MONTAÑITA ¿PARAÍSO O INFIERNO?

¿Es Montañita la playa paradisiaca o una playa de la perversión ifernal?. Una crónica de la Montaña que conocí hace 40 años, de la Montaña de hoy. De la paz al bullicio, una crónica que pretende decir que es este lugar en realidad.

Montañita, la playa ecuatoriana, de la Península de Santa Elena, tiene de belleza y naturaleza, lo que podría semejarse a un paraíso, con su ensenada rodeada por cerros y vegetación al pie del mar, algo así como un valle con una playa extensa, en cuyo mar se levantan olas imponentes y maravillosas de hasta 2.5 metros de altura que atrae a los turistas, principalmente surfistas de todo el mundo. Y Montañita, tiene su noche, con la vida nocturna bohemia y desenfrenada de excesos al estilo “alcohol, sexo, droga y rockanroll”. Una tierra de “living la vida loca”, que lleva un ritmo infernal que ha sido catalogada de infierno. ¿En realidad que es Montañita? ¿Un paraíso o un infierno? Para mí, ni lo uno ni lo otro. Para mí es un pueblo hermoso de gente buena, hospitalaria, humilde y trabajadora en el que pasan cosas buenas, regulares y malas, como pasan en cualquier parte del mundo. Satanizarla es un despropósito, además de injusticia. Que Montañita perdió su encanto de playa virgen para convertirse en una tierra farandulera que no merece ser pisada por muchos de lo que a allá concurren, de acuerdo. Pero Montañita en esencia es su gente y su gente es buena. Que una persona, pueblo o vida buena, haga o tenga cosas malas, no la hace mala. Los prejuicios son los malos, los que dañan, los que agobian, los que duelen.

A Montañita, esa adorable zona no delimitada, comuna de pescadores de la Parroquia Manglaralto, por donde pasa la carretera de la Ruta del Sol hoy «Ruta del Spondylus», situada a 200 kilómetros de Guayaquil, frente a la costa del Océano Pacífico, la conocí, hace 41 años, cuando recién graduado de colegio, con 18 años a cuestas y una melena que me llegaba a los hombros, una mañana de temporada llegué a bordo de la camioneta roja que manejaba mi amigo de siempre, mi pana de barrio, colegio, universidad, del Ringo y de la vida, el loco Alex. Llegamos atraídos por la fama de que por allí se paseaban por la playa unas gringas en pelotas que aflojaban más que Banguera. No vimos ni una. Lo que vimos fue a un poco de amigos surfistas y no surfistas de diversas zonas de Guayaquil y a otros hasta ese día desconocidos con quienes hicimos grupo y entablamos amistad para gozar de la playa, vacilar el dato, bañarnos en el mar, comernos un buen pescado, tomarnos algunos garrafones de ese malísimo vino Moscatel La Parra, embazados en garrafón de plástico, que cargaba el “Loco” en el balde de la camioneta y esperar que aparezcan las gringas despelotadas que nunca aparecieron. Ese día lo recuerdo claramente, llegamos los dos, pero poco a poco se fue armando un gajo más o menos, alrededor de la miota parqueada en la playa que tenía las puertas abiertas para que de los parlantes Jensen coaxiales, suene un casset del Pioner KP 500. Fue un vacilón total, una joda de alto vuelo. Estaban los sureños: “Colorado” Yoryi Pólit, con «Turú» Moreno y Ampy Torres, grandes amigos, que se nos adelantaron en la partida, que fue quien nos introdujo al grupo en el que estaban Pepe Luque con “Meriquant” de Urdesa, el Chivo Vásconez y el “Cura” Robelo de los Ceibos y de allá, de Montaña, “Pinina” Santander, “Popocho”, el “Colorado” Vito, Mike, el venezolano Ricky Lobo que andaba con un man llamado Jeff y por ahí llegaba algún otro pana, que se tomaba su pepo, chacoteaba un rato y se iba. Más allá lejos de nosotros y cerca de la Punta estaban surfeando pero sin pararnos bola, concentrados en los suyo, mis compañeros de colegio Toño Posada y “Cristóforus” Villao, de la U Católica “Majo” Silva y Galo García, y otros que no conocía pero que eran famosos en el mundo farandulero de entonces por ser excelentes surfistas y aniñados buena gente, como unos surfistas de aquí pero de apellidos gringos: Holst y Bjarner, mi tocayo Cabezas, Roy Mendoza y algunas peladas guapas. Luego de esa vez fui algunas más y siempre hubo parcería sana. Con algunos me hice pana, con otros jamás, pero casi todos nos conocíamos, más que sea de vista. Casi siempre había bastante personal, hombres y mujeres, cada quien en su dato, que en definitiva era el dato de Montaña: surfear, vacilar, estar con su gajo, pero todo enmarcado en el respeto, nadie te paraba bola ni se metía en tu onda. Nadie jodía. Tranquilidad y paz. Como debe ser.

Montañita, que tomó su nombre por estar ubicada en una ensenada rodeada de cerros, en ese entonces sí era un paraíso, una playa virgen que nos captó y a la que iba cada vez que podía, que fueron muchas. Era un lugar apartado y tranquilo con poca concurrencia por varios factores, uno de ellos la entonces lejanía de Guayaquil, pues se hacía de tres a cuatro horas de viaje, ya que el camino de Santa Elena a Montaña era de “terror”, no estaba pavimentado, era polvoso y sinuoso, angosto, desolado, por el que pasaban ganado, caballos, animales, a los que había que darle el paso. Pero ese viaje por ese camino de tercer orden, era parte de la aventura.

En aquellos tiempos había cierta afinidad entre la vida “loca”, de los visitantes nacionales y extranjeros, con la estructura y organización comunitaria y autónoma de la aldea de pescadores, gente buena, sencilla, trabajadora, hospitalaria, que jamás se metía con nosotros, que a veces miraban asombrados por lo que hacíamos y que escuchaban asustados canciones de Led Zeppelin Lynyrd Skynyrd, Ted Nugent, Pink Floyd, Bob Marley y tantas otras que no entendían y que obvio no le gustaban. Era gente sencilla que vivía su mundo y dejaba vivir el nuestro. Por entonces era un pueblo de no más de 100 familias, donde imperaban los apellidos Borbor, Villao, Yagual, Rosales, cuya gente se dedicaba a la agricultura, a la pesca, a la confección de sombreros y las madrinas, así llamábamos a las mujeres, a cocinar deliciosos platos para que comamos los que llegábamos de afuera., Recuerdo haber ido un día, chiro, con una funda inmensa de ropa usada que recolecté de mi familia y amigos y que cambié a Doña María, por dos semanas de tres comidas diarias, que era el tiempo que pensaba quedarme. Me quedé menos. Ese era Montañita de los 70 y 80, en convivencia un paraíso.

Pero en belleza natural, lo era mucho más. Montañita, era una playa virgen, extensa, de mar cautivador, con un estero de agua limpia, hermosos paisajes rodeada por ríos y montañas verdes, ideales para escalar y hacer caminatas. Se complementaba con una arquitectura sencilla, con casas de construcciones sencillas de estilo rústico de la costa, a base de madera, caña, cade y paja, como las chozas de los pescadores, sin rasgo alguno de los complejos turísticos y hoteles que ahora se pueden encontrar a lo largo de la costa y en casi todas las calles del pueblo en el que además antes solo estaba el parque central, la iglesia, una escuela y una que otra tienda en cuyas calles era común ver caminar a las vacas de alguna hacienda cercana. Era un pueblo con muchas necesidades, no había agua potable, la luz, mejor dicho el fluido eléctrico para hablar con propiedad se iba a determinada hora, no había alcantarillado, ni hospitales, colegios, ni la bohemia desenfrenada de hoy, que creo que sabiéndola vacilar, con control y medida, hasta es bonita. A mí, me gusta.

Así, hace 50 años, en Montañita los pescadores compartían las costas con unos pocos turistas «alternativos», así se les decía, (hoy alternativos suena a mariconada), que en su gran mayoría gozaban del «movimiento surfer», con su filosofía de libertad, paz y amor al mar y a las olas, que en desmedro de las mentes prejuiciosas que siempre buscan hacer mal, no eran sinónimo de marihuana, ni tampoco era un Woodstock criollo. Que habían fumones, cierto, pero eran minoría realmente, más habían los deportistas sanos, que se cuidaban y no trasnochaban porque querían estar bien para hacer su deporte favorito y porque además la joda no era su dato. Conocí, conversé, vacilé dato con muchos surfistas “aniñados” más zeta que la última palabra del abecedario. Así que cuando le digan, que todos los de Montañita eran marihuaneros y dañados, no crea. No es cierto. Le están metiendo el dedo. Los “buenos” eran más, mucho más. Y bueno, hoy si, Montañita es una de las pocas playas ecuatorianas en las que las mujeres realizan topless, sobre todo las turistas europeas que vistan la playa, pero no es una playa nudista… “Loco, pana, nos equivocamos de época. Ahora debemos ir. ¡Vamos!. Termino de escribir y te llamo para ir…

La Montañita de hoy

Disgregación aparte, fue mucho, muchísimo después, ya en los noventa para adelante que desembarcó en Montaña ese boom turístico, al que va Raymundo y todo el mundo. Así, lo que al principio fue un lugar virgen, conocido por pocos, pronto se convirtió en uno de los lugares más visitados por los excursionistas de Sudamérica, quienes empezaron a recorrer, conocer el encanto de este destino y compartirlo con los demás. Hoy sus calles estrechas que desembocan en la playa con coloridas tiendas, puestos de artesanías, bares, hoteles y restaurantes cautivaron en pocos años a universitarios que viajan como «mochileros» y disfrutan las actividades al aire libre.

Antes estaba muy lejos de ser el «destino de moda» en el que se ha convertido ahora. Sitio al que hoy llegan “ñengosos” y noveleros a contaminar el ambiente, al que llegan ,entre tanta gente buena que no hace daño, otros sin cultura, que crean un mal ambiente de desorden y mal aspecto, como llegan también algunos delincuentes que al ver que hay movimiento, saben que tienen “trabajo”. Hasta el ambiente musical cambió. Antes cuando caminabas escuchabas a Bob Marley, hoy debes soportar reggeatón. Pero esas variables no hace a Montañita malo, ni la diferencia de otras partes del mundo, en Europa, en Estados Unidos, en Sudamérica, en la china y la conchinchina, pasa igual. Hay zonas buenas o zonas malas. Es el mundo. A no rasgarse las vestiduras.

Así, el panorama en Montañita cambió drásticamente en la última década, pero en algunos casos para bien. Hoy ya hay alumbrado y alcantarillado públicos, existe una mayor intervención del gobierno local y pese a que ha habido desmanes de gran dimensión que incluye asesinato a turistas, existe más control por parte de las autoridades Que falta, por supuesto y quizá falte mucho, pero al menos mal o bien, se intenta poner algún control. Hasta en el deporte mejoró, hoy hay muchas mujeres y “cholos” surfistas de excelentes condiciones que hasta torneos internacionales han ganado. Lo de cholos va con respeto y cariño a esa etnia, no en uso gramático de choleo “atrasapueblo”. Antes solo surfeaban los “aniñados”

Hoy el pueblo, reconocido por el asentamiento de la cultura Valdivia, hace 3.500 años A.C. por lo que tienen la célebre y famosa estatuilla de “La Venus de Valdivia” que la representa, tiene otra pinta. Las calles son principalmente peatonales con ladrillos y adoquines, las casas tienen techos de palmeras, que se integran al paisaje del pueblo y sus rutas llenas de bares, restaurantes, cafeterías y puestos de artesanía que se adaptan a todos los presupuestos y gustos de los turistas de todo el mundo. El principal medio de transporte son las bicicletas, también se alquilan motos y caballos, para pasear por la playa. Y para la farándula durante la temporada alta de turismo internacional, hay muchos festivales de música electrónica-beach house, salsa, merengue entre otros.
Hoy, Montañita, que hasta películas en su honor, tiene («Back to Montañita») se divide en cuatro secciones principales: la playa, la punta, el barrio Tigrillo y el centro. La mejor época para ir es de noviembre a marzo, en la que hay una época de calor pero no llueve mucho en el valle donde se encuentra el pueblo de pescadores y la temperatura alcanza un promedio de 29ºC de día y 25ºC al anochecer, con una buena calidad del aire. Su gastronomía es espectacular en la que predomina el marisco. Para vacilar hay sin fin d deportes aventuras, y no se puede obviar la vacilada nocturna. Montañita nunca duerme y es en la noche en la que el movimiento se concentra alrededor de sus bares y las discotecas que ofrecen variedad de música, cocteles y todo tipo de ambientes para gozar de la buena fiesta.

No a los prejuicios

La primera vez que escribí de Montañita fue en Abril de 1992, en la edición N. 591 de Vistazo, a raíz de una declaración del entonces candidato presidencial Abdalá Bucaram, en una entrevista con el ya desaparecido Alberto Borges en Telemundo del lunes 23 de marzo de ese año, en el que llamó al pueblo “Triquilandia”, tratando de politizar un tema de crónica roja, por la muerte de un ciudadano irlandés, al acusar como culpable, con su estilo desenfrenado e irresponsable “a la oligarquía guayaquileña que forma algazara y se triquea en Urdesa y Montañita y que hoy son la oligarquía de Triquilandia”.

En ese entonces, escribí, casi exactamente lo mismo que hoy escribo. Que Montañita ni es un santo que encante, ni infierno que espante. En aquella crónica daban testimonios, colonos del pueblo, moradores contemporáneos, surfistas, turistas y hoteleros de la zona y todos concluían que existen problemas en el lugar pero que no es el infierno que dicen que es. Aquella vez el entonces presidente de la Comuna, Porfirio Yagual Morado dijo: “Este es un pueblo sano. Recuerdo por el 76, empezaron a venir al pueblo los hippies gringos de la tabla hawaiana y luego unos guayacos también, todos colorados, melenudos y barbados que formaron su mundo aparte y nunca se metían con nosotros. Dicen no me consta, que hombres y mujeres chupaban, fumaban y andaban desnudos. Lo que sí, una noche vino la policía de Salinas y los sacó de una casa que tenían y se los llevaron presos. Eran como ocho entre hombres y mujeres que salieron en cuero”. Concluía Don Yagual que eso no significa que todos los “colorados fueran malos e hicieran lo mismo”.

No se trata de tapar el sol con un dedo. Es verdad que hay droga y la venden “libremente”, como los famosos Negritos, es cierto que se toma bastante, también es cierto que hay cierto libertinaje, también hay desafueros, excesos, delincuencia y asesinatos, como en toda parte del mundo, pero de ahí a que sea una “Sodoma y Gomorra” hay una gran diferencia. Hay mucha gente sana también, familias que llegan a sus casas a descansar, otros que no le hacen daño a nadie. Pero siempre el mal se nota más. Es deber de las autoridades prevenir, controlar, actuar y hacer que todo tenga un flujo normal.

Entonces concluyamos que Montañita es eso, un pueblo, una playa hermosa de gente buena en la que a veces suceden cosas malas, que no se la puede llamar “pueblo maldito” como alguna vez irrespetuosa, injusta y malintencionadamente se la llamó hasta por la prensa argentina, epíteto que no solo que ofende a la comunidad, sino que impacta directamente en el turismo, la principal actividad económica de este sitio y que no necesariamente refleja la realidad de este pueblo costero que anhela vivir en paz.

LA VISIÓN DE UN MONTAÑERO

Montañita era un pueblo muy pobre donde faltaba de todo y pienso que sí, el progreso también me afectó, pero celebro que así sea porque trajo bienestar y posibilidades de mejorar económicamente a muchas familias pobres. Mi familia y yo todavía vivimos aquí, así, como otras familias de amigos nuestros y gracias a Dios todo no es un antro como lo dicen algunas personas sin darse cuenta del mal que hacen con un comentario tan generalizado. Antros hay en todos lados y el que lo busca lo encuentra aquí y en la China. Sí era distinto en aquellos tiempos pero para mí sigue siendo Montañita única y la Señora Elena todavía esta ahí, la iglesia también, Emilio en su tienda y el mar y las olas también. Como no voy a estar feliz de pertenecer todavía a mi querida Montañita. Es cosa de tiempo para ir ordenando todos los excesos con disciplina, orden y respeto. Montañita sigue teniendo una de las mejores olas del Pacifico con gente muy buena y agradable, pero parece que muchas personas con malicia y mala intención quieren destacar la zona oscura de los lugares. Todo sitio en el mundo tiene ángeles y demonios, en mi caso veo el lado bueno de Montaña, me abrigo nuevamente al calor de la Señora Elena o de la señora Delia o saludo al maestro Abrán o paso por la tienda de Emilio o voy a misa en cualquiera de las iglesias de la zona, visito a mi amigo Chivo, entro a surfear cuando deseo en ese mar celeste turquesa y tomo como ejemplo de vida la forma como estas personas de bien viven, principalmente con mucha humildad. Montañita es un pueblo con excelentes personas e historia. Por mi lado siempre tengo medicina ruda para esos desadaptados que hay ahí y en cualquier lugar de mi patria. Creo que las personas son injustas con estos comentarios ofensivos y generalizados, creo que la mayoría solo van en los feriados altos donde llega de todo y con un comportamiento un poco descuidado con respecto a los excesos. Los otros grupos que buscan tranquilidad y familia, naturalmente no están de acuerdo con la música alta y los excesos y es ahí donde debemos aplicar el respeto y el orden con disciplina para que todos se sientan bien y en paz disfruten del sitio que es maravilloso. Lamentablemente todo no es como quisiéramos porque la mala fama está hecha y mucha gente viene atraída por esa situación y su comportamiento y cultura dejan mucho que desear, pero no es culpa del sitio ni de su gente, pero de a poco tenemos que ir viendo cómo se arreglan todos los problemas, pero por eso no podemos satanizar un lugar donde se encuentra tanta belleza y destruirlo económica y moralmente. Ahora que si se quedaran más días o fines de semana normales la apreciación seria otra. Yo sigo viviendo ahí y estoy muy orgulloso, junto con mis vecinos de pertenecer a esa gran familia de Montañita, con ciudadanos decentes, honrados, trabajadores, honestos, humildes, y con muchos valores de familia, excelentes padres, en fin muchas comunidades desearían tener la fortaleza y el empuje de nuestra comunidad. También debo destacar el deporte y las estrellas que han surgido y tan bien han hecho quedar a nuestro país poniendo en lo alto nuestra Bandera e Himno Nacional. Aprovecho para saludar a toda la comunidad que se merece respeto y cariño en especial sus ancianos y niños. Gracias yo particularmente sigo disfrutando de Montañita, sus restaurantes y toda la linda gente en buena onda. No nos olvidemos que la esencia verdadera de Montañita son sus olas famosas en todo el mundo y unas de las mejores en Sur América al Pacífico.

Esa es la fama inicial, el deporte del Surf, de ahí que otras tendencias se hayan posesionado del sector es únicamente responsabilidad de las autoridades y una parte de la sociedad que es la única responsable de sus actos y por otra parte los que sacan provecho de las situaciones de consumo desenfrenado haciendo de esto negocios lucrativos sin ninguna responsabilidad de los resultados que genera y lo que importa sin medir consecuencias es que solo piensan en sí mismos y su ganancia sin pensar en la comunidad. Actuar con responsabilidad No es tarde para actuar con responsabilidad y dar un giro fomentando actividades naturales, deporte, turismo de diversión mesurado y controlado, para definitivamente erradicar tanto desmadre que ocurre en la zona por gente sin cultura que viene de otros lados atraídos por una publicidad negativa. Lo de una sobre población por metro cuadrado sin responsabilidad de infraestructura de salud, alcantarillado y aguas negras, eso sí hay que arreglarlo inmediatamente y pido a las autoridades que regulen, regeneren totalmente el servicio de desechos sólidos y líquidos con tecnología y un sistema moderno de tratamiento de aguas servidas para que Montañita vuelva a ser el icono del turismo internacional y todos nos sintamos orgullosos de nuestro Ecuador con todos esos turistas que regresan a su patria contentos, satisfechos y no les quedara más que contar lo maravilloso que es el Ecuador. Ojo en Montañita hay excelentes personas y familias notables, tanto en sus habitantes nativos y colonos, personas de gran calidad moral y de digno ejemplo. Espero se ponga orden antes de que colapse su sistema de drenaje y aguas negras que actualmente no son tratadas y sus tuberías de dimensiones equivocadas y angostas no sirven, tampoco las bombas ni planta de tratamiento ese es el problema que actualmente no deja progresar el sector. También debo decir que quisiéramos más agentes de Policía para que ayuden a mantener el orden y cuidar y proteger a los buenos ciudadanos. Es verdad y triste la corrupción y que la vista se la haga hacia otro lado mientras suceden tantas cosas que ya no tienen ningún tinte de inocencia o travesura, son acciones muy serias y graves y nadie más que nosotros para darnos cuenta porque hemos visto y vivido el desarrollo de la vida y la comunidad en esta tierra Montañita. Como digo todavía estamos a tiempo para tomar otras actitudes y apoyar cambios positivos para un futuro feliz y tranquilo, donde reine la paz y armonía para todos respetándonos unos a otros y sometiéndonos a las normas de buena conducta y orden. El mundo está lleno de profetas, predicadores y dueños de la verdad, claramente todos desean tener la razón y poder para juzgar y brillar sobre el resto con filosofías que en teoría para mi ningún político, sacerdote, cura, predicador o chaman ha podido demostrar tangiblemente. Lo que sí creo es en la fe y el amor al prójimo, en lo bueno y lo malo, eligiendo lo bueno sin gritarlo solo porque es lo bueno y lo justo, por eso este mundo sufre el dolor egoísmo y ambición por el hombre mismo y solo por el hombre, la fe es de cada corazón como lo quiera interpretar. El infierno y el paraíso están aquí mismo, tu corazón es el que elige, no importa donde estés ni con quien estés, Jesucristo, hijo de Dios es el único que resucitó para decirnos que debíamos vivir con amor y respetándonos. Es fácil de entender pero he ahí, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Siempre amaré Montañita, a su gente que me abrazó con sus cálidos corazones y sus bellas tierras y su maravilloso mar con sus olas perfectas, donde procreé mis dos hijas y ahora mis cinco nietos, también disfrutaran de todo lo bueno de Montañita. Así que a cuidar y arreglar para mejor nuestra infraestructura y nuestra sociedad con cultura y como digo con disciplina, orden, respeto y sobre todo con mucha humildad. También debo destacar la gran inversión del sector privado y comunero en restaurantes y alojamiento que están necesitando urgentemente del apoyo del estado en cuanto a regulación de servicios básicos e infraestructura, lo cual está afectando notoriamente en la actualidad a sus negocios, lo mismo también a la gran comuna de Montañita. Por eso a través de este comunicado pido sensibilidad a las autoridades y gobierno para que se atiendan los requerimientos de nuestra comunidad para entrar en el engranaje de desarrollo moderno y eficaz en nuestro país. Así, tendremos un Montañita ejemplar icono del turismo ecuatoriano.


Mario Efraín Alvarez Zierold.

• Director general de operaciones en Foto Video Magazine
• Director en Foto Video Magazine
• Estudió en CEI-Centro de enseñanza de la imagen
• Estudió en Colegio Aleman Humboldt

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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