ROSITA

El cortometraje ecuatoriano Rosita, galardonado en varios festivales del  cine mundial, que pasó de cinta casera a documental, cuenta la historia biográfica de una mujer común que solo vivió 18 años, dejando una huella de dolor en su familia y un halo de misterio en la mente de una cineasta, que quiso inmortalizar la existencia de su tía.

 

Sentarse frente a una pantalla a ver una sencilla historia familiar sobre una mujer común, parecería no tener gracia y hasta podría pensarse que es perder el tiempo en algo presumiblemente aburrido y sin gracia e  interés, pero el documental ecuatoriano Rosita, sin tener los ingredientes atrapantes de los trillers famosos y taquilleros, como sexo, violencia y miseria humana con desenlaces mórbidos, rompe todos los esquemas y a partir de una trama sencilla, envuelve al espectador en una atrapante historia simple llena de humanismo, que agrada, conmueve e identifica.

Rosita, documental de 20 minutos, nacido de la mente vivencial y creativa de la guayaquileña, Rosa Ileana Matamoros Calderón, exestudiante de la Escuela de Cine de la Universidad de las Artes (UArtes) y periodista reconocida en el medio, por su trayectoria en revista Vistazo, narra la historia de una tía suya, Rosa Elisa Calderón García, hija mayor de sus abuelos maternos, a quien no conoció pues murió en 1963, catorce años antes de que ella naciera y de quien heredó su primer nombre (aunque nadie la llama así), que murió tempraneramente víctima de cáncer, cuya trágica vida tuvo un manto de misterio. Para ello, la autora, desempolvó los recuerdos de su tía, lo cual significó ampliar la borrosa imagen que concebía de ella y a fin de construir la trama, indagó en los recuerdos de familiares y amigos de quien fuera la  hermana mayor de su madre.

“Mi tía fue una figura que por muchos años le causó mucho dolor a mi familia, en especial a mi abuela, quien había construido un pequeño museo donde atesoraba fotos, cuadros y hasta un busto en su memoria. Yo crecí escuchando las historias de mi abuela sobre su primera hija y alrededor de esa incógnita de no conocerla, emprendo esta búsqueda audiovisual, que también tiene un poco de ficción en la que quise ir más allá de las historias que alguna vez escuché de la familia para encontrar en los conocidos de mi  difunta tía, esos relatos que pudieran construir una imagen más real a la que yo  había creado en mi imaginario” cuenta la directora”, comenta la cineasta

Ileana, que desde niña, fue una apasionada de la imagen y la narrativa, creó el documental, a partir “de una motivación íntima y profundamente personal, pero que se logra conectar e identificar con otros, porque somos muchos los que heredamos nombres de nuestros antepasados. Creo que la vida es como en el cine, el nombre define al personaje”, narra la directora, quien tuvo la idea de llevar esta historia al cine, luego de que su abuela (ahora fallecida), le entregara una película de ocho milímetros del año 1962, que ni ella había visto y que se trababa de la graduación y fiesta de bachillerato de su tía, quien falleció un año después de ese hecho.

La cinta, guardada por muchos años como un tesoro familiar y que se mantenía inédita, fue vista por primera vez en la familia, en 2003, luego de que Ileana, viajara a Argentina a estudiar cine, donde la hizo digitalizar de forma casera para mostrársela a su regreso a su abuela. “En realidad solo la vio una vez, porque le afectaba mucho. Sin embargo, yo guardé el fílmico y el teletransfer, porque sentía que tenía que hacer que la historia trascienda”, cuenta Ile, como la llaman sus amigos, quienes la apodan “Palmerita”.

La idea del documental, tomó visos de seriedad y empezó a labrarse, “cuando estudiando en la universidad, en la materia Investigación en Cine a cargo de Andrés Dávila, realicé un ejercicio de ensayo autoetnográfico con base en archivos familiares, en los que usé el transfer que tenía, que no era de muy buena calidad y la grabación del discurso de graduación que dio mi tía Rosita. Así, con base en esa experiencia decidí profundizar el proyecto y presentarlo al Lab Rodaje 2, en el que  resultó seleccionado”, cuenta Ileana, que en el corto tuvo la colaboración de sus compañeros Frank Vera (edición), Dany Cevallos (producción), Michael Lojano (sonido) y Dominique Pazmiño (fotografía).

Para estructurar el rodaje, Ileana hizo una investigación previa en la que se contactó y se pre-entrevistó a los personajes que intervienen en el documental y a partir de eso se definió la puesta en escena para cada uno. Entre esos personajes, estuvieron las tres mejores amigas de Rosita, su madre, otra tía, un amigo y admirador de la difunta y la señora que hacía labores domésticas.

El producto,  se rodó mayormente en Guayaquil, pero también se grabó en Quito, en la Cinemateca Nacional del Ecuador Ulises Estrella, en la que la digitalizaron la cinta de 8mm en alta calidad con unos equipos de tecnología de punta. “Aprovecho para agradecer al personal de la cinemateca, donde nos atendieron maravillosamente, al punto que en el corto, aparecen dos personas que trabajan allí”, cuenta la directora.

De Ecuador al mundo

La historia que nació en Ecuador y que parecería podía ser doméstica, transcendió las fronteras patrias y logró grandes éxitos al participar en diversos festivales de cine en diferentes países del mundo en los que alcanzó varios galardones. Así, Rosita, participó en 2018, en la selección oficial del Festival Internacional de Cine Documental «Encuentros del Otro Cine» (EDOC) que se realizó del 9 al 20 de mayo de 2018 en Quito, Guayaquil y Cotacachi, sedes de Edoc que en su edición 17, contó con 138 documentales de 45 países. Allí se llevó el premio del público al Mejor Cortometraje. Luego participó en el Festival Internacional de Cine de Oruro, “Diablo de Oro” en Bolivia.  Al año siguiente, fue seleccionada en dos competencias cinematográficas, como el V Festival Internacional Audiovisual de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana, en Colombia (FIAfest), en el que participaron 1.221 películas provenientes de 90 países y en el Shorts In-Fest de Mallorca, en España, en el que hubo varias categorías en competición como: cortos de ficción, documental, animación y experimental o videoarte.  Además, a nivel nacional, el cortometraje fue parte de la muestra de la Cinemateca de Quito y en el festival de cine La Orquídea Cuenca.

Recientemente,  a inicios del presente mes, Rosita, logró un galardón más al colocarse como la mejor cinta en la categoría documental en la novena edición del Dada Saheb Phalke Film Festival 2019, en India.  “La motivación de participar en festivales internacionales creo que es inherente al ejercicio de hacer una película. Uno quiere que lo vean la mayor cantidad de personas y de diferentes perfiles. Me emociona mucho, me sorprende que una película tan personal, tan de Guayaquil, de una clase media ecuatoriana pueda emocionar, pueda entenderse y pueda disfrutarse en un lugar tan exótico, nunca he estado en la India, en Asia”,  cuenta Ileana, quien agrega que todo el equipo está muy contento con esta experiencia.

El cine es su mundo

Ileana, profesional en dos carreras académicas, tiene dos amores laborales, el periodismo, cuya profesión ejerce y la cinematografía, en la que tiene un título técnico en cine y video, logrado en Argentina y cursa además, licenciatura en cine, en la Universidad de Las Artes de Guayaquil, en la que ha tomado el itinerario de Guion y Dirección. En el mundo audiovisual, esta guionista y directora, ha laborado para los programas Pilas con el chat y Peloteros, además de liderar el corto Sirenitas (2010) y el guion de Chanchofobia: terror en la Pared (2017). Actualmente escribe varios guiones, entre ellos, “La vida secreta de las Rosas”, largometraje documental, que ganó el premio del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales, que surgió de la experiencia de Rosita, que es una especie de ampliación de la anécdota familiar a un relato más social en la que agreg historias de tocayas suyas de distintas generaciones. “La idea es explorar cómo es la experiencia de vivir desde el género femenino en Guayaquil, en Ecuador, en Latinoamérica”, acota.

Sobre el apogeo de las artes en la ciudad, Ileana dice: “en materia de arte y cultura, la UArtes es lo mejor que le pasó a Guayaquil y al Ecuador en muchos años. Tenemos excelentes profesores y equipos, posiblemente de los mejores del país, con el aditamento que es una escuela estatal gratuita, que atrae a estudiantes de todas las provincias y clases sociales, algo que era impensable hace pocos años, yo misma soy testigo de eso, pues aunque siempre quise ser cineasta, cuando salí del colegio estudiar cine no era una alternativa real, por eso estudié periodismo, carrera que amo y de la cual vivo”.

Y mientras Rosita ha resucitado a través del cine y sigue viva en el imaginario de muchos, Ileana, espera graduarse, para cumplir otro de sus anhelados proyectos que es un guion de largometraje del género de aventuras. Hasta tanto su primera aventura llamada Rosita ha tenido más pétalos que espinas.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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