JULIO CESAR TRUJILLO

Tras la muerte del doctor Julio César Trujillo, un ser humano, con virtudes y defectos, con aciertos y errores; se polarizaron las opiniones y aparecieron los que lo calificaron y juzgaron, al punto de alegrarse o lamentar su muerte, llegando a existir una postura irracional, irrespetuosa que no la merece nadie.

Ha muerto Julio César Trujillo. ¿Quién ha muerto?, ¿”un prócer de la patria, que luchó contra la corrupción, un paladín de la honestidad”?, ¿”un farsante oportunista que hizo de la política una forma de servirse y causó mucho daño»?…  He leído y escuchado de todo sobre este hombre que, tras su muerte, ha desatado una polarización extrema y  totalmente irrespetuosa que confieso jamás haberla visto antes, tras el deceso de una persona.

Las redes sociales, que son una ventana abierta para opinar sensata, sesuda y objetivamente, de la misma forma que suelta cualquier cantidad de improperios irrespetuosos, inoportunos e irrelevantes, ha sido caldo de cultivo para honrar o deshonrar la memoria de alguien que ya no está para defenderse y que por el solo hecho de vivir o de partir de esta vida, merece respeto. ¿Se está haciendo tan difícil, respetar?

Estoy de acuerdo con la libertad de opinión y que con base en ella se alabe o critique a una persona, pero esta opinión debe ser primero respetuosa, luego objetiva, después argumentada, sensata y veraz. Lo que he leído y escuchado sobre el doctor Trujillo, no ha sido del todo así. Las preguntas entrecomilladas en el primer párrafo, es parte de lo que he leído. Y sobre este ser humano, que merece respeto, se ha dicho y escrito de todo, muchas veces sin la mayor consideración y prudencia. ¿Hay derecho para expresarse así?  No y mil veces, no. Las personas merecen respeto y quienes no están para defenderse, más. Detalle que muchos irrespetuosos no consideraron o no quisieron considerar.

Se ha llegado a casos extremos como decir “al fin te moriste viejo hp”. ¿Se puede decir eso de un ser humano? De hecho, se puede, quien escribió esto, pudo; pero ¿se debe hacerlo? ¿Es justo, hacerlo?,  ¿es humano, hacerlo? ¿Es prudente e inteligente, hacerlo? . Realmente, no concibo como puede expresarse así de un ser humano, tal vez de un delincuente que cometió el más execrable de los delitos, quizá pase, quizá y esto es; pero expresarse así de un ser humano que no atentó contra la vida de nadie y que vivió a su manera, con aciertos y errores, y que bien o mal, sirvió a un país y a una colectividad, definitivamente no cabe.

Para los detractores, en su mayoría, identificados con el gobierno inmediato anterior, o para otros, opositores a un gobierno anterior, más antiguo, el de la Democracia Popular, Trujillo fue un hombre malo, un diablo. Para los defensores, opositores del gobierno inmediatamente anterior, o amantes de la justicia y la honradez, fue un hombre bueno, casi un santo. Y ahí está la clave, ¿Quiénes son los que escriben o quién soy yo, para juzgar quien es bueno o quien es malo? Se pueden relatar hechos que describan lo actuado por una persona y con base en esos hechos determinar si ha actuado bien o mal, que es muy diferente a decir si es bueno o malo.  En cuyo caso, no se debe juzgar si fue bueno o malo, si nosotros mismos podemos ser lo uno o lo otro o quizá ambos. Muchísimas veces una persona buena puede hacer cosas malas, lo cual no lo convierte en malo o viceversa.

Pero en el caso del Dr. Trujillo ha habido tantos excesos que realmente ha rayado en lo innecesario e irrespetuoso, que muchas veces ha sido desagradable leer, al punto de culpar de la muerte a alguien. ¿con base a que se dice eso? ¿Se leyó el informe médico de su muerte? ¿Se consultó al médico que lo atendió, cual fue la causa de su muerte? Si no se lo hizo, como puede atribuirse la muerte a una causa determinada o a unos actores determinados. La muerte es tan impredecible, que llega de cualquier manera. Conozco un amigo al que lo asaltaron, le metieron tres balazos y no murió; como conocí a otro que se acostó a dormir y no despertó más.  En el primer caso, si hubiese muerto por los disparos, obvio, que había un causante; pero en el segundo ¿a quién, culpar? Mañana yo muero en un estadio de un infarto porque mi equipo juega mal ¿es culpa de los jugadores que jugaban mal que me muera o es mi salud que me jugó una mala pasada? Lo que quiero decir que es “irresponsable” por decirlo menos, atribuir la muerte a alguien, sin que la causa médica, diga lo mismo. O cómo será el caso, si establecida una demanda, sea el juez quien decida y falle una sentencia.

Pero se ha dicho y escrito tanto del tema, que se puede decir cualquier cosa. Incluso un diario, lo mató sin que haya muerto. Imperdonable error, por más disculpas que se presenten y se borre la información errada. Un medio de comunicación, no se puede equivocar así. Para publicar hay que tener una confirmación de alguien que corresponda y es obvio que en este caso no la hubo. Del mismo modo, que quienes buscan causales de su muerte.  En último de los casos, quizá sí, la causa haya sido la agresión sufrida que alteró su salud, pero eso deberá ser probado, entonces ahí si determinar que así fue. Por lo pronto, la fuente oficial dijo que su fallecimiento “se debió a complicaciones derivadas de una hemorragia intracraneal grave. Las causas coadyuvantes de la misma, según los médicos, fueron su diabetes, cardiopatía hipertensiva y neofratía diabética”.

¿Bueno o malo?

El doctor Trujillo para algunos fue malo,  y cito textual, porque “no tuvo más ideología que la de servirse para sus intereses y se cambió de camiseta, cuantas veces le convenía, tal cual bailarín. Así fue conservador recalcitrante y por ellos fue asambleísta y diputado, pero cuando ya no le sirvió, se hizo a la Democracia Popular, la  culpable del feriado bancario”; “siendo derechista, ¡oh! sorpresa” se pasa a la centro-izquierda y aparece en el movimiento indígena Pachacutik en una total falta de coherencia. ¿Patriota?, «bailarín era”. Ahora es santo, olvidan que  cuando estuvo en la  Asamblea Constituyente con mayoría social cristiana y de la democracia popular, su partido, formaron la “aplanadora”, siendo él, uno de los insensatos que aprobaron por mayoría varios temas que resultaban lesivos a la nación y al pueblo ecuatoriano, uno de ellos: el alza de productos de consumo e IVA y el más mortal: la metida de manos o el robo más descarado hecho por la banca y la clase política de nuestro país como fue el feriado bancario y fue precisamente el extinto hoy Trujillo uno de los asambleístas que firmó la resolución de la asamblea para el salvataje bancario que como resultado, dio la muerte de muchos jubilados por derrame cerebral y paros cardíacos y otros se suicidaron al no poder recuperar su dinero forjado en años de servicios. Fue, políticamente: inconsistente, intelectualmente: mediocre, éticamente: cuestionable, humanamente: malvado; moralmente: odiador; ideológicamente: maleable, culturalmente: irrelevante, económicamente: Codicioso en la vejez… o sea, comprable. “La Derecha está llorando a moco tendido el deceso de quien fuera uno de los Patriarcas de le Componenda. Uno de los suyos, por desgracia NO el peor”. “Es natural su luto pero que el Presidente no se atreva a repetir la estupidez que dijo: que «la patria está de luto«. No lo está. Murió, porque era su hora.  “El mismo buscó su muerte». A pesar de padecer diabetes, cardiopatía hipertensiva y neofratía diabética, Julio César Trujillo decidió someterse voluntariamente a un mayor escrutinio público, es decir, lo hizo bajo su propia cuenta y riesgo.

Para otros, fue bueno: “El político conservador que con el tiempo abrazó las causas progresistas. El abogado de empresas que decidió defender los derechos de los sindicatos, férreo opositor de las dictaduras”; “un defensor de los derechos y la democracia”; “un jurista destacado, un hombre honesto, paladín de la justicia, ejemplo de la moralidad al que pueden llamarlo viejo, pero jamás: viejo ladrón”; “era alguien que pensaba el derecho. Su legado son la honestidad y la coherencia, que tienen que ver con la idea de ser honesto, al servicio de la política y el derecho al servicio de los más vulnerables. Por eso tenía la capacidad de mudar según los tiempos”; “entregó su vida a la justicia, la democracia, la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la corrupción en Ecuador”; “el legado más importante, de los muchos que dejó al país es, sin duda, la honestidad; su conducta honesta fue una evidencia pública”; “es uno de los testimonios de que la clase política ecuatoriano sí tenía ciudadanos honorables, patriotas interesados en contribuir al país, aun cuando su salud estaba muy debilitada. Él marca una diferencia sustancial con los políticos de hoy. A su edad y con su salud quebrantada resolvió brindarle un servicio al país con sabiduría y patriotismo«. ​ “Cuando se hable de Julio César Trujillo lo más importante es su profunda honestidad y servicio a la colectividad. Tuvo un acercamiento constante a la lucha de los trabajadores, campesinos y lucha por los derechos humanos”. “Su dedicación cívica brilló con más luz en los últimos meses de su vida. Con él renovamos la fe en un servicio público y una acción política honestos y comprometidos con la democracia”; “el doctor Julio César Trujillo culminó su carrera política siendo un factor decisivo en la recuperación de la democracia y la institucionalidad del Ecuador. La historia así lo reconocerá”.

Al final: ¿Quién ha muerto? Para mí, ha muerto un ser humano con virtudes y defectos, con fallas y aciertos, con culpas y perdones, un ser humano que merece respeto y que ahora ausente ha sido irrespetado.  No sé que pasa después de la muerte, nadie ha vuelto para contarlo; pero si hay continuación, es mi mayor deseo que descanse en paz. Lamentablemente, con tanto irrespeto, con tanta polarización insultante, dudo que pueda hacerlo. ¿Hay derecho para quitarle la paz a alguien que goza del descanso eterno? Ojalá que al próximo muerto, prominente o no, se lo pueda respetar.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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