UN ÍCONO LOS CORVETS

Para iniciar la sección de Música de la Revista Delado, nada mejor que empezar con lo nuestro, con producto nacional, con algo que sea de nuestra tierra, de nuestra esencia, que nos identifique y que nos haga vivir.  Aquí, un recuento de Los Corvets, la banda ecuatoriana que causó furor en los 60 y 70.

La historia de Los Corvets, se empezó a forjar como un preludio a futuro a fines de los años 50, cuando los hermanos Alberto y Roberto Vallarino Abitia, fallecidos ambos, siendo pequeños aún, recibieron de sus padres como regalo, varios instrumentos con sus respectivos equipos de sonido, lo cual despertó su afición musical y le metió en la cabeza el sueño de algún día tener una banda, léase mejor, una agrupación musical.  Con el paso del tiempo, los pelados crecieron y ya siendo adolescentes luego de haber aprendido rápida y eficazmente el  manejo de sus instrumentos, hicieron partícipes de sus inquietudes musicales a sus amigos y vecinos de la entonces naciente, ciudadela Urdesa, (Urbanización del Salado) barrio situado al norte de Guayaquil, donde residía gente de buenas posibilidades económicas que tenían casas grandes y hermosas.

Tal como se cuenta en boca de sus protagonistas, en la página web del grupo (www.loscorvets.com), ya el sueño empezó a tener forma en 1962, cuando los hermanos Vallarino, con dos amigos más, Jorge “Yoyo” García y Jaime “Jajufe” Chevasco,  influenciados por la música de aquella época y con las inquietudes juveniles que se vive a esa edad, un día de 1962, decidieron  tener una banda para lo cual llegaron a un acuerdo: que todos aprendieran un instrumento, el único que no lo hizo y quedó al margen de ese vuelo musical, fue Chevasco, pues los Vallarino, tomaron clases de guitarra con el maestro Armando “Pibe” Arauz, ya famoso por su reconocida orquesta. Alberto, además aprendió a tocar los teclados y García, aprendió batería con un profesor.

Así, dos años después, en 1964, con el impulso y ayuda de la señora Josefina Abitia de Vallarino, madre de Alberto y Roberto, los tres jóvenes que un día hicieron el pacto de aprender a tocar un instrumento y que llegaron a dominarlo, formaron un grupo con el nombre de  “Los Pájaros de Fuego”, al que se sumó “Robbie” García como voz principal y guitarra, Roberto Vallarino era la segunda guitarra, su hermano Alberto, el tecladista y García, la batería, quien se retiró al poco tiempo. Luego se integró Francisco  “Pancho” Burgos como primera guitarra, pasando Roberto a tocar el bajo. En aquellos tiempos no había muchos artistas dedicados a la interpretación de la música moderna o  rock,  razón por la cual se dieron varios cambios en la agrupación, los más frecuentes en la batería por la cual pasaron Eduardo Blacio, Amadeo Moreira, Manuel Picón y Fernando Rodríguez.  Por un corto período estuvo cantando Robbie García y luego, Jorge Chiriboga.

Según contaba en la página web del grupo Roberto Vallarino, quien falleció en 2012 por una falla cardíaca, pero dejó su testimonio para la posteridad. “Este período inicial, bastante desconocido para la mayor parte de nuestro público, fue indiscutiblemente el más difícil, dado el caso de que estábamos constantemente y en calidad de aficionados, tocando gratis la mayor parte del tiempo en estaciones radiales, colegios y fiestas, es una época que se recuerda con afecto y es porque desde que empezamos tuvimos la gran suerte de tener una gran aceptación por parte del público en general. En muchas presentaciones, debido a que el repertorio que teníamos estaba compuesto por solo unas pocas canciones, teníamos que repetirlas porque el público no nos dejaba ir. Los primeros temas que interpretamos fueron “Tú Serás mi Baby”, “Diana”, “Y la amo”, entre otros temas de la época, para ese entonces ya interpretábamos nuestro primer tema instrumental inédito que fue compuesto por Jorge Salomón al cual se tituló “Cuando se Pone el Sol”. Tuvimos siempre la suerte y privilegio de que el grupo sonara bien. El entusiasmo interpretativo, los instrumentos de los que disponíamos y la gran calidad de sonido, forjaron un excelente gusto que nos obligó siempre a hacer bien las cosas”.

En la página web Historia de los Corvets, en un artículo escrito por Carlos Vaca en especial para Ecuador News, al rememorar los inicios Roberto Vallarino dice: “Nos esforzamos mucho al comienzo, tocábamos en festivales, fiestas privadas y en muchas ocasiones no cobrábamos, queríamos que Ecuador sepa lo que realmente era el rock. Tocábamos rock de Los Beatles, Rolling Stones y de otros grupos de la época, para luego adaptarnos al rock latino”.  

En el año 1966, después de perseverar en el mundo musical, el grupo comenzó a tener presentaciones de mayor importancia, más y mejor cobertura por parte de la prensa y empezaron a presentarse en teatros abriendo las  presentarnos de artistas extranjeros de gran trayectoria. También llegó el momento de las presentaciones en televisión, apareciendo en los programas “Cocktail Deportivo con Manuel Chicken Palacios” y “Pepsi a GO-GO. Ante este despegue, se empezó a trabajar en la imagen del grupo con diversidad de “looks” y uniformes bien diseñados, dando comienzo así a la segunda etapa de la banda, en la que se da un giro a una serie de presentaciones de relevancia.

A fines de 1966,  el grupo había logrado un mayor acoplamiento, cuando se dio una sentida deserción, la del vocalista Robbie García, quien tuvo que irse con su familia a residir a Quito, pero él dejó un cantante de remplazo, Marcos Molina, quien rápidamente se adaptó y consolidó como la primera voz. En otra deserción, Pancho Burgos fue sustituido por Alfredo Salomón en la primera guitarra, luego se afianzó como baterista Ricardo Rivera, quien con los hermanos Vallarino, Alberto en los teclados y Roberto, siempre bajista, el grupo pasó de cuarteto a quinteto.

Nacen Los Corvets

Fue en esa época cuando el grupo tomó un giro y cambió de nombre, dejaron de llamarse Los Pájaros de Fuego para dar nacimiento a los Corvets, denominación con la se hicieron populares, alcanzaron la fama y se consolidaron como el mejor grupo musical del país. Roberto Vallarino, dejó para la posteridad su testimonio: “Un empresario artístico nos ofreció un contrato bastante atractivo, pero como parte del contrato en sí, condicionó un cambio de nombre, el que teníamos era muy largo y no permitía hacer una publicidad adecuada para los conceptos de aquellos días. El nuevo nombre escogido fue “Los Corvets”, no existe una historia relevante ni anécdota, fue un simple cambio emergente por razones puramente publicitarias, desechamos el nombre anterior con pena”, recordó el bajista, quien con el paso de los años fue quiropráctico de profesión.

Pero los Corvets tenían que crecer, debían trascender y lo lograron. Así, crecieron y trascendieron cuando en 1967, el entonces promotor Jorge Delgado Guzmán, quien en su juventud había sido futbolista y arquero de Barcelona, gestionó la primera grabación del grupo, para el sello discográfico “Orión” de Ifesa. “Llegamos al estudio y la falta de experiencia nos complicó un poco el tema de la grabación y Doña Josefina efectuó un rápido cambio con músicos que habían grabado ya un par de veces incorporándose así en la primera guitarra, Roberto Viera; en la batería se quedó esta vez por más tiempo Fernando Rodríguez, en los teclados Hans Palacio, en la segunda guitarra y percusión Alberto Vallarino, en la primera voz Marcos Molina y en el bajo Roberto Vallarino. Fue este el periodo de mayor actividad en lo referente a presentaciones y grabaciones” recordó, el eterno bajista.

En 1968, «Los Corvets junto a Los Latinos, tocaron en la temporada vacacional en el Yacht Club de Salinas en los Atardeceres Ye Ye que empezaban a las cinco de la tarde y terminaban a las 10 de la noche. En 1969 en cambio tocaron en el La Terraza del Hotel Miramar, porque en el Yacht amenizaron Juan Cavero  y Nello Otatti», recuerda Mario Ayora, un aficionado del grupo. En esos años era común que las bandas guayaquileñas toquen en dupleta . Así Los Corvets compartieron también escenario con el grupo Los Ginos (foto), también de Urdesa, llamado así por su fundador Gino Kronfle, quien formó la banda junto a su hermano Armando, quienes eran representados por su padre Edmundo.

A fines del año 1970 se dio un nuevo cambio y se dio una nueva formación, pues salieron de la banda Vieira, Rodríguez y Molina. Así  se incorporaron en la batería Luis “Pollo” Silva, en la primera voz, Gustavo Lanatta que era cantante de Los Incógnitos, quien fue sustituido a las pocas semanas por Antonio Elizalde y diez meses más tarde por Enrique González; en los teclados, se confirmó a  Hans Palacio, en la primera guitarra José “Pichín” Luzarraga (+), en la segunda guitarra y percusión Alberto Vallarino y en el bajo Roberto Vallarino . A los pocos meses se incorporó Ernesto “Tito” Haensel como guitarrista. «La temporada vacacional de 1971, Los Corvets volvieron al Yacht Club de Salinas con su nueva formación integrada por los hermanos Vallarino, Luzarraga, Silva, Haenzel y Lanatta que al mes fue sustituido por Elizalde quien dejó la banda en 1971. Para entonces ya se había extendido el horario de Atardecer Ye Ye de cinco de la tarde a 12 de la noche.» recuerda Ayora.

En el artículo de Vaca, Roberto Vallarino al hablar sobre los músicos que pasaron por el grupo dijo: «Todos los músicos que pasaron pusieron sus talentos y sus notas altas para el éxito indiscutible de Los Corvets. Sin embargo la generación que tuvo mas resonancia fue con: Marcos Molina, cantante; (+) Alberto Vallarino, guitarra; Roberto Riera, guitarra; Roberto Vallarino, Bajo’ Hans Palacios, órgano; y Fernando Rodríguez en la batería»

La hora triste

Cuando los Corvets estaban en la cúspide de su carrera y era el grupo musical número uno en el país, la desgracia tocó sus puertas. Fue un lunes 14  febrero de 1972, Día del Amor y la Amistad, cuando estos sentimientos se pelearon con la música y asestaron un duro golpe a los Corvets, que luego de brindar un show en el hotel de Punta Carnero en Salinas y viajando para Manta para otra presentación, sufrieron un grave accidente automovilístico en el que fallecieron el tecladista, Alberto Vallarino y su madre, Doña Josefina de Vallarino, representante del grupo. «Previo al accidente, Los Corvets iniciaron la temporada vacacional de Salinas con un concierto en el Yacht Club. Ahí estaban en la formación los hermanos Vallarino, Enrique González en la voz, Tito Haenzel en la guitarra, Hanz Palacio en los teclados y Luis Silva en la batería» rememora Ayora.

En esos instantes de dolor, Roberto Vallarino, líder de la banda, decidió que la mejor forma de rendir un homenaje a su madre y su hermano, era manteniendo la continuidad del grupo. Así, luego de un receso de varios meses, la banda, continuó con la siguiente formación: Enrique González en la voz, Tito Haensel en la primera guitarra, Hans Palacio en los teclados, Lucho Silva en la batería, Guillermo Granizo en la percusión y Roberto Vallarino en el bajo. Luego de un tiempo Hans Palacio fue sustituido por Venancio Larrea. También tuvo un periodo como cantante Francisco Andrade «Carioca». En ese tiempo, sacaron un disco en homenaje a doña Josefina, titulado Para ella..

En la página web Historia de los Corvets, en un artículo escrito por Carlos Vaca, Hans Palacios, con nostalgia recuerda los momentos tristes y difíciles después del accidente del 14 de Febrero de 1972: “Yo diría que fue una segunda etapa del conjunto ya que teníamos otros integrantes por la salida de Marcos Molina, Roberto Viera y Fernando Rodríguez y sus reemplazantes eran Enrique González, José Pichín Luzarraga y Lucho Silva, estábamos tocando en Punta Carnero por carnaval y cuando terminamos la fiesta viajamos a Manta, teníamos un contrato al día siguiente. El Cadillac, lo manejaba don Alberto Vallarino (Padre) y lo acompañábamos doña Josefina, (+) Alberto Jr (+), Enrique González, Ramón Quevedo, nuestro querido utilero y Hans Palacios. Y la camioneta la manejaba Roberto Vallarino y lo acompañaban Lucho Silva y Pichín Luzarraga. Cuando nuestro vehículo el Cadillac se aproximaba a un lugar llamado Las Pilas en Manabí, otro vehículo venia por el lado incorrecto y como todos veníamos compartiendo y conversando amenamente, solo sentimos el impacto, todo fue tan rápido e inesperado, voces de mucha gente, mucho dolor y sangre, fue una situación desagradable y triste. Pensar que doña (+) Josefina, una persona exigente pero muy buena había fallecido al momento del accidente. (+) Alberto Vallarino falleció en Guayaquil, tuvo una hemorragia interna y un problema en el cerebro, los médicos hicieron todo lo posible por salvarlo. Mientras que a don Alberto (Padre) y a mi nos tenían en cuidados intensivos. Yo tenía la cara, cadera y el pie izquierdo rotos. Después de recuperarme físicamente seguí tocando con el grupo y por asuntos personales decidí salir de Los Corvets a lo que Roberto Viera me llamo para integrar su grupo Los Cuatro».

Los Corvets, estuvieron en vigencia hasta 1974, tal como lo recuerda el aficionado a la música, Mario Ayora. «Luego del accidente, Los Corvets reaparecieron en agosto de 1972 ya con Guillermo Granizo de baterista en remplazo de Silva. Duraron hasta el 31 de diciembre de 1974 que tocaron en un club de Phoenix, luego de eso se separaron».

Nuevos Tiempos

En los años 2000, los Corvets volvieron al ruedo, tocando en clubes, fiestas privada, y dando conciertos populares gratuitos a sus seguidores del norte en el Parque de Urdesa y del Sur en el parque de la Saiba. Junto a su fundador Roberto Vallarino, el vocalista Amado Terán y Luis Izurieta en los teclados, pasaron por el grupo: Tito Haenzel y Carlos Vera en la guitarra, Javier Velásquez y Javier López en la batería y Alonso Flores en la percusión.

Roberto Vallarino (+)  se refirió en la nota escrita por Carlos Vaca sobre Los Corvets de esos tiempos: «Estuvimos en New York en algunas oportunidades con Enrique González, Tito Haensel, Lucho Silva y Guillermo Granizo. Tuvimos otras ofertas a nivel internacional más prolongadas para Europa y África que por motivos de estudios, contratos y otras responsabilidades no pudimos concretar: Este grupo también tuvo la particularidad de volverse a reencontrar con sus músicos y su público en el 2002. Un grupo de amigos reunieron un buen capital contactaron con Marcos Molina y Roberto Viera, quienes hablaron inmediatamente conmigo y así se dio este reencuentro. Fue una experiencia bonita y agradable este rencuentro pero en realidad sin mi hermano Alberto (+) no fueron las cosas como yo esperaba, hubiera podido ser mejor”.

A inicios de 2012, cuando el grupo preparaba un mega concierto para celebrar los 50 años de vida musical, su medio siglo de éxitos y sus Bodas de Oro, nuevamente el fantasma de la muerte tocó su puertas para llevarse al bajista, líder y fundador, Roberto Vallarino. Nunca la muerte fue tan injusta e inoportuna como aquella  vez. Los Corvets, tras una larga trayectoria musical y superando varios cambios de  miembros estaban en plena vivencia, como antes, como siempre, con una formación compuesta por Amado Terán en la voz, Luis Izurieta en los teclados, Carlos Vera en la primera guitarra, Jorge Vega en la percusión, Luis González, en la batería y Roberto Vallarino en el bajo, cuando el destino que no sabe de vigencias, dijo otra cosa.

Pero los Corvets, no quisieron que esa sea su última canción, al menos no sin antes rendirle un tributo a su líder, por lo que en octubre de ese año, Terán e Izurieta, organizaron en Urdesa, el barrio que los vio nacer, un concierto del adiós. Así, con artista invitados, con músicos que pasaron por el grupo o no,  con artistas de peso, como lo gustaba al bajista, en esta clase de tributos, se reunieron nuevamente para despedir al amigo. Y ese día tocaron como nunca o como siempre. Fue un desfilar de éxitos como. La Balsa, Bajo la Rampla, El Extraño del Pelo Largo, Me Quebraste La Vida, cada uno con su historia, su recuerdo y su nostalgia. Pero todo tiene su final y ese día sonó la última canción, que los fans emocionados, muchos, con lágrimas en los ojos, la  cantaron con un sentir que sonó a sentencia: “Porque yo sé que no volverás”.

 

 

 

 

 

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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