LA HISTORIA DEL PRÍNCIPE ENCANTADOR Y LA DOÑA

Para esta historia no necesité entrevistar a nadie ni que me refresquen la memoria, porque los detalles los viví junto a los protagonistas de principio a fin y persisten en mi mente como si hubiesen ocurrido apenas ayer.

Una frase dicha a las puertas del camerino de noticias cerraba el capítulo de esta historia:

–       ¡Pero mijito, usted no sabe los planes que yo tengo para usted! Dijo ella tratando de justificar lo injustificable…

–       Lo siento licenciada, pero no puedo esperar más.

–       Respondió el asistente antes de marcharse por el corredor que daba a las editoras.

Encantador se marchó indemne, dejando a la Doña, que había sido su jefa por cinco años, insatisfecha, aunque eso ya estaba hace rato, según las historias que rondan sobre su cada vez más desmejorado matrimonio con un príncipe sapo que cuando recibió el beso de su princesa decidió mejor convertirse en mariposa.

Les comento la historia desde el principio de los tiempos.

A este Príncipe Encantador lo conocí en una cola que se había formado en la secretaría de la FACSO, Facultad de periodismo de la Universidad de Guayaquil. Se vendían desde ese día las especies valoradas para la matrícula, creo que de primer año. Él estaba atrás y yo un poco más adelante y se dio el episodio de que abrieron tarde y que nos estábamos sancochando con el calor que ya nos estaba haciendo oler a tripa mishky. Una metida en la cola provocó mi rabia y la saqué del moño como a cucaracha de la alacena y claro, con la correspondiente puteada. Para mi sorpresa a él le pareció encantadora mi actitud y desde esa época somos amigos, más que amigos, entrañables hermanos a los que la vida ha puesto cerca y ha alejado también, pero que el cariño no permite que nos olvidemos el uno del otro.

Él entraba al noticiero como Productor de Línea cuando yo, después de estar tres años como investigadora de un programa, decidí irme a otro, como investigadora de noticias, junto con mi anterior jefe que se había ido un mes antes, cerrando el ciclo de un muy buen programa de investigación criminal.

Este Príncipe Encantador era joven y guapo, un candidato a rey sin corona, pero inteligente y dedicado, yo le auguré el mejor de los futuros cuando nos tomamos aquel café de despedida en la cafetería del canal una mañana de enero de 2005, pero cuando regresé en 2009, como reportera de un matinal, él seguía siendo exactamente lo mismo y estaba, evidentemente, enojado y frustrado.

Había pasado por todos los puestos y era algo así como la válvula emergente que lo solucionaba todo, los despidos intempestivos, las vacaciones, las enfermedades, las paridas de las compañeras y hasta los días libres de más que se tomaban los engreídos del noticiero. Su trabajo de planta era en la noche, pero cubrir todo lo demás le significaba vivir en el canal, sin embargo continuaba ganando como Productor de Línea, que no es más que el mismo cargo de asistente de producción, sino que con la rimbombancia que necesita la mejor pantalla del país para que los plebeyos sientan una nobleza que jamás les darán.

Pasé tres años escuchando sus quejas e insatisfacciones hasta que a me ofrecieron un puesto como Directora de Imagen dentro de un organismo provincial y partí deliberadamente. Regresé casi un año después y lo encontré igual, con la única diferencia de que Encantador esta vez estaba a punto de mandar todo su esfuerzo a la punta de un cuerno.

Conversamos una larga noche en la editora y me contó sus penas y yo, harta de oírlo sin que podamos hacer nada, le dije finalmente:

–       ¿Estás seguro que quieres hacer algo? ¿No importa lo que sea y como sea?

–       Estoy seguro! – Me dijo con voz firme.

–       Bien, – le dije – déjame hacer una campaña de relaciones públicas internas a ver qué ocurre.

Sonrió y se fue feliz, él sabía que lo que se me ocurriera sin duda daría resultado, y claro que lo dio, pero jamás imaginamos a qué nivel ni tampoco imaginamos que Encantador tenía una adversaria muy fiera que querría a toda costa impedir su progreso.

Era normal que dentro del canal me pidieran que diseñe, en papel, la biblia de algún programa. Una biblia no es más que la palabra sagrada en la que se sustenta y desarrolla la idea del programa antes de ponerla en práctica y por ese tiempo me encargaron la primera. Un programa deportivo estaba diseñándose, juntaba múltiples talentos y un esquema de revista nocturna interesante que sólo hablaría de fútbol. Fue mi primera oportunidad de vender la imagen de Encantador como productor ejecutivo de ese espacio, la idea tuvo muy buena acogida y hablaron con él. Se pusieron de acuerdo, él aceptó y la producción también, estábamos felices. Solo quedaba una cosa, hablar con la Doña jefa de Encantador porque él era parte de su staff y obvio, ella tendría que dar la autorización para el traspaso.

La llamó el mandamás de producción y ella aceptó, expresó incluso su felicidad por haber tomado en cuenta a alguien de su personal para esta distinción. El Jefe le dijo que apenas llegara mandara un correo a Recursos Humanos y que eso sería todo, ella afirmó que lo haría. No debimos esperar mucho pues apenas llegó se dio tal comunicación, no por mail sino por teléfono directamente a Recursos Humanos, pero jamás dijo que lo que suponía debía decir sino que muy indignada se quejó porque ante sus ojos se estaba sonsacando a su personal para matar su producción dejándola sin gente y que eso era indigno de ella, antiético y quien sabe cuantas cosas más. Recursos humanos llamó al jefe de producción diciéndole la respuesta de la dama y hasta allí el traspaso de Encantador.

La verdad yo pensé que la señora se había equivocado, que había escuchado mal o que en última instancia pretendía darle un mejor cargo dentro de su noticiero a Encantador para que este no anduviera buscando a donde irse, pero pasaron los días y nada más pasó. Lógico que Encantador andaba echando ajos y carajos y nos era para menos pues se le había negado el progreso dentro de su misma empresa de una forma ilógica. Pero Dios quita y también da.

En los días que siguieron, una conversación de camerino me puso en las manos una nueva oportunidad de volver a echar en acción el plan. Una de las reporteras había sido nombrada Directora de Comunidad y necesitaba un productor que aspiraba poder traer de su competencia directa en un canal vecino de barrio y yo que me contaba dentro de sus amigas en esa época me permití abrirle los ojos diciéndole que por qué buscar afuera lo que bien puede encontrar adentro. Y empecé a lavarle el mate vendiéndole a Encantador como la solución a sus problemas. Ella aceptó y le hicieron la propuesta. Nuevamente todo estaba en su punto, pero esta vez, para evitarse malos entendidos el mandamás de producción decidió esperar que la Doña, jefa de Encantador, llegara al canal para decírselo cara a cara.

Ella llegó como siempre y él solicitó conversar en su oficina, se lo dijo y nuevamente la dulzura característica e hipócrita… “Qué bueno que nuevamente hayan pensado en Encantador para ese puesto de tanta responsabilidad, me halagan porque eso quiere decir que mi personal está bien entrenado, no te preocupes Mandamás, en este momento subo yo misma a personal a dar la orden para el traspaso…” Ella salió de la oficina y yo corrí a sentarme en la oficina de al lado de personal a tomar un café con una buena amiga que me permitió escuchar, en butaca de oro, lo que pasó allí adentro entre la Doña en cuestión y la encargada de personal de esa época, cosa que solo puedo describir con una palabra: ¡Insólito!

La doña llegó saludando amablemente a todo el mundo y le dijo a la encargada de personal que necesitaba hablar con ella en privado, se encerraron y dentro se dio la siguiente conversación:

Doña: Hola fulanita… Vengo a visitarte porque están pasando cosas que no estoy dispuesta a soportar con respecto a mi personal.

Encargada: No entiendo de qué me habla Doña…?

Doña: Del traslado de Encantador al espacio de comunidad…

Encargada: Ah si… Claro, acabo de colgar con el Mandamás de producción quien afirma que ya conversó con usted y me dijo que usted permitió dicho traslado… Hay algún problema?

Doña: Si, que yo no he dado mi consentimiento. No es posible que mi noticiero se quede sin Encantador, es vital para el desarrollo de mi espacio y no lo cedo bajo ninguna circunstancia.

Encargada: Bueno doña, verá… Lo que pasa es que en el informativo de la mañana se necesita a un profesional de la talla de Encantador, tengo entendido que incluso ya se reunieron con él y le están ofreciendo dos veces su sueldo y un cargo de mayor responsabilidad y jerarquía y ese chico no ha sido ascendido desde que entró al canal y ya va a tener siete años aquí…

Doña: Eso no es posible porque un noticiero que apenas empieza jamás lo hace con tanta plata… La directora del programa lo que está haciendo es engatusarlo con mentiras para dejarme sin una pieza clave para mi producción…

Encargada: Pero a mi el jefe de producción me acaba de decir que ya usted había dicho que si…

Doña: Pues se equivoca… Yo no he aprobado nada y no lo haré además necesito que se haga un llamado de atención así sea verbal a la Directora de dicho espacio para que le quede claro que con mi noticiero y mi personal no se puede volver a meter.

Encargada: Bueno, los traslados se hacen siempre con la aprobación del anterior jefe inmediato, si usted dice que no, pues es no… Me encargaré de notificar a las partes.

Doña: Bien! Gracias!

Y salió por esa puerta dejando una estela demoniaca de azufre y otras hediondeces que solo pueden salir del infierno.

Me quedé con el ojo cuadrado, se me acababa de caer un ídolo. No hice nada con lo que supe, bajé y me senté en mi editora a esperar nada más que Encantador aparezca indignado y con ganas de incendiar el canal mientras meditaba en una solución. Se apareció como a la media noche y me contó todo, le dije que ya sabía y le comenté como me había visto el estreno cinematográfico en primera fila.

–       No te queda más que irte… – Le dije.- ¿Tienes alguna propuesta?

–       Si… Hace tiempo el productor ejecutivo del canal XY me llamó y me dijo que si estaba interesado en cambiar de ambiente…

–       Pues llámalo y dile que si está aun en pie su propuesta quisieras conversar con él… Pero antes debes preguntarte muy bien si de verdad lo que quieres es irte, porque renuncia con piola no vale.

–       ¡Estoy decidido! Aquí no voy a poder progresar…

–       Bien, entonces haga la llamada mi pana que yo lo apoyo.

Y lo que vino la siguiente semana fue un turbulento huracán de emociones. Encantador fue a su reunión y le ofrecieron ser reportero con casi el triple de su sueldo, habló de una vez con Productor Ejecutivo y Director y les pidió extremo cuidado con respecto a lo que iba a pasar advirtiéndoles que en su noticiero había una persona que estaba empeñada en retenerlo y que él opinaba que no se quedaría con los brazos cruzados al saber que se iba. Se lo prometieron y Encantador regresó como al medio día me pilló en el camerino.

–       ¡Está hecho! – me dijo, mostrando esa sonrisita de anuncio dental y un brillo en los ojos que hacía tiempo no le veía.

–       ¿Cuando te vas? – Pregunté.-

–       No sé… ¿Espero el contrato supongo?

–       Si… Cuando firmes, renuncias acá, no digas nada, pórtate bien, haz tu trabajo con cariño, sé solícito y servicial y quédate callado Encantador.

Recuerdo como si fuera ayer que lo llamaron un martes a firmar y lo hizo, regresó a la que había sido su casa por muchos años y renunció, IRREVOCABLEMENTE, anotando además que su libertad laboral la requería de inmediato. No hubo forma de convencerlo, bajó todo el mundo, lo llamaron de gerencia, de personal Guayaquil, de personal Quito y de todos lados, faltó que lo llamaran del mismísimo Palacio de Carondelet. El propio Gerente del canal bajó para informarle que estaba a su disposición un nuevo cargo con mejor sueldo, lejos de la Doña de la noche, pero no hubo forma, Encantador estaba decidido. En medio de ese torbellino de gente que iba y venía se topó a la Doña que ya había leído su renuncia, justo a la salida del camerino cuando ella iba al estudio para realizar un avance informativo. No pudo la Doña sostener la mirada y le dijo perdiendo las pupilas en el techo, quizá buscando la vergüenza perdida:

–       ¡Ay mijito, usted no sabía los planes que yo tenía para usted!

A lo que él respondió.-

–       Lo siento licenciada, pero no puedo esperar más. Permiso…

Y la dejó con los crespos hechos, quizá en una última pataleta de rabia, queriendo hacer sentir que ella no era cualquierilla, llamó al Director del otro canal para pedirle que no contratara a Encantador a lo que este respondió:

–       Lo siento Doña, pero el chico firmó esta mañana. Qué pena.

Vi en primera fila, desde la oficina del programa de entrevistas, el viernes de esa semana, en el noticiero del medio día, mi amigo firmaba su primera nota después de una salida en vivo en la pantalla de la competencia:

–       Príncipe Encantador… Y el consabido nombre de la emisión noticiosa para la que había firmado.

Fue un golpe duro si, maestro. Hoy él ya no está en ese canal sino en otro y ya presenta noticias, porque muchas veces para que te valoren tienes que alejarte de tu lugar de confort. La Doña sin embargo está ya demasiado vieja para volver a empezar en otro lado según dice y continúa a la hora de las brujas, sin productor ejecutivo, sin reporteros y sin expectativas de cambio. Huele que su espacio anda caminando por el borde de un abismo sin fin… ¿Justicia poética? No… ¡Justicia divina! ¡Si señor!

Mónica Carriel

 

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