YO, LA PUTA

La madrugada es de bambalinas, pero huele a pecado; la luna llena de una noche fulgurante luce radiante e ilumina el camino que se presenta sinuoso. No obstante, esa brillante luz de luna no llega a cubrir con su fulgor a una joven, hermosa y veinteañera, mujer de larga cabellera negra azabache que tiene el alma sombría, oscura como su pelo, oscura como su vida, que no logra que nada la ilumine, que casi nada, a no ser su pequeño hijo, le saque una sonrisa y haga mover sus labios pintados con un «shadescents» rojo.  Ella va triste y vacía, con lágrimas en los ojos, el rostro marcado con ráfagas de pintura negra que caen del rímel «Benefit Badgal» y una horrible náusea que tiene su vómito atorado en la garganta, mientras conduce su lujoso carro Chevrolet Vitara negro, de regreso a casa en la vía Samborondón.  Ha salido del Hotel Wydham, donde media hora antes, había bebido champagne, comido brochetas de langosta en salsa de mariscos y vendido su cuerpo en una noche de insatisfecho placer a un turista español que le pagó US$1.200 dólares por tres horas de sexo frío y sin sabor, cuyo dinero está guardado en la cartera Louis Vuitton que lleva en el piso del asiento de copiloto, juntos a sus zapatos de taco hilo de aguja color rojo de la marca Sarkany.

Ha llegado a casa, entra a su dormitorio con ventana al patio en el que observa que la luna sigue brillando, las náuseas son cada vez más incontenibles, el reloj de la pared marcan las 03:32 de la madrugada y ella se despoja de su vestido rojo Carolina Herrera y de su ropa interior Victoria’s Secret y se dirige al baño a tomar una ducha. Entonces, mientras el agua caliente cae por su cuerpo, ella, con la cabeza inclinada al piso, vomita todo lo que puede. “Es el asco, no depende de mí, no puedo contenerlo. Luego de venir prostituyéndome, siento asco. Me asquea el saber que tuve encima mío a un hombre que no me gusta, del que apenas recuerdo su cara, del que solo se el nombre y de lo único que me queda bueno de él es el dinero que me dio. Por eso, lo primero que hago al llegar a casa, sea la hora que sea, es bañarme, queriéndome sacar del cuerpo su olor y el olor a pecado. Me pongo aceites, cremas, me pongo la pijama e intento dormir. No siempre puedo”, mientras Zuleyka, su nombre de combate, una mujer bonita con un «cuerpazo», tuneado por supuesto, con pinta de modelo de televisión y elegantemente vestida, me cuenta esa tenebrosa historia, sentada en la mesa de un café del centro de la ciudad, su mirada esquiva, intenta mirar un punto fijo para no desconcentrarse o para no mirarme a los ojos. No lo sé, pero percibo que no se siente cómoda.

Ha aceptado le entrevista porque quiere contar su historia a espera de que alguna mujer la lea e intente cambiar el rumbo de su vida, si es que acaso está por el mismo camino y recién se inicia en la denominada profesión más antigua del mundo. La he contactado a través del Internet y le he hecho la propuesta de este diálogo por el que no pagué un solo centavo, apenas los tres cafés que se tomó y la humita que se comió. Confieso que me costó mucha labia convencerla. Apenas la llamé, le dije: “no llamo para solicitar sus servicios. Soy periodista, tengo una revista digital y bla, bla, bla”. Tuve suerte, la suerte que ella dice no tener y aceptó. Así empezó esta historia.

-“¿Que me llevó a la prostitución? Las deudas, la desesperación, la angustia, la necesidad. Tenía 20 años, mi hijo estaba recién nacido, tenía un par de meses cuando me inicié en esto. No tenía ni para comprar un tarro de leche. Lo alimentaba con arroz de cebada que me preparaba mi madre. Vivía de arrimada en la casa de mi abuela, completamente abandonada por el papá del niño que no respondía mis llamados y, pues, nunca faltan las amistades que como te ven bonita con buen cuerpo, te dicen: yo tengo un amigo que te puedo presentar, ¡vamos! y así comenzó todo”.

La vida previa al submundo

Luego de un sorbo de café, se seca los labios, recoge su larga cabellera negra con un moño, se saca sus gafas redondas a lo John Lennon de marca Dolce Gabbana que las pone sobre su cabeza, mira su reloj tipo caja de mentol, me ve a los ojos, la primera vez que lo hace. Me tira un piropo: “debió ser guapo de joven”, me dice. Le enseño una foto de mi juventud que cargo en el celular y me dice: «pinterito ha sido, se parece a Johnny de Menudo«. Yo le digo: «¡no me cague así! Yo odio a esos manes. Dígame Tony Lomi de Black Sabbath, mejor«. «¿Quién es ese?«, me dice. «Un rockero. Yo soy rockero«, le digo. «No parece«, me contesta. Le vuelvo a mostrar una foto. Esta vez, de hace dos años, cuando tenía melena, barba y bigote. Me dice: «¡Uy! Me sale un cliente así y huyo. Cara de loco tiene. Así como está ahora se ve mejor«, me dice. La miro a los ojos y le digo: «¿Seguimos?» «¡Dele!«, me responde. Y ante mi pedido, se remonta a su historia previa.

Al recordar sus orígenes, un par de lágrimas ruedan por su rostro y se remonta a aquella tarde a la que llama «la tarde de la desgracia», cuando, trotando por el estadio Monumental, tras cruzar el puente peatonal de la Avenida Barcelona que la saca de su barrio situado en el Suburbio Guayaquileño, en la 43 y Medardo Ángel Silva, fue encontrada por su padre trotando, porque siempre fue amante del deporte y a empellones, la subió al carro y la dejó en la casa con la amenaza de que regresaría a la noche para darle una paliza.

– “Le juro que no andaba en nada malo. En ese momento solo tenía 15 años y era virgen, ni enamoradito tenía. Mi único pecado era tener un arete en el ombligo. Por eso, mi padre creyó lo peor de mí y me trató de puta para arriba y de mal hija para abajo. Mis padres eran separados. Yo me críe con mi papá, de quien nunca sentí ese amor de padre, mi abuela y mi bisabuela. Era una familia cristiana, extremadamente conservadora. No me dejaban salir ni a la esquina. Ese es el peor error que cometen muchos padres: creen que, al no darle permiso a sus hijos, están protegiéndolos de algo que en cualquier momento les puede pasar y más bien yo creo que en estos tiempos uno debe de prevenir a los hijos y a aconsejarlos para que no pasen situaciones de ésas como embarazos, que los chicos se vayan de la casa, que no consuman drogas o que no caigan en putería. En fin, volviendo a la historia, yo era de las que iba de la casa al colegio, del colegio a la casa y a la iglesia. Mi única distracción era trotar. Esa tarde que me encontró mi padre y me subió a su carro a empellones, me amenazó con pegarme una paliza y yo por miedo, me fugué de la casa y me fui a vivir a casa de una «dizque» amiga, donde viví una historia de terror de la que gracias a Dios salí bien librada”.

«¿Qué historia es esa?«, le pregunté.

– “En la casa de mi amiga. ¡Qué amiga! Esa es una maldita. Casi me violan, no sé ni cómo pude escapar. La muy hija de puta me había vendido a un amigo suyo. Lo cierto es que escapé y llamé a mi madre, le conté lo que me pasó y me llevó a vivir con ella, porque ya mi papá le  había dicho que no se iba a hacer cargo de mí, que él ya no me iba a seguir manteniendo porque yo era una mujer de la calle que ya perdió la virginidad, lo cual no era cierto  y que no quería saber nada de mí. Fue la manera más cruel y más cobarde que un padre puede decir que no quiere seguir cargando la responsabilidad de una hija. Entonces, mi mamá me llevó a vivir con ella. Mi mamá es una mujer del campo que no es educada, no es preparada, no tiene valores. Digo que no tiene valores porque, no sé, a mi parecer, una madre, así venga de la familia más pobre, cuida de sus hijos. Esos valores yo creo que no te los tienen que inculcar, te tiene que nacer, y mi mamá siempre ha sido una mujer que no tiene carácter. Se ha dejado dominar hasta por nosotros mismos, sus hijos. Ella, una mujer de 45 años, nos dejó porque tiene dos hijos de dos compromisos anteriores. Mi hermano y yo, somos del último compromiso de ella, cuando se separó de mi papá, nos mandó a vivir con él”.

La vuelta a la casa de su madre, a los 15 años, le cambió la vida por completo. Entonces, empezó a vivir una historia que sólo se ve en las telenovelas narco-colombianas como «Sin Senos No hay Paraíso» o «Muñecas de la Mafia», con aventuras increíbles que podrían rayar en lo inverosímil. En la casa de su madre vivió lo totalmente opuesto a lo que había vivido en casa paterna. Si allá no podía salir ni a la esquina, acá podía salir donde le daba la gana, a la hora que le daba la gana y hacer lo que le daba la gana.

–  “Mi mamá me dejó que haga mi vida como me dé la gana a partir de los 15 años. Me puso a estudiar en un colegio que se llama Ati II Pilllahuaso hasta que termine la secundaria, que -por cierto- no la terminé, solo llegué hasta cuarto año. Años después, compré quinto y sexto año para tener mi Título de Bachiller. Fue lo peor. Me escapaba del colegio, me iba a bailar en las noches a los 16 años, andaba jodiendo con amigos. Pero, a pesar de eso, conservaba mi virginidad. Hasta que, a los 17 años, un día, cansada de tantos problemas, harta porque mi mamá es una persona muy mal hablada, que solo pasaba insultando, me fui de la casa y me fui con un hombre. Él había sido el narcotraficante más duro del barrio. Él tenía mucho pero mucho dinero y yo era la niña más bonita del barrio. Él siempre me molestaba, me tiraba besos, cositas van, cositas vienen. Yo desde pequeña siempre he sido muy ambiciosa, porque creo que una ya nace con eso. Yo veía a las mujeres bien vestidas y quería ser como ellas y me enfocaba en ser así. Yo siempre me he puesto metas: llego a tal edad y tengo que tener tal cosa y todo lo que me he propuesto en mi vida, lo he conseguido. Así que, una de esas cosas que me propuse en esa época, fue tener un hombre con plata”.

En párrafos de arriba, les conté que su historia era de narco-novela corroncha. Al leer lo que viene, se darán cuenta que no exagero.

– “Bueno, entonces él quiso estar conmigo. Yo ya tenía 17 años, me llevó a su departamento, ¡un departamentazo! y me dijo que quería estar conmigo. Yo le dije que bueno, que despacio porque era virgen, lo cual era cierto. Y, él me dijo: yo no quiero mujer virgen, peor menor de edad, son mucho problema. Anda pierde la virginidad, cumple los 18 años  y después me llamas. Entonces, yo fui y estuve con un tipo que era de ahí del barrio, que nunca me gustó, pero él me tenía hambre y yo quería perder mi virginidad, y ya. Así fue. Perdí mi virginidad. Ese hombre era aventajado y me lastimó feísimo. Le dije a mi mamá la verdad. Al poco tiempo, todavía tenía 17 años y ya sin virginidad, llamé al tipo. Salí con él y poco después, nos fuimos a vivir juntos. Meta cumplida. Estuvimos poco menos de un año, pero me dejó un trauma del hijo de puta. Fue un tiempo tormentoso, lleno de celos, de problemas, de locura. Me trataba mal. Me ayudaba con los estudios, sí, pero me trataba mal. Yo, después, hasta me retiré del colegio por acompañarlo a él a vivir su mundo, huyendo de aquí para allá y yéndonos a vivir a la sierra. Pasó el tiempo y me alejé de él por completo, porque no podía seguir permitiéndome que ese tipo destruyera mi vida».

La tarde está empezando a caer y, tras tomarnos dos cafés más y yo otro jugo, seguimos enfrascados en lo nuestro. Su teléfono no para de sonar. Si no son llamadas, son tonos de mensajes. Ella los ojea, contesta un par de llamadas, poniendo su mano tapando el celular y hablando despacio como queriendo que no la escuche, pero escucho. Me mira y me dice: «Perdón, son unas vueltas. Hoy tengo una muy buena«. Yo sonrío y le digo: «siga no más, buen provecho«. Ella me dice dulcemente: «bobo«, y se ríe. Y sigue hablando, mientras baja de la mesa al asiento su cartera tipo bolso de color negro, marca Salvatore Ferragamo.

Sigamos.

«¿Qué pasó después?«, le dije. “Ya tenía 17 años. Me conseguí un trabajo, pero por no terminar el colegio, por no tener preparación, no conseguía nada, así que entre a trabajar de asistente doméstica puertas adentro en una casa en el barrio de Los Ceibos. Me encargaba de la limpieza. Ahí duré un año. Salía los viernes de tarde y regresaba el lunes de mañana. Salía a farrear todos los fines de semana. Yo les mentía a mis amigos, porque me daba vergüenza decir que era perol. Yo siempre he sido así, un poco ostentosa, siempre me ha gustado sentirme grande. Yo les decía que trabajaba de lunes a viernes en una empresa empacando productos y no podía ver a nadie. Para esto, yo me había alquilado un cuartito de mala muerte por donde vivía y me lo pagaba con mi plata. Mi sueldito, 240 dólares, todavía me acuerdo, me lo gastaba en mí, siempre me ha gustado andar bien vestida. ¡Ah!, cierto, estaba estudiando a distancia, pero no terminé. Duré cerca de un año en ese trabajo”.

Una mentira encamina a la pre-putería

«¿Otro café?«, le dije. «Bueno«, me responde, «me quiere ver eléctrica usted«. La conversación estaba interesante, pero yo no sabía la hora de que llegue el tiempo de la putería. Tampoco quería preguntarle. Ya lo había hecho al inicio, de entrada, como primera pregunta y no fue algo que le haya gustado, el ser tan directo. Así que decidí esperar. Pero hubiese parecido que me leyó la mente, porque me dijo: “Bueno. Ahora sí, la putería”. Miró la grabadora del celular para asegurarme que sigue prendida. Constató que sí y mirando el teléfono le digo: «Dele, es todo oídos«.

– “Mi primer día de puta fue un debut y despedida. Bueno, tan despedida, ¡no!, porque luego volví y sigo. Pero en ese tiempo sí lo fue. Tenía 17 años. Todo empezó por esas cosas de la vida. Había un chico del barrio de mi abuelita que era gay, que siempre que me veía, me decía: «Tú eres bonita, tienes buen cuerpo, ¡aprovéchalo!», pero yo no le hacía caso. Hasta que un día, de tanto y tanto, me convenció. Entonces me presentó a una señora muy guapa que tenía una agencia de modelos que, en verdad, era de chicas que salían. Yo era muy bonita, con un cuerpazo y ella, al verme, quedó encantada. Un día, me arreglaron bien. A la Doña se le ocurrió inventar una mentira, me hicieron pasar por candidata a Reina de Guayaquil, supongo que para pedir más por mí y me vendieron a un señor que le pagó a ella. A mí me dieron 100 dólares. Pero fue esa única vez. Yo aún trabajaba en la casa de Los Ceibos. Cuando pienso en esa primera vez, digo que me debió haber quedado el bichito, o me debió haber gustado ganarme en dos horas, casi la mitad de mi sueldo en la casa, porque luego, algún tiempo después, aunque sin imaginarlo, aquella vez, esa sería mi profesión”.

Ya ha caído la noche. Son cerca de las 19:00 y ella se siente apurada. Me dice: «¿Cuánto más demora?, ya tengo apuro”. Le digo: «Ya falta poco, creo. Depende de usted. Usted sabe cuánto dura su historia. Yo, aquí, tengo unas preguntas que no he podido hacer«, y le muestro un papel en el que tengo anotado algunas interrogantes. «Bueno, le doy 20 minutos más«. Me apresuro.

“Luego de esa primera vez, continué con mi vida normal trabajando de doméstica, nada que ver en la putería. Aunque tuve por ahí dos «affairs» (vaciles). Una, un señor que me ayudaba y con quien salíamos ocasionalmente y otra, con un cirujano famoso de Guayaquil a quien había ido a ver porque me quería operar. Quería arreglarme la nariz, hacerme la «lipo», ponerme grasita. Cuando me dijo el precio, ¡casi me caigo de espaldas! Eran como dos mil dólares y yo, ¿qué pues?, si apenas ganaba US$ 240. Igual, me operó. ¿Cómo cree que pagué? Pero me operé. Otra meta cumplida”.

«Usted ha sido puta«, le digo, entre nervioso y osado, interrumpiendo la charla. «Parece«, me dice. Luego, queriendo justificar, me dice: «hay que aprovechar las oportunidades«. Sigamos con la historia.

– “Bueno, al mes de operada, en una de mis salidas de la casa en fin de semana, por redes sociales, en Facebook, conocí un tipo con el que chateaba y siempre me invitaba a salir. Como en ese entonces había menos peligro que hoy en día, le acepté. Pero, con todo y para estar más segura, porque no lo conocía personalmente, invité a una amiga porque sola no iba a salir. Así, quedamos en que yo llevaba una amiga y el un amigo, intercambiamos números y cuando llegó el día de la salida, él me dice: «Yo no voy a ir, pero va mi amigo», entonces mi amiga me dice: «no pues, es que si no va a él, para que vamos a ir». Yo le dije: «igual vamos a conocerlo y ahí conozco al que después sería el papá de mi hijo». Salimos un mes. No fue más. A los quince días de haberlo conocido, tuve relaciones con él y un mes después, salí embarazada. No me enamoré, solo fue una ilusión. Quería sentirme acompañada de alguien porque estaba cansada de vivir sola, porque no quería seguir trabajando de empleada. Más bien, quería una vida más libre, porque me atrofiaba estar encerrada de lunes a viernes y hacer algo que no me gustaba y que lo hacía por tener una entrada de dinero. Bueno al quedar embarazada, yo inicialmente no lo quería tener, me lo quería sacar, es que no lo amaba, además él estaba recién separado, pasando por un proceso de divorcio. Yo era joven y tenía miedo. No sabía que iba a ser de mi vida con un hijo y una relación que no me llenaba. Gracias a Dios lo tuve porque es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Él me ayudó a crecer como persona, a ser responsable, a madurar y a tener a los 25 años, lo que tengo y es por él que hoy pienso lo que pienso, porque eso fue lo que me ayudó a crecer y a tener lo que tengo. Bueno cuando me entré que estaba embarazada  le dije al papá  de mi hijo. Tú me embarazaste aquí hay dos opciones: o me lo saco o me llevas a vivir contigo y te haces responsable. Él lo pensó, lo pensó porque no me amaba y me dijo ya pues que más queda, vamos a vivir contigo, lo digo en un tono como si yo fuera que pues. Así que nos fuimos a vivir juntos.”

En eso timbra su celular, ella se levanta, sale fuera del local y luego de un par de minutos  regresa. Tiene suerte, me dice. La vuelta va a demorar un poco, tiene 30 o 40 minutos más, cuando yo intento alzar mi papel para leer las preguntas y asegurar lo que quiero preguntar, ella ya estaba hablando, prosiguiendo la historia, ya no la iba a interrumpir. “Entonces, nos fuimos a vivir juntos, pero fue una situación tormentosa. Cuando nos juntamos, él tenía una posición económica buena, pero al poco tiempo se quedó sin trabajo y tuvimos que irnos a vivir a la casa de su mamá. Ella nos ayudaba, pero yo igual le hacía todo a él, le lavaba, arreglaba el cuarto, lo único que no hacía era cocinar, porque eso lo hacía la mama de él. Así pasó el tiempo, hasta que nació Kevin, mi hijo. La mamá de él me costeó gran parte del embarazo.  Después del embarazo todo cambió. Tras el parto quede muy gorda, se me habían oscurecido las entre piernas, las axilas  y él estaba acostumbrado a ver una mujer 90-60-90, entonces me comenzó a faltar. El creyó que yo iba a quedar así y que no iba a cambiar, es el peor error que un hombre puede cometer al  pensar eso, porque una mujer después de un embarazo queda mejor que nunca y eso pasó conmigo. Yo soy de las personas que tiene fuertes instintos y creen en ello, ellos siempre me dicen déjate llevar, déjate guiar y cuando yo digo algo, eso pasa. Y pasó. Yo sospeché que había alguien más, porque me llegaba a las seis de la mañana, no me tocaba. Hasta que un día, me acuerdo que era un lunes, algo me dijo síguelo, Mi suegra me dijo si tú crees que debes de ir, anda. Le  di el pecho a mi hijo, lo dejé bañado con el aire acondicionado  prendido, y me fui a su trabajo y lo encontré con una mujer, le hice un escándalo, pero el escándalo, le partí las cosas. ¡Uf!, le hice tonteras, pero tonteras,  llegamos a la casa, a seguir peleando, yo estaba destrozada, yo no lo amaba pero igual era el padre de mi hijo y no me esperaba eso de él tan pronto. Estaba herida en mí orgullo, lloraba mucho  y sentía que no lo podía perdonar. Le dije que me iba a ir y él  me decía que no me vaya. Pero no le hice caso. Así que ese mismo día, aprovechando que se fue a trabajar, me fui de la casa, llevándomele todo, entre eso tres botellas de wiski de Johnny Azul que eran su tesoro. Así, me fui a vivir a la casa de mi abuelita de arrimada”

Hasta que llegó la putería

La miro a los ojos y le dijo: ¡duro! Me asiente con la cabeza, deja escapar par de lágrimas, agacha la cabeza, se queda así varios segundos, hasta que vuelve a alzar la cabeza y nuevamente mira a un punto fijo como queriéndose perder con la mirada. Su vida ha sido dura y todo le llegó muy joven. A los 18 años, ya era madre y estaba sola y abandonada, le digo. “Si, así es y es ahí cuando llega la putería a mi vida. Yo estaba indefensa con un niño recién nacida, de apenas dos meses. El padre no apareció más y no se preocupaba por el niño. No tenía ni para comer. Mi hijo se alimentaba con arroz de cebada que me llevaba mi mamá, porque no tenía ni para un tarro de leche y mis senos se habían secado. Usted sabe que a los 15 días el muerto apesta y yo empecé a apestar y mi familia no es que ha sido una buena familia en la que he sentido el apoyo y han estado en los momentos duros. Me sentía muy mal. Mi vida era una desgracia. Un día mi abuela, me dijo que por mi culpa se terminaba el gas y que yo no hacía nada por reponer. Me dolió tanto que salí a la calle a buscar departamento. Encontré uno a 100 dólares y lo alquilé para eso tuve que vender las botellas de wiski, los muebles, mis cosas, todo. Apenas me mudé con la cama, ni televisor tenía. Solo estábamos mi hijo, una cama y yo. En esas cuatro paredes, lo único que escuchaba era el llanto de mi hijo,  porque como no tuve un buen embarazo, me salió muy llorón. Su llanto me desesperaba, me sacaba de casillas, me ponía como loca y yo de la frustración, lo maltrataba, le pegaba, le daba palmadas fuertes en la nalga. Yo vivía un drama y estaba con deudas y desesperada. Ya el bebe tenía cinco meses y yo no encontraba salida. Y como las cosas suceden, como tienen que suceder. Un día caminando por el barrio, me encontré con el  gay que me presentó a la madame la primera vez y ya pues, me encaminé en la prostitución.  Como no estaba en la mejor forma, estaba gorda, estaba fea, empecé a salir por poquito dinero, 80 a 100 dólares. Una vez hice 150, pero me tuve que quedar un pocotón de horas. Eso fue el año 2012, como empecé a salir, ya empecé a tener platita  y fui comprando mis cosas”

De puta a reina

Ella hace una pausa, pide el cuarto café, me mira fijo, se saca las gafas de la cabeza, las guarda en la cartera  y me dice ya nos queda poco tiempo, así que vaya alistando su papel, pero antes le voy a contar una historia que por un momento me hizo vivir un cuento de hadas y fui muy feliz. “Estando en la putería, una amiga también puta, me presentó a un señor, un viejo. Pero no lo conocí en dato de putería, lo conocí bien, de buena forma, él no sabía en lo que andaba. Comenzamos a salir, yo le había dicho que trabajaba en un bazar de mi abuelita, hasta que un día me dijo, deja de trabajar, yo te mantengo. Él era divorciado pero vivía con sus hijos. Era de esos veteranos aniñados, de mucha plata, de buena posición social, muy culto  y educado, muy buena gente y me trató como una reina. Me puso un departamento en Los Ceibos, la zona en que años antes había sido empleada, me sacó un carro, me puso tres empleadas, me dio buena vida y muchos lujos, me hizo que estudiara y me metió en una academia de cosmetología. El no vivía al ciento por ciento conmigo, días dormía conmigo y días en su casa con sus hijos. El me enseño muchas cosas, fue bueno conmigo y me ayudó a crecer, me enseñó a cambiar mi manera vestir, a comportarme, me decía que estudie, que me prepare,  ahí fue cuando compré los años de colegio que me faltaban y me gradué. Pero todo en la vida tiene un fin y la historia de novela un día terminó. Duramos un año, dos meses. Empezamos en octubre del 2013 y nos separamos en diciembre de 2014. El conoció una señora de su edad, de su clase social, de su mundo y tomó su camino. Pero fue una etapa bonita de mi vida. En ese tiempo, le fui totalmente fiel. Me retiré de la prostitución, él nunca supo, una vez me preguntó si lo había sido, porque alguien le dijo, pero yo le negué. No tuve cara para reconocerle. A él le tengo mucha gratitud. Nunca más supe de él, aunque me seguía pagando el instituto de belleza en que estudiaba”

“Otra vez estaba en otro rumbo de la vida. Me tocó refinanciarme, me quedé con la deuda del carro que me había sacado y me mudé a un departamento del centro que alquilé, viví con una plata que él me dio y seguí estudiando hasta que me gradué de cosmetóloga en mayo del 2105. Al inicio los cuatro primero meses, estaba sin salir. Hecha la digna. Hasta que la necesidad tocó las puertas y yo volví a la putería. Pero ya a otro nivel. Ya era una puta fina. Después de graduarme me dediqué a la putería como no tiene idea, hice mucha, mucha plata, puteaba todos los días, a veces hasta varias veces en el día. Me iba bien”

Hasta que llegó el amor

El café se ha terminado. La calma de ella también. Empieza a sentir ansiedad por que no recibe la llamada que espera y que ya se ha hecho esperar bastante, lo cual jugó a mi favor, porque la tenía a mi lado contándome su historia. Una historia que resultó apasionante, como para escribir una novela o filmar una película tragicómica. Aquí viene otra historia que debió ser linda y no lo fue, me dice. Su voz se quiebra, sus ojos se humedecen una vez más, lanza un suspiro y entra a narrar una nueva historia. “Estaba en toda la putería cuando en febrero de 2016, llegó por primera vez el amor a mi vida. Un día en una salida con unas amigas, me rencontré con quien es el amor de mi vida, el primero y el único hasta hoy. Yo ya lo había conocido, incluso antes de conocer al viejo. Fue en un evento de prostitución al que me llevaron mucho tiempo atrás. Esa noche él se  portó bien conmigo, me dio mucho dinero, tuvimos relaciones  pero no nos volvimos a ver.  El me dijo para que yo esté con el cómo su moza, pero no acepté porque él estaba casado y no me gustan los hombres casados. Una cosa es ir y acostarte con un hombre que  te está pagando y no tiene compromiso contigo y otra muy diferente ser la moza, y peligrar a  que se entere su mujer que has estado con el marido ya un tiempo y el siente cariño por ti, y eres la causante  del rompimiento de una  familia, de estar lastimando e hiriendo corazones. Eso duele y yo no tengo alma para causar ese dolor, un dolor que lo he sentido y se lo que es. Así que después de esa noche perdimos el contacto, hasta que volvimos a vernos casi dos años después. Después de la noche del reencuentro se volvió a perder, se desapareció un mes. Hasta que un día me llamó a que le ofrezca mis servicios y se los ofrecí, dormimos una noche, luego se volvió a desaparecer. Al siguiente mes, me llamó y mi pidió que vaya con cinco chicas porque que habían llegado del exterior cinco amigos de él y los quería atender bien. Y así fue esa noche lleve chicas hermosas, pero el solo quería estar conmigo, no permitía que nadie de sus amigos me tocara. Yo no entendía por qué, porque había llevado chicas bellas y podía escoger una de ellas que era nueva para él porque igual, conmigo ya había estado y los hombres siempre prefieren las nuevas. Dormimos esa noche y me dijo: Sálgase de ese mundo, que yo la ayudo. Entonces ahí empecé mi historia de amor con él y desde el día uno que empezamos a vivir juntos, nunca nos separamos, íbamos a todos lados juntos, yo viajaba con él, ni ganas de ponerle los cachos o salir con nadie, porque me enamoré perdidamente de ese hombre, incluso salí embarazada del él, pero descubrí que él todavía estaba con la mamá de su hijo y decidí alejarme y aborté. Pero en esas que nos separamos, él se separa de la mamá de su hijo y me pide volver, pero yo ya me había sacado el bebé, igual se quedó conmigo y nos fuimos a vivir a otro país. Yo me enamoré perdidamente de ese hombre, duré once meses con él hasta inicios de enero del 2107. Me separé porque como él tenia muchisisisisimo dinero, era acosado por las mujeres y el cayó con una de ellas. Cuando lo descubrí, cogí mi hijo y regresé a Ecuador. Yo para cachuda no sirvo».

Y vuelve la burra al trigo

“Ya había decidido no putear ni acostarme con nadie más al que no ame. Pero no siempre la vida es lo que uno dice. Justo coincidió que al día siguiente de mi vuelta era el cumpleaños de un cliente mío al que quiero mucho y que pasó de cliente a amigo. Lo llamé a felicitarlo por su día, él se sorprendió porque pensaba que estaba en otro país,  porque yo a él si le cuento mis cosas y teníamos contacto aun estando allá. Ese día lloré con él, en el teléfono, le conté mi desgracia  y me dijo, venga a mi casa, conversemos. Él estaba feliz que yo me haya ido con mi ex y haya dejado la putería porque él siempre me decía que estudie, que me salga de la prostitución, que yo no soy mujer para eso, sí que le entristeció oír que me fue mal. Total es que ese día estuve con él y fue mi primer hombre después de haberme alejado la putería. Yo ya no quería putear y me dediqué a prestar dinero a intereses, a vender mercadería y así estuve seis meses, hasta que vi que no podía seguir sin mantener el estatus que tenía, ya me había acostumbrado al lujo, con el viejo, con el hombre que me enamoré y ¿Qué cree que hice? Volví a la putería y sigo hasta hoy, siendo el período más largo en que me he prostituido”.

“Bueno esa es mi historia ¿Qué le parece?” Me dice, mientras ambos nos estiramos sobre el asiento y hacemos un alto a la conversación y nos quedamos unos segundos en silencio. Bueno ahora sí, vamos a mi papel. ¿Qué le ha dado la putería? Que me ha dado la putería.  Aparte de traumas sicológicos porque es algo que no hubiera querido hacer, mucho, mucho dolor, mucho vacío, mucha rabia. Hubiese preferido estudiar, ganarme el dinero de otra manera, porque siento que eso me desvaloriza como mujer, no me enorgullece lo que hago. Gracias a Dios no he cogido ningún vicio de droga, alcohol o mantener hombres. Lo único que he hecho es trabajar para mi hijo, porque lo tengo en buen colegio, está  muy bien cuidado, es un niño que yo creo que lo tengo bien criado para que no lleve todos los traumas que hoy en día tengo. ¿Qué me ha dejado la prostitución? Aparte de cosas materiales, nada. Sufro cuadros depresivos cada cierto tiempo, me dan ganas de no seguir viviendo porque este es un mundo en que entras pero no sabes cundo sales, no tiene salida. Ya muchas veces  me han dado ganas de quitarme la vida y alguna vez lo intenté, sin resultado, obvio.” Entonces rompe en llanto, llora desconsoladamente, yo no sé que hacer, no me atrevo a abrazarla y consolarla, no sé si deba hacerlo, además, apenas le toco la cabeza y le digo, tranquila mija, tranquila. Yo empiezo a mirar a los lados y me entran los nervios de que vayan a pensar que llora por que le he hecho algo. La gente del rededor nos mira. Me levanto a ver un vaso de agua y se lo doy. Toma un sorbo, se tranquiliza y continúa el relato.

“Ya estoy harta, ya estoy cansada, estoy hostigada de tener que aguantar a un hombre encima cuando siento que no quiero, cuando quiero que la única persona que toque mi cuerpo sea la persona que amo y no es así. Desde que me separe del único hombre que yo he amado, no he tenido una pareja, recién estoy conociendo a alguien desde hace tres meses, pero siento que no va a funcionar porque el arrastra muchos traumas y me está  haciendo insegura, no estoy siendo feliz y me va a tocar seguir en lo mismo. Así que no va más. Por eso cuando llego a mi casa sea la hora que sea  me baño, y a veces hasta vomito, porque siento asco. Ya no quiero seguir en esto pero no puedo parar. Al menos no ahora. Usted no sabe lo peligroso que es esto. Gracias a Dios que me quiere, me cuida y me protege a mí  no me ha pasado nada malo y me han tocado personas buenas. Más allá de algunos clientes que me digan cosas despreciables porque creen que porque me están pagando pueden tratarle mal, pero no me dejo de ellos. Pero a mis amigas les ha pasado de todo, no les han pagado, les han sacado armas, las han dejado botadas, les han pegado, las han drogado, las han violado, las han querido matar. En este mundo hay cada loco y uno no sabe quién le va a tocar. Se cita en un lugar y ya. Yo prefiero sea en un hotel, porque hay más cuidado, te piden la cédula, te controlan la entrada y salida. En casa es muy peligroso. A veces Hay fiestas de cuatro, cinco hombres y dos mujeres y es suerte o tripa, te toca estar en la jugada analizando a las personas, cuidándote. Es terrible. Este mundo tiene mucha bajeza, mucha perdición, es muy escabroso. No se lo deseo a nadie”

Vida infeliz

“Esta profesión hasta te quita la opción de ser feliz. Le cuento un caso, rapidito. .Conocí un médico, buena persona, el hombre que cualquier mujer quisiera tener, me todo decirle que no, que no quería ser su novia. Él es buen chico, buenos sentimientos, tiene buena carrera, pero no tiene para mantenerme y llevar mi ritmo de vida. Me encanta que un hombre sea detallista, yo soy muy detallista, me gusta que den flores, un detalle, así sea un chocolate de 50 centavos y él lo es, pero soy muy materialista, me gustan las cosas caras, los viajes y con él no iba a tener nada de eso. Me hubiera tocado seguir puteando y tarde o temprano se iba a dar cuenta. Y no, no quiero que se entere. Yo no puedo herir el corazón de ese pobre chico, lo voy a tratar mal cuando me estrese porque este mundo estresa, te termina volviendo loca y lo iba a hacer infeliz. No lo acepté porque yo no era la mujer que necesitaba, no soy mala mujer pero el merece algo mejor que yo. Y así me ha tocado decir no a personas buenas que he conocido, por el simple hecho de que más adelante se enteren que soy prostituta, puedo mentirles hasta cierto punto, pero no puedo decirle a alguien no puedo estar contigo porque soy puta. No podría herir a alguien, no está bien, hay mucha gente con dolor, con traumas arrastrando problema, como para darle uno más,  no es justo.”

Nuevamente llora y dice “Yo no soy mala persona, Yo no merezco esto. La vida ha sido muy injusta conmigo. Me ha dado muy duro. Quiero parar, créame, diera todo por parar pero no puedo. Querer es poder dicen, le digo. “No cuando se tiene deudas y se lleva un ritmo de vida que no se puede dejar. Yo tengo que pagar la casa que me compré, el carro que tengo, el colegio de mi hijo, la empleada que lo cuida, la señora que cocina, el mantenimiento de la casa, en fin. Las deudas no se pagan solas. Seamos realistas yo soy bachiller y cosmetóloga, lo mejor que me puede pasar e ir es a un spa y ganar 700 dólares, o ir a una empresa y ganar el básico, Aquí tengo un sueldo que ni de gerente. Imposible, tengo gastos muy altos, solo los estudios de mi hijo se me llevan 500 dólares. Además yo no lo voy a bajar del estatus que tiene.”

Y sí que hay plata

¿Cuántos son sus ingresos mensuales? ¿Cuáles, sus honorarios? “Yo cobro según, entre 300 y 500 dólares la hora. Menos, no. Ahora salgo menos porque estoy con un precio muy alto en el mercado. Que lo pagan solo los que lo pueden pagar, no cualquiera puede pagar eso. Prefiero así, salir menos, de unas a tres veces  a la semana, que salir más veces por un precio menor. A veces me salen eventos de 800, 1000 dólares y bingo. Mis ingresos mensuales están entre tres mil a cinco mil dólares, aparte tengo otras entradas: presto dinero, vendo ropa, licor y perfumes, soy modelo y voy a eventos, ferias e impulso productos, a veces, muy de repente, me contratan para la televisión para salir en escenas de extra. He salido en varios programas y novelas. Pero no me interesa ese mundo, no se gana mucho y no quiero ser famosa, no me conviene, además. Me expondría demasiado. Así que sí hago otras cosas, es que no quiero sentirme tan mal, quiero sentir que hago también algo bueno, para mí no es bonito que me pregunten donde trabajo y tener que mentir, cuando en realidad soy puta y esa es la mayor fuente de ingreso en mi casa. Pero, no crea, en la putería como se gana se gasta, que la peluquería, solo un tinturado de cabello me cuesta 300 dólares, que el maquillaje, que ropa fina, que las pestañas, que las uñas, que el gimnasio, que la alimentación de dieta, que el cirujano, que los exámenes médicos de control, yo me hago cada tres meses, para saber que estoy sana y apta para trabajar. Todo eso cuesta”.

“Tengo una muy buena casa en un lugar bueno, un buen carro, un status de vida medio, no puedo decir que soy millonaria pero vivo muy bien,  me doy mis lujos, como comprarme ropa de marca, me gusta la ropa cara, estamos hablando que me meto a Carolina Herrera y no me mido al momento de comprarme, cuando viajo, me meto a Gucci y no me mido en comprar, Viajo, me gusta pagarme mi viaje, me gusta conocer el mundo. Me he ido a Argentina, Brasil, Chile, Perú, República Dominicana, Estados Unidos, Colombia y he ido solo a pasear. Espero el próximo año llevar a mi hijo a Disney y quiero conocer Europa”.

¡Chuzo!, así hasta yo quiero ser puta. Buena vida le ha dado, también no se queje. “Si, no. A veces me quejo, bueno siempre me quejo. Yo a veces le digo a Dios, yo me quejo y hay gente que se muere en un hospital, gente que no tiene para comer. Tengo todo para ser feliz, pero este mundo es para mí un trauma que no me permite ser feliz. Yo soy muy infeliz. Soy la mujer más infeliz del mundo” Y si es infeliz, si no es feliz ¿Por qué sigue? “Ya le dije, las deudas, los gastos”.

Las del estribo

Estábamos en la mesa, cuando suena el teléfono y contesta. Luego me dice. Ahora sí me voy. Un placer conocerlo, espero le sirva mi historia y le sirva a alguien para que se aleje de este mundo Le muestro el papel y le digo, vea no hecho ninguna de mis preguntas y esas son las que necesito para mi nota. Yo no me imaginé que usted me iba a contar su vida. Yo venía a preguntar. Lo siento, ya no puedo quedarme más. Tengo que ir al sur a recoger a mi amiga con la que nos vamos a la vuelta, luego tenemos que ir al Hilton. Y ya estoy sobre la hora. ¿A qué parte del sur va, yo soy del sur? Yo voy a la Guangala. Yo soy del Centenario. Vamos si quiere”. Vamos. Salimos en las tres cuadras que nos tocó caminar, fue sensación. Recibió piropos y causó la mirada de muchos hombres que se la devoraban con la mirada. De seguro ellos, dicen: Mire ese viejo, con semejante mujerón, como lo han de sangrar, ha de ser arroz rendidor le digo. Reímos. Llegamos al carro, un vitara negro con pantalla de tv en el panel en el que pone un musical de reguetón, ¿Quién será no se? Y no me interesa preguntarle, solo comento fea música. “A mí me gusta.”. Me siento y sacó mi papel, para leerlo como ráfaga, porque sé que mucho tiempo no hay. Le suelto todas las preguntas de una ¿Su familia sabe? ¿Qué es lo más loco o aberrante que ha tenido que hacer? ¿Disfruta sexualmente, acaba? ¿Se ha topado alguna vez con un cliente que no esperaba, un familiar, un padre de familia del colegio de su hijo? ¿Ha estado en orgías? ¿Se acuerda de los clientes. O tira con uno, lo ve tiempo después en algún lugar y dice ese tiró conmigo? ¿Hay putas de la televisión?

“Muy preguntón resultó. A ver. No, mi familia no sabe, solo mi mamá. Gracias a Dios jamás me ha salido alguien que no deba salir o que me conozca. Si hay putas de la televisión, he salido a vueltas con algunas. No me ha tocado por suerte nada aberrante, quizá las orgías. He estado dos mujeres con un hombre. El clava a una, mientras la otra te toca, no he hecho sexo oral a ninguna mujer, eso no va conmigo, además soy muy asquienta, pero si me lo han hecho. No doy besos, peor en la boca, hago sexo oral a los hombres con preservativo, no tengo relaciones anales. Sexualmente no disfruto, no acabo, muy de repente, si me hacen un buen sexo oral, alguien que lo sepa hacer, quizá. Sino, no. Penetrándome, jamás. Yo soy una mujer de fuertes emociones, para terminar penetrándome, tengo que tener una conexión con esa persona, debe haber un filing, algún sentimiento o por lo menos que me guste, porque si no hay, me dan una hora pipí y no acabo. Así como me ha tocado gente despreciable, me ha tocado gente muyyyy guapa, que uno place tener relaciones con ellos, pero que me penetren acabando jamás, nunca he acabado así. Es que me acuesto con hombres que no me gustan y no me gusta lo que hago. No siempre me recuerdo de los clientes. Han sido tantos

¿Cuántos hombres se ha comido?  “No tengo la menor idea, pero son muchos. Ya perdí la cuenta, no, no tengo la menor idea. No los cuento” No tiene idea, una idea debe tener, diez, cincuenta, cien, un millón. Uno siempre tiene una idea de eso. “Es que no tengo idea, le mentiría si le doy un cifra, pero si deben ser más de 200,  quizá más y de todo tipo, famosos de la televisión, políticos, futbolistas, conocidos, desconocidos, profesionales, ejecutivos, nacionales, extranjeros, drogadictos, zanahorias, viejos, jóvenes, guapos, feos. En este mundo cae de todo”

¿Hay amigas en el mundo de la prostitución?  “Acá no hay amigas, solo enemigas, una quiere ser mejor que la otra, pasar por encima de los demás, envidiosas, mala gente, hasta le escriben a tu novio para quitártelo, porque le da la ganas de hacerlo, por nada más. Aquí hay  mucha maldad. Mire que descubrí que la dizque mejor amiga, está llamando a mi viejo y no voy a permitir que le destruya el hogar. Así son y solo por joderme. En Guayaquil hay muchas putas y no conozco a todas. Vea le voy a decir algo. Hay tres clases de puta. Unas por necesidad, otras por droga y otras porque les encanta la verga y son ninfómanas. No tienen moral, no tienen principios”. ¿Y usted cree que tiene principios? “Yo siento que no tengo principios, pero yo sé porque los hago. Si quizá a mí  me falta un poco principio, pero tengo mis límites, tengo mis principios, no le robo a los clientes, no los estafo, no destruyo matrimonios, no paso por encima de nadie, no le quitó ni los clientes ni los novios a nadie, no destruyo a nadie. Sí,  sí creo, si creo que me faltan principios, me falta valorarme mucho como mujer, valorar mi cuerpo, pero ya, ya está. Mire las putas somos resentidas sociales.”

¿Parará algún día? “Es lo que más quiero, es lo que más sueño. Es mi anhelo. Lo haré el día que pague mi casa y salga de deudas. Tengo mis ahorros, estoy por comprarme otra casa, una casa rentera, para que me sirva de ingreso, quiero ponerme un negocio, encontrar un buen hombre. Mire si pago casa y carro, con que me quede para mis gastos, soy feliz. Un día dejaré de ser puta, va a ver y lo voy a llamar” Ok. Y ese día le hago la entrevista como rehabilitada.

Ya me toca bajarme, me ha dejado en la calle Quito a seis cuadras de mi casa. Nos despedimos con un beso. Nos decimos, cuídense. Fue un gusto conocerla. Que le vaya bien y logre su sueño. Antes, ya bajado del carro, antes de cerrar la puerta, le digo. ¿Puedo hacer la última?  Dele.  ¿Qué es lo que más teme en la vida?

“Que mi hijo sepa que es un hijo de puta.

PRÓXIMA EDICIÓN: YO LA PRESA

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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2 comments

  1. Alfredo Sierra

    Se parece a la novela 11 minutos de Paulo Coello. Buena narrativa, impresiona creíble. Debe ser una bella mujer. Saludos

  2. Aurelio Paredes

    Gracias, Alfredo. Que halago. Pero estoy lejos de Paulo Coelho. Bueno la historia es totalmente cierte por tanto es crieble. Y sí. Es una mujer muy hermosa.

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