CARTA A PAÚL

A Paúl Granda, lo conocí hace catorce años, en  2005 cuando lo entrevisté en una universidad de Cuenca, para un suplemento educativo que editó revista Vistazo, medio en que laboraba. Uno de los temas, era presentar a  jóvenes interesantes y proactivos, que despuntaban bien en el campo educativo y por disposición de mi jefa, él debía ser uno de los entrevistados. Me imaginé que debía ser bueno, para que me manden de Guayaquil a Cuenca a entrevistarlo.

Lo conocí. Charlamos un buen tiempo. Me llevé buena impresión, era un joven centrado, inteligente, proactivo, de buenas ideas, algo soñador, pero a la vez realista. Lo vi como un joven que tiene mucho que dar. Incluso sugerí el título de Granda va a ser grande, pero no lo aceptaron. No recuerdo que título le pusieron y tampoco recuerdo, si el suplemento se publicó. Creo que no, que se cayó por que unos auspiciantes no cumplieron su palabra, no sé si a la final salió, porque poco tiempo salí de la revista para emprender un camino por la función pública.

Pasaron los años y ese joven al que un día entrevisté y que pensé que llegaría lejos, llegó lejos. Escaló y mucho, fue concejal, vicealcalde y alcalde de Cuenca, Ministro de Transporte y Obras Públicas, Secretario de la Política del Ecuador y ahora Presidente del Consejo Directivo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

Hace poco, inicios de abril, ese joven hoy de 46 años, levantó polvareda y mucha, cuando se pronunció sobre el tema de la jubilación y la edad para acceder a ella, como parte de un tema que se debe debatir en el llamado Acuerdo Nacional por la Seguridad Social, que es una iniciativa del gobierno de Lenín Moreno para enfrentar y buscar soluciones a la crisis del IESS.

Allí Granda, aunque no citó ninguna edad para jubilarse, (la actual es de 60 años con 360 imposiciones mensuales o 480, sin límite de edad), habló de que “En El Ecuador, la esperanza de vida de un ecuatoriano es de 80 años, de una mujer de 83 años. Se tiene que analizar este tipo de cosas, de tal manera que nos permita incrementar el tiempo de contribución del afiliado para precautelar la pensión jubilar que le vamos a entregar a esa persona que tiene una esperanza de vida mayor”.

Entre líneas, y aunque el no dio edad alguna y luego aclaró que jamás ha dicho que la jubilación será a los 80 años,  se “entendió” o “se quiso entender”, que el mensaje es subir la edad de la jubilación. Las reacciones no se hicieron esperar. Así el 6 de abril de 2019, en la XII Convención Nacional de los Trabajadores, los sindicatos y las organizaciones sociales y populares, rechazaron las declaraciones y anunciaron la convocatoria de una huelga. Políticos, columnistas, referentes de opinión y demás, analizaron el tema, las redes sociales no tardaron en armar un polvorín y hasta en sacar memes, contra el funcionario al que lo ubicaron como el malo de la película y pasó para muchos a ser un ser (valga la redundancia) “odiado, inconsciente, poco inteligente, infame, desequilibrado, bruto, repudiable” y muchos más calificativos que he leído y escuchado.

Para escribir este artículo, al que le he puesto el nombre de carta sin serlo, pero que quiero que lo sea y que ojalá la lea, he investigado mucho y he oído y leído sus intervenciones y saben que, pienso que lo que dice no está fuera del contexto lógico, que las razones para fundamentar lo dicho,  tiene un fundamento técnico entendible, nada disparatado, que tiene razón, que existe coherencia en sus afirmaciones, que hasta puede parecer real.

Pero saben qué, no siempre los hechos que responden a fundamentos lógicos coherentes, son aplicables, ciertos  y tienen apego a la realidad. A veces la lógica, el sentido común que es el menos común de los sentidos y los análisis técnicos, pierden ante la realidad  cotidiana, expuesta en un contexto determinado.  Al Presidente del Consejo Directivo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS),  parecería olvidársele, o si no se le olvida, no quiere recordar, que las declaraciones no solo se toman con lógica o inteligencia y con fundamentos técnicos reales y medibles, sino que deben tener una alta dosis de prudencia, humanismo y conciencia social y el hecho de dar a entender, porque quiera o no, lo niegue o no, así se lo entendió, que jubilar a los 80 años, no la tiene. Y no la tiene porque la realidad laboral del ecuatoriano es muy diferente a lo que debería ser. Aquí la realidad social, la vivencia cotidiana, la situación práctica y la vida misma, señala que laboralmente, el ecuatoriano a los 40 años, empieza a “apestar”, que a los 50, ya no apesta, “tufea” y no solo que tufea, empieza a ser despedido, se queda sin trabajo y pasar a ser desempleado. A los 60, el que no se jubila, tal cual su derecho laboral, difícilmente labora en relación de dependencia. ¿Cómo pretender que porque la esperanza de vida sea de 80 años”, alguien pueda seguir aportando hasta esa edad, si ya muchos a esa edad no gozan de esperanza económica y se debaten entre el desempleo, la escasez y la desesperanza? Qué la esperanza de vida del ecuatoriano es de 80 años, puede ser, pero la desesperanza del ecuatoriano, empieza a los 45. Qué lindo sería que los ecuatorianos podamos trabajar, no solo hasta los 80 años, tiempo en que muchos aún son activos y lucidos, sino hasta el último día de nuestras vidas. Pero no es así, aquí a los 50 años ya no todos trabajan y no solo eso, nadie los quiere contratar. Si hasta en las solicitudes de empleo dicen sin asco alguno, “edad límite 35 años”. Preguntó, solo pregunto. ¿Y no que la Constitución no discrimina? ¿No que no se puede discriminar por edad, sexo, condición social, raza y demás? Y poner límite de edad ¿no es discriminación? ¡Estamos locos!, todos”.

Otra pregunta. ¿Cuál es el sentido de la jubilación? No es acaso una obra de humanismo, la de jubilar a una persona a los 60 años, para que pueda disfrutar en sus últimos años, sin trabajar, de todo lo que ya trabajó y produjo. No debe ser acaso un premio, para tantos años de esfuerzo y dedicación. Pues no y mil veces no, porque aquí el valor de la jubilación en la mayoría de los casos es paupérrima, no alcanza para vivir, no tiene el menor ápice de consciencia humana, es un atentado a la justicia y a la humanidad, las pensiones jubilares que reciben la mayoría de los ecuatorianos, son de miseria. Suena bonito, “que la esperanza de vida del hombre ecuatoriano es de 80 años y de la mujer 83”. Pero reitero, la desesperanza del ecuatoriano común y de una gran mayoría, empieza a los 50.

Sabe que, Sr. Granda. Yo lo apoyo, jubílenos a los 80 años, pero denos trabajo hasta esa edad, con buenos sueldos, con buenas garantías, con buena atención de salud en el Instituto que usted preside. Háganos valer. Respétenos. Háganos respetar. Háganos tener realmente una esperanza de vida de 80 años. Y medite, en que una cosa es vivir 80 años y otra muy diferente, es vivir bien a los 80 años. Se puede vivir hasta los ochenta años, pero aquí se sobrevive desde los 50. La edad no siempre está en cuántos años tienes, sino como vives esos años y aquí a los 80, no todos viven bien. ¿Qué la esperanza de vida del ecuatoriano es a los 80? Falso. Como están las cosas a los 80 ya no tienes esperanzas.

Acerca de Aurelio Paredes

Periodista de Profesión (Licenciado en Comunicación Social, graduado en la Universidad de Guayaquil), ecuatoriano de nacimiento, 59 años de edad y 37 años de experiencia. Empezó en 1982 como reportero radial y escaló posiciones hasta llegar a ser Editor de Deportes de Diario El Universo de Guayaquil, considerado el matutino de mayor circulación en Ecuador; Director de Revista Estadio (Deportiva) y Editor de Revista Vistazo (Política y Actualidad); presentador de televisión en varios programas deportivos; columnista de deportes y páginas humorísticas bajo el seudónimo de Delado; y guionista empírico en algunos programas de la televisión ecuatoriana. En la función pública fue Director de Comunicación de la Procuraduría General del Estado y en la empresa privada, Director de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador.

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