YO LA PRESA

De pronto, como por arte de la contra magia de la desgracia, se abren las puertas del infierno, un infierno que no está en el subterráneo de la tierra, ni arde en llamas, ni es caluroso para sofocar almas, ni en el que está para recibirlos el maligno y sobrenatural  rey de las tinieblas con culebra en mano; pero que igual es infierno pues encierra al ser humano en el submundo de la tierra y sus bajezas, que lo hace arder en las llamas del fuego que castiga, aterra y condena, que sofoca al ser humano con el calor de la desesperación la angustia, del dolor y en el que el maligno rey de la maldad es el ser humano con culebra venenosa en mano que pica con tóxica ponzoña, que lleno de dolor, rabia y frustración está dispuesto a arruinarte la vida. Por esas puertas infernales que se abren, entra ella. Una guapa y menuda mujer que no llega a los 1,60 metros de estatura, con 19 años de edad y un hijo de año y medio al que ha dejado abonado a su suerte, nacida en otras tierras de la que se alejó sin saber por qué, de clase social media alta, a la que de nada le ha valido la fortuna para salvarse de las manos de la ley, una ley que ella no rompió, pero que igual la ha llevado al infierno, al que entra esposada con las manos atrás custodiada de tres policías que le van diciendo en el camino hasta del mal que se va a morir. Se han abierto las puertas de su infierno. Bienvenida o “malvenida” a la cárcel de mujeres de Guayaquil.

Sus piernas tiemblan, sus ojos lloran, su corazón late acelerado, su pecho se infla de angustia y su mente está llena de mil ideas prejuiciosas. En el camino, como un flash llegan a su cerebro mil imágenes, desde el día que dejó su amada Colombia para llegar a Ecuador porque a su esposo le había salido un “buen trabajo”, hasta el día en que durmiendo de madrugada en su casa de Manta con vista al mar en la que el ruido de las olas del golpeaban en su ventana, fue despertada súbitamente por un ruido escandaloso, era la policía que había tumbado la puerta  para allanar la casa y detener a cuanta persona estaba adentro. Allí recién se enteró que su esposo, gerente de una flota pesquera exportadora de atún, había sido un traficante de drogas que dejó su país para convertirse en el poderoso exportador de cocaína desde las costas ecuatorianas, hacia Estados Unidos y Europa.

Inmediatamente las ideas en su mente que pasaron como flash, la vuelven a la realidad, cuando se abren las puertas de un pabellón llamado cuarentena y ella ingresa ante la mirada de otras 37 mujeres, que presas como ellas, vivían su propio infierno. “ Cuando recién se llega a  cana (cárcel), un lugar  totalmente desconocido con tantas ideas preconcebidas, llegas con mucho culillo (miedo), inseguridades, temores, dudas, cabreazón (coraje), muchos sentimientos y emociones, que te mueven,  pero a medida que vas estando en ese lugar te das cuenta que la cana (cárcel) es lo que tú quieres que sea, con esto quiero decir que para muchas personas la cárcel es lo peor o llega a ser lo peor para ellos, porque allí sacan todo lo chimbo (negativo) que pueden haber tenido y que afuera jamás lo descubrieron. Así, en ese lugar que piensan que es lo peor que puede existir, sacan lo que nunca fueron. Personas que afuera han sido zanahorias (sanas), sin vicios, acá se enfrascan en el mundo de las drogas, o empiezan a tener relaciones badeas (lésbicas homosexuales), o se prostituyen, mientras hay otras personas que afuera han tenido una vida terrible de putería (prostitución), drogadicción y demás y al llegar a ese lugar dicen, no va más y en ese lugar, cambian. Yo lo he (luqueado) visto, he visto las dos formas, por eso digo la cárcel es lo que tú quieres que sea. Es lo que tú permites que la cárcel haga contigo, lo bueno o lo malo, esa es tu decisión”.

La respuesta sorprende por el remate final,  y yo que estoy sentado frente a ella, en la sala de su casa, ahora modesta pero cómoda y con calor familiar, me encuentro como desarmado porque no esperaba una respuesta filosófica, estaba preparado para oír un relato diferente, que me cuente de un mundo bajo y ruin. Desconcertado, apenas atino a decir. ¿Qué miedos tenía, que dudas pensaba en su cabeza, que pensó que le iba a pasar”.

 “Bueno lo que yo más culillo (miedo) tenía, lo que más me aletaba (inquietaba) era lo que había escuchado, que si tú eras un bizcocho, una chusca (simpática), te cogían, te encerraban en el baño, te violaban, te hacían horrores, ese era mi mayor temor. Yo sabía que estaba calavera (al borde del desastre) y decía entre mí, Dios mío que hago yo, si es que vienen en parche (grupo) dos, tres, cinco de esas sardinas (mujeres) y me agarran y me hacen davahues (horrores). Ese era mi mayor miedo en cuanto a mi integridad física, pero el mayor dolor que yo tenía era estar separada de mi chino (hijo), de mi padre, de mis hermanos, de haberme enterado de la forma que me enteré, que el ser del que estaba tragada y engalletada (enamorada) al que yo amaba,  no era quien yo pensaba que era y que me resultó un faltón (falso). Eso fue tenaz (fuerte) y me emberracaba (enojaba) y se me hacía inmamable (insoportable). Realmente ese era mi mayor dolor, mi mayor preocupación, por lo que yo estaba desbastada. Pero como ser humano al ingresar a un lugar totalmente desconocido y del que todo el mundo chamulla (habla)  tantas cosas terribles, obviamente que cuando puse el pie en ese lugar, me dio la carracaquera (miedo) y dije Dios mío, en tus manos me encomiendo, porque aquí me van a hacer horrores,  esa fue la primera impresión que tuve, fue realmente mi miedo personal de sufrir algún tipo de violación. Después como madre, como hija, como hermana, el dolor de no tenerlos a mi lado, me lo llevé hasta el último día que estuve en  ese lugar, eso sí no pude cambiarlo, ni superarlo, traté, traté de aceptar y llevar las cosas con berraquera (fortaleza) con calma y que todo fluyera porque definitivamente si tú  te pones a luchar contra la corriente las cosas van peor.

Veo que la cárcel, la dejó marcada, digo por su lenguaje “cobero” (de jerga popular), le digo. “Ah sí se pega, allá es otro idioma. Siempre trato de que no se me salga, porque no se ve bien, pero a veces como ahora, cuando estoy en un ambiente informal en el que no debo disimular nada, me muestro como soy, pero usted ni diga nada porque está que me entiende todo, o sea también es cobero, pero si quiere le hablo bien.”. Hable lo que quiera, pero hable con la verdad. Siempre.

 Un mundo de prejuicios

Mientras ella va al dormitorio, a ver a su hijo que hoy tiene 13 años y que la ha llamado, y yo saboreo el sánduche de atún que muy gentilmente me convidó y tomo jugo de naranja, me quedo pensando en las mil cosas que debió haber pasado en ese infierno del cual ella, al menos en cuanto a esos temores de ser abusada, salió bien librada. Al regresar pide disculpas por la interrupción y yo inmediatamente lanzo la pregunta que para mí era lógica y apropiada en ese momento. ¿Por qué, cree  que no le pasó que la encierren en ese lugar  y la violen, si ese es el pasaporte de entrada, si dicen que lo primero que pasa es eso y cuénteme si eso pasa o no, si realmente sucede, si usted vio cosas así?

“Hay muchas cosas que pasan en ese lugar que a medida que pase la entrevista le estaré contando. En cuanto a su pregunta si eso pasa de entrada, eso es falso, eso no es real. Al entrar recién, la gente te mira como diciendo: “bueno y esta quien es,  porque está aquí, que hizo, que será de su vida. Las mismas preguntas que tú tienes en ese momento, ellas también la tienen con respecto a la nueva persona que está ingresando. Cuando yo ingresé, estaba muy triqueada (asustada), trataba de caracterizarme (hacerme la valiente) de no demostrar miedo, trataba de mostrar machera (valentía,  pero en el fondo yo estaba muy paniqueada (aterrada). Era muy joven y me agarré muchísimo de Dios, y bueno yo lo que dije fue. Ya estás aquí, tienes que aceptar este lugar, tienes que aceptar las personas que te rodean, buenas y malas, tienes que aprender a ser sabia, a controlar todas tus emociones negativas, porque no sabemos las reacciones de la personas, peor en un lugar de encierro y traté de ser lo más humilde posible como ser humano. Yo dije, estoy aquí, ya estoy en esta vuelta (situación) estoy presa, soy igual que la negra, que la blanca, que la mona (rubia), que la chola, la india, chira (pobre) o billeteada (rica), lesbiana o no, trabada (drogadicta) o no, pinchada (aniñada) o no, estoy presa y soy igual que ellas, aquí no importa quién soy, hija de quien soy y si tengo o no tengo cachimoney (dinero), simplemente estoy aquí y soy una más de ellas y voy  a ser como ellas en el aspecto de que no me voy a creer más, ni tampoco voy a dar papaya (dejarse basurear) obviamente”

Una segunda interrupción por el mismo motivo y nuevamente me quedo pensando en lo duro que han tenido la vida algunas personas y yo quejándome porque no encuentro trabajo. Cuando llega, le comento: Duro. Pensé que lo que primero que pasaba era esa escena del abuso. Pero contésteme la otra parte de la pregunta, ¿por qué cree que no le pasó nada allí?

“Dios me bendijo muchísimo y en ese lugar me recibieron personas que desde el primer momento, quizá al verme tan joven, totalmente diferente a ellas, porque allí encuentras personas de estrato social bastante bajo, no sé,  creo que les di pena, o que se yo. Pero lo que yo digo es que siempre Dios pone ángeles y estas mujeres fueron en su momento ángeles para mí. En especial una, Matilde Santillán, jamás la voy a olvidar. Ella fue mi parce, mi llave, mi mompa (amiga). Esa mujer era un chola de 1,72 metros, de 40 años, una de esas ñeques, ñeques, había sido prostituta toda su vida y después para pagarse el vicio, porque era viciosa, empezó a paquetear (vender droga) y estuvo presa por eso. Esta mujer fue la primera que se me acercó, me habló y nos hicimos parceras (amigas) y puedo decir que fuimos amigas el tiempo que estuve en ese lugar y donde quiera que esté siempre le pido a Dios por ella, porque ella fue mi ángel y me dijo mientras tu estés aquí, vas a contar con mi apoyo, no voy a dejar que nadie te moleste, que nadie te haga nada, porque tu no perteneces a este lugar y puedes ser hasta mi china (hija), esa hija que no he tenido por la vida que he llevado. Por medio de ella comencé a conocer a más personas y todas se portaron bien conmigo”

¿Todas?, suena a mundo de fantasía, algún tropiezo debe haber tenido. “Muchos, siempre le sale un gallo (inconveniente) a una, siempre hay tropiezos allí. El primero lo tuve al mes de estar presa, había tenido un mal día y ya me estaba cogiendo la jartera (el aburrimiento), ya sentía la cana (prisión), la presión de no ver a mi chino (hijo), la desesperación de no saber si iba a salir, definitivamente eran de esos días en que no estaba para aguantar nada ni a nadie. Había, una mujer, Lourdes, una negra King Kong de casi dos metros, que me sacaba la piedra (me enojaba), que me batració (ofendió) horrible, desde que llegué, que me tenía emberrascada (molesta) pero a la que había aguantado por prudencia y temor. Imagínese que hasta me dijo que yo tenía color de gonorrea. Ella había estado por muerte, porque había matado al marido y siempre me decía que me iba a dar chicharrón (a matar). Ya me la tenía montada (dedicada). Un día yo estaba comiendo y estaba de mal genio y no estaba para aguantarla y comenzó con la misma pendejada y entonces vino a fregarme. Ese día me paré con y le dije negra tal y pascual, la insulté, le dije a ver tanto que me quieres matar, ya pues mátame negra hijeputa malparida, ya me tiene jarta (harta,  tanto que me amenazas, si me vas a matar, mátame, o te mato yo, o no matamos las dos, porque manca no soy,  más claro. La gente empezó a rodearnos, me decían contrólate y yo estaba como loca, me “loquié”(enloquecí)  horrible, estaba mal, ese día y estaba dispuesta a todo, sentía que era capaz hasta de matarla y de repente viene esta negra y se me empezó a matar de la risa y me dice, oye color de gonorrea, me has caído bien, aquí todo el mundo me tiene miedo, es la primera vez que alguien se me para y peor una pulga color de gonorrea como tú, cogió se acercó, me abrazó,  y me dijo, eres cana, canera como nosotras, bienvenida. Desde ahora en adelante, vas a ser mi amiguita, en todo lo que me necesites ahí voy a estar y así fue, estuvo pa´ las que sea (en las buenas y en las malas)  hasta el último día que estuve en ese lugar ella me cuido, ella me limpiaba mi cuarto, ella comía conmigo, cocinábamos juntas con Matilde. Y me hice de un combo, mire, una peor que la otra, una más grande, una más asesina que la otra, pero conocí el lado humano de esas personas. Y puedo decirle que en la cárcel así como hay mucha gente mala, también hay gente buena.

Sabor a injusticia

“Cada una de ellas tiene su historia. Nosotros vemos lo que publican, lo que sale en la noticias, pero no sabemos, el fondo, la realidad, el porqué. Lastimosamente son personas de escasos recursos y lo primero que hacía la justicia era condenarla a  16 años, 25 años porque no tiene un perro que les ladre o porque no tiene dinero para tranzar y por eso estaban presas allí. Matilde estaba por cinco paquetes de base y le pusieron 16 años ¿Cree que eso es justo? Lourdes es verdad, mató al marido, pero fue en defensa propia, porque él la apuñaleó y ella lo apuñala también, con tan mala suerte que le dio en la ingle, donde pasa una arteria y se desangró. Son muchas cosas”

La miro fijamente y digo, disculpe, pero me parece increíble tanta “belleza”. Me asalta una duda. ¿La protección era comprada porque ellas sabían que usted tenías posibilidades o fue realmente cuestión de humanismo?

“Fue por humanidad, me vieron totalmente diferente a ellas, tan joven y sintieron pena, Sí quizás en algún momento ellas se sintieron beneficiadas por estar conmigo, pero no porque yo las haya comprado,  nunca les di dinero, ellas nunca me aceptaban cachimoney (dinero), porque a veces yo quería darles pero nunca me lo aceptaron. Se beneficiaron, en que vivían tranquilas, por ejemplo yo controlaba muchísimo a Matilde cuando ella tenía compulsiones porque quería fumar, yo la hacía dormir conmigo y entonces se calmaba. Las tres cocinábamos juntas, entonces ellas tenía su desayuno, su almuerzo, su cena, segura. Conmigo conocieron otra calidad de vida que ellas no conocían, querían aprender, habían llegado hasta tercer y cuarto grado, yo les empecé a enseñar a leer bien, a escribir, ellas me enseñaron a tejer, a cocinar, a preparar platos esmeraldeños. Era un intercambio que teníamos, basado en parcería (amistad), en cariño, en respeto, en confianza. Y yo también todo el tiempo que estuve allí, me dediqué a estudiar, a camellar (trabajar), yo trabajé en la enfermería como asistente del doctor Fabricio Arguello, me pagaban 5.000 sucres por estar ahí, dando primeros auxilios, pero vi cosas terribles, gente que entraba macheteada con las tripas afuera, mutilados, enfermos terminales, varias veces tuve que cerrarle los ojos a gente a la que vi morir. La verdad no me gustaba, era una forma de sentirme productiva, además que me servía para acceder a las rebajas de la pena por buena conducta y por rehabilitarme. Yo no me quedé estancada en ningún momento y eso les inculqué a ellas, que teníamos que mantenernos ocupadas y que todo lo que pudieran hacer de bueno les favorecía para sus rebajas de pena para que puedan salir antes de tiempo, como lo otorga la ley. Cuando mi  familia iba a visitarme y me llevaban el mercado (comida, cosas para el aseo y demás), yo les decía que lleven un poco más y lo compartía siempre con ellas. Ellas no tenían visita, entonces yo llegue a formar parte de sus vidas y ellas de la mía, como una familia, a pesar de mi corta edad, porque ellas eran mucho mayores. No sé, creo que la calidad humana mía hizo que ellas se sintieran cómodas, se sintieran a gusto conmigo y querían aprender cosas, que como era la vida mía, como era tener esto o el otro y cuando me di cuenta ellas estaban ya más refinadas, comían bien. Todo depende de la persona que quiere cambiar, el que quiere mejorar lo va a hacer en cualquier lugar donde se encuentre y bueno yo siempre me he dicho, Dios me puso en ese lugar con un propósito, no solo para yo servir, sino para mejorar, para aprender, para no juzgar. Yo siempre digo, cuando pasa algo yo no estoy para juzgar porque yo no estoy en los zapatos de esas personas, yo no sé que haría si estuviera en su lugar, porque nadie sabe cómo vas a reaccionar en algún momento determinado de tu vida por alguna circunstancia que éste pasando”

¿O sea ellas dos eran su mundo, allí? “No. Yo no solo andaba con ellas, yo tenía un parche (grupo) grande, tenía diferentes gajos (grupos) y con todas andaba, aunque obvio, me sentía más identificada con Matilde y Lourdes, porque me di cuenta que ellas eran totalmente honestas, como más puras, mientras las que estaban en mejor posición social que ellas, eran más superficiales, mas frívolas, había la envidia, el chamullo (cuento) eran muy casposas (chismosas) y yo sentí que estas personas me necesitaban y yo quise servirlas, ayudarlas, apoyarlas, durante todo el tiempo que estuve allí. Mire, Matilde salió antes que yo y ella me iba a visitar y me llevaba pan, mandarina, son esas cosas que te llegan al alma, son cosas que no tiene precio, tienen un valor sentimental, eso significó muchísimo más que cualquier otra cosa que haya llevado otra visita.”

Un submundo de podredumbre

Hasta ahora todo lo que me ha cantado son cosas buenas, pero todos sabemos que la cárcel es totalmente diferente. Que es el infierno en vida. Y lo es. Es un infierno. Yo le he contado, mi experiencia, pero recuerde que al inicio le dije que a medida que transcurra la entrevista, le iba a contar cosas. La cárcel es un submundo, un lugar  terrible que no se lo deseo a nadie. Es lo peor que puede haber en la vida porque es un mundo que encierra vicios, maldad, corrupción, prostitución, lesbianismo, peleas, sangre, muerte, envidia. Escuché y vi muchas bajezas, allí. Para empezar cuando una  llega allá, va  a un lugar que se llama cuarentena en la que supuestamente debes estar cuarenta días, es un lugar terrible. En un cuarto duermen cuarenta personas y hay tres cuartos, un baño común de cinco duchas y cinco servicios y allí vez como están teniendo sexo, como se traban (fuman droga)  y tu sin fumar, terminas igual de trabada (drogada) que ellas por el olor. Todo es a vista paciencia tuyo y no puedes decir nada porque te dan boleta (pegan), te apuñalan. Las que tienen posibilidades jamás van allá, van a los pabellones, hay tres, que tienen cuartos para dos  personas, hay baño individual, tienes un  baño común, pero todo grande, con compartimientos  para los servicios y las duchas, todo higiénico. Es otro mundo.”

“Allá había de todo. Sé que ahora con las nuevas reformas las cosas han cambiado mucho y hay situaciones que ya no se dan. Pero en mi época muchas mujeres se prostituían allí, que generalmente eran las que estaban en vicio y que debían pagarlo. Los hombres iban a tener sexo allá, porque sabían por el boca a boca que las internas ofrecían servicios sexuales. Todo es un negociado. La dueña del cuarto alquila el suyo para las que se prostituyan. Eso era tremendo, porque en muchos casos, los hombres iban allí y se emborrachaban, se trababan (drogaban) y armaban unas guachafitas (fiestas) que terminaban en pito (trifulca), en la que corría la sangre por todos lados  porque algunas mujeres tenían maridos al lado (en la penitenciaría) y él se enteraba y le caía por sorpresa. Había otras que tenían el  marido al lado y la mujer, allí mismo en una promiscuidad tremenda. El sida y las enfermedades venéreas jugaban al pepo y trulo. Mientras yo estaba allí, había quince infectadas de sida. La mayor pelea que hay es por pantalones (hombres), porque va uno más o menos pintero (de buena presencia)  y todas le caen encima porque todas en ese lugar lo que quieren es los dolorosos (dólares), sea chusca (guapa),  fea, gorda, flaca, ricachona. Yo tenía otras posibilidades por eso actuaba diferente. Yo no las juzgo, pero las entiendo. En cuanto a la droga, eso entra por la puerta y es un mal que nunca va a terminar. Los mismos policías, los mismos guías son los que se encargan de llevar. Generalmente, la droga más llegaba a la cárcel de varones, pero como ellos pueden subirse al techo, la lanzaban al patio de mujeres y alguien la recibía y distribuía.  Todo el mundo sabe quién vendía, quienes eran los pusher (vendedores de droga)  y ningún guía dice nada porque lleva su tajada (comisión). Allá la droga es cariñosa (cara), el triple de lo que cuesta afuera, por eso era un gran negó (negocio) al que ninguna autoridad le convenía parar, todo lo contrario lo alentaban.”

“Allí impera la corrupción, en los que los peores son los guías y policías. Había también guías mujeres, como en todo, buenas y malas, señoras que trabajaban allí por necesidad pero con alma noble, pero los hombres eran malditos. Buscaban castigar a las internas y enviarlas a las celdas de castigo, porque allí, las amarraban a un poste y las violaban cuatro, cinco hombres, eran unos hijueputas malparidos”.

Viendo pobredumbre

Hasta ahora me ha contado algunas cosas fuerte, pero pese a eso no alcanzo a divisar el mundo infernal del que se habla. ¿O usted se mantuvo al margen y no vio nada o vivió en otro mundo canero (cárcel). “No. Es muy difícil mantenerse al margen allá y no porque no te metas en nada, sino porque las cosas pasan en tu presencia sin que ninguna autoridad lo evite y a veces tienes que frentear (enfrentar) la situación e involucrarte. Por ejemplo si ves una acuchillada, tienes que ayudarla y yo que trabaja en la enfermería, como que me tocaba. He visto como se mataban a machetazos por defender su territorio o sus intereses. Recuerde que allí hay mafia, negociados y cada quien protege lo suyo. Una vez vi una pelea terrible, impactante, vi como una de las caciques, una dura (líder) acuchillaba a una negra fumona que no le pagó la droga. Le metió como veinte puñaladas en la barriga hasta que se le salieron las tripas y créame no se murió. Otra vez unas locas ya sicoseadas (traumadas) por la cana (cárcel) le prendieron fuego a la cárcel para que nos muramos todas. Fue un momento traumático, nosotras tratábamos de apagar el fuego con lo que teníamos a manos, mientras ellas trataban de impedir que lo hagamos, los guías y los policías salieron del lugar sin importarles que nos podía pasar adentro y la prensa ni por enterada, después salió en las noticias pero todo minimizado. Otra vez vi como a una fumona que había pateado (estafado) un billete, le quemaron la cara con una colada hirviendo y la dejaron desfigurada.He visto como abortaban bebes de cuatro cinco meses y los dejaban botados en el baño o los botaban a la basura. Una vez en año nuevo se armó una farra tremenda que terminó en un descontrol total. Ya borrachas y drogadas, se mataban entre bandas, se acuchillaban, se mataron como cuatro internas, a otra le cortaron el brazo pero cortar de arrancárselo de un machetazo. Al día siguiente se encontraron tres dedos en el piso y una oreja. Lo peor es que nadie hace nada, ni los guías ni los policías porque les da miedo. Era terrible. Realmente un infierno”

Ahora sí estuvo fuerte. Ya esos relatos son espeluznantes ni en las novelas más violentas se ve eso. ¿Cómo soportarlo, porque una vez adentro, no te queda de otra que sobrevivir?

Si no estás fortalecida en Dios y si no  estás clara en las cosas, te puede destruir. Por eso dije antes que la cárcel es lo que quieres que sea. Si te quieres hundir te hundes rapidito porque hay todos los factores para ello. Si quieres mantenerte bien, primero debes fortalecerte en Dios y segundo, tomar una actitud positiva y tratar de llevar ese lugar lo mejor posible, porque en ese lugar hay muchas personas que necesitan ser ayudadas y quieren ser ayudadas, pero a veces nadie se toma el tiempo de saber que le pasa a alguien o de conocer la vida de esa persona. Allí hay mucho egoísmo, frustración, amargura, dolor y las personas lo sueltan porque eso es lo que tiene adentro. Yo tuve la suerte de ser ayudada, porque el ambiente me estaba afectando, dañando y cayendo en desesperación y angustia. Y tuve que aprender algo a la fuerza, me lo enseñó un profesor de metafísica que trabajaba allí, Luis Herrera. Él me dijo que tomara las cosas con calma, porque así llore, insulte, chille, patalee, me muera de las iras, no iba a salir de allí,  que estaba presa en ese momento y que esa era mi  realidad y no va a cambiar. Medite, acepté el consejo y empecé a cambiar de actitud, luego todo empezó a  fluir y así hago eso para toda la vida. Para mí  fue una persona muy especial en ese lugar y sus palabras me quedaron. Así que  desde ahí tome todo positivamente. Tampoco me quedaba de otra”

 ¿Cómo mataban el tiempo. Hay rehabilitación allí?

“Jugábamos bingo, vóley, básquet, hacíamos gimnasia, conversábamos, hacíamos algunos oficios, algunas tejían, hacían trabajos manuales, yo daba clases a las que querían que no eran muchas. Otras simplemente se emborrachaban y drogaban todo el tiempo. Rehabilitación no hay. Para ciertas ocasiones daban cursos de manualidades, yo las aprendí allí. Pero era una rehabilitación mal dirigida. La directora decía: Va a haber un curso de tres meses, las que quieran, inscríbanse. Pero no es así. Si  se quieres rehabilitar debió decirnos van a ir y punto. Fíjese que había talleres de costura que pasan solos, solo habían tres personas que cocían y enviaban sus productor a vender a la calle. No hay esa dedicación, porque todos desde el director, la guías, los policías, los periodistas, todos piensan que somos la escoria y nos ven de esa manera. La rehabilitación la haces tú misma, sino te vas a la mismísima mierda. Yo quisiera que las empresas grandes, les den oportunidades a las personas que están allí, que les den trabajo, que las pongan a tejer a bordar, hay personas que hacen cosas bonitas, que solo necesitan apoyo”.

La conversación ha terminado. Ella recuerda su historia como una sombra del pasado. Hoy de esa experiencia, solo quedaron tristes recuerdos y muchas enseñanzas que le sirvieron para madurar, para ser fuerte, para valorar la vida y la libertad. Vida que hoy disfruta con un nuevo hogar. El hombre al que un día amó y la metió en esa vivencia dolorosa sin ser culpable, volvió a su país a seguir en las andanzas y murió en un enfrentamiento con la policía. Ella rehízo su vida con un hombre bueno que la ama y respeta con la que procreó la hija que le faltaba. Hoy sonríe a la vida que le da su bien más preciado, la libertad

 

Fotos: laquintapata.net, lasdrogas@info, larazon.co, academiadeprisiones.ec,comercioyjusticia.info

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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Un comentarios

  1. Un relato impactante muy buena la entrevista y muy bien escrito te felicito un abrazoJ

    Hola Aurelio Un relato impactante muy buena la entrevista y muy bien escrito te felicito un abrazo

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