VOTAMOS O BOTAMOS

Por lo pronto, lo primero; lo segundo se sabrá después. El primer paso ya lo dimos el pasado domingo 24 de marzo, cuando nos acercamos a las urnas a depositar el voto, que ese voto no resulte botado, dependerá de la conciencia, si la tienen, claro está, de los elegidos. ¿Cuántas veces nos habremos equivocado y en vez de votar, botamos? ¿Cuántas veces creímos en políticos que en campaña ofrecieron el oro y el moro? Y ya posesionados se llevaron el oro y se convirtieron en moro, seres que jamás se bautizaron en el servicio, la integridad y la honestidad y a los que la historia y sus actos, los bautizaron con el nombre de corruptos.

Pero, nos hemos detenido a pensar en cuál es el primer acto de corrupción de los políticos? Quizá todo cambiaría si nos convencemos de una vez que el primer acto de corrupción de un político, de un funcionario público, es aceptar un cargo para el cual no tiene la capacidad y la competencia necesaria. Entonces si ellos no tienen la cara o la conciencia para no hacer lo que no les corresponde, hagámoslo nosotros, no votando por ellos, si sabemos lo que están haciendo. Es que es fácil, si esos buitres están en el poder, es porque nosotros los pusimos allí, recordemos: los buitres existen porque la democracia huele a cadáver, democracia que nosotros ayudamos a construir o destruir.

Cada vez que vamos a botar, anhelamos no botar. Esta vez, volvimos a confiar. Más de 13 millones de electores, fuimos facultados para votar, no para botar y tuvimos en las seis  papeletas en la zona urbana y siete en las rurales, que nos entregaron,  un número desproporcionado de candidatos, lo cual me deja una primera lectura. ¿Por qué se interesan tantos en participar? ¿Por servir o por servirse?, ¿Por qué participan candidatos que de entrada saben que no van a ganar, que no tienen la mínima posibilidad, que no son conocidos en las masas, que son las que votan y botan?  80.000 ciudadanos. Sí OCHENTA MIL, así con “mascúyulas”, así de a bastante,  se inscribieron para participar en los comicios locales o seccionales para elegir, 11.069 autoridades locales (5.675 titulares y obvio, igual número de suplentes), entre ellas 23 prefectos en igual número de provincias y 221 alcaldes, además de concejales, miembros de las juntas parroquiales e integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpcs), organismo que pocos votantes o “botantes” saben para que sirve, que hacen y porque existen, la mayoría ignora que es la institución encargada de elegir a las autoridades de control de la nación, que en la mayoría de casos, no son de control sino de descontrol.

En el párrafos anterior me preguntaba ¿Por qué participan candidatos que saben que no tienen la mínima opción? La respuesta es sencilla, porque el Tribunal Electoral les asigna una cantidad de dinero para que hagan su campaña política. ¿La harán? ¿invertirán, todo lo que le dan?. ¿No será que me cojo una parte, me hago y me quedo hecho de por vida, si igual sé que no voy a ganar? No debería ser tan fácil, pues hay que justificar cada gasto, no es así no más de decir en esto gasté y ya. Debo demostrar que realmente gasté, pero en este país de Ripley, todo se justifica, todo, para eso existen los contubernios con empresas falsas, fantasmas o mañosas y facturas falsas. Y de nuevo me hago una pregunta. ¿Por qué el tribunal debe asignarles un valor para que hagan sus campañas? ¿Por qué? Quieren celeste, pues que le cueste. .Que gasten ellos mismos en su campaña,  si ello ocurriera, les garantizo, que se inscribirían muchísimo menos de los que se inscriben. Porque a la final saben ¿de dónde sale el dinero que se les asigna? ¿saben, quién en definitiva financia sus campañas? ¿Quién cree? El pueblo, usted y yo, porque por más que digan que sale del presupuesto del Estado, ¿de que bolsillos sale ese presupuesto?, simple de nuestros impuestos impuestos, sí porque son impuestos, porque nos imponen pagar un valor determinado y está bien, así debe de ser, pero fuera ideal, que nuestros impuestos sean retribuidos ¿lo son realmente?.

Como realmente ¿son tan necesarias, tantas opciones? 17 candidatos a alcalde de Guayaquil, el número más alto de la historia 18 en Quito, once más que en la pasada elección, 13 en Cuenca, 21 en Durán, la ciudad con más postulantes; 20 candidatos a prefectos de Guayas, 17 en Pichincha, 10 en Azuay. ¿Se necesitan tantos? ¿Son candidatos o candidotes? ¿Hay derecho?, Derecho, si, obvio, por eso se inscriben, los ampara la ley,  pero que tengan el derecho, no quiere decir que sean derechos. De hecho, muchos no lo son y lo sabemos. No importa, igual botamos por ellos, sí, botamos, con la b de burro, como muchos de los que se inscriben, pidiendo respeto al burro por compararlos.

De esos 11.069 ciudadanos que se inscribieron en el tribunal electoral, amparados por un partido político o un movimiento, ¿Cuántos realmente son preparados?, ¿Cuántos tienen una carrera intachable? ¿Cuántos son probos?, ¿Cuántos no se cambian de camiseta, como cambiarse de ropa interior?, mostrando que ideal partidista no tienen, ideal de ser rico y cuadrarse de por vida, quizá. ¿Cuántos, ya fueron autoridades y fracasaron?, ¿cuantos ya se llenaron los bolsillos en cargos públicos? ¿Cuántos ya se burlaron del pueblo y se quieren volver a burlar? No importa o no parecería importarnos, porque igual volvimos a votar o botar por ellos, por más que la prensa los denunció en sus actos dolosos, por más que nosotros creemos o sabemos que nos van a robar, por más que haya antecedentes que los condenen, por más que los conocemos. No importa hay que votar por obligación y por eso botamos. ¿No sería mejor que la elección no sea obligatoria, sino voluntaria y se acerquen a las urnas, tan solo los que tienen conciencia de los que significa una elección? Así los ciudadanos que tienen conciencia castigan diciéndole no en las urnas o los que tienen inconciencia para con el pueblo al que dicen representar. ¿Saben cuál es el problema de la votación obligatoria?, que en su gran mayoría, quienes eligen a los mandatarios son los mandantes, que no leen los periódicos o los libros, sino que se limpian el culo con ellos.

No busquemos culpables, los políticos no tienen la culpa de ser elegidos, la culpa es nuestra que los elegimos, la culpa es nuestra, pues en la gran mayoría de votantes, por ignorancia, por conciencia, por inconciencia o por interés y conveniencia, votamos y botamos. No nos hagamos los cojudos, asumamos nuestra responsabilidad. Gran parte de lo que pasa es nuestra culpa por no saber elegir. ¿Hasta cuándo? Hagamos conciencia que no es la política la que hace a un candidato convertirse en ladrón, es nuestro voto el que hace a un ladrón convertirse en político. Nos quejamos tanto de los robos y no reflexionamos en la diferencia entre un ladrón común y el ladrón político o político ladrón que es lo mismo. El ladrón vulgar nos roba el celular, la plata, el carro; el político nos roba la esperanza de ser felices, de tener buena salud, de vivir dignamente, de educarnos como es debido, de trabajar, de divertirnos, nos roba el futuro y ahora nos quiere robar nuestra pensión jubilar. Pero pensemos en una diferencia, el primer ladron, nos elige, al segundo lo elegimos. Ya lo dijo Paulo Coelho, “cuando un político dice que acabará con la pobreza, se refiere a la suya”.  Hagamos conciencia. ¿sí, la tenemos, no?

A veces creería que no. Reflexionemos en algo. En la vida, si hay algo más molesto, más triste, más peligroso, más denigrante que un político corrupto, es que los ciudadanos, lo defendamos y al votar por ellos, no solo que lo defendemos, lo apoyamos. Después si nos pone boca abajo, no nos quejemos. Nos lo merecemos. Es que Ecuador no es un país pobre, nunca lo fue, quizá nunca lo sea. Somos un país empobrecido por los políticos corruptos que han desangrado, decapitado, destrozado, demolido a su propia patria. ¿Qué saben ellos de patria?

Cómo, ¿que sabemos nosotros de votos? Y así sepamos, no importa, pongamos el imaginario de que tomamos conciencia y votamos bien, sucederá inevitablemente lo que predijo Stalin cuando sentenció que “Los que votan no deciden nada, los que cuentan los votos son los que deciden”. Visto así, debería cambiarse el sistema de poner a contar, al que salga al azar de un padrón electoral, sino a poner a contar alguien que sepa contar, claro que ahora “cuenta” la computadora, pero a esa computadora, alguien la hace contar. El asunto es por donde se mire estamos jodidos.

¿Sigo?, ya no, ya me cansé. ¿ya, para qué?, si siempre es lo mismo, elección tras elección, ¿de qué, vale analizar ahora?  si ya votamos. El tiempo nos dirá si no botamos.

PDT: ¿Y no habrá políticos buenos? Sí pero, salvo honrosas excepciones, a ellos no los eligen.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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