen popularmente. “Toma tu maduro”. Guayaquil tiene el primer lugar en la escala nacional en producción económica bruta. Los datos del Banco Central del Ecuador (BCE), en su último informe disponible sobre producción macroeconómica de las 24 provincias. Guayas con Guayaquil a la cabeza, generó ese año (2016), 45, 055 millones de dólares.

Así que si algo se roba en Guayaquil es a la vagancia, a la comodidad, al estancamiento, a los brazos caídos. Los guayaquileños somos trabajadores y productivos. geográficamente tiene una ubicación privilegiada al encontrarse a orillas del río, por lo cual somos el puerto principal del país y motor de la economía desde que nació, con el orgullo de tener el Barrio del Astillero. En Guayaquil por vía marítima o aérea, a diario se reciben embarcaciones de todo el mundo. Tanto, que 83% de todas las importaciones y el 70% del total de las exportaciones del país se mueven en el Puerto Marítimo, llamado popularmente Puerto Nuevo, con sus modernas instalaciones portuarias, ubicadas al sur de la ciudad.

En Guayaquil te robamos a la pena, la desidia, al aburrimiento, a la pereza. Guayaquil es feliz, por su ambiente y por su gente. Esta ciudad de casi cuatro millones de habitantes, muchos de ellos no nacidos aquí, pero tratados como tal,  es feliz, pese a sus problemas, pese a lo duro de la vida, pese a lo que fuere, es feliz y lo demuestra. No hay distingo, ríe el rico, ríe el pobre; goza, el niño, goza el joven, gozan los adultos y los viejos, goza el hombre y la mujer, goza el blanco, el negro, el indio, el montubio. Gozamos todos. Somos una ciudad de gozo.

“Allá es la tierra de la sabiduría criolla. Los “Monos” son vivos y pillos”, me decían. Y claro que somos vivos les decía. “!No vivos, re vivos!”, recalcaba. Allá nadie muere en vida. El Guayaco es sabido, porque no se muere de hambre, ni se deja caer. Allá sabemos vivir, sabemos disfrutar, sabemos vacilar la vida. Y somos hospitalarios para vivir en armonía con el que llega, por eso somos ciudad cosmopolita, ciudad de brazos abiertos y manos solidarias. Acá viene un afuereño y lo tratamos bien, porque somos buena gente, cálidos como nuestro clima y torrentosos como la ría que nos baña y nos embellece. Al que llega, si se lo gana, claro, solo si lo merece, le damos cariño y lo hacemos vacilar. Le robamos su pasividad y lo hacemos vivir bien. Nos preocupamos porque se sienta bien y disfrute la ciudad que amamos y por la que somos vivos y somos pillos, porque pillamos cualquier oportunidad para sacarle provecho  a los buenos momentos que en Guayaquil, sí los sabes vivir, son muchos. Guayaquil es una ciudad hospitalaria, acogedora, encantadora, buena, buenísima.

En Guayaquil, te robamos la pobreza de alma y te hacemos feliz pues tenemos riquezas de todo tipo y lo mas importante, las compartimos, porque los guayaquileños somos nobles. Y es cierto, hay riquezas de todo tipo. Gastronómicas, culturales, turísticas, laborales, deportivas, sociales, en fin. Tenemos de todo. ¿Quieren comer rico? Aquí comes rico y barato. Tenemos el encebollado, el bolón, la guatita, el arroz con menestra, los cangrejos, el bollo, las hayacas (de comer y de las otras), los secos, los ceviches, la chicha rebaladera, el caldo de manguera (salchicha), el caldo de bola, los pasteles de bicicleta, los prensados, los jugos de carretilla, los hotdog, hamburguesas y tacos de carreta, el muchín, y si quieres ser gourmet, basta con citar a Lo Nuestro, uno de las decenas de buenos restaurantes que tenemos para decir que aquí se come y disfruta a cualquier nivel.

En Guayaquil, ciudad en la que tenemos de símbolo a Juan Pueblo, te robamos la pena, la inactividad, el desgano, la desidia, la monotonía. ¿Quieres pasear y vacilar? Tenemos orgullosos nuestros Malecones. El de la ría y el estero, porque Guayaquil es la ciudad del río y el estero. Somos de agua salada y agua dulce, por eso tenemos la sal de la vida y la dulzura para vivirla. Aquí tenemos La Peñas, el barrio donde nació la ciudad y en la que confluye la identidad y la esencia del Guayaquil cautivador  y encantador, con sus casas y calles tradicionales y su alegre bohemia. Tenemos Cerro Blanco donde confluyen la naturaleza, la ecología y la vida; tenemos el Parque Lago, en el que el agua como principal componente nos refresca y nos da energía; tenemos el Parque Histórico que resume en un parque todo lo que somos: el Guayaquil de la era del cacao, el Guayaquil montubio, el Guayaquil de hoy, el Guayaquil biodiverso en naturaleza con bosques, flora y fauna. Tenemos orgulloso, un sitio que solo lo ves por los “mayamis”: Puerto Santana, sinónimo del Guayaquil pujante, en el que se trabaja y se divierte. Tenemos un aeropuerto de lujo, orgullo del continente. Tenemos: zoológicos, teatros, museos, bibliotecas, parques, cines, estadios, centros comerciales, calles, avenidas, donde se respira alegría, porque los guayaquileños somos alegres.

Te robamos el padecimiento, el sufrimiento y te hacemos vibrar y sentir porque tenemos pasión y fidelidad. Acá tenemos a Emelec y Barcelona, Barcelona y Emelec, torrente de pasión que devora y calienta. Y que nos enseñaron a ser fieles. Al guayaquileño, salvo dos honrosas excepciones que conozco, (mis panas Antuco y Jimmy), no se nos ocurre, ser hinchas de otros equipos. O somos Azules o son Amarillos. Pero somos tan pesados, que en otras ciudades nos aman, nos siguen y nuestros equipos tienen hinchas que llenan estadios.

En Guayaquil, te robamos la pena y el desencanto porque tenemos la noche y su bohemia. Acá vacilamos la noche hasta que roce con la madrugada y tenemos muchos lugares donde ir. Tenemos cantinas, billares, salones, bares, discotecas, peñas, salsotecas, cabareses, teatro, cine. Nos encanta vacilar, porque llevamos la alegría a flor de piel.

Y te robamos las miradas y te hurtamos los suspiros, te asaltamos los latidos del corazón y te atracamos a mansalva, las «querencias», porque tenemos a la guayaquileña. Mujer hermosa, mujer divina. Con encanto, altivez, gracia y donaire, que no aguanta paro, que va de frente, sin paro ni pero. Guayaquileña que es madre, hija, hermana, esposa, amiga, amante, hermosa. Por eso dicen: “A tus rubias y morenas, que enloquecen de pasión, les palpita el corazón, que mitiga negras penas, con sus ojos verdes mares, o de negro anochecer, siempre imponen su querer”

Tenemos guayaquileños de lujo y en todo campo. Nombrarlos sería largo. Pero tenemos para inflar el pecho de orgullo, con Pancho Segura y Andrés Gómez, mi pana y compañero de aula, a la cabeza; con Los Cuatro Mosqueteros de la natación, con Carlos Rubira Infante o Julio Jaramillo que cantan o el Viejo Napo que dizque canta pero que es un personaje a lo guayaco,  o Patricia González, Pamela Cortes, Beatriz Gil, Astrid Achi o Daniela Barona y Gianni Gianni que cantan y encantan. Y como ellos hay empresarios, ejecutivos, políticos, profesionales, comerciantes, deportistas, músicos, artistas, pintores, escultores,  periodistas, obreros, informales, betuneros, barrenderos, que son un lujo.  Porque ser guayaquileño es de por si un lujo.

En Guayaquil te robamos la falsedad, la hipocrecía, la doble cara, el doble discurso, el hablar a las espaldas. Porque los guayaquileños, somos sinceros. Nosotros vamos de frente, al pan, pan y a la biela…..nos la chupamos. Hablamos cara a cara. De frente, con desparpajo, irreverencia, pero con profundo respeto, porque los guayaquileños somos extremadamente respetuosos. No nos metemos con nadie a menos que se metan con nosotros. Vivimos y dejamos vivir. No somos más ni menos que nadie. Solo somos lo que somos.

Somos como todas las ciudades del mundo y como todas las personas del mundo. Las ciudades tienen su encanto, cada ciudad la suya. Las del llano, las de altura, las de río, las de playa, las de montaña, las de selva. Todos tienen su encanto. Todas tienen su gente buena. Todas, sin excepción. Y todas tienen también su lado malo. Guayaquil lo tiene ¿Cómo negarlo? ¿Cómo tapar el sol con los dedos? No es perfecta, tiene pocas o muchas cosas malas, pero son más las buenas. Porque Guayaquil es buena.

Guayaquil, hoy en tu día y siempre te saludo y te venero. Aquí nací, aquí quiero morir. Aquí he gozado y he sufrido. Aquí he ganado y perdido. Aquí he querido y me han querido. Aquí nació el ser que más quiero en el mundo, mi Lizzi, la razón de mi vida, por la que no toco fondo.  Aquí vivo y aquí quiero vivir. Este es mi Guayaquil, el de Manuel, el de todos.

Yo allá solía joder, diciendo que mi sueño es que Guayaquil sea República Independiente y que mi sueño es gritar: ¡Arriba Guayaquil, abajo el Ecuador”. Y cuando lo hacía se morían de furia y yo me cagaba de risa. Soy ecuatoriano y extremadamente orgulloso de serlo. Pero más orgulloso soy de ser guayaquileño. ¡Arriba Guayaquil”.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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