UNA CAÍDA MÁS

Juegan Ecuador y Japón y gana Paraguay. Escrito así parecería un error de lógica. Una incoherencia. ¿Cómo puede ganar un equipo que no jugó? Fácil, ecuatorianos y japoneses en la cancha, jugaron para los guaraníes que lo veían por televisión.  El empate a un gol, castigó a ambos y los mandó de vuelta a casa, porque ninguno mereció clasificar. El cotejo jugado la noche del lunes 24 de junio de 2019 en el estadio Mineirao de Belo Horizonte, Brasil por la tercera fecha del grupo C de la Copa América, marcó una caída más de la Selección Ecuatoriana que en la Copa América está nacida para el fracaso, está destinada para hacer de este torneo un saludo a la bandera. Salvo las ediciones de 1959 y 1993, en que fue cuarto siendo local, en todas sus 28 participaciones ha quedado tempranamente eliminado. ¿Será coincidencia que su última buena actuación sea en la altura? ¿Tendrá la altura algo que ver? ¿Será que la altura es su mejor aliada? Pero si coincidencia o no, la altura geográfica lo beneficia, la altura futbolística, no está en su diccionario. No al menos esta vez.

¿Sirve de algo analizar el partido ante Japón? No creo. Por eso no lo voy a hacer. Es más creo que perdí tiempo, cuando sentado al frente del televisor, con pluma y papel en mano, anotaba las incidencias más importantes del partido para relatar una crónica, esperanzado en que se dé el resultado para avanzar a la siguiente ronda. Resultado que más allá de cualquier cosa no merecía. Y no merecía, no solo porque perdió los dos primeros partidos, el primero con humillante goleada con pésimo rendimiento (0-4 frente a Uruguay) y el segundo con alguna mejoría que no sirvió (1-2 ante Chile) y porque no pudo ganar el tercero, el que debía ganar, el que tenía que ganar; sino porque futbolísticamente, fue muy pobre.

Su rendimiento como equipo fue discreto, su rendimiento individual, deja pocas figuras que resaltar, no tuvo un esquema táctico convincente, no mostró nada interesante, no tuvo generación de fútbol en el medio campo en el que careció de ideas, creatividad y variantes, no tuvo solvencia defensiva ni contundencia en ataque, fue un equipo malo, con muy pocos atributos, con muy poco que ofrecer y para completar el panorama sombrío, careció de liderazgo. No hubo un líder, un referente dentro de la cancha, ese jugador influyente que se ponga el equipo al hombro, motive y ordene a sus compañeros. Un barco sin capitán es un barco a la deriva y eso fue le Selección, una canoa a remos al garete. Los llamados a serlo, los indicados para cargar la banda de capitán eran Luis Antonio Valencia o Gabriel Achilier, quien fue el que terminó llevando la cinta hasta que se hizo expulsar, sí, porque se hizo expulsar al cometer una falta infantil, impensada en un jugador de sus años. Con un «Capi» así, para que Capitán, ¿Qué, ejemplo dio? Y como Valencia, no alineó de titular en el último juego, quien llevó la capitanía fue su tocayo, Enner, que aún no está para ese cargo. Entonces sin líder y con carencias futbolísticas tremendas, ¿que se podía esperar? A veces, lo que mal comienza, mal acaba. Los resultados, lo dicen todo. El único punto logrado de nueve posibles no admite discusión a la aseveración arriba descrita.

El fútbol no siempre sabe de fortunas y el número premiado que Ecuador se sacó en la lotería, ayer, no le jugó a su favor. Parecía imposible de creer. En la crónica anterior luego de la derrota con Chile, escribía que virtualmente estaba eliminada y que solo un milagro lo salvaría. Pues del cielo le cayó el milagro, así como hoy Paraguay ganó sin jugar, ayer la “Tricolor” inmerecidamente, también jugaba sin ganar, cuando se veía favorecido no por uno sino por dos resultados ajenos, que le daban la posibilidad de clasificar a octavos de final si ganaba hoy. No supo ganar, no pudo ganar, no debió ganar, no mereció ganar y no ganó. Desperdició lo que le pusieron en bandeja de plata otras selecciones y hoy regresa a casa con pena, supongo, al menos espero sea así y sin gloria. Amantes a la salsa como son, hoy la mayoría de jugadores cantan parodiada la canción de Rubén Blades, “si del cielo te caen milagros, aprende a desperdiciarlos”

¿Aprender, dije? Es que esa palabra: aprender, es la palabra clave para ejercer las críticas. Cuando el técnico ecuatoriano, Hernán Darío Gómez, la dijo en el contexto de que “a la Copa América vamos a aprender”, le dieron como bomba en fiesta, gente de fútbol, periodismo, hinchada, pueblo en general, hasta los que no saben de fútbol le dieron palo. Y los resultados hoy le dan la razón a quienes criticaron, fustigaron, insultaron y hasta esperaban en una actitud antipatriótica que esto suceda. Tenía razón el Bolillo.  La Selección fue a aprender. A aprender cómo no se debe jugar al fútbol, a aprender cómo no se aplican sistemas tácticos, a aprender cómo se plantean mal los partidos, a aprender a hacen mal los cambios, a aprender cómo se puede participar sin ganar ni un solo partido de los tres que jugó, a aprender a crear un clima de disconformidad y pugna entre el entrenador y el jugador (caso Renato Ibarra), a aprender cómo se decepciona a un pueblo.

Y sí que decepcionaron a un pueblo. Filmaron un comercial de televisión motivador, e hicieron todo lo contrario a la propaganda.  “Piensen en nosotros en los que sufrimos en cada partido”,  “piensen en los que soñamos como ser como ustedes”, “piense en los que ya no estamos”, decía la producción. Pues definitivamente no pensaron. Pues los que sufrimos en cada partido, sufrimos en tres partidos; los que soñaban en ser con ustedes, ahora sueñan con no ser así, porque su sueño se hizo pesadilla, y los que ya no están, felizmente que no están, se salvaron de un sufrimiento. Al final, lo mejor no está por venir.

Hoy se encontraron por resultados ajenos a la puerta de una clasificación que no merecían y no supieron aprovechar lo que el azar y otras selecciones le otorgaban. Desperdiciaron la oportunidad porque simplemente no tuvieron la capacidad para hacerlo. Fueron un fiasco en este torneo en el que quedaron penúltimos, si se hiciera una tabla general. Apenas superaron a Bolivia que no hizo ni un solo punto. Ecuador fue undécimo entre doce con apenas un empate.

Y no solo que les fue mal en la cancha, les fue mal fuera de ella, les fue mal en el camerino. Un camerino que luce dividido. Lo que sucedió con Renato Ibarra, excluido de la Selección por Hernán Darío Gómez, con versiones diferentes es un botón del mal ambiente creado. La primera excusa de la salida era una “supuesta” lesión, la dijo el jugador. Luego el técnico dijo que tal lesión no existía, que el se fue del equipo porque quiso irse por eso lo sacó; luego el jugador reconoció que no había lesión sino que el técnico no lo quería. Total es que no solo en la cancha les fue mal, fuera de ella, no hubo la unidad del equipo y no vengan a decir que es un caso aislado.

Y nuevamente, con fundamento o no, aparecieron los rumores. Una ley del periodismo dice que no se debe publicar rumores, que los rumores no deben ser contados. Y estoy de acuerdo. Y he tratado de cumplir con esa sentencia en toda mi carrera. Pero hoy las redes sociales hacen eso y es inevitable contar que se rumora que nuevamente hubo mano negra en el manejo del equipo, que se pusieron jugadores por intereses creados, dejando a otros que merecían estar y hasta se propaló un vídeo que decía que varios jugadores pagaron por estar en el equipo. Personalmente no creo eso, o no quiero creer. Pero como dice la canción “son rumores, son rumores”. Les tocará a las autoridades deportivas investigar. Es que el fútbol es como la vida. Cuando vienen los males, vienen todos juntos.

Historia negra

Y el asunto de la eliminación de hoy no pasa solo por los resultados, porque en anteriores torneos, en algunos, han quedado eliminados, pero no ha habido tanta inconformidad como hoy, porque si bien fueron eliminados no siempre jugaron mal, e incluso lograron triunfos importantes. Pero esta vez les fue tremendamente mal. ¿Por qué la Copa América es la bestia negra de Ecuador? ¿Por qué siempre les va mal?  Desde su primera participación en 1939 en el Sudamericano de Lima hace 80 años, hasta hoy, jamás llegaron al podio, jamás a una final. Como será de bestia negra que de un total de 121 partidos en este certamen, solo han logrado 16 victorias, 23 empates y 82 derrotas, anotando 129 goles y recibiendo 317, en una diferencia escalofriante de menos 188. ¿Por qué les va mal? Para mí la respuesta es muy simple, porque es un torneo corto, de pocos partidos en los que hay que ser contundente y Ecuador nunca lo ha sido. En eliminatorias la competencia es distinta tienen 18 partidos, nueve de local y en la altura, tienen chance para recuperarse, además de que clasifican cuatro o cinco de diez. Hay más chance para pelear. En los torneos cortos o pegas primero o te pegan. Aquí sí vale decir que quien pega primero, pega dos veces. Esta vez en Brasil 2019, Uruguay nos pegó primero y nos pegó nos dos sino cuatro veces. Y aunque se recuperaron del golpe y algo mejoraron, la mejoría no fue suficiente.

Sin merecerlo, en esta Copa tuvieron la oportunidad de que les juegue el número, de que se encuentren una clasificación sin saber leer y escribir. Se encontraron de pronto sin pensarlo, sin imaginarlo, sin esperarlo, con un despertar de una pesadilla a la posibilidad de lograr un sueño. Hoy jugaban el partido del sueño, el del milagro, el que pudo aquietar las aguas y servir de bálsamo para dirigentes, cuerpo técnico y sobre todos jugadores, no se dio. No hubo capacidad para aprovechar una oportunidad que no merecían. Por eso hoy están parados en el primer lugar del podio de las críticas, del dolor, de la vergüenza, del olvido. ¿Del olvido? No, derrotas como estas no se olvidan, a no ser que se replanteen las cosas y den un giro a su destino. Ya la Copa América, ya fue. Se vienen las eliminatorias. Habrá que hacer cambios. No esperen que yo diga ¡Fuera, Bolillo, fuera! Yo no hago ese tipo de periodismo, alguna vez, pedí salidas de dirigentes, jugadores o técnicos y  luego me di cuenta que no era quien para pedir eso, que no me correspondía hacerlo. Que lo pidan y lo hagan los que tienen el poder del mando. A ellos les corresponde, no a mí.

Lo que sí puedo decir es que si no cambian radicalmente, si no limpian el ambiente de rumores turbios, si no investigan lo que hay en el trasfondo, si no se hacen convocatorias de jugadores por merecimientos y no por intereses empresariales; si no se escoge bien a los jugadores con base al momento futbolístico que están atravesando, si no se sigue llamando a jugadores sin ritmo que no juegan en sus clubes y que llegan a una competencia en malas condiciones, si los jugadores convocados no ponen aptitud y actitud, sobre todo esto último, si no transparentan las posiciones y actuaciones,  si no trabajan adecuadamente, trabajando en microciclos, dando oportunidad a los jugadores jóvenes de la Sub 20 que le dieron una lección a los mayores, si no juegan partidos amistosos con equipos de real nivel, si no son exigentes en la disciplina, sino ponen mano dura, si siguen contando con gente discutida que ya tuvo problemas en años anteriores y que tuvieron proceder penados por la ley, se les viene un futuro negro. La Copa América, ya fue, piensen en las eliminatorias y piensen ya. Se necesita un cambio. ¿Será posible creer que lo mejor está por venir?

Foto tomada de Diario El Universo

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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