LA GUERRA COMERCIAL ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CHINA

Ni el presidente estadounidense Donald Trump ni el presidente chino, Xi Jinping, están mostrando señales de doblegarse en la disputa comercial entre las dos economías más importantes del mundo, lo que apunta a un enfrentamiento que podría durar meses o incluso años.

Alentado por la fuerte economía de los EE. UU., Trump siente poca presión para acelerar y concertar un acuerdo con Beijing. Por el contrario, luce dispuesto a esperar la mejor y más favorable negociación para su país.

El desempleo en los Estados Unidos se ha mantenido por debajo del 4 por ciento, el producto interno bruto ha crecido en más del 3 por ciento, y un reciente estudio mostró la confianza del consumidor en el punto más alto de los últimos 15 años, a pesar de las continuas tensiones comerciales.

Esto le ha otorgado a Trump la confianza de que los EE. UU. no sufrirán grandes consecuencias por la lucha con China. La economía de Beijing está en mayor riesgo debido a su dependencia de las exportaciones.

Además, China está obligada a transformar su economía y así reducir su altísima dependencia en el endeudamiento y la disputa comercial con los Estados Unidos ha complicado dichos esfuerzos.

Cuanto más se prolongue el enfrentamiento con los EE. UU., más débil aparecerá Xi y más difícil será para él poner en práctica su agresiva agenda económica, la cual incluye la iniciativa denominada “Cinturón y Ruta de la Seda”.

Esa sería la razón por la que hace pocos días, China, al sentirse “acorralado”, habría abandonado su enfoque más moderado, transformándolo en uno mucho más agresivo. Busca tranquilizar a su audiencia doméstica.

Muchos expertos en comercio están de acuerdo en que China tiene más que perder debido a una prolongada guerra comercial con los EE. UU. Consideran que Xi se encuentra debilitado debido a la presión de la denominada “línea dura” de Beijing, los cuales no quieren aceptar un acuerdo que profesan que humillaría a su país.

Recordemos cuán profundamente entrelazadas económicamente se encuentran ambas naciones a medida que se desarrollan las negociaciones. Los dos países intercambiaron aproximadamente USD $660 mil millones de dólares en mercancía el año pasado. Asimismo, China posee más de USD $1 billón de dólares en deuda de los EE. UU.

A raíz de que se interrumpieron las conversaciones comerciales entre las dos naciones hace pocos días, Trump aumentó los aranceles sobre USD $200 mil millones de dólares en productos chinos, ubicándolos en 25 por ciento y dio comienzo al proceso de imponer aranceles adicionales a USD $325 mil millones adicionales. De seguir adelante, afectaría a casi todas las importaciones de China.

China respondió anunciando que aumentará los aranceles a USD $60 mil millones en productos estadounidenses, llevándolos a una tasa de 25 por ciento a partir del 1 de junio, lo que perjudicaría a los agricultores y pequeños fabricantes en estados tales como Michigan, Ohio y Wisconsin, los cuales son fundamentales para las posibilidades de reelección de Trump en el año 2020.

¿Cuál de los dos países triunfaría si no se llega a negociaciones exitosas que eviten una guerra comercial?

A medida que las fricciones comerciales se intensifican, la mayoría asume que China va a prevalecer, sin embargo, acostumbrado a vivir de forma permanente con déficits comerciales en su balanza de pagos, muchos dan por descontado que será EE. UU. quien se imponga.

Ciertos expertos creen que China tiene más poder, pero, ignoran realidades fundamentales. China se ha vuelto cada vez más dependientes de su acceso al mercado estadounidense. En el año 2016, un asombroso 68.0 por ciento de su superávit comercial se debió a las ventas destinadas a los EE. UU.

En el año 2017, dicha cifra aumentó a 88.8 por ciento. Pero, recordemos que los países con superávit comercial generalmente sufren más en las guerras comerciales, tal como lo ha demostrado la historia.

Por lo tanto, se encuentra en una posición vulnerable de ser “apretada” por parte de EE. UU. Si el comercio fuese poco importante para China, ¿por qué la depredación comercial que han desarrollado ha durado tanto tiempo, y de tantas diferentes formas?

En cuanto a los tamaños de ambas economías, la estadounidense es mucho más grande que la china. Beijing afirma haber alcanzado un producto interno bruto de aproximadamente USD $14 trillones nominales en el año 2018.

Mientras tanto, el tamaño de la economía de Estados Unidos es de aproximadamente USD $21 trillones nominales (1,5 veces el PIB de China).

Cabe anotar que, las cifras del Producto Interno Bruto (PIB) de China se consideran exageradas ya que, y, particularmente, durante los últimos dos años, el crecimiento del país fue menos de la mitad de lo reportado por su Oficina Nacional de Estadísticas (The National Bureau of Statistics of the People’s Republic of China) NBS.

La economía de Estados Unidos (que ya es más grande), está, de hecho, creciendo a un ritmo más rápido que la de China. No hace falta decir que las economías más grandes presionan a las más pequeñas, especialmente cuando la brecha de su déficit es considerable.

De igual forma, la economía estadounidense, pese a todas sus fallas, es estable, no así la de China. Se asevera por muchos analistas, que China se encuentra al borde de una asfixiante crisis de endeudamiento.

La relación deuda / PIB de China se ubicaría entre 350 y 400 por ciento, dependiendo de las cifras de la ya por todos denominada (y muy conocida en nuestro país), “deuda oculta”.

La preocupación por su delicado estado ya había ocasionado una enorme fuga de capitales entre los años 2015 y 2016, habiéndose producido una salida neta de capitales que aproximadamente alcanzó la cifra de USD $2.1 trillones de dólares en un período de apenas dos años.

La imposición de medidas “draconianas” de controles a la “fuga” de capitales a partir del último trimestre del año 2016 detuvieron un “desangre” de mayores proporciones.

China amenaza constantemente con reducir las compras de la deuda del Tesoro de los EE. UU., sin embargo, ya es algo que ha estado haciendo desde mediados del año 2014, con el fin de defender su moneda, el renminbi, y hasta ahora, esta maniobra no ha causado ningún efecto notable en la capacidad de los EE. UU. para financiar su déficit.

Puede también desprenderse y “botar” dólares en el mercado, sin embargo, tendría que tomar medidas adicionales para intentar frenar aún más los flujos de dinero, a sabiendas de que un frenazo de dicha naturaleza tan solo puede funcionar en el corto plazo, por lo que eventualmente se producirán ventas en dólares, independientemente de lo que Trump haga o deje de hacer con respecto al comercio.

China ha afirmado que el gobierno de EE. UU. está muy limitado en sus maniobras, ya que se ha vuelto muy dependiente de las importaciones de bajo costo provenientes de su país.

Según datos estadísticos, a principios de este siglo, alrededor del 90 por ciento de las prendas de vestir vendidas en Walmart (la gigante multinacional estadounidense, que opera cadenas de grandes almacenes de descuento y clubes de almacenes), eran fabricadas en China.

No obstante, a fines del año 2012, ese equilibrio entre China y el resto del mundo esencialmente se revirtió. Los aranceles de Trump en prendas de vestir u otros artículos, incluso si ocasionan que los productos chinos sean más caros o no estén disponibles, no generarán aumentos significativos de costos más allá de uno o dos meses.

Un análisis al respecto, realizado el año pasado mostró que los aranceles podrían costar a la familia estadounidense promedio tan sólo alrededor de USD $130 dólares adicionales anualmente.

Hoy en día, los estadounidenses ya compran muchos de sus artículos de bajo costo a otros productores, los cuales ya están superando a China en precio y calidad, tales como Guatemala. El Salvador, Honduras, Jordania, Egipto, Kenia, etc.

China, si bien es cierto, al ser un país con un régimen autoritario, posee la capacidad de dirigir la mayor parte de su economía. De igual modo, actualmente el país se ha desplazado cada vez más hacia la demanda interna.

Además, podría utilizar proyectos gubernamentales para aumentar la demanda en áreas que podrían sufrir. Por su parte, Trump, que preside una economía de libre mercado, no tiene la capacidad de hacerlo. Estos factores parecerían otorgarle ventajas a China.

Sin embargo, la realidad es otra en dicha nación. Incluso si las estadísticas de Beijing sobre la contribución del consumo al producto económico son correctas (extremadamente improbables), el consumo no es, en última instancia, el motor del crecimiento en China.

El conductor final sigue siendo la inversión. El consumo en China disminuye cada vez que el flujo de inversión dirigida por el estado se reduce, y, debido a las inmensas preocupaciones ocasionadas por su nivel de endeudamiento, los tecnócratas chinos están perdiendo la capacidad de establecer el crecimiento mediante la inversión.

Durante décadas, los líderes chinos han apostado y aventurado su legitimidad principalmente en la entrega continua de prosperidad a sus ciudadanos. Trump no solo amenaza a la economía china, sino también al sistema político del Partido Comunista. Tan sólo eso les debería dar a los líderes de China un gran incentivo para contener las medidas de represalia.

A los analistas les encanta llenarse la boca y alardear al señalar que China puede tomar revanchas al no comprar productos de los EE. UU. Pero no es tan así. Tomemos como ejemplo productos tales como aviones comerciales o productos agrícolas.

En la actualidad existen dos grandes casas fabricantes de aviones comerciales, la mayor de ellas, la europea Airbus seguida por su principal competidora, la estadounidense Boeing.

Por otro lado, los agricultores de EE. UU. exportaron aproximadamente USD $20 mil millones de dólares de su producción a China en el año 2017, siendo tan sólo la soja un negocio de aproximadamente USD $14 mil millones de dólares anuales.

Los fabricantes estadounidenses de aviones comerciales, Boeing, así como los productores de soja tienen razón al estar nerviosos, empero, saben cómo funcionan los mercados globales.

Si China no le compra soja a los Estados Unidos y la compra en Brasil, los productores estadounidenses venderán soja a Brasil, y este país la revenderá a China (zanjado el asunto).

Actualmente, tan sólo existe una cantidad limitada de producción de soja en el mundo, y el mismo principio se aplicaría a la producción de aviones comerciales.

Sería absurdo que las aerolíneas y las compañías de leasing de aviones esperen años debido a que la producción de Airbus (europea) sea desviada a China para cumplir con los pedidos que le hubieran correspondido a Boeing (estadounidense).

En la mayoría de los casos, los clientes de Airbus optarían por embarcaciones de Boeing para satisfacer sus necesidades y punto. En resumen, es por eso por lo que Trump decidió enfrentarse cara a cara con China.

Tiene la “sartén por el mango” y, él, lo sabe.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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