CARAPAZ, CAPAZ

Un pedaleo a la historia de un personaje que hoy enorgullece a un país. Una nota que revela que hay más allá de Richard Carapaz, el ciclista que ganó el Giro de Italia y que se ha convertido en emblema de superación que hoy aplaude y admira todo Ecuador. Su vida, sus orígenes, su carrera, sus dolores.

Ciclismo y  carrera ciclística se escriben con C. Con la C de Carmelo, con la C de Carchi, con la C de calidad, con la C de corazón, con la C de ciclista, con la C de campeón, con la c de compatriota, con la C de capaz, con la C de Carapaz.  Carapaz, es el apellido del momento, el nombre de un hombre, hasta hace poco desconocido para muchos, que hoy es el orgullo de un país. Un personaje que montado en una bicicleta recorre por las rutas del triunfo en un giro a la gloria. El deportista triunfal, convertido ahora en el símbolo y emblema de un país que admira su triunfo, que lo aplaude y lo tiene de ejemplo. Un personaje  que ha hecho flamear con orgullo la bandera amarillo, azul y rojo, que nos hace sentir más ecuatorianos que nunca, tan ganadores como ahora y tan altivos como siempre.

Richard Antonio Carapaz Montenegro, el pedalista nacional que ha maravillado al mundo deportivo, al ser el primer deportista ecuatoriano en ganar la famosa carrera de ciclismo, Giro de Italia, una de las competencias deportivas más importantes del mundo, que tiene 110 años de existencia, que nació un 13 de mayo de 1909, que recorre 3.578,8 kilómetros, divididas en 21 etapas, que dura 33 días, que se inició en l1 de mayo en Bologna, terminando el 2 de junio en Verona, que tiene 21 puntos de partida con una media de 170, 4 kilómetros por etapa, con un total de tres cronos individuales, sies etapas de baja dificultad, siete de media dificultad, cinco de alta dificultad,  en la que participan, 22 equipos con 144 ciclistas de 28 países y en la que el nacido en Ecuador miembro del equipo Team Movistar es el mejor de todos ellos, tras pedalear durante tres semanas, 90 horas, un minuto, 47 segundos que lo llevaron a la gloria.

Vida de humilde

Richard, el menor de los tres hijos, del chofer Antonio Carapaz y de la ama de casa, Ana Luisa Montenegro, nació un 29 de mayo de 1993, en la parroquia El Carmelo, al nororiente del cantón Tulcán, capital de la fronteriza provincia de Carchi que limita con Colombia cuya tradición ciclística contagia a los carchenses que ven en el ciclismo su tabla de salvación, y que a punta de pedaleo de esfuerzos y  triunfos  convirtió  a este sector de la patria en la capital ciclística del Ecuador.

Fuera de las pistas, Carapaz, o Richie, como lo llama su núcleo cercano, que reside desde hace tres años en España, que tiene apenas dos años como ciclista profesional, disfruta de su vida privada e íntima, aunque alejado de su familia, compuesta por su esposa Tania Rosero, de 23 años y sus hijos Richard Santiago de cuatro y Aimy Sofía de uno, que residen en Ecuador.

Hoy Carapaz, es el hombre del momento por sus triunfos deportivos que enorgullecen a un país, pero no siempre fue así, Él nació, creció y vivió en el seno de una familia pobre y humilde, humilde no definida como falta de dinero, sino descrita por la sobra de virtudes, de gente buena que trabaja, se esfuerza y se une para lograr un objetivo, pese a las limitaciones y necesidades. De niño, compartió su vida infantil de estudiante de la escuela México, con las tareas de los grandes, en las que calzando sus botas de caucho cubiertas de lodo sobre el suelo húmedo, desafiando al frío de páramo, ayudaba a sus padres en las tareas ganaderas y de campo, regando las plantas, llevando pasto a los animales y ordeñando vacas.

Su vida, huele a campo, a campo de la sierra, donde la neblina espesa circula como cortina de humo, reduciendo la visibilidad, acumulando humos y gases que enturbia la atmósfera y la tiñe de gris, donde el frío cala los huesos, en lo que lo único que puede abrigar a un hombre humilde son la fe y los sueños, sueños a los que no nublan ni la niebla pesada y oscura que, muchas veces  lo encontró acostado sobre el pasto, con la mirada al cielo cercado de montes, soñando en cómo salir de la pobreza. Su vida huele a naturaleza, a hierba fresca, a leche recién ordeñada, a ese líquido burbujeante y espumoso con el que se alimentó desde niño y que lo fortaleció para hacerlo crecer sano y fuerte, al igual que las tortillas de maíz, cocinadas por su madre en tiesto, ese recipiente de barro cocido que da a los alimentos un sabor particular que huele a campo, que sabe a amor. Su vida huele a trabajo y sacrificio.

Sacrificio, que cuenta el propio Carapaz, en una nota concedida a Diario El País de Uruguay, publicada, el 30 de mayo pasado, en la que cuenta la historia de su niñez: “Hubo una temporada en la que cuando ya hacía bici mi madre sufrió cáncer de seno, y mis padres tuvieron que marchar al hospital porque la ingresaron. Yo quedé al cargo de la finca con mi abuelo, y teníamos como ocho o nueve vacas de ordeño, y tenía que levantarme muy temprano, cuatro, cinco de la mañana, sacar la leche antes de que pasara el camión de recogida y luego tenía que ir a estudiar al colegio; venir de estudiar, preparar la comida, prepararme para ir a entrenar e ir a entrenar; cuando venía tenía que comer, cambiar de terreno al ganado, a otro prado, darles de comer, el agua… que no les haga falta de nada. Tenía 14, 15 años ya. Tenía que hacerlo bien, porque si se te muere una vaca pierdes un montón. Eso es parte de mi aprendizaje de la responsabilidad. Cuando me toca hacer algo, trato de hacerlo lo mejor posible, que quede muy bien. Es la formación que hemos tenido”.

Diario El Comercio, el periodista Álex Puruncajas, en la edición del pasado 28 de mayo, que relata que la casa de su madre, situada en la comunidad de Playa Alta, en la parroquia de Carmelo, a la que  se llega trepando una colina de aproximadamente  dos metros, refleja la humildad con la que Carapaz, nació, creció y vivió junto a sus progenitores, sus hermanas, Cristina y Marcela y su abuelo José María. El no nació en cuna de oro, todo lo contrario, su antigua morada, una casa pequeña, de un solo piso con tres habitaciones, que no tiene muebles de sala, es sostenida por palos de madera que aseguran el techo de caña guadua. La entrada de tierra y césped es cuidada por una mascota original: un pavo furioso que persigue a quien se acerque a la vivienda y que expande su plumaje en señal de advertencia, glugluteando tan fuerte que se puede escucharlo a varios metros de distancia. En su interior, las paredes no están decoradas por cuadros de famosos pintores, todo lo contrario, su decoración huele a esfuerzo a trabajo, a sacrificio, a orgullo, pues está repleta de medallas, diplomas, camisetas y fotografías del ciclista, que testimonian sus logros, logros que lo han convertido en orgullo de un país que ve en él un símbolo de superación y un ejemplo a seguir en la que no existentes limitantes cuando se lucha por surgir.

Sus inicios

Su carrera nace como no podía ser de otra manera en su caserío natal llamado La Playa en su Carchi querida, cuna de próceres de ciclismo ecuatoriano y de múltiples campeones, que contagian el ambiente  de los caballitos de acero por herencia o por ósmosis, como los legendarios hermanos Pozo: Jaime y Paulo, Pedro Rodríguez, Héctor Chiles, Carlos Montenegro, Paulo Caicedo, su ex entrenador o el fallecido Juan Carlos Rosero, tricampeón de la Vuelta a la República (1989, 1992 y 1996), quien lo descubrió y de quien aprendió  los primeros secretos sobre ruedas. Ese conocimiento del medio y de los ciclistas, lo rememora, Carapaz, en nota de El País, Carapaz: “Supe que el ciclismo existía porque en mi casa, a 10 kilómetros de la frontera, se oían las emisoras colombianas, y mi padre y mi abuelo escuchaban las transmisiones de la Vuelta a Colombia y el Clásico RCN, y así me enteré de que los que ganaban carreras eran importantes”.

Sus inicios, los relata Diario El Telégrafo, en una crónica titulada “Carapaz, el joven que llegó al éxito en bicicleta” escrita por la  Redacción de Fanático, publicada el pasado 15 de mayo, que señala que paradójicamente de niño, el hoy famoso ciclista carchense, no tuvo afición al ciclismo, tal es así que “cuando tenía siete años, desbarató la bicicleta montañera que le dio su padre, porque le resultaba muy pesada, la que nunca más la volvió a armar, pues prefería jugar con las bicicletas pequeñas tipo BMX (bicicletas de cross) que le traía su progenitor en medio de la chatarra que cargaba en su camión de trabajo”.

La reseña de este rotativo, revela más detalles de la vida del crédito carchense, que cuenta que la afición por el pedaleo de ruta, le vino años después, ya de adolescente, a los 15 años, como estudiante  del tercer nivel en el colegio San Francisco de El Playón, cuando el  entrenador de ciclismo y múltiple campeón nacional Juan Carlos Rosero (+),  fue a su colegio a reclutar deportistas y él se anotó, recibiendo la autorización y apoyo de su madre, quien lo llevó a Tulcán y le compró su primer traje de ciclista. A partir de allí, no dejó las prácticas nunca y muchas veces, pedaleaba bajo la tormenta y en medio del frío en busca de la consagración, consagración que hoy ha logrado. Así contó Carapaz a Diario El País, este suceso: “Hubo algunos ciclistas en Ecuador, como Juan Carlos Rosero, que llegó a correr en el Pepsi Fanini de Italia, que cuando dejaron la bici se hicieron instructores, y un día vino Rosero a mi colegio promocionando una escuela de ciclismo que había creado. Éramos tantos que no había bicis para todos y teníamos que turnarnos para usarlas. De los 60 que empezamos solo sigo yo como ciclista”.

Luego, como su mentor trabajaba para la Federación Deportiva de Sucumbíos, Carapaz que creció en la frontera de ambas provincias, continuó su bachillerato en un establecimiento de El Playón, en Sucumbíos, alejado de su familia. Su regreso a su Carchi natal, se dio luego de que el entrenador Rosero, cambiara de aires y dejara el oriente ecuatoriano, para trabajar como director técnico del equipo Panavial- Coraje Carchense (hoy Coraje Carchense), que era financiado por la Prefectura Provincial. Con ese equipo, debutó en 2012 en la Vuelta al Ecuador.

Un año después,  mientras se formaba como ciclista, Carapaz, sintió uno de los golpes más duros de su vida, pues su mentor, quien lo descubrió y quien le enseñó sus primeras lecciones ciclísticas, falleció en 2013 lo cual resultó un golpe duro en su carrera.  Pero los grandes saben que deben seguir y así lo hizo, participando luego en la Vuelta  al Ecuador 2013, en las que mostró grandes condiciones y aunque no ganó ninguna etapa sobresalió en la categoría sub-23 y en los premios de montaña. Después y luego de sus primeras carreras, como aficionado, corrió para el equipo ecuatoriano RPM Team, con el que  se adjudicó la Vuelta a Guatemala 2013 en la categoría Sub-23 y en el Campeonato Panamericano en Ruta Sub-23, en la que corría adelantado a la edad pues apenas contaba con 20 años. El camino al éxito se iba enrumbando

Pero a veces los rumbos son inciertos y tienen sus piedras en el camino que suelen provocar caídas, como lo cuenta el sitio web, www. elmundo.es, que narra que en abril de 2014, Carapaz a quien sus amigos apodan “Mijín”, fue atropellado cuando entrenaba cerca de la población Julio Andrade en su localidad natal. El accidente de tránsito se dio cuando una conductora distraída no controló los frenos de su carro y lo arrolló provocándole heridas en la pierna, lesionando el músculo gemelo que está en la región posterior de la pierna a la altura de la pantorrilla. Herido y adolorido, fue trasladado al hospital de Tulcán, en el que uno de los médicos, le dio un pronóstico desgarrador, al anunciarle que existía la posibilidad de que nunca más pudiera montar una bicicleta.

Pero el triunfo es para los que caen y se levantan y la “Locomotora” carchense se levantó, no se rindió, se cuidó, siguió los tratamientos al pie de la letra, cumplió la rehabilitación, entrenó y no solo que volvió a montar una bicicleta, sino que empezó a triunfar sentado sobre ella. Así, participó en la vuelta al Ecuador 2014 y un año después,  en 2015, se trasladó a Colombia donde corrió para el equipo colombiano, Strongman – Campagnolo, convirtiéndose en el primer extranjero en ganar la Vuelta de la Juventud de Colombia y una etapa de la  tradicional carrera denominada Clásico RCN.

Según lo narra el periódico colombiano El Espectador, en una nota de  Andrés Montes de Alba, a Colombia llegó en 2014, con 21 años de edad, gracias al ex ciclista y entrenador colombiano, Luis Alfonso Cely, famoso por hacer que nazcan flores del pantano, quien lo conoció un año antes, en Guatemala con ocasión de la vuelta a ese país, luego de recibir la recomendación de uno de sus masajistas, apodado el “Pollo de la Finca”. Carapaz no llego solo, con él fue otro ciclista ecuatoriano, Jonathan Caicedo. En el vecino país, la denominada “Locomotora de Carchi”, se terminó de formar como pedalista. Allá, Celi lo transformó en un ciclista de élite, ese que ahora se codea con los mejores corredores del mundo. El primer reto del ecuatoriano en tierras cafeteras fue ganar la Vuelta de la Juventud, para lo cual lo prepararon con una concentración de ocho semanas en una finca de la que dispone el equipo en Tenjo (Cundinamarca). En ese tiempo, Carapaz corrió dos competencias clásicas, las de Anapoima y Funza. El trabajo de seis a siete horas de entrenamiento diario, en lugares de altura de 3.293 metros sobre el nivel del mar, dio sus frutos y el ecuatoriano ganó la Vuelta de la Juventud 2015 y logró que varios equipos internacionales pusieran sus ojos en él.

Su desempeño deportivo llamó la atención de equipos europeos y en el año 2016, con 23 años de edad,  fue fichado por el equipo Lizarte . Al año siguiente (2017), por su facilidad para la escalada, llamó la atención de uno de los gurús del ciclismo, Eusebio Unzué, el mánager del equipo Movistar, quien  pensó que podría ser un buen gregario (acompañante) para el ciclista estrella del equipo el colombiano Nairo Quintana y ordenó su contratación.

Así, pasó al grupo de pruebas de su actual equipo: Movistar Team con el que tuvo la oportunidad de ser el primer ecuatoriano en competir en la Vuelta a España en la que  fue partícipe de un intento de fuga en una etapa de montaña. Al año siguiente (2018), con 24 años de edad,  se convirtió en el primer ecuatoriano en ganar una etapa y vestir la camiseta blanca de Mejor Joven en el famosísimo Giro de Italia, competencia en la que hoy (2019) destaca, consolidándose como uno de los mejores, tras ganar dos etapas, adjudicándose la camiseta de líder al término de la 14.ª etapa y luciendo la tan anhelada maglia rosa (camiseta rosada), distintivo que se otorga al ciclista líder de la competencia.

La llegada a los grandes equipos y de la victoria del ciclismo sobre  los estudios que hoy permiten tener a un deportista de élite, antes que un profesional sentado en una oficina, la rememora Carapaz, en la publicación de Diario El País: “Yo pude elegir entre hacer bicicleta o estudiar. Me incliné un poco más por la bicicleta. Con los viajes y eso dejé un poco el estudio, y le dije a mi padre que iba a probar hasta los 23 años, que si a esa edad no había podido conseguir un equipo bueno o que me remunerara yo me iba a inclinar por el estudio. Me apoyaron mis padres y a los 23 pude ser campeón Panamericano y mucha gente me conoció y me querían fichar muchos equipos”.

Vida de triunfos

Montado en su bicicleta, en ese querido caballito de acero, que le ha dado fama y respeto, pedaleando al éxito, sintiendo el viento pegarle en su cara, ha conseguido un palmarés brillante en su carrera, siendo: Campeón Panamericano en Ruta, categoría Sub 23  en 2013,  ganador de una etapa del Clásico RCN y de  la Vuelta a la Juventud de Colombia, en 2014; triunfador de una etapa a la Vuelta a Navarra  en España, compitiendo como amateur, ganador de la Vuelta a Asturias, más una etapa y vencedor de una etapa del Giro de Italia  en 2018 y triunfador de Vuelta a Asturias , más una etapa y vencedor de dos etapas del Giro de Italia en 2019.  Además ha tenido otros sitiales entre secundarios o de importancia como cuarto lugar del Giro de Italia en 2018, el puesto 36 de la Vuelta a España en 2017 y décimo octavo en 2018, que significó un progreso notable y la ubicación 71 en el Mundial de Rusia 2018.

Pero el triunfo de Carapaz, que reside y entrena en Pamplona, España, desde hace tres años, no es un logro individual, es el trabajo dedicado y esforzado de un equipo. Junto a él está en el satff técnico, su entrenadora, la ex ciclista profesional y máster en alto rendimiento,  Iosune Murillo, quien trabaja con él desde que estaba en el equipo Lizarte, que ahora lo sigue en el Movistar Team y que durante tres años, trabaja en la técnica, prepara la estrategia siendo la encargada de entender y concluir cuántos kilómetros puede resistir, el  ritmo que debe correr y que grado de complejidad tiene en una competencia. Ella es el cerebro del equipo, quien analiza, calcula y le pide confiar siempre en sus propias capacidades.

Otro nombre importante en la vida de Carapaz, es Luis Alfonso Cely, el actual entrenador de otro equipo: Strongman, quien lo conoció hace dos años, en la Vuelta a Guatemala por medio de uno de sus masajistas que lo llevó a Colombia y que lo transformó en un ciclista de élite. Hoy a pesar de estar en otro equipo, lo sigue apoyando, desde el carro número 5 de su actual team, que el mismo conduce y en el que le habla por radio para darle indicaciones, además de alcanzarle las  caramañolas (recipiente para llevar agua), los guineos  y las bolsas de agua, que sirven para hidratarlo y darle energía. Además en lo profesional, ve cómo la estrategia en la ruta se consolida.

El hombre del monumento

Carchi, famosa por ser cuna de los mejores ciclistas ecuatorianos y consciente de su devoción al deporte de las cadenas, rinde culto y homenaje a esta disciplina deportiva con la  escultura de una bicicleta, hecha en 2017 por Fernando Revelo, situada en el parque El Carmelo, que no es más que una bici pintada de blanco.  Pues bien, ahora, los ciclistas carchenses que siempre anhelaron levantar un monumento al ciclista y cuyo proyecto estaba en marcha, hoy se replantean la idea y piensan ponerle a la estatua el rostro de Carapaz. El proyecto se desarrollaría en Guagua Negro (kilómetro 18 de la vía Rumichaca -Ibarra), que incluye un parque con áreas recreativas.

Es que Carapaz es muy querido en su tierra, no solo por sus triunfos deportivos que enorgullecen a la provincia, sino por la labor que cumple en ella. Allí formó una escuela para ciclistas que dirige el profesor Jorge Montenegro y para motivar a esta disciplina, cuando residía allí, participaba de los ciclopaseos nocturnos que se realizaban religiosamente los martes y jueves.

Richard Carapaz,el hijo del Carchi, el hijo de Ecuador, es además querido porque es un hombre bueno que ayuda y no olvida sus raíces, ahora que triunfa en Europa ayudó al progreso de su padre, quien ya no es campesino, sino comerciante, al comprarse una furgoneta en las que  transporta las papas y las hortalizas a la feria, para que los trabajadores del mercado las vendan.

Sus metas

Hoy Carapaz, que ha militado en cinco equipos en su carrera y que con lo hecho en Italia, ya es  el mejor ciclista de ruta de la historia de Ecuador, tiene nuevos senderos en esa ruta que está transitado por el camino del triunfo. Su próximo objetivo, es el  de participar en la Vuelta a España, otra de las grandes del ciclismo mundial, a realizarse a mediados de agosto.

El orgullo ecuatoriano, a bordo de una bicicleta que es su inseparable compañera, de ese querido caballito de acero y de su aliada de trabajo, triunfos y esfuerzo, Richard Carapaz, venciendo las heridas del pasado, sin ser un tipo de otro lado, a su manera, descomplicado, en una bici que lo lleva a todos lados, ha cumplido un sueño para un país que está latiendo por ti y que hoy lo quiere tanto.

 

 

 

 

 

 

 


Fotos:  AFP, El Telégrafo, El Comercio. Diario El Norte; vueltaciclistica.2014.wordpress.com; ciclismo internacional.com; wikiwand.com; mundodeportivo.com; twitter.com; vistazo.com; noticias.alianzanwes.com

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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