DEL CAUTIVERIO A LA LIBERTAD

El 2 de julio del 2008, pasará a la historia política mundial, como el día en que triunfó la libertad, volvió la razón y el humanismo y en el que una luz radiante, iluminó y le devolvió la vida a un ser humano que vivió el despojo inhumano en condiciones infrahumanas: Ingrid Betancourt, una política colombiana que durante seis años, cuatro meses y nueve días vivió en cautiverio en la selva de la zona sur de Colombia tras ser secuestrada, un 23 de febrero de 2002 por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, que pretendía canjear estos secuestrados por los guerrilleros detenidos en prisiones colombianas, en lo que se denominó un Acuerdo Humanitario. Este violento, dramático, inhumano y reprochable episodio, es una historia de terror que avergüenza a la historia política de Colombia.

El 2 de julio del 2008, también será el día de un rescate, al estilo de un filme de Holliwood, con la gran diferencia que esta película si es real, con protagonistas reales y libreto igualmente real, en el que se cumplió un plan estratégico en la llamada “Operación Jaque”, ejecutado por el ejército colombiano bajo la dirección del entonces presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, en una zona selvática del departamento del Guaviare de Colombia.

A Ingrid Betancourt Pulecio, la protagonista de esta historia de terror, nacida en Bogotá el 25 de diciembre de 1961, le corre la sangre política por las venas y la lleva por herencia en los genes por los dos lados pues sus padres fueron políticos, legado que desembocaron en ella en un torrente de pasión política impresionante, desmedida e inusitada que la llevó a enfrentar el riesgo y desafiar la muerte sin ningún reparo. Ella es hija del conservador  y ex Ministro de Educación, Gabriel Betancourt y de Yolanda Pulecio, quien fuera reina de belleza y Representante a la Cámara por Bogotá. Con ese bagaje  hereditario y cultural, no es raro que ella se haya inclinado por la actividad que en teoría busca el bien común y el servicio a los demás, pero que en la práctica, en la mayoría de los casos, sirven para que los gobernantes y su séquito se llenen los bolsillos a través de la corrupción en sus actos. Ajena a esa postura y motivada por esa tradición política en la que creció y vivió, Ingrid, tras graduarse en el Liceo Francés de Bogotá, viajó a Francia para estudiar Ciencia Política en el Instituto de Estudios Políticos de París,  conocido popularmente conocido como Sciences Po, en el que se especializó en comercio exterior y relaciones internacionales.

Esa estadía en Francia, a más de darle su cultura educativa a través de la formación académica, le dio también el amor y su primera familia, pues tras vivir años en París donde su padre se desempeñaba como embajador ante la Unesco, en 1981, a los 20 años, se casó con el diplomático francés Fabrice Delloye con quien procreó dos hijos, Mélanie y Lorenzo. Su vida de política, esposa y madre, terminó en 1990, cuando se separó de su pareja. Muchos años después, en 1992, cuando tenía 38 años, el amor volvió a tocar sus puertas y nuevamente formó una familia, cuando se casó con el publicista Juan Carlos Lecompte, quien dirigía su campaña política siendo su mano derecha, quien luchó por su liberación y que conmovió al mundo con hechos humanos y sensibles como lanzar fotos de sus hijos en la jungla desde un avión con la esperanza de que ella las encontrara y viera cómo habían crecido y de quien se separó poco después de la liberación y se divorció en 2011, tres años después de la liberación, en malos términos por una supuesta infidelidad de él, mientras ella estaba en cautiverio.

Su carrera política

La carrera política de Ingrid Betancourt legada por sus padres, se inició en 1990, un año después de su regreso a Colombia tras su período de vida en Francia, que coincidió en tiempo con el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán asesinado en 1989, quien había sido amigo y jefe de su madre. En 1990, tras su divorcio, Ingrid se volcó de lleno a la política y se unió al Partido Liberal, desempeñándose en sus inicios en dos cargos políticos en el gobierno de César Gaviria, siendo asesora del Ministro de Hacienda, Rudolf Hommes y de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos. Tras varios años de trabajo llegarían los celos y el desencanto, pues se dio cuenta de que la mayoría de sus proyectos eran neutralizados por sus propios compañeros de partido. ¿La razón?: Rivalidades políticas, pues varios de los ministros no querían que ella consolidara su popularidad dentro del liberalismo, ya que tenían ambiciones presidenciales y veían en ella a una potencial rival. Sin embargo, no sería la única razón para el bloqueo de sus ideas y proyectos. Había una más grave aún: varios de sus coidearios eran absorbidos por la corrupción.

Pero fuerte y luchadora como era, estos reveses no la hicieron declinar ni le hicieron perder sus ganas de avanzar, por el contrario,  incentivaron y motivaron su decisión de participar en la política por lo que decidió postularse para un cargo público. Así, presentó su candidatura para las elecciones parlamentarias de Colombia en 1994, corriendo por el mismo partido en que algunos compañeros la querían marginar. ¿Cómo así?: gracias a la influencia de su madre, que era senadora por esa tienda política.

El resto es historia, Ingrid ganó la elección y entre el 20 de julio de 1998 y el 21 de mayo de 2001, estuvo en la Cámara de Representantes de Colombia, en la que destacó por su lucha contra la corrupción política, abogando por una salida pacífica al conflicto armado de su país. Pero una decepción más no tardaría en llegar. Tras apoyar  al presidente de su partido, el liberal Ernesto Samper, saltó a la palestra pública el escándalo del llamado proceso 8.000, que revelaba la filtración de dineros de las mafias del narcotráfico del Cartel de Cali para financiar la campaña política que llevó a Samper a la presidencia. Entonces ella cambió su rol y de seguidora se convirtió en su principal detractora. Tal fue su lucha contra su compañero de partido que junto con otro político, Guillermo Martínez Guerra realizó una huelga de hambre en el Congreso para protestar por la conformación de la Comisión de Acusaciones de la Cámara que absolvió al presidente Samper de las acusaciones.

No sería su única lucha, la siguiente que emprendió, atentó contra su seguridad y la integridad de su familia, que se terminó desintegrando, pues en 1996, debido a sus denuncias en el Congreso sobre  los vínculos entre la clase política y los narcotraficantes, recibió varias amenazas de muerte por lo que decidió enviar a sus hijos fuera del país a vivir con su padre. Tras eso, Ingrid tuvo un justificado cambio de camiseta y en 1998 tras desafiliarse del liberalismo, fundó su propio partido, el Partido Verde Oxígeno, afín a los partidos verdes de Europa y por él se candidatizó para Senadora de la República. La bandera de lucha de su nueva agrupación política era la lucha contra la corrupción.  Fue tal el crecimiento de su figura y el respaldo popular que ganó la condición de parlamentaria con la votación más alta del país, más de 150.000 votos, ejerciendo el cargo de Miembro de la Cámara de Representantes de Colombia por Bogotá, entre el 20 de julio de 1994 al 20 de julio de 1998.

Pero nuevamente sufrió otra decepción y fue traicionada. Durante su gestión como parlamentaria lideró el referendo contra la corrupción con el objetivo de realizar una Reforma Política anticlientelista, objetivo que no pudo cumplir y que se frustró después de que más de 500 mil firmas fueran anuladas por la Registraduría. Ella no se dio por vencida y en su lucha por cumplir su objetivo, decidió respaldar la candidatura presidencial de Andrés Pastrana, con el compromiso de que este realice la Reforma Política una vez que alcance el poder. Pastrana incumplió su promesa e Íngrid volvió a ser traicionada. ​ En 2001 renunció a su escaño en el Senado aduciendo que dicha institución era un «nido de ratas” y un año después se lanzó de candidata a la presidencia de la república

Su accionar político, dejó su sello y tuvo su marca individual por su estilo polémico y por la forma irreverente, original, simbólica y diferente de hacer política, tan diferente en estilo, en fondo y forma con la clase política tradicional. Ella que tenía un lenguaje de irreverencia para denunciar la corrupción, tuvo ideas y acciones supremamente inusuales que llamaron la atención de la opinión pública. Entre ellas, a más de su huelga de hambre, tuvo episodios muy recordados por su originalidad, como cuando repartió preservativos y pastillas de viagra en las calles argumentando que el condón era necesario para protegerse porque «la corrupción es el sida de la política en Colombia» y que el viagra servía para «parar a los corruptos». También se recuerdan otras manifestaciones originales realizadas durante su campaña presidencial. Aquí dos botones: Uno: al momento de dar conocer su programa iba montada en una chiva (transporte) y dos: En el inicio su campaña a la presidencia le dio besos a la estatua del libertador Simón Bolívar en la Plaza Bolívar de Bogotá. ​

El secuestro. Un descenso al infierno.

El 23 de febrero de 2002,  Ingrid Betancourt, estando en gira electoral en su campaña a la presidencia de la República y viajando a San Vicente del Cajuán, zona de distensión establecida por el entonces presidente Andrés Pastrana, con el fin de realizar conversaciones de paz con la guerrilla, fue secuestrada junto a su comitiva por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y llevados como rehenes al interior de la selva de la zona sur de Colombia junto a otros secuestrados políticos.

La entonces candidata quien paradójicamente vestía con una camiseta amarilla que tenía la leyenda de Colombia Nueva, que contradijo el hecho que posteriormente le sucedería, se aventuró en llegar al corazón de una selva plagada de guerrilleros en un carro militar y sin escoltas, por cuenta y riesgo propio, a pesar de haber sido advertida por mandos militares que no viajara y que hacerlo era un suicidio pues corría el riesgo de que la mataran. Junto a ellas iban: su jefa de debate  y asesora, Clara Rojas, quien luego del secuestro fue nombrada en ausencia por su partido como la fórmula vicepresidencial de Betancourt, el camarógrafo (Mauricio Mesa), un asistente de logística (Adaír Lamprea), quien iba conduciendo la camioneta prestada por el Ejército colombiano y el fotógrafo francés (Alain Keler), quien iba en busca de un reportaje de la visita. De ellos solo las dos mujeres vivieron el secuestro, pues los hombres fueron dejados en libertad por los guerrilleros, poco tiempo después de dicha “acción militar”. Clara Rojas fue liberada el 10 de enero de 2008.

El contexto del hecho fue el siguiente: Tras suspenderse los diálogos con las FARC en febrero de 2002 el gobierno de Andrés Pastrana ordenó la retoma de la llamada Zona de Distensión por parte del ejército. Así, el día del secuestro (23 de febrero 2002) el presidente Pastrana viajó  a San Vicente del Caguán, con el fin de reconocer la presencia de la fuerza pública en dicho municipio y convocó una rueda de prensa internacional ofreciendo varios helicópteros y un avión para el traslado de 150 comunicadores y otros personajes de la política. Transporte que fue negado a Ingrid Betancourt por orden del presidente quien incluso vio en el aeropuerto de dicha localidad, a la política, que incluso le llamó su atención a gritos y a quien prefirió ni mirarla para hacerse el desentendido. Betancourt, había viajado a esa zona, en medio de su propia campaña presidencial para hacer acto de presencia, solidarizarse con el pueblo de San Vicente y acompañar a su alcalde Néstor León Ramírez, quien había sido elegido por su partido y a quien había prometido acompañar en las buenas y en las malas. ​ Al saber de su presencia, El gobierno dio la orden de retirar el grupo de escoltas a cargo de la seguridad de la entonces candidata presidencial, probablemente con la intención de evitar la presencia de un candidato de la oposición durante la rueda de prensa del presidente Pastrana.

Al no permitírsele viajar en un helicóptero militar, como previamente había sido ofrecido, la política decidió partir por tierra, en una camioneta que el propio ejército le proporcionó. Cuando el vehículo en que iba Betancourt, una camioneta Nissan de doble cabina, que fue cubierta con tela blanca, afiches de campaña y banderas para ocultar que se trataba de un carro de uno de los departamentos de seguridad estatal, pasó un retén del Ejército a la salida de Florencia, los soldados verificaron los documentos de identificación de los pasajeros, pero no se opusieron a que siga su ruta.  Después de avanzar varios kilómetros, Ingrid, su compañera y amiga Clara Rojas y su comitiva, fueron detenidos y secuestrados por las Farc. El ataque fue perpetrado por seis guerrilleros, uno de ellos un hombre vestido de camuflado con fusil en posición de disparo que venía corriendo desde el fondo de la carretera a su encuentro y que llevaba un morral (saco) grande y compacto, mientras otros, salieron de un lado del monte para acercarse al vehículo y apuntarlos.

 Inmediatamente el gobierno a través de los ministros de Justicia e Interior, declararon, ante los medios, que la candidata era responsable de su secuestro. Lo hicieron por el temor al rechazo público ante la posibilidad que se hicieran investigaciones conducentes a poner en evidencia su responsabilidad al desproteger a un candidato presidencial quitándole sus escoltas y negándole el viaje por vía aérea y dejando en evidencia que fue por su negligencia que la candidata tuvo que transportarse por tierra hacia San Vicente del Caguán.

Su secuestro fue todo, una vivencia de aventuras, pesares, dolores que forman parte de la historia de su vida y de su país. Públicamente su vida tomó un giro solidario que desató movilizaciones internacionales que exigían su liberación, cuando cinco meses después de haber sido secuestrada, el 23 de julio de 2002, se mostraron al mundo, a través del informativo Noticias Uno, imágenes de una deteriorada Ingrid Betancourt en cautiverio, sentada en una silla de madera encadenada, con  una notoria baja de peso y su rostro demacrado. Allí, la secuestrada, junto a Clara Rojas, criticaba la indiferencia del gobierno Pastrana frente a los secuestrados y contaba el motivo que la llevó a  viajar a la peligrosa zona de  San Vicente del Caguán, aduciendo que iba  a acompañar a los habitantes de esta zona a quienes les prometió estar con ellos en las buenas y en las malas, promesa que hizo desde que ganó la alcaldía su compañero de partido, Néstor León Ramírez. En sus declaraciones, además acusó de negligencia al gobierno del que dijo conocía su propósito y que no le había permitido viajar en un helicóptero militar a la zona y que a cambio le facilitó un vehículo del Departamento Administrativo de Seguridad DAS, sin escoltas a quienes les dieron la orden de no acompañarla. También pidió al procurador Edgardo Maya Villazón, inicie una investigación sobre las circunstancias que rodearon su secuestro.

Un año después, En octubre de 2003, se dio a conocer un segundo y último vídeo, en el que Ingrid Betancourt ya sin la compañía de Clara Rojas, hablaba de la posibilidad de un rescate militar que tenía que ser  la responsabilidad del presidente de la República y planteaba la necesidad de un acuerdo humanitario.  Esta sería la última prueba de vida sobre las secuestradas, y de ahí en adelante todo cuanto se dijo fueron rumores sin confirmar, rumores que iban desde que la excandidata presidencial había muerto o que había sido sacada fuera del país, hasta que se le había aparecido la virgen y que padecía el síndrome de Estocolmo y se había unido a la guerrilla. Rumores que luego fueron desvirtuados, pero ya el rumor había ganado la calle y en muchos casos se hizo “mentira verdadera”.

El secuestro, que tuvo una duración de seis años, cuatro meses y nueve días,  mantuvo en vilo a Colombia y a todo el mundo. Durante su cautiverio las secuestradas sufrieron los rigores de su reclusión en zonas selváticas y su caso ganó crecientes sentimientos de solidaridad, convirtiéndose en una causa célebre.  Esta historia terrorífica de estar encerrados en una selva, sin Dios ni ley, sin testigos, sin justicia, sin nadie a quien hacerle algún reclamo, en la que el secuestrado está sujeto a someterse a una tortura sicológica y a la arbitrariedad de la persona que está cargando el fusil, tuvo muchas vivencias dolorosas, relatadas por ella, como los innumerables castigos, maltratos, golpes con las cadenas en la cabeza, con las culatas y los puños. Humillaciones como cuando la hicieron arrodillar, le pegaron y dispararon como si la  fueran a ejecutar, las mentiras en las que le decían que la iban a liberar para hacerla caminar más rápido en una marcha, prohibirle que tendiera la ropa al sol para ponérsela mojada, los constantes insultos y humillaciones, el  desgaste de la relación entre Ingrid Betancourt y Clara Rojas, el embarazo de ella con un guerrillero raso con quien tuvo un hijo varón de nombre Emmanuel, que causaba el sufrimiento de la asesora, pues este era criado por los guerrilleros que solo se lo dejaban ver ocasionalmente. La enfermedad de hepatitis de Ingrid, quien se intentó escapar cinco veces, lográndolo solo en una ocasión siendo recapturada cinco días y después, por lo que se le impuso como castigo llevar una cadena en el cuello durante las 24 horas del día, sanción que fue levantada después. El hecho de por un tiempo estar incomunicada pues se le impedía el acceso a la radio y a la prensa, además de la tensa y mala relación que tenía con los guerrilleros con quienes constantemente tuvo enfrentamientos verbales. Actos denigrantes como el hecho de que unos soldados la miraban cuando hacía sus necesidades, porque no la dejaban estar sola. Otro episodio traumático para Ingrid fue enterarse un año después del fallecimiento de su padre, quien murió pocos días después del secuestro. Pero lo más doloroso fue el trato inhumano que recibió pues dormía encadenada del cuello sobre una cama hecha de ramas y era tratada como un animal.

El rescate

Seis años después, un 2 de julio de 2008 y tras cinco intentos fallidos de huida del cautiverio, fue liberada en una operación de inteligencia militar, realizada por las Fuerzas Armadas de Colombia, llamada Operación Jaque, en la que no se disparó un solo tiro, de la que salió bien librada junto a tres contratistas estadounidenses y once miembros del Ejército Nacional, que habían permanecido secuestrados por más de diez años. Su liberación constituyó un gran triunfo político para el gobierno del  presidente de Colombia Álvaro Uribe, y también para su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, quién dos años después fue elegido presidente colombiano. La liberación fue además uno de los mayores golpes que recibió las FARC.

El rescate, tuvo una trama al estilo Hollywood, por la serie de hechos peliculescos que sucedieron en la labor de inteligencia militar, como la interceptación de las comunicaciones de los rebeldes y el uso de un helicóptero con símbolos falsos de la Cruz Roja Internacional y la estrategia en la que se fingió un traslado humanitario de rehenes para arrebatarle a la hoy disuelta guerrilla al grupo rescatado que era lo más valioso que tenían los disidentes ese ese momento. Además está  todo lo que, confirmado o no se dijo al respecto. Las versiones eran distintas. La versión oficial dice que  el Ejército se infiltró en la cúpula de las FARC para la liberación e hizo creer a los dos guardias que custodiaban a los rehenes (Gerardo Aguilar y Alexander Farfán, conocidos bajo los alias «Gafas» y «César») que los militares iban a una cita con el máximo jefe rebelde, Guillermo León Sáenz Varga, alias «Alfonso Cano» (hoy fallecido). Las FARC por su parte, catalogó a los guerrilleros de traidores, pues se dijo que la Central Intelligence Agency (Agencia Central de Inteligencia en español) CIA y el Federal Bureau of Investigation (Buró Federal de Investigaciones en español) FBI, los había comprado, para conseguir la liberación, versión que el gobierno colombiano lo niega, asegurando a través del expresidente colombiano, Juan Manuel Santos que fue una operación de inteligencia colombiana.

Lo cierto es que el plan de rescate consistió en convencer al guerrillero «César» de llevar a los rehenes en helicóptero hasta donde se encontraba Cano para la supuesta entrevista y que cuando subió a la aeronave fue neutralizado y  los rehenes llevados a zona segura, a San José del Guaviare, capital de esa región, desde la cual fueron después trasladados a Bogotá.

El rescate, que fue el reencuentro de Ingrid Betancourt, con la libertad, con la vida, con su familia, con sus seres queridos, tuvo escenas emotivas como aquel abrazo interminable con su madre Yolanda Pulecio y sus hijos Mélanie y Lorenzo, a quienes dejó adolescentes y los volvió a ver mucho más crecidos y de los que se perdió seis años de su vida.

La vida actual de Ingrid Betancourt

Una década después de la liberación de su secuestro que duró seis años, Ingrid Betancourt, que ha recibido varias distinciones internacionales, vive en Francia, país en el que buscó dejar el pasado atrás, restaurarse del dolor y las heridas que dejó en su vida el  repudiable hecho que privó su libertad y trastornó sus días, además de reencontrarse con sus hijos a quien no pudo ver crecer. Su vida transcurre entre libros, los que lee y los que escribe para contar experiencias de vida que instruyen y enseñan y su labor de conferencista, que le permite viajar a muchos países en los que expone sobre los Derechos Humanos, cuenta su experiencia y sirve de motivación para saber que siempre hay una luz al final del camino. También participa en coloquios y documentales.

Documentales que testimonian una vida que no es vida, cuando estuvo a manos de seres desalmados, criminales sin ápice de humanidad en su corazón que la hizo vivir por seis años un descenso al infierno del cual un día pudo salir.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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