NUESTROS JUEGOS INFANTILES Y JUVENILES

En los años 60 y 70, nuestra niñez y nuestra adolescencia se desarrolló en las calles, en los patios del colegio, en nuestras casas o en la de los amigos y cuando éramos pequeños, en las fiestas infantiles. No había el boom de los centros comerciales, peor,  los juegos de internet en las que la gente se clava en los celulares o computadoras a jugar desde un solitario a complicados videojuegos. Era la época en que los juegos nacían de la imaginación en la que la vida se desarrollaba en las calles de nuestro barrio. Allí con los amigos, hacíamos deporte pues jugábamos fútbol con el viejo balón de cuero y bleri o indor con la pelota de trapo; béisbol, bádminton o vóley. También se jugaba otros juegos muy sencillos como: cincuenta al palo, al trompo, a las canicas, a las ciudades, a la cuerda, a la cometa, a la correa, la rayuela, la perinola, la horqueta. Pero lo más clásico y “sofisticado” era pasear en bicicleta que eran el regalo preferido en el cumpleaños o la navidad, las clásicas eran primero la denominada de panadero, que mientras más accesorio traían era mejor, como la parrilla, el faro, los espejos, el porta cadena, el timbre, entre otros accesorios, luego vino la chopper que fue sensación en su época.

 Algunos de esos juegos los realizábamos también en los patios de nuestras escuelas y colegio en los recreos o la salida. Había tres juegos que se jugaba a escondidas en el aula de clases, evitando que el profesor te descubra y en lo que solo necesitabas era una pluma y un papel. Estos eran, la galleta, el ahorcado y el tres en raya.  Había otro juego de pluma y papel, pero era más casero: el parame la mano o chantón, que era una forma de aprender palabras y tener destreza en escribir.

Otros juegos eran más caseros, los jugábamos con los hermanos, primos, amigos, vecinos  y eran muy tradicionales como, el futbolín de clavos, la guerra de soldados, monopolio, damas, damas chinas, parchís, el florón, al pepo, a veces los juegos ya eran un poco más sofisticados como el futbolín de muñecos o las carreras en pistas de carros. Y si la casa tenía piscina o íbamos a alguna de un club, lo tradicional era jugar al primero sin que te roce, a los clavados o trampolines o a bucear la moneda.

Y había también los tradicionales juegos de las fiestas infantiles, como la clásica olla encantada, luego convertida en piñata, la gallina ciega, el juego de las sillas, ponerle la cola al burro.

Y había otros juegos más “salvajes” como el carnaval, en que zumbaba el agua para mojarnos con baldes, o globos, que lanzados con fuerza podían ocasionar lesiones. Pero había un juego que en la adolescencia era el preferido de todos: la botella. Era un juego mixto en los que muchos se dieron su primer beso con alguien del sexo opuesto. Era la sensación de la época.

Tiempos de inocencia en la que disfrutábamos de cosas sencillas. En esta nota vamos a darnos un paseo por la nostalgia para recordar algunos de esos juegos:

Trompo: Es un juguete con forma de cono, generalmente de madera y con una punta de hierro, al que se enrolla una cuerda para lanzarlo y hacer que gire sobre sí mismo, a eso le llamábamos «hacer bailar el trompo». El juego, consistía en lanzar al suelo el trompo, enrollado en una cuerda, haciéndola rodar sobre sí misma sobre la punta metálica del extremo. Con destreza se podía llegar a poner en  la palma de la mano o lanzar la sobre otro lugar.

 

Perinola: La perinola era uno de los primeros juegos de apuestas de nuestra infancia. Era un tipo de  trompo algo diferente al tradicional, pues su estructura seis caras o contornos planos con  diferentes leyendas o escrituras como: pon, saca, saca todo o todos ponen. El juego consistía en hacer girar la perinola con la mano que al detenerse quedaba boca arriba, dejando ver la inscripción correspondiente que según la suerte o el azar, hacía perder o ganar al jugador, pues se debía hacer lo que la leyenda decía.

La rayuela: Otro juego sencillo en el que solo necesitabas una tiza y una piedra. De lo más sencillo. El juego consistía en dibujar en el suelo con la tiza, una serie de casillas con números del 1 al 10. Los jugadores lanzaban una piedra dentro de la casilla sin que se salga de ella, si lograbas hacerlo debías llegar a ella saltando en un solo pie. Primero se empezaba por la casilla uno, y luego a la número dos, y así sucesivamente. Si la piedra no caía en la casilla, perdías el turno. Al llegar a la casilla diez, hacías un parón con los dos pies y volvías a la inversa. En la casilla número 2 se recogía piedra de la casilla 1 y se saltaba al principio. Luego lanzabas la piedra a las casillas siguientes y se seguías haciendo lo mismo hasta completar todas las casillas. El que completara primero y sin fallar las diez rondas ganaba el juego.

La Cometa: El juego de la cometa es algo ya más complicado, por el hecho de armar el artefacto con el que vas a jugar, hacerlo era como un ritual, pues debías tener el material necesario para hacerlo, que era palos de madera, papel, goma y piola. Para confeccionar la cometa hacías una estructura en forma de cruz con unos palos de fino grosor y luego se la forraba con papel cometa, que se le decía al que luego se le ponía una piola. Así se lograba construir un artefacto volador que volaba gracias a la fuerza del viento y a unos hilos manejados por una persona, que la mantiene en una correcta postura de vuelo. Había que buscar un lugar descampado y ventoso para que no se enrede con los alambres.

La horqueta o resortera: Era un arma de fabricación casera,  portátil, generalmente era de madera con un caucho en el que se ponía el objeto a lanzar, que se utilizaba para lanzar proyectiles a  la que le dábamos diversos usos que iban desde intentar cazar un pájaro hasta molestar en clase a los compañeros, lanzándoles piedras pequeña, clips, bolas de papel, o lo que fuera. Había que tener cierta habilidad para manejar el arma que bien usada por lo regular terminaba en pelea con el afectado.

 

Foto: Francisco Olvera

Canicas o El pepo: Otro juego sencillo, en el que solo necesitabas las canicas o bolillas. El juego consistía en hacer una rueda de bolillas, luego lanzabas la canica al aire para pegarles a las que estaban en la rueda, mientras más aciertos tenías ganabas el juego. También había otra modalidad en que cada jugador tenía su canica y con el disparo tenías que tocar la bola de tu adversario, le llamábamos «pepo», si acertabas el siguiente choque era «pepo y trulo». Si perdías tenías que sacar todas tus canicas para que el vencedor escogiera la que le gustara. Si llegaba ese momento, dolía mucho perder una de ellas.

El Yo-Yo: El yo-yo es un juguete formado por un disco de madera, de plástico o de otros materiales con una ranura profunda en el centro de todo el borde, alrededor de la cual se enrolla un cordón que, anudado a un dedo, se hace subir y bajar alternativamente. Se maneja el disco mediante sacudidas hacia arriba y hacia abajo y se formaban figuras. El rey del yoyo era el que armaba las figuras más complicadas, una de ellas el llamado columpio en el que el yoyo liado entre las manos armaba una especie de columpio

 

El Florón. Era otro de los juegos que en su mayoría era para las niñas. Los jugadores se colocaban en círculo, a quien le tocaba el turno, cogía una piedra pequeña y la escondía entre sus manos juntas y estiradas, a modo de rezar. Entonces se cantaba una canción: “El florón está en mis manos, de mis manos ya pasó” y se pasaba por el círculo de los jugadores que mantenían las manos igual y antes de terminar la canción tenía que dejar caer la piedrecita en una de ellas sin que nadie se diera cuenta. Cuando acababa la canción el último jugador  que había señalado o introducido las manos tenía que adivinar en que manos estaba la piedrecita.

La macateta: Este si era un juego de niñas, si algún niño se atrevía a jugarlo era considerado del otro equipo y molestado por sus amigos. Ahí necesitabas una bola pequeña saltarina y las macatetas. El juego consistía en esparcir las macatetas en el piso, lanzar la pelota y recoger las macatetas antes de que caiga la pelota, la que cogía más macatetas, ganaba.

 

Saltar la cuerda: Otro de los juegos sencillos, como casi todos los de nuestra época. Lo único que se necesitaba era una cuerda gruesa y mucho aguante para saltar. Sólo o en grupo. La cuerda giraba sobre tu cabeza y por debajo de tus pies. Saltabas todo el rato que podías sin que se enrollara a ti. En grupo, dos personas tenían que dar a la comba agarrándola por los dos extremos, y el resto eran los que saltan. El que fallaba pasaba a dar con la cuerda para que los demás saltasen. Se podía dar muy deprisa y había canciones para amenizar el juego. El juego era más habitual en las niñas.

El juego del hilo o piola: Era más un juego de niñas, pero en ocasiones lo jugaban los hombres. Solo se necesitaba una cuerda, que iba atada en los extremos y cogida entre las manos, mientras los dedos se  entrelazaban con ella, formando figuras distintas. Si no se hacía modo correcto la cuerda se liará y era imposible seguir el juego. La destreza de algunas niñas era impresionante.

 

Cincuenta al palo: Era quizá el juego más sencillo porque no necesitabas absolutamente nada. Consistía en que arrimado al poste de la esquina, a una pared del patio o simplemente parado en un lugar con los ojos tapados con las manos y contar del uno al cincuenta, mientras el resto de jugadores se escondía, luego debías buscarlos, si mientras lo hacías, alguien llegaba al lugar en que inició tu contada, perdías.

Al burro: Otro juego que no necesitabas nada. Consistía en agacharte en posición de “burro”, en lo que llamábamos en cuatro, porque las manos debían tocar el suelo. Lo que parecía tener cuatro patas. Mientras tanto los otros jugadores formaban una fila y saltaban sobre tus espaldas

La gallina ciega: El juego lo realizaban varias personas y consistía en vendar los ojos con un pañuelo, a uno de los jugadores al que se le daba varias vueltas sobre su propio eje, con el fin de marearlo. El resto de jugadores se colocaban alrededor del jugado vendado formando un círculo, mientras los otros jugadores le preguntan: «Gallinita ciega, ¿qué se te ha perdido?» a lo que el vendado respondía: «Una aguja y un dedal». Entonces el resto de jugadores le respondía: «da tres vueltas y los encontrarás». El que hacía de gallinita ciega daba tres vueltas sobre él mismo mientras el resto de jugadores cantaban: «Una, dos y tres». Después la gallinita ciega avanzaba con los brazos extendidos intentando tocar a alguno de los otros jugadores, y cuando lo hacía, debía adivinar quién era tocándole el pelo, la cabeza, la cara y las manos. Si acertabas, se cambiaban los puestos y si no, el resto de jugadores le gritan que había fallado, siguiendo el juego hasta que acertara

Las Ciudades: Era un juego sencillo y muy fácil de realizar, lo único que necesitabas era una pelota. El juego consistía en que cada jugador se ponía el nombre de una ciudad o un país, uno de los jugadores lanzaba el balón al aire, gritando el nombre de una de las ciudades, mientras todos salían corriendo, mientras el jugador que tenía el nombre del lugar nombrado, debía coger la pelota y el momento de tenerla en sus manos pedir a todos que se detengan, entonces tenía que a saltos dar tres pasos, para lanzarle el pelotazo al que estaba más cerca, si fallaba el disparo debía seguir lanzando el balón, si lograba pegarle a alguien, ese jugador pasaba a ser el lanzador de la pelota.

La Correa: El juego de la correa, llevaba algo de “maldad” y en ocasiones terminaba en pelea. Consistía en que un jugador escondía en algún lugar una correa que los otros debían de buscarla y al encontrarla perseguía a carrera a los jugadores para alcanzarlos y darle correazos.

Futbolín de clavos: Era un juego casero, que llevaba cierta elaboración, pues había que hacer (fabricar) la cancha para que sirva de futbolín. Se cogía una tabla de madera rectangular a la que sobre los lados se clavaba unos clavos los mismos que se forraban con hilo o piola para que no se escape la pelota que era una canica o bolilla de un tamaño más grande. Luego se hacían con clavos los arcos, también forrados con hilo o piola asemejando las mallas y se disponía sobre la cancha  a los jugadores también de clavos, en posición de juego similar a las posiciones usuales del fútbol con arquero, defensas, mediocampistas y delanteros. El huego consistía en hacer goles “tingueando” la bola con el dedo.

La botella: Era un juego mixto que despertaba las primeras inquietudes de atracción por alguien del sexo puesto. Se formaba un círculo, alternando hombres y mujeres y en medio del círculo había una botella que se la hacía girar, cuando paraba apuntaba a dos personas, un hombre u una mujer que debían darse un beso en la boca, el llamado piquito. Muchos romances nacieron de ese juego.

Juegos de pluma y papel

El Ahorcado: El ahorcado era un juego que se  necesitaba cierta destreza en lectura y escritura. Consistía en que un jugador escribía sobre un papel  la primera y la última letra e una palabra, que usualmente era lo más larga posible, la clásica era otorrinonaringólogo.  Entre la primera y la última letra se ponían unas rayas que correspondía a cada una de las letras que conformaba la palabra y había que adivinar que letra iba en cada espacio, si fallabas se dibujaba una parte del cuerpo humano hasta completar la figura luego se dibujaba dos árboles o palos y luego la soga, si no adivinabas la palabra terminabas ahorcado

Galleta: Era otro juego de papel y pluma. Se hacía en una hoja de papel cuadriculado y se formaba un cuadrado grande unido en cada lado por un punto. Cada jugador trazaba una raya entre punto y punto, el juego consistía en completar el cuadrado con las líneas que se vayan escribiendo. El que tenía más cuadrados a su favor ganaba.

 

Tres en raya: Este era otro juego de destrezas intelectuales, por llamarlo de alguna manera que se jugaba entre dos personas. En una hoja de papel se dibujaba una estructura en forma de cruz de tres líneas verticales y tres horizontales que dejaban seis espacios libres. El juego consistía en que cada jugador ponía una X o una O en el espacio, procurando que su letra forme una línea que abarque los tres cuadros en una sola recta, ya sea horizontal, vertical o diagonal, ganaba quien lograba completar esa línea.

 

Párame la mano o chantón: Este era otro juego de papel en el que se necesitaba destreza para escribir rápido y legible e inteligencia para ubicar la palabra. En un papel se escribía diferentes categorías: nombre, apellido, ciudad, cosa, y cuantas especificaciones más se le ocurra a los jugadores. Se decía una vocal y en un tiempo determinado, por lo regular un minuto, había que llenar cada espacio con una letra que empiece con esa vocal, si se acertaba y nadie más tenía esa palabra se recibía 100 puntos, si se repetía, 50. Ganaba el que más puntos hacías para lo cual había que tratar de llenar rodas las categorías solicitadas.

Había más juegos infantiles y de adolescencia de este tipo, para enumerarlos o recordarlos todos, se necesita mucho tiempo y espacio. Hemos recordado los más usuales. Al terminar de leer este artículo, habrían llegado a su mente muchos de estos juegos y el recuerdo de los nombres con quien los jugaba. Eran aquellos tiempos de diversión sana, de tiempos idos, no “volvidos”.

Fotos tomadas de internet.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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3 comments

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